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El evangelio del domingo: Cristiano: identidad y actitud

Jn 13,31-35.- Todo ser humano, incluso empresas, partidos políticos y otros, deben tener “identidad” propia, pues no tenerla es volverse apático y un sujeto invertebrado, que se deja conducir por las conveniencias del momento, lo que tarde o temprano trae consecuencias desastrosas.
Interesante recordar que debemos llevar siempre nuestra cédula de identidad en caso de que precisemos mostrar quiénes somos.

Lo mismo pasa con el cristiano, que ha de tener su marca específica en la vida de oración, que ha de ser cultivada con perseverancia en la dimensión personal y comunitaria, pues así uno se encuentra más profundamente con el Señor.

Asimismo, en las relaciones con las cosas debe manifestar equilibrio, sea delante del dinero, de la comida, la bebida, el modo de manejar el vehículo y otras.

En nuestras relaciones con el semejante Jesús nos regala el mandamiento nuevo: “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, así como yo los he amado”.

Es nuevo en el sentido de que es universal, no debe contemplar solamente personas de nuestra familia o nuestro clan; además, procura dar prioridad a los enfermos y desempleados.

Es también un amor perfecto, porque se extiende hasta a los enemigos, es decir, a las personas que no nos caen bien y decimos que son ogros pesados o brujas chismosas.

El fundamento y medida de este amor es Jesucristo: “así como yo los he amado”, por ello, la identidad del cristiano va acompañada de actitudes correspondientes.

El papa Francisco enseña en su exhortación “Amoris Laetitia”: “Cristo ha introducido como emblema de sus discípulos sobre todo la ley del amor y del don de sí a los demás… «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos»” (n° 27).

Entonces, no podemos dejarnos llevar por los antojos de una natural simpatía o antipatía hacia el otro, pero hemos de quererlo, porque Jesucristo lo quiere y hemos de ayudarlo, porque Jesucristo lo quiere ayudar.

Así, un cristiano que no vive solamente un barniz de cristianismo, sino tiene real identidad, toma nuevas actitudes en su vida y es un ejemplo de honestidad en sus negocios, un paladín de cordura en sus diálogos y no se oculta para huir de sus responsabilidades familiares y sociales.

No se puede omitir en esta identificación la necesidad de compartir los propios bienes materiales, así como los talentos recibidos gratuitamente de Dios, de tal modo que todos colaboramos para vivir, desde ahora, la experiencia de un cielo nuevo y una tierra nueva, donde no hay penas, ni quejas y tampoco dolor.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: Cristiano: identidad y actitud

  1. Ser justos

    La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.
    La justicia es la virtud cardinal que permite una convivencia recta y limpia entre los hombres. Sin esta virtud, la convivencia se torna imposible, la sociedad, la familia, la empresa, dejan de ser humanas y se convierten en lugares donde el hombre atropella al hombre.

    El cristiano se esfuerza en remediar lo injusto por amor a Jesucristo y a sus hermanos los hombres. El justo, en el pleno sentido de la palabra, es aquel que va dejando a su paso amor y alegría y no transige con la injusticia allí donde la encuentra, ordinariamente en el ámbito en el que se desarrolla su vida: en la familia, en su empresa, en el municipio donde tiene su hogar… Si hacemos examen, es posible que encontremos injusticias que remediar: juicios precipitados contra personas o instituciones, rendimiento en el trabajo, trato injusto a otras personas…

    “Hay que reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro, en nuestros hermanos los hombres”. Bastaría examinar nuestro espíritu de atención, de respeto, de afán de justicia, enriquecido por la caridad, para conocer con qué fidelidad seguimos a Cristo. Y al revés, si es profundo y verdadero el trato y el amor a Cristo, ese trato y ese amor se desbordan inconteniblemente hacia los demás.

    Con respecto al Evangelio de hoy, el papa Francisco dijo: “Solo seremos de verdad bienaventurados, felices, cuando entremos en la lógica divina del don, del amor gratuito, si descubrimos que Dios nos ha amado infinitamente para hacernos capaces de amar como él, sin medida. Como dice San Juan: “Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor”.

