14 malos hábitos que podrían costarte el trabajo

Procrastinación, impuntualidad, adicción a las redes sociales, todos ellos son hábitos son asesinos silenciosos de la productividad y pueden dejarnos en la calle.

Todos tenemos malos hábitos. Tal vez el tuyo sea procrastinar, chismear o la impuntualidad. Estos comportamientos negativos no necesariamente te hacen una mala persona, pero como empleado pueden dar una muy mala impresión tuya, e incluso costarte el trabajo.

14 malos hábitos que podrían costarte el trabajo

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2 pensamientos en “14 malos hábitos que podrían costarte el trabajo”

  1. La vida ajena en el ambiente de trabajo

    Chisme. La palabra en sí ya remite a algo inadecuado, prohibido y que no suena bien, independientemente del ambiente en que él esté siendo sembrado. El principal componente que hace el chisme florecer es justamente el ‘placer’ de hacer chisme aliado a una platea que le gusta oírlo. La práctica es tan diseminada en nuestra sociedad que es sabido que existe una industria para hablar de la vida ajena, que gana dinero con chismes.

    Cuando hablamos del asunto de una manera genérica y amplia, el chisme hasta puede sonar gracioso o inofensivo. Al final, su práctica no es y nunca fue algo legal, hasta porque el chisme siempre parte de una no verdad o de informaciones no apuradas y que tiene puramente el objetivo de satisfacer al chismoso o la intención de perjudicar un tercer agente.

    Al analizar ese comportamiento de personas dentro de las organizaciones en los últimos años, noté cuanto esa práctica es perjudicial a los negocios y a las personas. Ejemplo: si la ‘radio corredor’ o ‘radio peón’ empieza a diseminar informaciones de que la empresa está quebrando, que colaboradores serán despedidos, que determinado producto o servicio está siendo malmirado por los clientes, eso va a generar angustia en los trabajadores, afectando el clima organizacional, perjudicando la productividad y el crecimiento de la empresa.

    Otra forma de manifestación de chisme es aquella de individuo para individuo. Esa tiene la idea específica de perjudicar una determinada persona por diferentes motivos. Generalmente, el promotor del chisme es el colaborador que tiene baja autoestima, necesita reflectores para intentar sobresalir, que tiene la necesidad de mostrarles a los otros quién tiene privilegios de informaciones de bastidores, dando a entender un supuesto poder. En años de consultoría ya presencié personas siendo despedidas porque fueron víctimas de las ‘malas lenguas’.

    Por ser algo seductor, el chisme es algo difícil de ser evitado. Pero existen mecanismos para intentar contener su expansión en el ambiente organizacional. El primer paso para que no caigamos en la trampa es identificar cuándo una información llega de bastidor, mansita. Si oye, no de oídos. Y lo más importante, no repase para adelante. Tenga en mente que la persona que habla mal de otra, en la primera oportunidad, también va a hablar algo de usted. Confíe desconfiando.

    Las empresas necesitan intentar eliminar todo aquello que puede generar chismes. Un punto bueno de partida es tener procesos transparentes, abiertos y claros de comunicación con los colaboradores. Eso aconteciendo, el chisme no sobrevive, él odia todo aquello que no sea bastidor y transparente. Invertir en capacitaciones lúdicas con el público interno también es una forma de resguardarse. A veces las personas no saben que son chismosas, o no admiten tener tal conducta, viendo el chisme solamente en el otro.

    Identificando un chismoso dentro de la organización, la gestión necesita llamarlo para una conversación, explicar el desagrado para corregir procesos, ejercitando el feedback. Si tras esas orientaciones la práctica continúa, no tenga duda de que el perfil chismoso no debe tener espacio dentro del equipo.

    Pero para llegar a ese grado de madurez la gestión necesita estar bien madura, con una gestión enfocada en los negocios y en el bienestar de las personas y al mismo tiempo enfocada en resultados. Es preciso destacar que el chisme no tiene género y mucho menos jerarquía, él circula en todos los medios. Si eso estuviera claro, ciertamente la vida de otras personas será la última cosa a discutirse dentro de una empresa, porque los colaboradores, implícitamente entenderán que existen otras cosas más importantes para hacer dentro de la empresa de que estar hablando sobre la vida ajena.

    Por Bernt Entschev

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  2. La cuna del poder

    El poder reside en nuestro interior. El poder se encuentra en los propios actos. Desde esta concepción abocada a la preciosa prerrogativa subjetiva surge la construcción de los hechos que se extienden en los niveles macro y microsociales. Es en el seno de las comunidades donde se conocen las elecciones del uso del poder que cada habitante ha asumido ejercer.

    La concepción del flujo poderoso personal requiere de un debate interno que no cesa. Los beneficios del vínculo estrecho y sincero con el mismo pueden sorprender a quien lo genera abiertamente. Su práctica descubre la apertura de un abanico de posibles decisiones. Es donde se enciende la capacidad inmensa de vivir el poder. A lo largo del día las luces pueden encenderse o apagarse, es notorio lo que produce cada movimiento.

    El poder se orienta. Así es hacedor de lo propuesto. Su evolución está ligada a la fluidez de las creencias que lo edifican. En el aprender a vivir se vislumbra la inmensidad de poder que posee cada ser. Es vital la ayuda de los demás, es trascendente la firmeza de las experiencias y es colosal el universo del aprendizaje. Todo facilita el acceso al poder real que se materializa en el desafío de lograr el equilibro en uno mismo. Entonces el poder se elige, por lo que hay que internalizar que el poder de las habilidades desarrolladas debe servir para crecer. Lo cual es una brillante orientación.

    El poder vive inmerso en el mundo de las vicisitudes, las que ponen a prueba hasta qué punto las fortalezas adquiridas atienden sus horizontes. No hay que dejar de intentar aquello que motiva la vida. No hay que perder las ganas que embellecen el espíritu y que lo impulsan a continuar. Cada uno tiene razones para avanzar, ellas son los faros que iluminan el camino.

    Las reglas aprendidas se entusiasman en las zonas virtuosas que priorizan los valores existenciales. La vitalidad del poder se alimenta de los principios visibilizados en las acciones propias. Es la cuna de todo lo colectivo que sucede. Es el ser abocado a sí mismo y desde ahí proyectado hacia los entornos que habita. La coherencia de los actos lo que hace es agrandar el caudal interno focalizado en cultivar esa corriente vivaz de testimonio.

    Es el individuo el forjador de sus actos, es indudable su protagonismo ejecutivo. Esta característica lo potencia como sujeto de derecho que también honra sus obligaciones. El investigador Gérard Mendel, fundador del Sociopsicoanálisis, le otorga un efecto transformador a los actos que realiza cada vida, lo que implica una constante renovación de la realidad que se vive; y destaca en esa labor al sujeto psíquico como un sujeto social.

    La influencia del poder interior luce a través del contacto con los otros, motivo por el cual la convivencia se apodera de las raíces individuales y las entrelaza para expandir sus efectos. Para Mendel la especie humana teme la pérdida del amor del otro. No hay que temer, hay que encargarse de uno mismo y en hacer el bien a los demás. Esa es la fuente de poder natural que atesora el reino de la tranquilidad interior.

    Las reglas aprendidas se entusiasman en las zonas virtuosas que priorizan los valores existenciales. La vitalidad del poder se alimenta de los principios visibilizados en las acciones propias. Es la cuna de todo lo colectivo que sucede.

    Por Marcelo Pedroza

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