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Los beneficios del contrabando

Está considerada como la mayor crisis migratoria y humanitaria en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Se estima –se estima porque es imposible saber en realidad cuántos son– que más de un millón de personas, huyendo de las guerras del Medio Oriente, entraron a Europa donde pidieron asilo. Hay que sumarle 3.406 personas que murieron en el intento de alcanzar las costas europeas, casi todos ellos niños. Los gobiernos de los países que recibieron la mayor cantidad de refugiados como Grecia, Macedonia, Austria, Alemania y Francia, no encuentran el camino más adecuado para resolver esta avalancha de gente mientras los grupos neo-nazis y xenófobos han encontrado en este problema el mejor caldo de cultivo para sus ideas casi siempre violentas.

El próximo jueves 17 se reunirá el Consejo Europeo para tomar una decisión sobre el problema: expulsar a todos los refugiados que entraron por Turquía, enviarlos de nuevo a ese país, agilizar la entrega de 3.000 millones de Euro al Gobierno turco y sumarle otros 3.000 millones más para organizar el retorno de todos ellos. La medida ha despertado la ira de buena parte de Europa además de la advertencia de Naciones Unidas que se trata de una operación ilegal. Por de pronto, el presidente en funciones, Mariano Rajoy, asistirá a esa reunión a pesar de que cuenta con la oposición unánime de todo el Congreso al que se niega darle explicaciones.

¿A qué viene todo esto a cuento? En una columna aparecida en “El País“, su autor David Trueba, critica la medida de expulsión (en realidad se habla de “devolución”) y asegura que el miedo que causa en Europa esta avalancha de refugiados es que vendrán a sacarle puestos de trabajo a los nativos. En respuesta a ello, Trueba recurre a un informe presentado en estos días por la Agencia Tributaria española para afirmar que el verdadero problema que enfrenta Europa no es el de los refugiados, sino el que tiene relación con los puestos aduaneros. De acuerdo a cifras proporcionadas por esta agencia, durante el pasado año de 2015 se han incautado más de dos millones y medio de productos falsificados, la mayoría de ellos procedentes de países asiáticos. Concluye el articulista que los productos falsificados y pirateados causan mayor daño al tejido industrial europeo que el que podrían causar todos los refugiados juntos. Los precios ínfimos a que se venden los mismos, provenientes de enclaves esclavistas de una crueldad que posiblemente supera a la registrada en los peores años de la más brutal esclavitud, terminan por causar la ruina de fábricas y casas comerciales que operan legalmente y no pueden hacer frente a esta competencia.

Creo que no es necesario realizar un esfuerzo muy grande para establecer líneas comparativas entre esta situación y la que se vive en nuestro país donde, por un lado se utiliza el contrabando como arma de revanchismo político y por el otro nos enfrenta a un alarmante contrabando de armas de guerra en el que estarían complicados organismos del Estado.

Se piensa con harta frecuencia que esa persona que está vendiendo en la calle el resultado de su contrabando, logra una forma de subsistencia a falta de un trabajo honrado. Y se lo deja estar. Si a alguien se le ocurre reclamarle algo a ese vendedor callejero de productos falsificados la respuesta es siempre la misma: “Pero no nos dejan trabajar”. Con tal criterio tendríamos que prestarle toda la ayuda necesaria a los asaltantes de joyerías, a los ladrones de transportadores de caudales, a quienes revientan cajeros automáticos, porque “están trabajando” y no se les debe importunar.

El problema es mucho más complejo ya que están complicados aduaneros, oficinas del Estado, autoridades que miran hacia el norte para que el contrabando pase por el sur, no importa que sean relojes, televisores o armas de guerra, sin olvidar al maletero del aeropuerto que te pide que le des cincuenta dólares para lograr que tu equipaje no sea revisado por los encargados de la aduana que reciben, con un movimiento de cabeza, la confirmación de que el negocio fue realizado.

Lo que no se pensó hasta ahora, porque no se quiere, porque no se puede, o porque es más fácil y más rentable, es que si no existiera ese volumen astronómico de mercaderías de contrabando, ese hombre que está en la calle delinquiendo –porque es un delito– podría estar trabajando honradamente en una empresa nacional.

Por Jesús Ruiz Nestosa

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