Las Primarias en Estados Unidos Votar con el “middle-finger”

La lucha parecería aclararse. Los resultados del sábado pasado, mostraron la lealtad de los partidarios de Trump. Aunque, de manera sorpresiva, el senador Ted Cruz aumentó considerablemente sus delegados al ganar los estados de Kansas y Maine. El senador de Texas había acortado en el número de delegados para la convención. Hasta este martes, parecía que Cruz repuntaba, y la nominación estaba aún todavía abierta. Pero, los resultados de este Martes, con las victorias claras en Michigan, Mississippi y Hawaii, confirman la casi inevitabilidad de Trump como nominado del partido republicano.

Pero más allá de la campaña de las primarias que aún tiene varias fechas, las preguntas sobre el auge del populismo “trumpista” y su popularidad, mantienen a más de un comentarista perplejo. Tal vez, digo yo, las razones de este fenómeno, no se deban hacer con lentes académicos, sino más bien desde “los de abajo”, o los votantes de Trump, que pertenecen a un mundo, que ha sido parte del país, desde sus inicios. ¿Quiénes serían estos votantes?

Tres puntos serían los básicos para dar una explicación aproximada. El primero es claro: los votantes de Trump o, “los de –abajo– antiestablishment”, son una mayoría silenciosa, y lo son, por el temor a ser estereotipados aún más de lo que dicen ser: xenófobos, fanáticos, vulgares, soeces, machistas, racistas, sin educación, aunque –y eso es lo curioso– sus características demográficas sean muy diversas. Entre ellos hay profesionales y también mujeres. Pero no son muchos los que abiertamente reclaman su adhesión al neoyorkino. Es más, este presunto anonimato –por temor a ser caricaturizados por la gran prensa– hace que, al decir de una experimentada comentarista, los seguidores de Trump voten con el “middle finger” es decir, votan con el “dedo medio” levantado como un signo vulgar de rechazo y de provocación a toda una elite del Partido Republicano y del Demócrata, cuya dirigencia no deja que los “ignorantes” formen parte de la misma.

Un segundo punto muestra que “los de abajo –antiestablishment” o los “blue collar”–, trabajadores, sindicatos de mineros, granjeros destruidos por multinacionales y la globalización, se enfrentan a un hecho de supervivencia. Han sido socavados en su modo de vida por la inmigración ilegal: no pueden competir por la disponibilidad de indocumentados a trabajar por salarios paupérrimos, pero “mejores” salarios que los que habían estado ganando en su país de origen, México o Centroamérica. Por eso migran y por eso los rechazan. No debe extrañar que, entonces, las cámaras de comercio y grandes corporaciones del país -de una manera u otra- apoyan la inmigración ilegal, permitiendo mano de obra barata. Pobres indocumentados compiten así con lo pobres olvidados-anti-establishment y Washington, el establishment de ambos partidos, se cruza de brazos. La retórica de Trump, vulgar y brutal, en este contexto, tiene gran resonancia. Es la voz de los que, por temor a ser calificados de insensibles o racistas, no se animan a hacerlo.

El tercer punto es el rechazo de “los trumpistas” a la permanente elitización del sistema político americano que, históricamente, siempre ha sentido la tensión entre la cultura de las bases políticas que son igualitaristas y antiintelectualistas, y las académicas y políticas de élite. El igualitarismo americano es fundamentalmente anti- jerárquico, en lo académico, religioso o político. El invocar un título académico no agrega nada a la calidad de ser ciudadano. Nacido de la tradición puritana y presbiteriana –aunque hoy secularizada– ese sentimiento igualitario tiene alergia a jerarquías y al intelectualismo de las élites, por lo que es naturalmente contrario a las “burguesías” del linaje, la inteligencia, o la herencia de fortunas. La única “desigualdad” aceptada es la de la riqueza, siempre y cuando la misma haya sido fruto del trabajo del individuo. En ese caso, incluso, es alabada.

Trump parece reunir este último requisito: desenfadado en el lenguaje, ajeno a las formas delicadas de académicos (hasta tiene errores de ortografía en sus tuits), es además, un empresario que habla de su éxito como tal con el lenguaje de la calle, campechano. Es percibido como símbolo, o el vehículo, para desafiar a los detentadores del sistema (o el establishment) que con títulos de universidades prestigiosas hablan de pobreza, desempleo, inmigración o religión, sin realmente experimentar esas realidades. Y ni qué decir del lenguaje de lo políticamente correcto, una suerte de dictadura blanda para los grupos presuntamente iletrados. Trump es su “gallo”, pues con su dinero puede hacer frente a los lobbies y grupos de interés que financian la política de los partidos y promete dar soluciones a sus postergadas necesidades. Ganarle a Trump va a ser muy difícil, pues, la realidad de la marginación de grandes mayorías, ha sintonizado con él. Y cuanto más críticos son los medios de comunicación del estilo de Trump, más leales se comportan.

