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laoveja100

“Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”

Ninguna persona es mejor ni peor que otra. Ni tampoco igual a otra. Lo que nos hace humanos es que cada uno de nosotros es único. Así que ríase, con la neurociencia, de quien diga que alguien es más listo que otro: ¿listo para qué? Cualquier talento no es sino capacidad de adaptación al entorno: inteligencia. Por eso, Gardner sostiene que hay más de una. Y ahí no acaba nuestra diversidad: cada cultura y cada persona entiende esa teoría –todas las teorías– a su manera. Manera, además, que varía con la edad: cuanto más envejeces, más difícil te resulta adaptar tu vida a las nuevas ideas y menos adaptarlas cómodamente a tu modo de vivir sin variarlo. Por eso, creer saber envejece y querer saber rejuvenece.

 

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160411/401021583313/una-mala-persona-no-llega-nunca-a-ser-buen-profesional.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=lacontra

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

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Un comentario en ““Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”

  1. Un maravilloso recurso

    Es la esencia de lo que somos como personas y también como sociedad. Nos tenemos que ayudar a difundir su impacto en nuestras vidas. Es notable cómo influye en lo que decimos y cómo se manifiesta contundentemente en lo que hacemos. Poseemos un gigantesco mundo interno de conexiones que permiten su funcionamiento y activan los vínculos entre las áreas corticales, el tálamo, el sistema límbico y la estructura neurológica del tallo cerebral.

    El centro generador de su proceso se encuentra en el lóbulo frontal de la corteza. Es una capacidad superior que yace naturalmente en nuestro organismo y que puede ser cultivada constantemente. Es el pensamiento.

    Es una palabra que utilizamos coloquialmente. Que una y otra vez la podemos citar en los encuentros que tenemos con las personas. La hemos incorporado en el diccionario lingüístico que utilizamos para comunicarnos. Está, eso es lo que sabemos, que entendemos su significado, que podemos pensar, que nos permite decidir, que nos ayuda a seleccionar.

    Entonces un pensamiento puede producir una experiencia placentera o lo contrario, como puede acarrear la sensación de alegría o de dolor. El estado emocional y las causas que nos alientan a vivir son importantísimos para elaborar el hilo constructivo que nos distingue como seres humanos. Su presencia es superlativa por lo que podemos atrevernos a ahondar en su majestuosidad. Hay que utilizar este maravilloso recurso natural que tenemos. Su uso puede ser favorable para todos.

    El destaque del pensamiento debe concretarse desde la primera infancia y extenderse hasta que dejemos este mundo. Es vital en todas las circunstancias de la vida, es el eje activo que permite la visibilidad o no de aquello que identifica patrones valiosos que sustentan la conducta humana. Si nos enseñan a pensar, nos ayudan a vivir.

    Ese aprendizaje requiere un entorno dispuesto a transmitir y para eso debe estar preparado para hacerlo; lo que requiere ser vivenciado a través del conocimiento y la experiencia, motores que le darán viabilidad al contenido expuesto, en este caso la aplicación de esta capacidad emblemática del ser.

    Primero hay que enseñar lo que representa, y para ello basta con tomar un hecho concreto, el cual puede variar según las edades y las costumbres de quienes están implicados en el ejemplo, y desde ahí generar preguntas acerca de lo que ven, de lo que escuchan, de lo que sienten y de todo lo que creen al respecto.

    Una vez que los participantes han expresado sus pareceres, se pueden identificar las diferentes visiones e interpretaciones, ellas están impregnadas de pensamientos. Así se puede descubrir cómo se activa nuestra usina pensativa, qué dirección tiene, hacia dónde apunta, en qué se detiene, qué criterios prioriza y cómo convive con las señales sensitivas que recibe, entre un gran espacio de acciones por realizar.

    Y en ese territorio del pensar debe existir lo colectivo. Desde él se construye sociedad. De ahí la relevancia que tiene la educación y la cultura. Dos alas necesarias para el despegue de todas las demás actividades desde las cuales la humanidad convive.

    Es indudable la relación causa efecto que sucede entre lo que vivimos y lo que pensamos. Entonces, lo que socialmente nos pasa ha surgido desde el pensamiento de quienes, en su calidad de autores de los hechos, los han llevado al plano externo. La proyección del pensar depende de cada uno y en esa facultad se habilita la libertad, que se potencializa junto a la responsabilidad.

    Por Marcelo A. Pedroza

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    Publicado por Anónimo | 5 octubre, 2016, 08:24

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