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laoveja100

Dilma, querida

En el 2016, una nueva destitución parece encaminarse, en un procesamiento democrático y legítimo, pero con unos condimentos especiales en los que se mezclan fuerzas políticas ideológicas que luchan no solo por el presente, sino por el futuro político brasileño.

El Poder Ejecutivo es acusado de maniobras fiscales en el cierre del 2014 y el 2015, que le habrían servido para maquillar las cuentas al retrasar el pago de préstamos del Gobierno a bancos públicos. Esta operación habría permitido que no se mostrara que la situación fiscal era peor de lo que decían las estadísticas oficiales en el año electoral del 2014.

Los diputados de la oposición, junto con ex aliados del Gobierno, votaron el domingo por el impeachment de la presidenta Dilma Rousseff. Este inicio del proceso deja al borde del precipicio a la experiencia más emblemática del ciclo de gobiernos de izquierda en América Latina, analizan algunos medios internacionales.

La decisión deberá ser refrendada por el Senado en las próximas semanas para que la presidenta deje su cargo a su ex aliado, el vicepresidente Michel Temer. El impeachment sumó 367 a favor –25 más de los necesarios–, 137 en contra, además de siete abstenciones y dos ausencias a la sesión. Resulta significativo y a la vez irónico que la Cámara que envía a Dilma al juicio cuente con un 60% de sus 594 diputados respondiendo por algún tipo de proceso de corrupción.

Para Rousseff, se trata de un “golpe” mediante el que “quieren condenar a una inocente y salvar a los corruptos”, tomado más bien como un discurso político que denota una suerte de manotazo de ahogados. Lo cierto es que un año y tres meses después de iniciar su segundo mandato, se encuentra más fuera que dentro.

La mandataria, se debe señalar, no gozó de respaldo en el Legislativo para llevar a cabo las medidas que puedan revertir la grave crisis económica por la que pasa el país (cerró el 2014 con un 3,8% de recesión) y su impopularidad llevó a que el 61% de los brasileños apoyaran su cese, según una encuesta publicada a pocas horas de la sesión.

Analistas económicos consideran que en caso de que Dilma deje el cargo, podría mejorar la situación económica brasileña. Como ejemplo, mencionan que cada vez que sale algún procedimiento contra su mandato, la Bolsa de Valores brasileña sube y el dólar y el euro caen. Los economistas creen que con Temer –o cualquier otro presidente que no sea Rousseff– pueden cambiar algunas políticas y los inversores van a volver a hacer negocios en el país con más confianza. Además, siempre según ese análisis, el panorama político mejoraría porque el PSDB, principal partido de la oposición, se comprometió a dar sustento a Temer. Sin embargo, la popularidad de Temer no es alta. De acuerdo con datos del instituto Datafolha, si bien el 61% de los brasileños quiere la destitución de Rousseff, el 58% apoya un juicio político contra Temer, también investigado por hechos de corrupción.

Es decir, estas informaciones publicadas en varios medios del mundo denotan que el panorama de Brasil, con la destitución o no de Dilma, seguirá teniendo una suerte de incertidumbre que afectará a la región y, naturalmente, a nuestro país.

Los que impulsan la salida de Dilma usaron varias frases para representar su destitución, siendo la más fuerte “Ciao, querida”. Miles de carteles con esta inscripción jocosa, pero con fuerte significado, acompañaron en Brasil las concentraciones anti-Dilma.

El “Ciao, querida”, sin embargo, no solo representa la intención de dejar fuera a la presidenta. Mientras el Gobierno brasileño pelea para no hundirse como está pasando con otros países, como la ya muy golpeada Venezuela, el voto del domingo, como se analiza políticamente, podría ser una puerta de salida no solo de Dilma, sino para el “lulismo”, del ex presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva (2003-2010). Y con ella, ahondar el rápido desmoronamiento de una izquierda latinoamericana que no supo aprovechar su momento y demostró ser igual, o para muchos peor, que los que ahora pareciera tienen de nuevo el poder.

