Su “magestad”, el colonialismo

Cada cierto tiempo recibo correos electrónicos erróneos. Supongo que la diferencia de una letra hace que terminen en mi bandeja de entrada. Alguien me recuerda la reserva de una cabaña para pasar las vacaciones en Marbella, España; me toman por periodista de República Dominicana, y me envían fotos como prueba de la falla en el sistema de recolección de basuras de Santo Domingo; o me adjuntan la factura digital de una pizza que acabo de comer en el 1503 Illinois Ave, de Lancaster, Texas, en EEUU. En enero pasado recibí uno que motivó mi reflexión y que esta semana volví a recordar.


Venía de Puerto Rico y el remitente analizaba las relaciones económicas entre su país y los Estados Unidos. Comenzaba diciendo: “El problema del mentiroso es que termina por creer en sus propias mentiras”. Se refería a la contraparte portorriqueña del secretario del Tesoro estadounidense, Jacob Lew, quien por esos días visitaba la isla para intervenir en una crisis fiscal y, sobre todo, para hablar de los recursos federales norteamericanos para el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, un estatus que desde 1952 maquilla el colonialismo. La última frase decía: “Cuando EUUU federalice el presupuesto, y sirva como colateral de la deuda de Puerto Rico, quedará ante el mundo como un Salvador y Protector, y no como un Colonizador”.

Recordé estas palabras luego de leer cómo el rey de España, Felipe VI, dijo en la inauguración del Congreso de la Lengua Española que se realiza hasta hoy en San Juan, que estaba contento “por regresar a EEUU”. Lo secundó el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, quien resaltó que haya sido la primera vez que el encuentro “no se realizara en Hispanoamérica”. En la isla hay varias generaciones de personas que han luchado contra los diferentes matices imperialistas de EEUU. Para muchos, estas declaraciones oficiales son una cómplice continuidad de la lógica colonialista.

Eduardo Lalo, novelista portorriqueño, calificó en la prensa boricua de “actos de barbarie” esas intervenciones. Y en la suya, dijo: “Espero que en el futuro la historia nos conceda la justicia y la dignidad que merecemos. Y que un día, también, no existan estas figuras que ayer nos negaron por oportunismo, ignorancia o pusilanimidad. Algún día, espero también, que el Instituto Cervantes no se comporte como un apéndice del Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno español. Entonces, y solo entonces, nuestra lengua podrá ser común”.

Los organizadores, en las imágenes transmitidas, escribieron bajo el nombre de Felipe VI, la palabra “magestad”. El desliz ortográfico puede ser lo que se llama justicia poética. También es justicia lo que una voz pidió en la sala –mientras el rey hablaba– para Oscar López Rivera, independentista preso desde 1982.

 

Por Blas Brítez –

 

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