Una órbita de vida

¿Qué se siente cuando se ayuda a otros a que se superen a sí mismos? Esa sensación regocija la médula emocional de quien contempla lo que está sucediendo en esa vida. Hay una inmensa unión entre la interioridad emanada de los sentidos y las impresiones que surgen de los estímulos externos, y esa enorme fusión penetra en la conciencia de quien vive ese acontecimiento sustancial.

El acto de ayudar tiene un interés notable que se materializa en el bien buscado para quien recibe el envión indispensable que le hacía falta. Hay un requisito previo que indica la ausencia de lo que se requiere para poder vivenciar lo que tampoco está aquí presente, pero que sí se ha detectado su posible asistencia en el tiempo. Y también hay una apertura de quien considera que puede avanzar hacia un nuevo estado personal. Abrirse es una condición previa determinante, que emana con fluidez cuando realmente se quiere obtener lo que se ambiciona.

La amplitud del impacto del acto de ayudar es proporcional a la valoración que le dan las voluntades que se integran para alcanzar el fin propuesto. Lo que se siente debe ser compartido y retroalimentado entre quienes están involucrados en los eventos que nacen de la convivencia entablada. Quienes ayudan también son ayudados, es una consecuencia natural que se manifiesta sin acuerdos protocolares, se genera un intercambio de experiencias que ensancha la visión de lo pensado. Y que facilita la ejecución de lo querido. Surge un enlace que estimula el incremento de la atención hacia lo buscado. Que más allá de su envergadura, y del tiempo que implica su concreción, se constituye en una causa que enlaza a sus protagonistas.

De acuerdo al esmero realizado se va concretando el trayecto ascendente. Se almacena aquello que enseña a crecer y al guardarse en la memoria fortalece la potencialidad interna de quien lo atesora. Es que podrá disponer de ese caudal práctico cuando otros lo precisen. Situación que puede suceder en cualquier momento, dado que vive activada su órbita del apoyar. La función integradora que emerge del fomento testimonial que produce el hecho de colaborar conecta trayectorias que están dispuestas a continuar aprendiendo.

Las sensaciones inyectan emociones que permiten el registro de los actos que cooperan en la expansión del portentoso sentido que le imprime a la vida lo obrado en y para el conjunto de quienes participan de la construcción de la labor que han establecido. Lo social se materializa en el encuentro provechoso de las contribuciones que cada uno realiza. Lo actitudinal se visibiliza por medio de las acciones que suman a la edificación de la comunidad. En ese espacio caben todas las justificaciones para darle ánimo a los que están conectados en el proceso destacado por la concepción de la ayuda.

Desde lo colectivo hacia lo individual, como también a la inversa, se puede pregonar la cultura de la ayuda que motiva la superación constante de los integrantes que viven en los diversos segmentos sociales. ¿Qué hacemos para vivirla desde nuestras actividades cotidianas?, ¿cómo ayudamos y cómo nos ayudan a avanzar?, ¿qué personas comparten con nosotros la experiencia de ayudar?, ¿de qué forma concreta nos proponemos ayudar a que los demás sigan creciendo?

Por Marcelo A. Pedroza

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