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

6 comentarios en “Dilma, querida

  1. Vientos de cambio
    13 May 2016

    El proceso constitucional de impeachment iniciado por el Congreso brasileño a Dilma Rousseff, que derivó en su separación temporal del cargo, es una clara muestra más que los tiempos están cambiando en Latinoamérica y en el mundo, porque la participación activa de la ciudadanía es un elemento que modificó radicalmente el escenario político en todo el planeta.

    El escándalo de corrupción en el que se vio enmarcada su gestión y la de su antecesor “Lula” da Silva fue el detonante que minó irreversiblemente una imagen de gestión gubernamental que en su momento llegó a niveles impactantes, puesto que se rumoreaba que el siguiente paso para el ex mandatario sería la secretaría general de la ONU, alternativa sustentada en una impecable imagen internacional y un elevado nivel de popularidad en su país.

    No obstante, la realidad demostró que detrás de esa fachada tan imponente se tejían manejos turbios que desarticularon todo aquel capital que se había forjado de manera fraudulenta. Esto no perdona la gente. El pueblo, en nombre del que se habló, habla y seguramente hablará por mucho tiempo, despertó de su letargo y exigió que aquellos que dilapidaron no solo su credibilidad, sino sus recursos financieros, den un paso al costado.

    El próximo elemento que se debe tomar en cuenta es garantizar todos los pasos de un proceso legal que no solamente tenga sustento formal, sino una legitimidad que no puede ser despreciada, ya que es la garantía para rubricar el funcionamiento de una República que ejerce un liderazgo regional sólido y que pretende ubicarse entre las grandes potencias mundiales.

    Todos los ojos, tanto de países vecinos como del primer mundo, analizarán atentamente la manera en la que se juzgan los hechos por los que Dilma fue separada de su cargo. Este proceso servirá necesariamente como un modelo al que se debe acompañar, o desechar, de acuerdo al desarrollo del mismo, ya que es innegable el impacto brasileño, no solo en la política, sino en la economía de la zona.

    Hasta el momento este hecho dejó una serie de enseñanzas que no pueden ser despreciadas, puesto que el cambio de aires es evidente y una mirada rápida muestra que el giro también coincide con otros actores cruciales del entorno, en donde se puede suponer que se espera otro tipo de gestión al frente de los Ejecutivos en cada país. La participación activa de la gente es el factor que marcará este nuevo destino, de quienes asumen este nuevo compromiso, ya conscientes de la presión que ejerce la población cuando se siente descontenta.

    Paraguay también debe estar a la altura de las circunstancias. Las afirmaciones de nuestro canciller Eladio Loizaga asegurando que se respetará todo el proceso brasileño son el primer punto positivo desde nuestra tarea diplomática, ya que marca una diferencia en la manera en que los vecinos actuaron en circunstancias históricas similares. Es tiempo de construcción de lazos sólidos, respetando la voluntad popular, las instituciones y garantizando transparencia en todos los procesos de gestión gubernamental.

    Debemos comprender este imperativo.

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    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2016, 10:44
  2. Pobres y visibles

    Uno de los grandes retos de cualquier gobierno es reducir los niveles de pobreza. Lo dicen y repiten en campaña llegando a prometer lo imposible: acabar con ella. En realidad deberíamos sentirnos contentos con que los números se reduzcan con políticas sostenibles en el tiempo y tomados con responsabilidad por todos los gobiernos por venir. Cuando en Brasil afirman que sacaron a más de 40 millones de la pobreza, en realidad están afirmando algo que es parcialmente cierto y que puede ser la peor de las mentiras. Por ejemplo, una persona que salió de la pobreza y que vive en Sao Paulo –una de las ciudades más pobladas del mundo– con doscientos dólares mensuales, en realidad sigue siendo pobre. El político dirá pero antes sobrevivía con dos diariamente, cosa que ciertamente explica un drama pero no acaba con ella.

