¿Qué son?

Es muy difícil esquivar el tema. Hay novedades todos los días. En Brasil, la Corte Electoral ordenó investigar siete empresas del comité de campaña para la reelección de Dilma Rousseff.

Se sospecha que recibieron dinero no declarado a las autoridades pertinentes.

Y no se descarta que sea dinero “desviado” de Petrobras. Se sospecha —y se investiga— que durante la campaña electoral de 2014 la fórmula integrada por Rousseff y su vicepresidente, Michel Temer, se incurrió en “abusos con cadenas nacionales”, “manipulación de datos socioeconómicos”, “uso indebido de predios públicos” y propaganda electoral en “períodos de veda”.

Si efectivamente fue así, es algo atrevido hablar de elecciones legítimas, libres y democráticas. ¿O no?

En Argentina, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK) deberá declarar ante la justicia por una denuncia sobre el manejo de contratos de futuro de dólares con grandes pérdidas para el Estado argentino. Se habla de cifras de miles de millones de dólares. También han sido citado quienes fueran ministro de Economía y presidente del Banco Central de CFK.

Otras causas que involucran a la expresidenta, vinculadas a “lavado de dinero”, tienen que ver con la financiación de la campaña electoral en un caso y en otro con el alquiler de habitaciones en un hotel del que es copropietaria, contratadas por Aerolíneas Argentinas, empresa estatal manejada por kirchneristas radicales y muy allegados a CFK. Fueron cerca de 5 millones de dólares, por hospedaje.

En Bolivia fue a prisión, preventivamente, la expareja del presidente Evo Morales por supuesta legitimación de ganancias ilícitas, enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias. Ese tema —lo bien que le iba en las licitaciones públicas a esa señora— erosionó la imagen del Gobierno y tuvo su efecto en el rechazo plebiscitario a la propuesta reeleccionista de Evo.

Raúl Sendic, vicepresidente del gobierno izquierdista uruguayo, hijo del fundador del Movimiento Tupamaro, y quien ha sido cuestionado por una Comisión Investigadora Parlamentaria por su gestión anterior el frente de la mayor empresa estatal uruguaya —Ancap—, que maneja todo lo relativa a petróleo (la oposición política ha anunciado que pasara el caso a la Justicia), afirmó en México en enero pasado, hablando de corrupción, que “si es corrupto, no es de izquierda”.

En función de eso, la pregunta es: ¿qué son Dilma Rousseff, Lula —también bastante investigado en estos días—, Cristina Kirchner y Evo Morales?

¿Son de izquierda?

Decía Deng Xiao Ping, el líder de la transformación de China, “no importa que el gato sea blanco o negro (léase de izquierda o derecha); mientras cace ratones, es un buen gato”.

Y si se come los pollitos, ¿es un gato malo? ¿O en este caso depende de si es blanco o negro o de izquierda o de derecha?

El hecho es que, por ahora, parece que cuando se averigua, se informa, se denuncian y se “destapan” cosas sobre Menem, Uribe, Martinelli o Alan García, se trata de “periodismo investigativo”.

En cambio, si los investigados son los Kirchner, Fidel, Chávez, Lula —aunque se hayan comido los pollitos, y hasta las gallina y los huevos que sobraron—, se trata de una campaña de desestabilización a cargo de mercenarios y cipayos, defensores de las dictaduras militares y voceros al servicio de la derecha y el imperialismo yanqui.

De todas formas, dos más dos son cuatro. Es inevitable, como más tarde o más temprano quede probado, les guste o no a izquierdas y derechas.

 

Por Danilo Arbilla

 

 

 

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