está leyendo ...
laoveja100

Momento propicio para refundar el Mercosur

En un día como hoy, hace 25 años, nacía en Asunción el Mercado Común del Sur (Mercosur), compuesto por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Un enfoque retrospectivo a lo que es hoy esta organización, a un cuarto de siglo de su creación, nos muestra una parodia de libre mercado que ha servido más para perjudicar que para favorecer la integración económica regional que impulsara su creación con la firma del Tratado de Asunción el 26 de marzo de 1991. Lo que pretendió ser una iniciativa geoeconómica cuya fuerza gravitacional acabara atrayendo a los demás países de Suramérica, al final resultó un fiasco. La emergencia de gobiernos populistas de izquierda en los países signatarios lo convirtió en un foro ideológico en el que lo político pasó a prevalecer sobre lo jurídico, desnaturalizando su rol eminentemente económico y comercial.

Con Hugo Chávez en Venezuela, Luis Inácio Lula da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, José Mujica en Uruguay y, por un tiempo, Fernando Lugo en Paraguay, Suramérica dio un brusco giro geopolítico a la izquierda, bajo la batuta del presidente brasileño y el incentivo económico de los petrodólares del pueblo venezolano generosamente repartido por su mesiánico gobernante fallecido. En manos de una pléyade de gobernantes populistas, el Mercosur se convirtió en foro ideológico del Socialismo del Siglo XXI, un residuo de la vulgata marxista preservada en el continente americano por los hermanos Fidel y Raúl Castro y políticamente revalidado por el hoy desprestigiado expresidente brasileño Lula, para impulsar proyectos geopolíticos contrapuestos a los sustentados por Estados Unidos en el hemisferio.

Copado el Mercosur, los gobiernos bolivarianos de la región, liderados por Brasil, pasaron a constituir la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), ampliada con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), organización continental esta diseñada con la finalidad geopolítica de restar protagonismo a la Organización de Estados Americanos (OEA) e indirectamente a los Estados Unidos. Este contubernio de gobernantes autoritarios y populistas tuvo su punto alto con la escandalosa intromisión en los asuntos internos de Paraguay en ocasión de la destitución mediante juicio político, en 2012, del entonces presidente Fernando Lugo, por mal desempeño de funciones. Una patota de cancilleres bolivarianos encabezada por el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, irrumpió en el Palacio de Gobierno con la intención de impedir la destitución constitucional del mandatario cofrade. Paradojalmente, estas mismas organizaciones regionales se aprestan a dar su apoyo al expresidente brasileño y a su sucesora Dilma Rousseff, acosados por la Justicia de su país en un mar de escandalosa corrupción.

Manipulando el Mercosur, las presidentas Dilma Rousseff y Cristina Kirchner, con la presta aquiescencia del uruguayo, José Pepe Mujica, suspendieron al Paraguay como miembro del bloque económico regional, a los efectos de forzar el irregular ingreso de Venezuela al mismo; ingreso que venía siendo trabado por el Parlamento paraguayo por considerar que el gobierno de Hugo Chávez carecía de la credencial democrática exigida por la carta del Mercosur. A más de esta arbitraria medida, hicieron que sus colegas bolivarianos de Unasur y Celac desconocieran al nuevo gobierno paraguayo instalado tras la destitución del exobispo, sentando un nefasto precedente a contramano de la Carta de la OEA. En este escenario de extremismo ideológico, el Mercosur dejó de existir, virtualmente hablando.

Como no hay mal que dure cien años, la victoria electoral de Mauricio Macri en Argentina, como también la de la oposición unida en Venezuela y el escándalo de corrupción que mantiene en vilo a la presidenta Dilma Rousseff, así como la derrota de Evo Morales en su pretensión de perpetuarse en el poder, son señales auspiciosas para revitalizar el Mercosur, poniendo fin a la intransigencia ideológica de los presidentes izquierdistas de la región que ahora están en retirada.