    Los gobiernos en varias partes de América Latina con los programas de ayuda condicionada además de la corrupción imperante detrás de estas propuestas, han logrado que la gente hablara y tuviera más conciencia sobre la pobreza. Antes era parte del paisaje social sin ninguna implicancia. Ahora se habla de que detrás de ella está la inseguridad, la ausencia de futuro, la pérdida de oportunidades y, por sobre todo, el drama de países que no lograron entusiasmar a sus pueblos de la importancia de vivir en democracia para la alcanzar la libertad. Es un pequeño paso pero a partir del mismo lo que habría que reclamar son políticos que excedan el marco reducido de repartir las sobras de los buenos precios de las materias primas que hoy están en descenso.

    Otra cosa negativa ha sido utilizar a la “clase media” de 200 dólares mensuales como escudo para cualquier tropelía política o para sostener regímenes seudodemocráticos legitimados por ese blindaje de los pobres. Brasil lo intentó vanamente en el proceso cuestionador a la gestion del PT (Partido de los Trabajadores) con Lula y Dilma, pero muchos de los que salieron a las calles también fueron los “pobres de clase media” que entendieron con claridad que el tamaño de la corrupción no era posible de justificarse con ninguna acción retórica ni manipuladora.

    La pobreza es más visible. Es un tema para la acción política y es un argumento para hacer de América Latina un subcontinente más equitativo. No lo es por varias razones. Una de ellas porque no hemos colocado el tema educativo con sus grandes demandas y carencias en el centro de la preocupación política. La escasa recompensa de invertir en ella a corto plazo ha mostrado el egoísmo de la clase dirigente que solo piensa que es bueno aquello que dura su periodo de administración, y con eso no se alcanza a mejorar casi nada.

    Benjamin Fernandez Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2016, 10:40
  3. ¿Subirá un “Frank Underwood” en Brasil?

    En medio de crecientes probabilidades de que la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, sea depuesta de su cargo por un proceso de juicio político en el Congreso, es hora de echar un vistazo más de cerca a su probable sucesor, Michel Temer, el hombre al que muchos llaman “el Frank Underwood de Brasil”.
    Sus críticos afirman que, al igual que Frank Underwood, el personaje que interpreta Kevin Spacey en la serie televisiva House of Cards (Castillo de naipes), Temer consiguió su puesto de vicepresidente ganándose la confianza de Rousseff, y luego conspiró con el Congreso para destituirla y llegar a la presidencia él mismo.

    De 75 años, casado con una exconcursante de belleza de 32 años, Temer fue presidente de la Cámara de Diputados y fue diputado por más de dos décadas. Como líder del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), Temer fue invitado por Rousseff a ser su candidato a vicepresidente en las elecciones del 2010 con objeto de ganarse los votos del PMDB, y ha sido vicepresidente de Brasil desde entonces.

    Lo mismo que docenas de otros políticos y miembros del Congreso, Temer está siendo investigado también en el escándalo de corrupción de “Lava Jato” por pagos ilegales de la petrolera estatal Petrobras a políticos de la mayoría de los partidos políticos. Irónicamente, el proceso de destitución de Rousseff no está basado en cargos de corrupción –aunque ella también está siendo investigada por ello–, sino por acusaciones de que maquilló ilegalmente el presupuesto para hacer que las cifras del Gobierno lucieran mejor durante las elecciones del 2014.

    Rousseff, quien podría ser ya suspendida de su puesto el 12 de mayo, alega ahora que está siendo víctima de un “golpe de Estado”, y que Temer es un traidor que conspiró contra ella. Temer lo niega, y afirma haber sido ignorado por Rousseff y sus asistentes durante años.

    Murillo de Aragão, conocido analista político brasileño, rechaza la idea de que Temer sea una especie de Frank Underwood brasileño.

    “Eso es completamente injusto, porque Temer nunca conspiró para destituir a Dilma”, me dijo. “Él no tuvo nada que ver con eso”.