    Asimismo, el papa Francisco en la Audiencia General del pasado miércoles expresó: “Hoy queremos detenernos en un aspecto de la misericordia bien representado en el pasaje del evangelio de Lucas que hemos escuchado. Se trata de un hecho que le sucedió a Jesús mientras era huésped de un fariseo de nombre Simón.

    Ellos habían querido invitar a Jesús a su casa porque había escuchado hablar bien de él como un gran profeta. Y mientras estaban sentados comiendo, entra una mujer conocida por todos en la ciudad como una pecadora. Esta, sin decir una palabra, se pone a los pies de Jesús y rompe a llorar; sus lágrimas lavan los pies de Jesús y ella los seca con sus cabellos, luego los besa y los unge con un aceite perfumado que ha llevado consigo.

    Sobresale el contraste entre las dos figuras: la de Simón, el celante servidor de la ley, y la de la anónima mujer pecadora. Mientras el primero juzga a los demás de acuerdo a las apariencias, la segunda con sus gestos expresa con sinceridad su corazón. Simón, aún habiendo invitado a Jesús, no quiere comprometerse ni involucrar su vida con el Maestro; la mujer, al contrario, se confía plenamente a él, con amor y veneración.

    La mujer pecadora nos enseña la relación entre fe, amor y agradecimiento. Le han sido perdonados «muchos pecados» y por esto ama mucho; por el contrario «a quien poco se le perdona, poco amor muestra».

    Queridos hermanos, ¡estemos muy agradecidos por el don de la fe, demos gracias al Señor por su amor tan grande e inmerecido! Dejemos que el amor de Cristo se derrame en nosotros: de este amor se sacia el discípulo y sobre este se funda; de este amor cada uno se puede nutrir y alimentar. Así, en el amor agradecido que derramamos a su vez sobre nuestros hermanos, en nuestras casas, en la familia, en la sociedad se comunica a todos la misericordia del Señor”.

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, http://es.catholic.net/op/articulos/16227/la-novedad-de-este-mandamiento.html y https://w2.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2016/documents/papa-francesco_20160420_udienza-generale.html)

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    Publicado por jotaefeb | 24 abril, 2016, 07:51
  2. “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros” Jn 13, 34

