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El desafío enorme de vivir en paz

En pleno siglo XXI nos llegan desde Europa noticias cada vez más preocupantes sobre ataques terroristas y también sobre la enorme crisis humanitaria de los refugiados. La ilusión de un mundo en el que reine la armonía y en el que haya terminado para siempre la violencia brutal, se diluye con cada titular de la prensa, en cada imagen o relato que muestran los canales de televisión.

Por una parte, nos causan pavor los hechos que provoca el terrorismo fundamentalista, que ataca espacios públicos en los que abunda la presencia de civiles, de gente común que acude a su trabajo o estudios; de padres y madres con hijos que van a las escuelas; de jóvenes y ancianos que seguramente profesan diferentes credos, o ninguno.

Nos asusta también que los atacantes se inmolen, en plena juventud, por la supuesta promesa de una “recompensa” en otro mundo, porque el que habitan, en el que la mayoría de ellos han nacido, no los ha sabido incorporar y considerar como miembros integrados a la sociedad.

Por otra parte, vemos cómo esa parte del mundo a la que considerábamos casi perfecta por su respeto a las leyes y a la convivencia de todos los orígenes raciales, se convierte en un campo de batalla en donde a diario se suman los hechos de repudio, intolerancia y hasta los ataques físicos por parte de quienes culpan a los inmigrantes de todos los males.

En el día de Pascuas de Resurrección, el Papa Francisco se ha ocupado de éstos temas, que ya son insoslayables para él en cada ocasión que se le presenta. Saliendo del discurso puramente religioso, desde la Plaza de San Pedro ha enviado un mensaje urgente a toda la humanidad: el odio es el huevo de la serpiente. Es por donde todo comienza.

Sus palabras han retumbado en medio de la incertidumbre en la que se debaten ahora los europeos ante el calvario de los inmigrantes a los que muchos les han cerrado las puertas por temor a que sean ellos los portadores del terror y las diferentes manifestaciones de intolerancia contra todos los que no son originarios de Europa. Ante el mundo, Francisco ha dicho: “Ante las agujeros espirituales y morales de la humanidad, ante al vacío que se crea en el corazón y que provoca odio y muerte, solamente una infinita misericordia puede darnos la salvación”.

Sobre el terrorismo, recordó que éste no tiene fronteras ni más objetivos que llevar el miedo y la muerte adonde sea que vayan. Fustigó a quienes hacen negocios con la violencia, como modernos “Judas” capaces de vender la vida de la gente a cambio de dinero, sin importar que éstos sean niños inocentes.

La dureza del mensaje fue acorde con la situación por la que atraviesa hoy el mundo, donde han regresado los peores rostros de la intolerancia y los conflictos han cambiado de estilo y forma, pero producen más víctimas y totalmente ajenas al origen de los mismos.

Esa misma gente es la que sale a las calles hoy para manifestar su apoyo a las víctimas y a gritar a los que matan que se oponen a convertirse en presas del miedo. Las mismas que siguen saliendo a las calles a caminar, a sentarse en los cafés y a compartir con sus familias, para demostrar que no serán los seres aterrorizados y presas del pánico que pretenden quienes hacen estallar bombas en calles, estaciones de trenes, lugares públicos y espacios culturales.

Pero también hay quienes salen armados con fuertes gritos y violencia a manifestar que todos los que no son “europeos puros”, deben salir de Europa o ser aniquilados, trayendo nuevamente a la memoria aquellos días en los que el discurso de intolerancia abrió las puertas al infierno que causó millones de muertes y tanto dolor de la mano de Hitler y otros delirantes proyectos de “pureza racial” bañada en sangre.

Buscar salidas dentro del respeto a la libertad y las leyes es un gran desafío hoy para la Unión Europea, y todos los países que la integran. Encontrar la paz y la tolerancia luego de tanta violencia, se hace cada vez más difícil, pero es importante para Europa y para todo el mundo, que encuentren el camino que los lleve a ser nuevamente ejemplo de convivencia y respeto y sanar las heridas que causa el terror.

 

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"La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes"24/05/17
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