    El proceso de destitución de Rousseff fue comenzado por dos respetados juristas, uno de los cuales fue fundador del partido de Rousseff, el Partido de los Trabajadores, agregó de Aragão.

    Además, la destitución no es un golpe de Estado, sino un proceso contemplado en la Constitución que está siendo seguido meticulosamente, dijo. Ya ha sido aprobado por un panel legislativo y un voto del pleno de la Cámara, en el cual 367 de los 500 miembros del Congreso votaron a favor de la destitución de la Presidenta.

    Si el Senado brasileño aprueba la destitución –lo cual es lo más probable–, Temer asumiría la presidencia hasta el fin del mandato de Rousseff, en enero del 2019. Si Temer renunciara o fuera depuesto debido a las acusaciones en su contra, se celebrarían elecciones adelantadas.

    El 62 por ciento de los brasileños quiere elecciones adelantadas para reemplazar tanto a Rousseff como a Temer, de acuerdo con una nueva encuesta de Ibope. Solamente el 8 por ciento quiere que Temer termine el mandato de Rousseff.

    Mientras tanto, la economía de Brasil se sigue desplomando, con una reducción de casi 4 por ciento proyectada para este año, siguiendo una reducción similar el año pasado.

    Mi opinión: Las alegaciones de Rousseff de que está siendo víctima de un golpe de Estado son ridículas, especialmente si se considera que su proceso de destitución está siguiendo estrictamente los pasos constitucionales, y que ella y su Partido de los Trabajadores ya habían solicitado varias veces la destitución de presidentes anteriores cuando estaban en la oposición.

    No, Rousseff no es una víctima inocente. Ella no puede alegar juego sucio si violó las leyes de su país. El hecho de que algunos de los legisladores que votaron a favor de su destitución están siendo acusados con cargos de corrupción más graves en el caso Petrobras –aunque se sospecha que la propia Rousseff hizo la vista gorda en ese escándalo cuando era la presidenta de la junta directiva de esa compañía– no invalida los derechos constitucionales del Congreso de destituirla si violó la ley.

    Y si Temer es nombrado presidente y es encontrado, asimismo, culpable, él también debería abandonar su cargo, y debería haber una nueva elección, como lo estipula la Constitución brasileña, y como lo quiere la mayoría de los brasileños.

    Por Andrés Oppenheimer

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/subira-un-frank-underwood-en-brasil-1475502.html

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    Publicado por jotaefeb | 2 mayo, 2016, 17:19
  4. La lección de Dilma
    Los gobernantes nunca saben cuándo deben dejar el poder. El elixir es tan atrapante que toda la acción de mandar se centra en la variable de continuar por siempre. Dictadores de distintos signos y gobernantes elegidos democráticamente no logran jamás sintonizar con la opinión pública para saber cuándo deben irse. La lección de la presidenta brasileña deja muchos elementos a analizar. El Partido de los Trabajadores dejó hace mucho su variable ética y diferenciadora con la llamada “política tradicional”. La naturaleza del poder los llevó primero a la monumental corrupción del “mensalao” que era una asignación que daba el presidente Lula a los congresistas cada mes para mantener su fidelidad. De ese escándalo zafó sobre la base de dar más concesiones a la corrupción que, como una hiedra, se extendió por todo su gobierno. Se fue de aquel caso su mentor: Jose Dirceu, pero permaneció él al frente por dos periodos. En realidad el Partido de los Trabajadores nunca se recuperó de esa herida mortal que se había autoinfligido. Muchos de los comprados con dinero público por el Partido de los Trabajadores fueron los mismos que votaron por el impeachment el pasado domingo. Lo hicieron a voz de cuello reivindicando valores éticos y algunos hasta con la Biblia en la mano en un espectáculo que habrá hecho llorar a Lula y Dilma que seguían las votaciones desde la oficina presidencial.

