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La sociedad educada

Todos los movimientos de quienes están implicados en el sistema educativo deben tener sintonía con el ritmo constructivo que pregona con fervor quien quiere crecer. Donde hay vida hay anhelos y dicha expresión es un principio natural del existir. ¿Qué lugar ocupa la educación en el mundo de nuestros anhelos? Hay que considerar a la educación como una inseparable fuente de crecimiento. Es que todos estamos implicados en lo que sucede socialmente y lo que pasa es producto de nuestra educación colectiva.

El ejemplo del entusiasmo por aprender trasciende el aula, se constituye en portador de lecciones y se vivifica con la alegría del hacer. Un joven enérgico puede cambiar la vida de un adulto que lo observa, como a la inversa. Por eso el sistema se extiende hacia todos lados y desde cada rincón también se retroalimenta. Tanto desde lo formal, que se puede inculcar en una institución, como desde lo informal que se presenta en un diálogo casual, existe la presencia de la educación. No es posible evitarla. Vive en nosotros. ¿Cómo acompaña nuestras acciones?, ¿qué influencia tiene en las mismas?

Las prioridades siempre surgen al transitar cualquier actividad. Y la educación debe ser una prioridad. Cada cual puede otorgarle su espacio, su tiempo, su valoración y su convivencia cotidiana. Al profundizar su estima comienzan a abrirse horizontes relevantes que permiten entender y comprender el interior de quien se atreve a inmiscuirse consigo mismo. Y eso facilita la posibilidad de conocer a los demás. Se establece un nexo entre el ambiente interior que uno vive en silencio y el ambiente exterior que desarrolla y comparte con otros.

Es relevante establecer relaciones positivas que permitan elevar las semejanzas valiosas que cada persona posee. Lo semejante hace mención a lo que se parece y facilita el encuentro de la ponderación hacia lo fructífero. Se trata de ser honestos en nuestras acciones, de animarnos a creer en la impronta que dejan las enseñanzas sostenidas fervientemente por la capacidad de crear nobles vínculos.

Lo similar tiende naturalmente a extenderse. Y si las similitudes son virtuosas, sus alcances son ilimitados. La responsabilidad de vivenciar la educación es propia de quien la ejerce, esté donde esté. La transmisión debe ser testimonial, así la formación recibida encuentra el escenario de la coherencia para poder vivir. El aprendizaje no tiene tiempo límite y además comprende que hay desaciertos que enseñan lo que quizás una larga lista de aciertos no pudo enseñar. Entonces hay que atreverse a hacer y a aceptar que nos podemos equivocar, aunque una condición indispensable es la buena fe del obrar.

Es un derecho elemental el de recibir educación. El ser humano educado respeta las diferencias y se dispone a descubrir la importancia de lo diverso. Donde hay educación hay sueños que se hacen realidad. Una sociedad compuesta por la totalidad de sus habitantes educados es posible. Todos los niños y niñas en escuelas completamente equipadas para cobijarlos, contenerlos y educarlos. Escuelas modelos para el barrio y para la ciudad. Donde hay una escuela hay libertad. Y desde ahí surgen quienes le darán grandes satisfacciones a su gente y a su tierra. Es la visión extensa puesta en la idea de que otros vivirán los frutos de la sociedad educada. Ahora es el tiempo para generar y vivir las condiciones para lograrlo.

Por Marcelo A. Pedroza

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “La sociedad educada

  1. “Gaokao”

    La traducción del chino sería “gran examen”, prueba para la cual los estudiantes se preparan con vistas a aspirar a alguno de los valiosos puestos en la universidad. Sería el equivalente al temido examen de ingreso que siembra de víctimas cada año las facultades de la Universidad Nacional de Asunción.

    El “gaokao” es un gran evento nacional para los chinos. Evidencia la importancia que esta nación continente le brinda a la educación. En junio pasado, casi 10 millones de jóvenes se sometieron a la prueba, una verdadera movilización que envuelve no sólo a padres y estudiantes sino también a la policía, al transporte público y a las Fuerzas Armadas. La idea es crear el medioambiente más propicio posible para que los jóvenes se sometan a esta prueba según la cual entre el 50 y el 75% de los aspirantes –según la región o provincia de que se trate- conseguirán una plaza dentro del mayor sistema de educación superior del mundo poblado por casi 30 millones de estudiantes repartidos entre 2.000 universidades públicas y otras 1.000 privadas.

    El “gaokao” es cosa seria. Las preguntas son transportadas por sistemas especiales de seguridad, son consideradas “secreto de Estado” y su publicación antes del examen se considera un delito grave. Los formularios de examen están dotados de un chip monitoreado por GPS para saber en todo momento dónde está cada documento a fin de evitar manipulaciones. El diario oficial “The Global Times” informó que cualquier fraude en el “gaokao” es, desde este año, un crimen punible con hasta siete años de prisión.

    En Pekín, que junto con Shanghái concentra el mayor número de aspirantes, son desviadas 16 líneas de transporte para evitar atascos en los centros en donde se toman las pruebas.

    Fábricas e instalaciones diversas que generen ruido ambiente cesan sus actividades hasta que las pruebas finalizan. Como si todo fuera poco, drones equipados con sensores remotos sobrevuelan los centros de examen escaneando cualquier señal pirata, fácilmente identificable ya que todos los sistemas de WiFi en las inmediaciones son apagados.