Durante la mitad del lapso transcurrido desde su creación, los presidentes de Brasil, Argentina y hasta cierto punto Uruguay, han perdido lamentablemente el tiempo impulsando agendas ideológicas inconsistentes en vez de empeñarse en esfuerzos genuinos para hacer realidad los postulados del Tratado de Asunción. Mientras tanto, y en vista de que se han tirado por la borda los objetivos primigenios del Mercosur, como país mediterráneo el Paraguay ha visto perjudicado su comercio exterior, y por ende su crecimiento económico, a causa de las trabas impuestas por el gobierno argentino de los Kirchner a la libre navegación de la Hidrovía Paraguay-Paraná a los buques de bandera nacional, así como por las barreras paraarancelarias y otras restricciones arbitrarias impuestas al comercio bilateral por ese país como por el Brasil. Si a esto se suma la inicua explotación que el país sufre en la usinas hidroeléctricas bilaterales (ni siquiera puede comercializar libremente su energía excedente), Paraguay resulta ser el país que más perjuicio ha sufrido en el ámbito del Mercosur. Por lo mismo, es el más ansioso porque el bloque económico regional, ahora ampliado con Venezuela y próximamente Bolivia, pueda reencauzar su derrotero hacia las metas originalmente visualizadas por los gobernantes fundadores.

Es de esperar que con la emergencia de gobiernos genuinamente democráticos en el ámbito del Mercosur y el inexorable ocaso de los que lo han prostituido en sus fines, las reglas del juego se reviertan efectivamente a favor del libre comercio y una unión aduanera consolidada sin recelos por las mayores economías que lo componen en la actualidad.

En suma, estas bodas de plata del Mercosur lo encuentran en un momento propicio para impulsar su refundación, para que sirva realmente a los principios que originaron su creación.

 

Anuncios

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

7 comentarios en “Momento propicio para refundar el Mercosur

  1. El lío del Mercosur

    Por Danilo Arbilla

    Tamaño lío se compraron el 29 de junio del 2012 en Mendoza los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay cuando suspendieron a Paraguay del Mercosur para simultáneamente resolver el ingreso de Venezuela.

    ETIQUETAS

    VENEZUELAMERCOSUR
    Cristina Kirchner, Dilma Rousseff y José Mujica, hoy tres “ex”, en uno de los mayores atropellos jurídicos y políticos que se recuerdan, dejaron una “bolsa de gatos” (y en celo) sobre la mesa como conclusión de la 43º Cumbre del Mercosur. Una “herencia” solo comparable con la que los nombrados dejaron al irse en sus respectivos países.

    Las razones de ese mal paso fueron expuestas y explicadas por Mujica, a quien hay que reconocerle –guste o no– su sinceridad, que incluso se realza frente al cinismo, la hipocresía y desfachatez de otros varios actuantes.

    El exmandatario uruguayo lo dijo clarito: “A veces es más importante una buena sintonía entre un grupo de presidentes que los mecanismos jurídicos que se hayan construido durante muchos años. Y eso fue lo que pasó en el Mercosur…” “… la buena relación entre los presidentes del bloque tuvo mucho que ver…” “…fue una incorporación política (la de Venezuela), que dejó de lado todas las trancas jurídicas que se habían interpuesto previamente”.

    Dilma lo convenció –Mujica dixit– de que en Paraguay hubo un golpe de Estado con pruebas e “informes de los servicios de inteligencia brasileños, venezolanos y cubanos”. (Toda una garantía)

    También Dilma le dijo que “Brasil necesita que Paraguay quede afuera del Mercosur para de esa forma apurar las elecciones en ese país”. (¡Mirá Dilma, la antiimperialista de ahora! Lo que va de ayer a hoy). (*)

    Chávez primero y luego Maduro, ¿qué podía esperarse?

    Finalmente, cuatro años después a Venezuela no le fue permitido asumir la presidencia –pro tempore– del organismo y tras un plazo de unos meses los miembros fundadores –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay– resolvieron cesar a Venezuela en el ejercicio de “sus derechos inherentes” como Estado por no haber cumplido con las obligaciones asumidas en el Protocolo de Adhesión.

    Digan lo que digan Maduro o la canciller Delcy Rodríguez –decididamente inventan–, Venezuela no ha cumplido con unas 112 resoluciones y ha admitido su imposibilidad de incorporar normas específicas del Mercosur a su ordenamiento jurídico nacional. Y esto sin contar el Protocolo de Ushuaia que establece la “cláusula democrática”, a la que la Venezuela bolivariana es ajena, hecho que solo lo niegan los chavistas (lógicamente).