    Jesús pronunció estas palabras al final de la última cena, y seguramente los discípulos no la habían entendido en su profundidad. Ellos aun no sabían nada sobre el misterio de la cruz. No se imaginaban hasta qué punto Jesús estaba dispuesto a amarles.
    Escuchando aquellas palabras, en aquella noche de fiesta, en el banquete de pascua, creo que habrán dicho: ¡lo haremos muy bien! ¡amaremos como tú nos has amado! Habrán recordado los tantos lindos momentos que habían vivido juntos en aquellos años. Tal vez pensaban, que también ellos debían hacer alguna fiesta para sus amigos, que debían invitarles a compartir sus alegrías…. Cuando en aquella misma noche Jesús fue preso por los soldados, los discípulos fueron tomados por el miedo, por el pánico y huyeron todos… Y Jesús hasta les ayudó a irse… ¡Si es a mí que me quieren, dejen que ellos que se vayan…!
    Allí recién empezaba la gran prueba de amor que Jesús les quería dar…
    Jesús estaba dispuesto a dar su vida por sus amigos.
    Estaba dispuesto a permitir que le torturen…
    Estaba dispuesto a llevar una cruz en sus hombros…
    Estaba dispuesto a ser clavado en una cruz…
    Estaba dispuesto a perdonar a todos los que le habían hecho el mal…
    Estaba dispuesto a dar hasta su espíritu…
    Estaba dispuesto dejar que abran su corazón con una lanza…
    Estaba dispuesto a entregar hasta su última gota de sangre…
    Y todo esto para decir que su amor era así, capaz de no pensar en sí mismo y darse completamente… capaz de amar hasta el extremo… hasta anularse completamente.
    Los discípulos, aunque habían huido, supieron todo lo que le había sucedido. Mas en aquellos días estaban con tanto miedo, tan trastornados que, seguramente ni consiguieron pensar directamente en los hechos de la cruz… Es sólo cuando se encuentran con Cristo resucitado, una, dos, tres y muchas veces… despacito van perdiendo el miedo, y empiezan a recordar, reflexionar y entender muchas de aquellas palabras que Jesús les había dicho antes. La resurrección de Cristo, llenaba de luz cada palabra suya que antes había pronunciado. Ahora ellos podían comprender lo que parecía un enigma. Ahora ellos podían entender el mandamiento nuevo. El mandamiento antiguo era: ¡ama a tu prójimo como a ti mismo! Este ya era un mandamiento bastante exigente, pues cada uno cree que tiene más derechos que los demás. Nuestro egoísmo nos hace muy generosos con nosotros mismos y muy exigente con los demás. Pero, de igual modo el criterio del amor en este caso, al final soy siempre yo. Ahora Jesús les había dicho: mis discípulos deben asumir un nuevo criterio para el amor. Les doy un mandamiento nuevo: que ustedes se amen unos a otros como yo les he amado. Ahora el criterio ya no es cuanto yo me amo, debo también amar a los demás. Ahora el criterio es Jesucristo, debo amar como Él me ha amado, esto significa, hasta el extremo, dando mi vida por mis amigos.
    Quien ama a los demás como se ama a sí mismo, ya hace una gran cosa, pero no será capaz de dar la vida, de aceptar hasta una injusticia, no será capaz de sacrificarse por los otros, pues el criterio será siempre el amarse a sí mismo… Pero, cuando el criterio es Jesucristo, el amor se transforma en algo mucho más exigente.
    Que Cristo resucitado nos dé la gracia del Espíritu Santo y que nos enseñe a amar como Él nos ha amado….

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

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    Publicado por jotaefeb | 24 abril, 2016, 07:50
  3. domingo 24 Abril 2016

    Quinto domingo de Pascua

    Libro de los Hechos de los Apóstoles 14,21b-27.
    Después de haber evangelizado esta ciudad y haber hecho numerosos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia.
    Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.
    En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído.
    Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia.
    Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía.
    Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir.
    A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos.

    Apocalipsis 21,1-5a.
    Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
    Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
    Y oí una voz potente que decía desde el trono: “Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos.
    El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó”.
    Y el que estaba sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas”. Y agregó: “Escribe que estas palabras son verdaderas y dignas de crédito.

    Evangelio según San Juan 13,31-33a.34-35.
    Después que Judas salió, Jesús dijo: “Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.
    Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.
    Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: ‘A donde yo voy, ustedes no pueden venir’.
    Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros.
    En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
    Un camino simple (A simple path)

    “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado.”

    Yo digo siempre que el amor comienza en la propia casa. Primero está vuestra familia, luego vuestra ciudad. Es fácil pretender amar a la gente que está muy lejos, pero mucho menos fácil, amar a los que conviven con nosotros muy estrechamente. Desconfío de los grandes proyectos impersonales, porque lo que cuenta realmente es cada persona. Para llegar a amar a alguien de verdad, uno se tiene que acercar de veras. Todo el mundo tiene necesidad de amor. Cada uno de nosotros necesita saber que significa algo para los demás y que tiene un valor inestimable a los ojos de Dios.

    Cristo dijo: “Amaos los unos a los otros, como yo os he amado.” (Jn 15,12) También ha dicho: “…cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.” (Mt 25,40) Amamos a Cristo en cada pobre, y cada ser humano en el mundo es pobre en algún aspecto. Dijo: “Tuve hambre, y me disteis de comer… estaba desnudo y me vestisteis.” (Mt 25,35) Siempre recuerdo a mis hermanas y a nuestros hermanos que nuestra jornada está hecha de veinticuatro horas con Jesús.

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    Publicado por jotaefeb | 24 abril, 2016, 07:49

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