De vuelta al futuro

El corcho o tapón natural reinó sin muchos enemigos durante siglos. Es flexible y poroso, y posee alta compresibilidad y capacidad de recuperación elástica. Esto es que no presenta resistencia al momento de introducirlo en la botella, mientras que la recuperación elástica genera un efecto hermético inmediato, protegiendo al vino contra la exposición al aire.

Adicionalmente, cuando las botellas se guardan en posición horizontal, el tapón entra en contacto con el líquido y se hincha un poco más, garantizando mayor protección, que, en últimas, es lo que cuenta. Y al ser poroso asegura un mínimo paso de aire para facilitar la evolución del vino en el cerrado espacio de la botella.

Hasta el cambio de milenio, el tapón natural dominaba el panorama. Pero muchos venían debatiendo sobre la conveniencia de su uso, pues aproximadamente entre un 5 % y un 10 % de los vinos cerrados con corcho debían tirarse al tacho debido a la posible contaminación con tricloroanisol, sustancia responsable de producir olores a trapo húmedo. O lo que en lenguaje popular se denomina un vino acorchado.

El costo para productores y consumidores obligó entonces a pensar en alternativas, como el cierre de cristal, el sintético y, desde luego, la tapa rosca. El de cristal nunca prosperó. En cambio, el sintético y la tapa rosca se adoptaron casi como norma. El sintético ha tenido sus altibajos, mientras la tapa rosca saca cada vez más ventaja. Su esencia es que impide el ingreso de oxígeno y mantiene el vino en estado óptimo, particularmente los blancos y rosados jóvenes que, por naturaleza, se oxidan más rápido.

Más allá de la conservación, existen otras dos razones para justificar su producción: por un lado, el bajo precio de elaboración y, por otro, la preocupación ecológica de proteger el alcornoque (el árbol del corcho). Incluso, hay países compradores, como Inglaterra, que exigen a sus proveedores despacharles solamente vinos con tapa rosca. Productores como Australia y Nueva Zelanda han eliminado casi por completo el tapón natural, dejándolo solamente para vinos de alta gama.

Con el creciente uso de la tapa rosca se ha llegado a creer que una botella tapada con cierre de aluminio y revestimiento sintético no gana nada con ponerse sobre el costado.

Pero los fabricantes de tapas con rosca han desarrollado técnicas para permitir un leve intercambio de aire, dándole así al vino la posibilidad de evolucionar. De manera que ahora se recomienda acostar los envases tapados con rosca porque en la posición horizontal el líquido se mezcla más fácilmente y se beneficia de una leve oxigenación. O sea, lo que siempre ha permitido el corcho. Back to the future, pero, esta vez, sin el riesgo de botellas contaminadas.

Por: Hugo Sabogal

 

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