    En el Mercosur el único defensor de Venezuela y en el que el bien hablado Maduro confía, es el presidente frenteamplista uruguayo Tabaré Vázquez, quien se va a reunir con el venezolano, y dice que la medida no es irreversible y que hay que analizar aspectos jurídicos, los que el expresidente frenteamplista uruguayo Mujica dijo que se dejaron de lado cuando se suspendió a Paraguay y se metió a Venezuela, por decisión de unos cuantos amigos sintonizados.

    Maduro ha dicho que el Mercosur debe buscar “la unión en la diversidad y no el sectarismo y la persecución ideológica”. Lo dice Maduro: la desfachatez no tiene límites.

    Hasta Dilma, siempre más ubicada, parece que ha perdido la chaveta, como su amiga y colega Cristina. Ha dicho en las últimas horas que suspender a Venezuela del Mercosur es un acto peligroso e irresponsable que compromete la convivencia entre las naciones suramericanas” (¿y suspender Paraguay para que entrara Venezuela por la ventana?).

    Añadió que los “intereses imperiales” han actuado contra “la hermana nación democrática”, refiriéndose a Venezuela, aunque no lo crea.

    Lo dicho: lo que va de ayer a hoy.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 7 diciembre, 2016, 04:37
  2. En su visita realizada en mayo último a la Argentina, el canciller brasileño José Serra dijo que propondrá una “actualización del Mercosur” para que sus socios puedan celebrar fuera del bloque acuerdos bilaterales de libre comercio con países de extrazona, y que la convergencia del organismo sudamericano con la Alianza del Pacífico tiene una “gran prioridad”.

    Estas declaraciones, que coinciden con lo que nuestro diario ha venido sosteniendo en varios editoriales como una gran necesidad, implican admitir que la Declaración N° 32/00 del Consejo del Mercosur, que impide a los socios acuerdos particulares con otros países o bloques, es un cepo económico que mantiene encorsetados a los países miembros. Además, es un reconocimiento de que la Alianza del Pacífico es una unión aduanera pujante, digna de convertirse en un socio comercial de primer nivel.

    En realidad, las declaraciones de Serra no son tan sorprendentes, pues ya a mediados del año pasado hubo signos claros de que el Brasil, impulsado más por la necesidad de su decadente economía que solidaridad con sus socios, iba a promover una flexibilización del Mercosur que le permitiera tener las manos libres para buscar nuevos mercados por sí solo. En tal sentido, el exministro de Desarrollo e Industria, Armando Montero, afirmó primero que su país buscaría acuerdos bilaterales fuera del Mercosur, y posteriormente, la presidenta Dilma Rousseff, hoy suspendida en el ejercicio del cargo, afirmó en ocasión de una visita al Uruguay que “el Mercosur tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias”. Entre estas sin duda figuran la recesión del Brasil, la importancia decreciente del bloque regional para su comercio exterior y la fuerte presión ejercida por el empresariado de su país.

    Se trata, por cierto, del mismo Gobierno que había manifestado sus reparos cuando el Paraguay se aproximó tímidamente a la Alianza del Pacífico, y al que le cabe la grave responsabilidad de haber contribuido a que en los últimos años el Mercosur haya servido más bien para fomentar el populismo de izquierda antes que la unión aduanera.

    Lo ideal sería que la revocación de la Declaración N° 32/00, que impide el acceso individual de los países miembros a “los grandes flujos comerciales del mundo”, al decir del canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa, responda a una decisión unánime de sus firmantes y no a la necesidad coyuntural de uno de los socios poderosos de la organización.

    La Argentina también se había venido oponiendo a dicha saludable medida mientras practicaba el proteccionismo abierto o encubierto, que le permitía tener un superávit de 270 millones de dólares en su balanza comercial con el Paraguay, y celebraba acuerdos unilaterales de cooperación económica e inversiones con China, que conllevaban la importación de bienes de ese país para obras de ingeniería, en detrimento de los de origen brasileño. Es de desear que también el actual Gobierno argentino abandone esa política obstinada, que nos condena a hundirnos en el mismo barco, y que se sume al Brasil y a los socios “menores” para que, sin perjuicio de seguir integrando el Mercosur, se puedan negociar acuerdos comerciales fuera del bloque.