    ¿Exagerados los chinos? No, realistas. Tan en serio toman esta prueba que muchos jóvenes se internan los meses previos en “guarderías gaokao” a fin de prepararse para el evento. “Un mal resultado en el examen tiene pesadas consecuencias en la vida del joven y la familia” reporta el sitio “China Files”. “El ‘gaokao’ marca el cambio en la trayectoria de nuestras vidas” recoge la agencia EFE-Pekín al entrevistar a padres de una joven que aspiraba a seguir la carrera de marketing.

    Cuando la familia, la sociedad, el Estado y los jóvenes encaran la educación con tal seriedad, una nación no puede sino ser grande.

    ¿Comparaciones? Por el momento no. Sería imposible hacerlo

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    Publicado por Anónimo | 6 noviembre, 2016, 16:29
  2. Educación y Transhumanismo

    A medida que pasan los días se acelera más y más el ritmo de aparición de nuevos descubrimientos científicos y de novedades tecnológicas. La distancia entre la narrativa de la ciencia ficción y la ciencia real se acorta rápidamente. Se trata de descubrimientos y novedades que afectan directa e indirectamente al modo humano de vivir y al mismo tiempo y con más trascendencia al modo de ser.
    Siguiendo diversos criterios, los científicos elaboran diferentes listas de selección, para elegir los inventos o descubrimientos más importantes a través de la historia. Algunos se remontan a citar el fuego, otros la imprenta, otros la electricidad o la máquina de vapor y toda clase de motores, otros la penicilina y más recientes aún las computadoras, los chips, los teléfonos móviles inteligentes, la inteligencia artificial en general, etc.

    Por supuesto que en las listas aparece la teoría de la relatividad, la física cuántica, los trasplantes de órganos como el corazón, riñones, hígado, páncreas, la biogenética y la ingeniería genética, incluyendo, cómo no, la clonación, etc.

    Todos contribuyen al modo y calidad de vida y muchos de ellos al desarrollo del ser humano en sí mismo con posibilidades de cambios sustanciales en la conservación de la especie humana y el modo de ser humanos.

    Los cambios reales y posibles son tan extraordinarios que científicos de vanguardia y filósofos han creado la Asociación mundial de filosofía del transhumanismo. Los transhumanistas se han definido en su “manifiesto oficial”, que en breves palabras podríamos resumirlo diciendo que consiste en “reconocer que se puede utilizar la tecnología para mejorar radicalmente a los seres humanos (como individuos, como sociedad y como especie), así como pensar que hacerlo es bueno. A pesar de que entre los expertos no hay duda sobre el primer punto (se puede), el debate sobre el segundo punto (se debe) es acalorado” (GiulIo Prisco, “Tendencias 21, 2005).

    El famoso intelectual Francis Fukuyama, autor del libro “Nuestro futuro posthumano: Consecuencias de la Revolución Biotecnológica”, en un artículo posterior (Foreign Policy Revue) rechazó las propuestas del transhumanismo como “las ideas más peligrosas del mundo”. Inmediatamente Ron Bailley y Nick Bostrom replicaron con sólidos argumentos defendiendo la posibilidad de perfeccionar al ser humano mediante las tecnologías. El debate sigue abierto y no es mi propósito entrar en él, pero sí es mi intención hacer ver que sea cual fuere la mejor solución científica y ética, el hecho es que los avances científicos y tecnológicos no pueden ser ignorados a la hora de planificar la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes para el próximo futuro, que ya está entre nosotros y que ellos, hijos y nietos, van a tener en su entorno y ante el que van a tener que reaccionar y tomar decisiones para participar de sus posibilidades de una u otra manera.

    Opino que los planificadores de la formación de los educadores profesionales no pueden, no deben planificar como si estos descubrimientos y novedades de las ciencias y las tecnologías no existieran. Estamos en medio de una revolución científica y tecnológica. No podemos seguir enseñando en la educación escolar como si no existiera la física cuántica, por poner un ejemplo. No podemos seguir hablando de una sociedad que ya no existe; no podemos ignorar que los educandos viven inmersos en contextos pluriculturales, que la neurología está empujando a revolucionar la pedagogía y la didáctica, que existen no solo múltiples inteligencias sino muchas más formas de pensar descubiertas por la investigación neurosicológica y neuroeducativa; que no basta que los educadores manejen el pensamiento crítico, porque nunca más que ahora nuestros educandos van a necesitar el pensamiento creativo y sistémico para ser investigadores, emprendedores y productores.

    ¿Para qué mundo queremos educar a los niños, adolescentes y jóvenes? ¿Con qué educación? La presencia desafiante de la filosofía del transhumanismo nos obliga a pensar y decidir con que filosofía vamos a educar. Capacitar para la vida, educar, no es enseñar un conjunto de disciplinas o asignaturas, una al lado de otra como si fueran autónomas y con contenidos que están lejos de lo que sus respectivas ciencias desarrollan hoy.

    Queramos o no, actualizar la educación no es poner parches a lo que tenemos, es por lo menos futurizarla.

    Por Jesús Montero Tirado

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    Publicado por Anónimo | 6 noviembre, 2016, 16:28

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