    Los mismos aliados se encargaron de clavarles la puñalada artera forzados por una multitud que en las calles venía pidiendo desde hace un año el fin de los cuatro periodos consecutivos del Partido de los Trabajadores. El Gobierno y el usufructo del poder sin controles acabó con la administración del país más poderoso de América después de Estados Unidos. Los sueños de ser parte de la élite mundial se acabaron. La presentación de un nuevo Brasil en el mundial de fútbol y las olimpiadas acaban mostrando el peor rostro de un país sumido hoy en una grave y profunda recesión económica, una montaña de corrupción y el sentimiento del fracaso, como el que vivieron en el Mineirao cuando Alemania los derrotó 7 a 1.

    Como dice esa canción tan entonada en ese país y el mundo: “la tristeza no tiene fin”. Hoy solo les salva la gente en la calle que quiere una cosa distinta. Los pobres a los que sacó de esa condición paupérrima para arañar la clase media serán los primeros que los acusarán de corruptos e incompetentes. Como ya lo hicieron con Cristina en Argentina, Evo en Bolivia, Maduro en la destrozada Venezuela y en Cuba donde Raúl Castro dice que no continúa más del 2018. Estamos llegando al límite de la fatiga del aparato gubernamental y el fin de la paciencia de la gente. Hay que saber cuándo irse y esa es una sabiduría desconocida por los administradores del poder hoy en día en América Latina.

    Todavía con algo de cariño los brasileños tuvieron tiempo de decirle a Dilma: “Chau, querida” aunque, claramente la ironía estaba en esa lección no aprendida por la jefa de Estado brasileña.

    Benjamin Fernandez Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 20 abril, 2016, 16:27
  5. Brasil en el valle de las sombras

    El fin de semana pasado Brasil vivió un clima muy parecido al de setiembre de 1992, cuando miles de brasileños se volcaron a las calles para exigir la salida del Gobierno de Fernando Collor de Mello. Llegado al gobierno con el verbo de la lucha contra la corrupción y de la mano de un pequeño partido político, Collor había prometido controlar la inflación y desarticular las po­derosas redes de tráfico de influencias empotradas en la ma­quinaria estatal. Pero ni bien instalado en Brasilia, lo que en realidad transitó fue un breve pero fulgurante sendero de actos inmorales y corruptos que muy pronto cobraron estado públi­co y obligaron al Congreso a instaurarle juicio político. Collor renunció antes de ser destituido. Los brasileños, en esos días, repudiaron la flagrante mentira con la que había llegado al po­der.

    A la presidenta Dilma Rousseff, en tanto, se la acusa de mani­pular el presupuesto federal para mantener el nivel de gastos en busca de respaldo político. Esto contradice el punto quin­to de sus promesas de campaña cuando decía que iría tras la aprobación de nuevas leyes para combatir la corrupción en el Congreso, entre ellas, endurecer las penas para la financiación de partidos me­diante la llamada “caja dos”, dine­ro procedente de aparentes dona­ciones pero que no se declara. Y tratándose de uso de fondos públi­cos para finan­ciar campañas electorales, par­tidos políticos y candidaturas, los brasileños pare­cen haber tocado fondo en credibi­lidad.

    El panorama ins­titucional brasi­leño entra en un cono de sombras de difícil pro­nóstico. Con la presidenta a punto de ser suspendida en sus funciones, y con el propio vicepresidente Michel Temer –que debería asumir la presidencia provisoria- también con planteo de juicio político por presunta corresponsabilidad en la firma de los decretos que facilitaron maniobras contables dentro del presupuesto de 2014 y 2015, la legalidad y la legitimidad del escenario político es más que dudosa. Sobre todo, si se tiene en cuenta que la votación en la Cámara de Diputados fue conduci­da por Eduardo Cunha, un político denunciado por corrupción, fraude y lavado de dinero vinculado a la red de sobornos de Petrobras. La Corte Suprema tiene la acusación desde marzo y ya lo declaró reo, es decir dentro de un proceso, pero su inmu­nidad parlamentaria lo mantiene intocable.