    Si es conveniente que cada uno de los socios se abra al mundo, también conviene que el Mercosur haga lo mismo. En ese sentido, es de lamentar que las prolongadas negociaciones con la Unión Europea aún no hayan concluido, razón de más para acercarse a la pujante Alianza del Pacífico en el afán de aumentar las posibilidades comerciales de los países miembros.

    En su última visita a Asunción, la presidenta chilena Michelle Bachelet instó a una “convergencia” entre los dos bloques latinoamericanos, y en la X Cumbre del Mercosur, realizada en julio de 2015, nuestro país anunció que durante su presidencia pro témpore haría lo posible para “incrementar el acercamiento del bloque a la Alianza”. En solo cinco años, este novel proceso de integración ha hecho más que el Mercosur en un cuarto de siglo para crear una zona de libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, hasta el punto de que, en virtud de un Acuerdo Marco, ya llegó a suprimir el 92% de los aranceles, estando prevista una reducción gradual de los restantes. Si en tan poco tiempo obtuvo tales resultados, que le han permitido concentrar el 50% del comercio latinoamericano y caribeño, es porque se ocupó de alentar el libre comercio y no los despropósitos bolivarianos.

    De esta forma, mientras el Mercosur aún no ha llegado a un acuerdo con la Unión Europea, México, Chile y Perú firmaron un Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP), sin que ello les impida seguir integrando con Colombia la vigorosa Alianza del Pacífico, que a nivel mundial ya ocupa el octavo lugar como potencia económica. Alegra, pues, constatar que también el canciller brasileño haya abierto los ojos ante esta exitosa unión aduanera y le otorgue la importancia que merece. Por su parte, Argentina, bajo el Gobierno de Mauricio Macri, acaba de ser admitida como país observador de ese bloque, categoría que ya tiene el Paraguay.

    Como ya se ha dicho muchas veces, es hora de que el Mercosur también deje de lado el palabrerío vacuo, centrado en cuestiones ideológicas chapuceras, y que retorne a sus orígenes con seriedad y firmeza. Se han perdido largos años y es tiempo de intentar recuperarlos, dejando de lado la hipocresía institucionalizada.

    Los firmantes del Tratado de Asunción están en deuda con su letra y con su espíritu, tanto que, en los últimos años, paradójicamente, ha disminuido el comercio dentro del propio Mercosur. Que una pretendida unión aduanera no haya servido para incrementarlo es una señal elocuente de lo mucho que se ha hecho mal o se ha dejado de hacer.

    Es de esperar que los nuevos vientos que soplan en la región impulsen la reorientación que se impone ante el notorio fracaso. Si al Paraguay y al Uruguay, que ya han venido insistiendo en su necesidad, se suman ahora el Brasil y la Argentina, este es el momento preciso para buscar que el Mercosur renazca de sus cenizas. Ello requiere, antes que nada, la necesidad de aprender del fracaso y buscar el renacimiento del bloque con base en una relación más sincera y pragmática.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 18 junio, 2016, 12:38
  3. El amor y el espanto

    No nos une el amor, sino el espanto / será por eso que la quiero tanto. Con estos versos, Jorge Luis Borges describe su relación de amor y odio con Buenos Aires. Citando los versos, un analista español describió la relación de la Unión Europea con el tratado comercial con los Estados Unidos. El tratado, más conocido por sus siglas inglesas de TTIP, es una alternativa al espanto europeo de quedar rezagado por el poderío económico norteamericano, por un lado, y el poderío económico chino, por el otro.

    Para otros analistas, el TTIP forma parte de una estrategia de detener el avance chino hacia el Oeste; por el Este, China ya tiene el TPP, ese tratado de libre comercio entre países del Pacífico, entre los cuales se encuentran Estados Unidos, Japón y Australia.

    Ambos tratados forman parte de la política de Barack Obama, que ya logró la firma del TPP y ahora quiere la del TTIP. Sin embargo, las cosas se le complican a Obama porque en Europa y en Estados Unidos crece la oposición al TTIP: una reciente encuesta mostró que solamente el 18% de los norteamericanos está de acuerdo.

