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laoveja100

Ni se pierde ni se gana

Algunos dicen que se está ganando esta guerra contra el terrorismo del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés), mientras otros aseguran que se está perdiendo. Los gobiernos y los altos círculos militares son los que con más frecuencia muestran su optimismo en este conflicto mientras que los analistas independientes, es decir, los que no están vinculados a esas esferas, son los que manifiestan su pesimismo.
Los últimos atentados ocurridos en Bruselas, la capital de Europa (en el momento que escribo estas líneas son los últimos, no sé si lo seguirán siendo cuando se publiquen), no solo han sembrado el pánico y el desconcierto en la población, sino parecen haber agotado los adjetivos a los que echa mano la prensa en estas ocasiones. Aquí y allá aparecen, como hongos, los “especialistas” que analizan lo ocurrido sin que nadie tenga toda la razón ni nadie esté enteramente equivocado.

Dio la coincidencia que quien conducía uno de los trenes del metro de Bruselas, en la línea que se produjo el atentado, es español y narró cómo escuchó, a través de la radio que poseen, cómo el motorista del tren afectado comunicaba que había tenido una explosión y que se iba a ver qué había sucedido. Casi enseguida regresó y solo atinaba a pedir toda la ayuda posible pues tenía el tren sembrado de cadáveres. Por su parte, el motorista español buscaba tranquilizarse y encontrar la mejor manera de evacuar su tren sin que cundiera el pánico y los quinientos pasajeros que llevaba no huyeran en estampida, lo que podía significar mayor cantidad de víctimas.

Mientras tanto, la Policía belga no tiene respuesta a la mayoría de las preguntas que se plantean en torno al atentado. Lo único que saben es que fueron dos hermanos, uno de 25 y otro de 29 años, quienes se hicieron estallar en medio de la gente –el uno en el metro, el otro en el aeropuerto– y que contaron con la colaboración de otros cómplices. Lo llamativo es que estos últimos pidieron un taxi, y como el que vino era pequeño tuvieron que dejar parte de su “equipaje” en el departamento donde vivían; es decir, bombas debidamente disimuladas.

Las autoridades europeas han alertado a la población que se deben esperar más atentados porque el ISIS se está debilitando y esta es una forma, desesperada, de hacerse sentir. Son los que piensan que la guerra se está ganando. Mientras los pesimistas afirman que se está perdiendo. Los segundos más afectados por estos atentados (los primeros son las víctimas directas e inocentes) son los refugiados y los musulmanes que viven en Europa. Los más favorecidos son los grupos xenófobos y neonazis que encuentran en tales actos de violencia el argumento perfecto para seguir adelante, con mayor ímpetu, su enfrentamiento con los grupos musulmanes y su insistencia en expulsarlos a todos.

Lo que temen quienes aseguran que la guerra se va perdiendo es que estos musulmanes, ya sean refugiados recién llegados o bien aquellos que están viviendo desde hace muchas décadas y aparentemente han echado ya raíces, se vean de tal modo acosados, discriminados, objetos de un trato agresivo y por momentos violentos, que, en lugar de realizar esfuerzos por europeizarse y asumir valores que hacen a nuestra civilización, terminen rechazándola radicalizándose. Si es así, es evidente que se están dando grandes pasos hacia atrás en lugar de ir hacia adelante.

Los ataques a las mezquitas se han multiplicado de manera exponencial. Incluso aquí en Salamanca, donde la colectividad musulmana se encuentra bien integrada, la mezquita ha amanecido todos estos días con carteles insultantes y de rechazo. Si bien son retirados, la siguiente noche, aprovechando la oscuridad y las calles vacías pues la gente se vuelca a las procesiones de Semana Santa, además del intenso frío, vuelven a colocar nuevos carteles, más extremistas, más agresivos, más violentos.

Hace unos instantes el Pentágono (Departamento de Defensa de los Estados Unidos) informó que el ejército americano dio muerte al número dos del Estado Islámico (ISIS), Abdel al Qadouli, conocido también como Haji Iman. Pero el grupo terrorista tiene una enorme capacidad para reponer a sus jefes muertos y no significa mucho esta pérdida, ya que con dos o tres fanáticos, dispuestos a hacerse volar por los aires con un chaleco explosivo, es suficiente para dejar a su alrededor centenares de muertos. Así pues, en esta guerra nadie pierde ni nadie gana. O mejor dicho: sí hay un gran perdedor: la población civil, inocente e indefensa.

Por Jesús Ruiz Nestosa

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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