Termino con esto. Hay una realidad que está aflorando. En el último debate, Trump se mostró más “flexible” en varios puntos y prometió -si es elegido- negociación, flexibilidad. También llamó a una cierta “unidad” al partido.¿Es ese cambio una actitud un signo de inconsistencia o de demagogia o, estamos frente a un político de gran astucia política? Es temprano para saberlo, pero una cosa es cierta: Trump auscultó el gran malestar social que ha permanecido dormido por años. Lo que no queda claro es que el posea las cualidades para solucionar la crisis. Podría gerenciar, y contratar a los mejores –como dijo– pero, ¿no sería de nuevo caer en el elitismo que sus votantes están rechazando con el “middle finger”? Sólo la historia y el futuro tienen ese secreto.

Por Mario Ramos Reyes

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Un pensamiento en “Las Primarias en Estados Unidos Votar con el “middle-finger””

  1. El Oviedo norteamericano

    Por Guido Rodríguez Alcalá
    Cambiando lo que se debe cambiar, Donald Trump es el Lino Oviedo norteamericano. Con un discurso fuerte, Oviedo y Trump supieron capitalizar el descontento de sus compatriotas con la situación imperante en sus países. Con todo, el discurso de Oviedo siempre fue más moderado: nunca hizo declaraciones racistas ni amenazó con violar principios básicos del derecho internacional, como Trump. Conocemos las causas del descontento de los paraguayos; sobre el de los norteamericanos, el economista francés Nicolás Piketty ha dicho que se trata del malestar provocado por la creciente desigualdad y el deterioro de los niveles de vida de la clase media (Le Monde, 14-2-16).

    El descontento con un sistema puede llevar a tratar de cambiarlo o a echarles la culpa a los demás; Trump optó por lo segundo. ¿Quiénes son los culpables para él? China, que hace una competencia desleal a la economía norteamericana; como respuesta, él propone aplicar fuertes derechos de importación a los productos chinos (The World according to Donald Trump, http://www.washingtonpost.com).

    Desatar una guerra comercial entre las dos mayores potencias económicas, cuando la economía mundial se encuentra en una situación difícil, puede provocar una crisis global.

    También son culpables los musulmanes; por eso se debe prohibir la entrada de todos los musulmanes a los Estados Unidos (Donald Trump: Ban all Muslims travel to US, CNN, 8-12-15). ¿Y si los países musulmanes prohíben el ingreso de los norteamericanos? Se complicaría la lucha contra el Estado Islámico (EI) en Oriente Medio. Sobre el punto, Trump dijo que se debía apoyar al EI para derrocar al Gobierno sirio (http://www.cbsnews.com/news/donald-trump-60-minutes-scott-pelley/). Después cambió de opinión, como ha cambiado de opinión o negado haber dicho lo que dijo en varias ocasiones.

    El Gobierno mexicano manda a su población criminal a los Estados Unidos; esos inmigrantes ilegales traen al país enfermedades contagiosas, son violadores y traficantes de drogas; para detenerlos se debe levantar una muralla a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México, cuyo costo se hará pagar a México (9 Outrageous Things Donald Trump Has Said Against Latinos, Huffpost Latino Voices, 31-8-15).

    “La tortura funciona”, es otra de las frases célebres del candidato, quien propone emplear el waterboarding y “otras formas peores de tortura” contra los terroristas (Donald Trump on Waterboarding, The Washington Post, 17-2-16). Waterboarding, el tormento del agua, era el tratamiento conocido como el de la pileta (inmersiones en el agua) en tiempos de Stroessner. A los terroristas musulmanes hay que bombardearlos, incluso, matando a sus familiares (declaraciones a CNN, 15-12-15). La tortura y el asesinato de civiles constituyen delitos de lesa humanidad. Estados Unidos debe apropiarse del petróleo de Oriente Medio (Donald Trump’s Odd Fixation on Seizing Middle Eastern Oil Field, National Review, 30-7-15).

    La derecha es un conjunto de antipatías, dijo un politólogo francés. Esto se aplica a Trump, que fomenta temores y odios para llegar al poder. Para la paz y la prosperidad mundiales, es preferible que fracase.

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