    La oposición ha crecido con la filtración hecha por Greenpeace hace unos días sobre el contenido de las negociaciones, que se habían ocultado al público.

    Dicho sea de paso, la ocultación ha sido la característica de las negociaciones de los tratados comerciales: tanto del ya aprobado TPP, como del finado ALCA, que pretendía crear una zona de libre comercio en América y fue rechazado por los gobiernos latinoamericanos.

    En estos tres casos, la oposición se ha debido a que, con acuerdos secretos, se pretendía dar mayor poder a las corporaciones multinacionales, que ya bastante poder tienen.

    Un tratado internacional es una ley; en un sistema democrático, la ley es expresión de la voluntad popular, expresada a través del Congreso.

    Sin embargo, en los casos mencionados, redactaban los tratados representantes de las multinacionales, sin dársele ninguna información a la ciudadanía, y ni siquiera a los parlamentarios, a quienes no se les dejaba ver el texto y, cuando se les mostraba una parte, se les prohibía comentarlo.

    ¿Por qué el secreto? Porque, como admitió un funcionario norteamericano negociador del TPP: si la gente se entera, se va a enojar. ¿Por qué el enojo? Porque se les concede a las multinacionales el derecho de demandar a los Gobiernos que quieran mejorar las condiciones laborales, sociales o ambientales con nuevas leyes que les hagan perder dinero a las multis.

    Esto es, por supuesto, quitarles soberanía los gobiernos nacionales en beneficio del 1% de la población mundial. El presidente Hollande ha dicho que se opone al TTIP, y esta pareciera ser la tendencia prevalente; por suerte, porque un acuerdo de ese tipo tendrá consecuencias desfavorables para el resto del mundo.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2016, 10:46
  4. Nuevos vientos en el Mercosur
    En la Argentina y en el Brasil se han producido o están produciéndose importantes cambios políticos que permiten alentar la esperanza de que el Mercosur renazca de sus cenizas. En efecto, tras doce años de kirchnerismo, el nuevo Gobierno se distanció con claridad del catastrófico régimen chavista: tras haberle reclamado a Nicolás Maduro, en la Cumbre del Mercosur de diciembre de 2015, el cese de la sistemática violación de los derechos humanos, el presidente Mauricio Macri le pidió hace unos días que su dictadura “abra la puerta del diálogo para que se dé un proceso de transición, porque así Venezuela no puede continuar”. En el Brasil, cualquiera sea el desenlace del juicio político promovido a la presidenta Dilma Rousseff, ahora suspendida en el ejercicio del cargo por decisión del Senado Federal, parece claro que los trece años de hegemonía del Partido Trabalhista están llegando a su fin.

    Que nuestros dos grandes vecinos estén abandonando el populismo de izquierda que imperó en la región, bajo los auspicios del petrodólar, puede conducir y debe conducir a que el bloque regional recupere su auténtica misión de promover la integración económica. En los últimos tiempos se había dedicado más bien a fomentar el patético Socialismo del Siglo XXI, junto con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y hasta con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), concebida para restar protagonismo a la Organización de Estados Americanos (OEA). Los Kirchner, Luis Inácio da Silva y Dilma Rousseff estaban mucho más interesados en las cuestiones ideológicas o hasta en los sucesos de la Franja de Gaza que en la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, prevista en el Tratado de Asunción. Ya no vale la pena ocuparse del grotesco heredero de Hugo Chávez y acaso tampoco de Evo Morales, derrotado en el referéndum constitucional de febrero de este año y hoy muy inquieto ante el “golpe de Estado” brasileño en curso: Bolivia aún no se ha convertido en un nuevo socio. Resta Uruguay, cuyos presidentes José Mujica y Tabaré Vázquez, ambos del Frente Amplio de izquierda, se han mostrado bastante más moderados que otros “bolivarianos” y, en cambio, mucho más preocupados por el presente y el futuro del Mercosur.