    Es difícil encontrar un caso similar en el que juzgados, juzga­dores y sucesores compartan una misma línea de sospecha por los mismos supuestos delitos vinculados al uso políticamen­te inmoral de fondos públicos. No son pocos los politólogos que opinan que este proceso terminará con un nuevo llamado a elecciones y que el actual establishment tendrá que resignar sus fueros y afrontar ante la justicia ordinaria las consecuen­cias de sus actos.

    Los millones de brasileños que salieron a las calles no parecen esperar otra cosa.

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    Publicado por jotaefeb | 20 abril, 2016, 09:50
  6. Se va Dilma, ¿Y después?

    Desde el momento en que la Cámara de Diputados del Brasil aprobó por amplio margen la puesta en marcha de los mecanismos del “impeachment”, la hasta ahora presidente Dilma Rousseff se convirtió en una figura casi decorativa, sin poder de decisión alguna, que prepara maletas para cuando el tema sea tratado en el Senado, en donde será una cuestión de mero trámite. Su sucesor, el actual vicepresidente Michel Temer (PMDB), ya está formando el nuevo gobierno, negociando con diversas formaciones políticas la repartija de los ministerios. Los escándalos de corrupción, en el contexto de una economía recesiva y del creciente malestar social que eso provoca, fue un “cocktail” explosivo que las élites dominantes aprovecharon para poner término a poco más de 13 años de gobierno petista. La derecha festeja y, en parte, tiene muchos motivos para hacerlo, pues retoma el poder después de mucho tiempo, aunque por medio de un camino sinuoso y no por imperio de la voluntad popular. Pero solo en parte, pues la mayoría de los manifestantes “pro” y “anti” gubernamentales que siguieron las votaciones del pasado domingo, son partidarios de que Temer corra la misma “suerte” que su antecesora, según Folha de Sao Paulo. En consecuencia, el cambio de mando cierra un ciclo político -el de la izquierda en el poder-, lo cual no es un dato menor, pero la profunda crisis en la que se debate el vecino país seguirá abierta.

    No solo Temer es cuestionado por los mismos cargos de los que se le acusa a Dilma. También lo son el presidente del Senado, Renán Calheiros (PMDB), segundo en la línea de sucesión y el tercero, Eduardo Cunha (PMDB), presidente de Diputados,por la presunta vinculación de ambos en el escándalo “Lava Jato”. Como quien sigue en la cadena es el titular de la Corte que va a “juzgar” a Dilma, sería impensable la hipótesis de que éste asumiera las riendas del país, pues sería un “golpe judicial”, quedando como única opción designar al diputado más votado, un experiodista, quien si sufriera algún impedimento le sucedería su colega Francisco Everardo Oliveira Silva. ¿Quién es él? El payaso ¡“Tiririca”!, completándose así el escenario “kafkiano” que ofrece hoy la política brasileña.

    Claro que este no es más que un ejercicio para pintar una realidad absurda, que no se dará en la práctica, pero que sirve para retratar el fracaso de los que se están yendo y la improvisación irresponsable de los que vienen, a quienes poco o nada importó proyectar una salida más sostenible en el tiempo, limitándose al único objetivo de poder gritar “fora Dilma”, “fora Lula”, “fora PT”, como de hecho lo hicieron.

    Los latinoamericanos tenemos muy poco que aprender de lo que acontece en Brasil, salvo que lo asimilemos como “errores ajenos que deben ser corregidos”. Hasta ahora hemos construido democracias que no son muy democráticas a la hora de dirimir sus conflictos internos. Y no porque los mecanismos que utilizan sean inconstitucionales, sino porque un puñado de personas tiene en sus manos la capacidad de destituir presidentes y elegir entre cuatro paredes a sus reemplazantes, en lugar de que esa facultad corresponda al soberano, a los electores, al pueblo. Algo que a lo que podrían llegar los brasileños si se sigue agravando la crisis política, como última alternativa, que como fórmula hubiera sido mucho menos traumática si se trataba de la primera.

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    Publicado por jotaefeb | 20 abril, 2016, 05:46

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