Hablemos de Mauricio

La prensa Argentina insiste en hablar de Cristina, tanto para vincularla a hechos de corrupción que ameriten su procesamiento, como para responsabilizarla de todo lo que pudiera considerarse malo en la actualidad. Nosotros preferimos hablar de Mauricio, del actual presidente, de algunas cuestiones que dijo que haría y de lo que está haciendo, después de haber transcurrido sus primeros 100 días de gobierno, cumplidos el pasado 20 de marzo. Hoy ya no se parece a aquél que agitaba exultante el bastón de mando cuando asumió la presidencia, comprometiéndose a crear empleos y terminar con la pobreza, generando expectativas que aceleradamente se están transformando en decepciones. Y es que en lugar de nuevos puestos de trabajo, lo que se está produciendo es una fuerte ola de despidos, especialmente en la administración pública, de la que, según Macri, deberían ser desvinculados alrededor de 1.500.000 funcionarios, detrás de quienes existe igual cantidad de familias. A esto se suma la devaluación del peso frente al dólar, en el orden del 40%, el consecuente aumento general de precios y el violento tarifazo de los servicios básicos, que en algunos casos fue de hasta el 500%, lo cual hace que el descontento comience a anidarse en los sectores sociales menos pudientes, cuando aún le restan 1.350 días de mandato.

Entre las primeras medidas adoptadas por el nuevo gobierno, las más destacadas fueron sin lugar a dudas la eliminación de las retenciones, el fin del cepo cambiario y la negoción con los fondos “buitre”. Lo primero fue celebrado desde luego por los exportadores y lo segundo por todos los que tienen condiciones de ahorrar en dólares, es decir, clase media para arriba. Pero a estos últimos la alegría les duró poco. Al abolirse el cepo en diciembre, el dólar comenzó a subir inmediatamente, situándose en 13 pesos en enero -todavía dentro de los marcos previstos por el Ejecutivo- y en 16 pesos en febrero, por lo que el Banco Central tuvo que intervenir a las corridas para evitar que siguiera la tendencia alcista.

En cuanto a los “buitres”, habrá que ver lo que pasa en los próximos meses. Uno de los argumentos oficiales para llevar a cabo la negociación a tamborbatiente fue que Argentina precisa salir definitivamente del “default” en que se encuentra, porque eso le impide acceder a los mercados globales de capitales para captar dinero, es decir contratar deuda para implementar los planes del gobierno. Y a esto agregan que “encontraron el país en bancarrota, sin reservas internacionales y con una monumental deuda externa”; típico en los discursos destinados a cargar con todas las culpas a las administración anteriores y eludir las propias. Pero además, lo del endeudamiento argentino es falso o al menos muy relativo, pues si bien es cierto que el monto saltó de 150.000 millones de dólares, cuando asumió Néstor Kirchner en el 2001, a 220.000 millones cuando Cristina salió de la Casa Rosada, lo importante es que en aquel entonces representaba el 138% del Producto Interno Bruto (PIB) y ahora el 40%, que si bien sigue siendo elevado, refleja una disminución más que considerable.

Este primer tramo del gobierno de Macri transcurrió, pues, en el marco de medidas polémicas, algunas con malos resultados, como la del cepo cambiario, otras que están por verse, como el caso de los fondos buitres y, finalmente, las que afectan las fuentes laborales, que plantea un escenario de alta conflictividad social. Y recién recorrió menos del 8% del camino que tiene por delante, que puede significarle a él y a los argentinos un peregrinar muy pesado.

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