    Soplan nuevos vientos que deben ser aprovechados para reconducir el bloque regional hacia la unión aduanera y apartarlo de las distracciones políticas, de las que el Paraguay resultó víctima en 2012 por haber aplicado su Constitución. La retórica estéril deberá ser reemplazada por la actuación decidida de sus Gobiernos, tendiente a eliminar las trabas al comercio intrarregional y a concertar acuerdos con otros grupos de países, como la vigorosa Alianza del Pacífico y la Unión Europea (UE), el principal socio comercial del Mercosur: es de esperar que nuestros Gobiernos realicen el mayor esfuerzo para que las negociaciones con la UE lleguen pronto a buen puerto.

    Si la sensatez termina por imponerse, a despecho del sectarismo ideológico, el Mercosur tendrá la magnífica ocasión de abandonar el marasmo en que se halla. Por de pronto, alegra saber que las trabas comerciales que nuestro país sufrió durante la gestión de Cristina Kirchner están siendo eliminadas, según el viceministro de Relaciones Económicas de la Cancillería, Rigoberto Gauto. Lo interpretamos como un signo de que los objetivos del tratado fundacional pueden volver a concitar el interés de nuestros Gobiernos, es decir, de que se está a las puertas de una necesaria refundación del Mercosur.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 13 mayo, 2016, 10:43
  5. Cepo económico

    El Mercosur cumplió este año sus “bodas de lata”, según la atinada expresión del excanciller uruguayo y actual senador Sergio Abreu. Son de sobra conocidos los paupérrimos resultados del tratado fundacional de Asunción, suscrito en 1991 para lograr la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos, para fijar un arancel externo y una política comercial comunes frente a otros países, para coordinar las políticas macroeconómicas y sectoriales y las legislaciones de los Estados signatarios en las áreas pertinentes.

    Al cabo de un cuarto de siglo, estamos muy lejos de la integración económica regional, objetivo prioritario del Mercosur, como se desprende del hecho paradójico de que el comercio entre los países del bloque haya bajado del 50 al 22%, entre 1998 y 2015. Ni siquiera el Brasil tiene motivos para estar satisfecho, ya que solo el 9% de su comercio exterior se destina al bloque regional, luego de haber llegado al 16%. Esto significa que el Mercosur resulta cada vez menos importante incluso para el gran vecino, como acaba de manifestarlo su excoordinador Rubens Barbosa, hoy alto funcionario de la influyente Federación de Industrias de São Paulo.

    También tuvo razón el senador Abreu al cuestionar la Decisión Nº 32/00 del Mercosur, que prohíbe a sus miembros llegar por separado a acuerdos preferenciales con otros países, aunque ello favorezca a sus respectivas economías. En efecto, es necesario denunciarla, porque se opone al interés nacional. Hay que recuperar el ejercicio de una facultad soberana, que no puede depender del consentimiento de los demás socios de un bloque que ha fracasado rotundamente. El Paraguay necesita liberarse del cepo que implica la mencionada Decisión, que lo condena a depender de conveniencias ajenas, no necesariamente coincidentes con las suyas. Esta no es la primera vez que se la impugna, sin que hasta hoy los firmantes se atrevan a revocarla, acaso porque ello supondría la admisión de que el Mercosur no ha alcanzado las metas que se propuso.

    Conste que su sobrevivencia es independiente de la Decisión Nº 32/00, ya que el bloque regional no precisó de ella para existir entre 1991 y 2000. La infeliz Decisión, que nada tiene que ver con el fomento del comercio intrarregional, no tiene nada equivalente en la pujante Alianza del Pacífico, que permite a cada uno de sus miembros negociar convenios con otros países o grupos de ellos, tal como lo hicieron México, Chile y Perú para firmar en octubre del año pasado un Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica.

    Una y otra vez se habla de que el Mercosur debe volver a sus raíces y a abandonar los disparates ideológicos que lo inspiraron en los últimos tiempos: en efecto, para peor de todo, en estos años priorizó cuestiones estrictamente políticas, contra la letra y el espíritu del Tratado, hasta el punto de que se aprovechó una injusta sanción impuesta al Paraguay para que irrumpa la Venezuela castigada por el chavismo. Sea que alguna vez se logre o no que se ocupe con eficiencia de la integración económica, lo cierto es que urge que nuestro país recupere su libertad de buscar acuerdos comerciales con quien mejor le parezca.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 7 mayo, 2016, 07:02
  6. Mercosur: sin pena ni gloria

    Sin pena ni gloria, y quizás con más penas que gloria dados los números y sus más recientes performances, el Mercosur conmemoró su 25 aniversario, en acto celebrado en su sede en Montevideo (Uruguay).
    Una reunión formal, pautada por dos hechos: la prudencia respecto a lo que pasa en Brasil, y la protesta de los diputados opositores venezolanos en el Parlasur que enarbolaron carteles contra el gobierno de Nicolás Maduro: “En Venezuela se violan los DD.HH.”, “¡250.000 muertos en 16 años de gobierno!”, “Libertad de los presos políticos”, “En Venezuela hay escasez de alimentos”. Tal lo que decían algunas de las pancartas.

    Respecto a lo de Brasil: prudencia, mucha prudencia, y silencios. Nada para sorprender, por otra parte; aun teniendo en cuenta el antecedente con Paraguay cuando el Mercosur actuó tan expeditivamente. Lo que pasa es que en aquella ocasión el que movía los hilos era Brasil y ahora es diferente. ¿O no?

    Rodolfo Nin Novoa, canciller de Uruguay, que ejerce la presidencia pro tempore, al referirse al tema específico dijo: “Al respecto (‘la situación institucional que atraviesa la hermana República Federativa del Brasil’) no debemos olvidar que el Mercosur debe ser garante del respeto de las instituciones democráticas de los países que lo conformamos. Y que la Justicia, la legalidad y la legitimidad deben estar por encima de posicionamientos políticos”. Como se ve, amagó para un lado y para el otro pero no pateó al arco. Ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario.

    El presidente uruguayo Tabaré Vázquez se ubicó junto a los diputados oficialistas brasileños, lo que molestó a los de la oposición. Pero no pasó de ese gesto. El canciller brasileño Mauro Viera repitió mucho “democracia”, pero nada directo con la cuestión. El canciller paraguayo Eladio Loizaga y el vicecanciller de Argentina Carlos Fradori obviaron el tema. Sí hizo una pequeña referencia Alexander Yañez, vicecanciller de Venezuela, quien expresó “que no se puede desconocer el poder dado por el pueblo” a Dilma, pero pasó algo desapercibida: llamaban más la atención los citados carteles de los parlamentarios opositores venezolanos.

    Por supuesto nadie se refirió, ni de cerca, a esa protesta. Es notorio que el Mercosur no va a tomar ninguna medida contra Venezuela, cuyo ingreso al organismo fue por una puerta del costado –tras el atropello y suspensión de Paraguay– y violando los principios y el compromiso democrático que rigen a la institución ( Protocolo de Ushuaia), e incluso sin cumplir con otra serie de obligaciones.

    Ciertamente los silencios y la complicidad respecto a lo que sucede en Venezuela, incluido el papa Francisco, tan locuaz ante otras situaciones, no termina de asombrar.

    Puede que ahora la OEA, con el nuevo secretario general, Luis Almagro, encare el tema y desempolve la Carta Democrática Interamericana. Hay disposición para ello, a diferencia de lo que pasaba durante la gestión del chileno José Miguel Insulza, pero se está a la espera de un planteo formal que ha anunciado que hará la Asamblea Nacional Legislativa venezolana, para que el tema pase al Consejo.

    La Secretaría no puede actuar de oficio y tiene que haber un pedido de los miembros (gobiernos).

    Sin duda se trata de una limitación de la que, junto con la actitud “prescindente” de muchos miembros, se han valido los gobiernos bolivarianos de Chávez y Maduro.

    Y aquí cabe la pregunta de por qué no lo pueden plantear la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, o la Corte Interamericana, que han emitido declaraciones, informes o dictámenes claramente condenatorios contra el Gobierno venezolano, que no dejan dudas sobre la existencia de violaciones a los principios de la Carta.

    El hecho es que, por ahora y mientras los venezolanos sufren, el gobierno de Maduro sigue beneficiándose de esas formalidades, de las “prescindencias” y de la complicidad de sus socios y correligionarios “progresistas”.

    Por Danilo Arbilla

    MONTEVIDEO.

    Me gusta

    Publicado por jotaefeb | 6 mayo, 2016, 17:46
  7. Mercosur a los 25 años: una historia de éxito para la región

    Por Embajador Mauro Vieira

    Hace 25 años, en marzo de 1991, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron el Tratado de Asunción, que dio origen al Mercosur. Fue el comienzo de una transformación histórica en nuestra región. El Mercosur es hoy un patrimonio compartido por toda Sudamérica. Entre Estados Partes y Estados Asociados, el bloque une a todos los países del continente. El Mercosur ayudó a sentar las bases para la realización del proyecto de un continente unido por el diálogo, por la valorización de la democracia y por una red de acuerdos comerciales.

    En su dimensión económica y comercial, el Mercosur es fundamental para el desarrollo industrial de la región. El perfil del comercio intrazona es bastante diferente de lo que tenemos con otros continentes, en que predominan productos primarios. Más del 80% de las importaciones brasileñas originarias de los países del bloque se componen de productos manufacturados. Eso significa que el bloque crea puestos de trabajo con mayor remuneración y alienta la adición de valor a nuestros productos, lo que genera ingresos, impuestos y un mayor dinamismo en todos los sectores de nuestras economías. Gracias a la red de acuerdos del Mercosur, América del Sur camina a convertirse en un área de libre comercio al final de esta década.

    El bloque no es un obstáculo para la negociación de acuerdos con otros actores. Hemos puesto énfasis en la relación externa, con especial empeño en la negociación con la Unión Europea. Mercosur está listo para llevar a cabo el canje de ofertas. La Unión Europea todavía concluye sus deliberaciones internas.

    A nivel de la ciudadanía, el Mercosur dio lugar a un acercamiento sin precedentes entre nuestras sociedades. El acervo de normas en materia de residencia, trabajo, seguridad social, integración educacional y turismo facilita la vida cotidiana de nuestros ciudadanos y establece las bases para el desarrollo de una ciudadanía común en la región. Eso no es algo trivial: en un mundo donde los muros vuelven a ser erguidos, somos un modelo de tolerancia, respeto a los demás e integración.

    En el campo político, el bloque ha contribuido para disipar viejas rivalidades y enterrar de una vez arcaicas hipótesis de conflicto. Contamos con un Parlamento común, el Parlasur, y con un acercamiento sin precedentes entre nuestros Poderes Judiciales.

    El Mercosur también fue instrumental para consolidar las instituciones democráticas en nuestra región. Su base ha sido la aproximación estratégica entre Brasil y Argentina, tras la firma, en 1985, de la Declaración de Iguazú, momento en que los dos países recién salían de regímenes autoritarios. La democracia, los derechos humanos y la justicia social son condiciones sin las cuales Mercosur no podría existir.

    La enumeración de estos avances no significa que nuestra tarea esté terminada. Los desafíos del Mercosur son proporcionales a su ambición. Hay mucho que hacer para superar los obstáculos que todavía existen para la circulación de bienes y personas y para la concertación más profunda de políticas en los diversos sectores.

    Transcurrido un cuarto de siglo, el Mercosur nos propició más democracia, más comercio, mayor inclusión social y, sobre todo, un mayor conocimiento recíproco. La presidenta Dilma Rousseff ya ha señalado que el bloque es un vector de “desarrollo equilibrado entre los socios”. Con él, podemos crecer juntos y generar beneficios comunes, seguros de que unidos vamos a tener más voz en el escenario internacional.

    Hoy estamos unidos no solo por los compromisos jurídicos, pero sobre todo por la convicción de que tenemos la responsabilidad compartida de consolidar a América del Sur como una zona de paz, prosperidad y cooperación. Estos son los valores que guían nuestros esfuerzos y hacen que el Mercosur siga siendo la más importante iniciativa de integración que ya se ha llevado a cabo entre países en desarrollo.

    (*) Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil.

    Me gusta

    Publicado por Anónimo | 26 marzo, 2016, 07:34

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

La frase

En el vino hay sabiduría, en la cerveza hay libertad, en el agua hay bacterias29/03/17
Benjamín Franklin

el clima

Click for Asunción, Paraguay Forecast

admin

Arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes. Desde Asunción/Paraguay. laovejacien@gmail.com

archivos

estadísticas

  • 2,678,788 visitas
Follow laoveja100 on WordPress.com

instagram

Twitter

Peichante-Py en FB

A %d blogueros les gusta esto: