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laoveja100

Trump

En esta ocasión, la campaña electoral norteamericana ofrece alternativas menos convencionales. Al precandidato hoy más mediático, el republicano Donald Trump, sus adversarios comenzaron por ningunear, confiando en que con solo esto lo mandarían al mazo. Pero se sobrestimaron, como se sabe, pues aquel les salió con un “¡quiero y vale cuatro!”, haciéndoles entonces cambiar de táctica. Ahora lo atacan como lobos, en armónico conjunto y furiosamente.

Uno de los botones emocionales con los que este candidato juguetea es el del problema migratorio. Propone expulsar a los inmigrantes ilegales e impedir el ingreso a islámicos; querría levantar un muro a lo largo de la frontera con México y pasar la factura al Estado vecino. Trump tiene una virtud: como no era político, llega sin estar contaminado con los recursos retóricos de este oficio; es decir, se permite hablar claro, llamar a las cosas por su nombre y no sentir embarazo en señalar a quienes sean, con el término descriptivo o calificativo que le parezca adecuado.

Atrajo fácilmente las cámaras sobre sí. Se hizo un personaje pintoresco en sus tácticas de proselitismo. Es astuto, ingenioso y, en ocasiones, hasta chistoso. A medida que este rasgo le agrega adherentes, también gana nuevos calificativos despectivos. “Showman”, como le apodan muchos, es de los más complacientes. Algunos indagan los orígenes de su fortuna para hallar sombras. Otros afirman que no es tan rico como presume. En fin, según cuál rasgo de su personalidad vaya favoreciéndole en las encuestas, hacia tal blanco se orienta el tiroteo.

Una primera acusación que le endilgaron fue la de xenofobia. Infundada, hasta ahora, porque no alude despectivamente a minorías extranjeras sino a la amenaza de grupos específicos, como inmigrantes ilegales, terroristas y enemigos reales o imaginarios. Supongo que los candidatos adversarios piensan igual en estas cuestiones, aunque sin animarse a expresarlo como él. Es casi seguro que quienquiera sea el futuro presidente, en su momento tendrá que tomar varias medidas de las que hoy Trump propone y por la que se le reprueba.

Dicen que está lejos de ser un orador de la talla de Bill Clinton y no tiene el carisma de Ronald Reagan, pero habla y gesticula mucho, que ya es suficiente para los camarógrafos. Los políticos estadounidenses, que de ordinario usan poco la ironía, podrían aprovechar este perfil para tomar ventaja e ingeniarse, como hizo una vez el presidente francés Clemenceau (que padecía prostatitis) al comentar acerca de ese orador pertinaz e incansable que era su colega inglés Lloyd George: “¡Ah; si tan solo yo pudiese orinar como él habla!”.

Trump, como los otros, está bien enterado de que en EE.UU. existe gran irritación por las amenazas del terrorismo, por los que pujan por entrar al país sin estar invitados, por los inmigrantes clandestinos que hay que beneficiar con salud, educación y asistencia gratuitas, castigando a los contribuyentes. La diferencia es que, mientras los otros buscan la manera de referirse a estos temas con circunloquios y eufemismos, Trump los trata sin pelos en la lengua; él va a la caza del voto de los exasperados.

Hablar sin reservas ni reticencias de estos enormes problemas es algo muy saludable en EE.UU. Lo novedoso de este candidato son sus modos directos, sin ceñirse a los típicos fingimientos de las campañas electorales, una actitud que tal vez está demostrando que comenzó la decadencia histórica del “political correctness”, esta modalidad que, desde finales del siglo XX, consiste en expresarse procurando caer bien al universo, cubriendo con fresas y chantilly el hablar de ciertos temas o con ciertas alusiones.

Todavía es posible que Donald Trump no sea el nominado; pero si lo logra, se verá las caras con la experimentada virtual candidata demócrata; y tendrán que confrontarse públicamente, pues en ese país se toman muy en serio los debates y las promesas electorales. De alquilar balcones.

Entretanto Trump avanza, cunde el temor a lo desconocido. Ahora mismo, el elector estadounidense está reconsiderando aquella antigua opinión de George Washington: “El gobierno no es una razón, tampoco es elocuencia, es fuerza. Opera como el fuego; es un sirviente peligroso y un amo temible; en ningún momento se debe permitir que manos irresponsables lo controlen”.

Por Gustavo Laterza Rivarola

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “Trump

  1. México le responderá a Trump

    Los mexicanos están por lanzar una campaña pública en Estados Unidos para poner en evidencia los prejuicios raciales, la xenofobia y el aislacionismo económico del virtual candidato republicano Donald Trump. Y lo harán en el terreno en que Trump es más vulnerable: en el campo de los datos y las estadísticas.
    Sin dar mucho la cara, el Gobierno mexicano lanzará una campaña de relaciones públicas con Estados Unidos a principios de junio. Simultáneamente, un grupo de empresarios mexicano-estadounidenses han creado un grupo de cabildeo llamado Comité de Asuntos Públicos Mexicano Americanos (American Mexico Public Affairs Committee, o Ampac), siguiendo el modelo del grupo proisraelí Aipac y otros influyentes grupos de cabildeo en Washington, que ya ha empezado a publicar mensajes en las redes sociales.

    “La mejor manera de rebatir una posición xenófoba, o racista, o desinformada, es con información, y no con adjetivos”, me dijo en una reciente entrevista la secretaria de Relaciones Exteriores de México, Claudia Ruiz Massieu.

    El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, quien tiene un bajo índice de popularidad debido a su mal manejo de escándalos internos de corrupción y derechos humanos, no está precisamente en una posición cómoda como para encabezar personalmente la embestida contra Trump.

    Si Peña Nieto arremetiera de lleno contra Trump, lo más probable es que este último lo haría trizas. Trump le respondería diciendo que el Presidente mexicano es un inepto que no ha podido impedir que el capo del nacrotráfico Joaquín “El Chapo” Guzmán se escapara de la cárcel bajo sus propias narices, ni conducir una investigación creíble de la desaparición de 43 estudiantes en el estado de Guerrero en 2014.

    De modo que, tras un largo silencio y un único disparo retórico contra Trump el 8 de marzo, cuando dijo que el discurso del aspirante republicano recuerda a los de Hitler y Mussolini, el Presidente mexicano ha guardado un silencio casi total sobre el tema.

    Ahora, según me dicen fuentes diplomáticas, Peña Nieto ha contratado a las firmas de relaciones públicas WPP y Burson-Marsteller para diseñar y ejecutar una estrategia de relaciones públicas en Estados Unidos. Esta incluirá publicidad y respuestas a los ataques de Trump por parte del nuevo embajador de México en Washington, Carlos Sada Solana.

    “La estrategia será lograr una mayor visibilidad”, dice Sada. “La idea es no permitir que nadie nos use como un punching bag [bolsa de boxeo] por no tener un mecanismo de reacción contra los ataques”.

    El Ampac, un comité privado que se registró en Texas el 18 de marzo, se dedicará a responder las falsedades de Trump sobre México con cifras reales de fuentes confiables de EE.UU. La cuenta de Twitter del grupo, @AMxPAC, empezó a enviar mensajes a fines de abril.

    Arturo Sarukhan, exembajador mexicano en Estados Unidos y asesor informal de Ampac, me dijo que el grupo “no recibe un centavo del Gobierno mexicano, o de gobierno alguno, ya sea estatal o local”.

    Sarukhan agregó que el grupo “está en proceso de formar un SuperPAC no afiliado a ningún partido para castigar o premiar tanto a demócratas como republicanos, según sus posiciones sobre la agenda México-EE.UU.” Agregó: “Su objetivo será demostrar que usar a México y a la Diáspora Mexicana como una piñata política puede tener consecuencias indeseables”.

    Ampac y el Gobierno mexicano rebatirán con cifras de la Oficina del Censo de EE.UU. la mentira cotidiana de Trump de que existe una avalancha de inmigrantes mexicanos a Estados Unidos. En rigor, el número de mexicanos indocumentados que entran al país ha disminuido sustancialmente desde el 2008.

    Para responder a las alegaciones de Trump en su discurso inaugural de campaña de que la mayoría de los inmigrantes mexicanos son “malas personas” y “violadores“, Ampac publicó en Twitter que “los inmigrantes mexicanos generan $17,000 millones al año”, y adjuntó una tabla con cifras del Centro Pew que muestra los detalles.

    En respuesta a las acusaciones prácticamente diarias de Trump de que México “nos está matando” con el libre comercio, el grupo puso en Twitter que “40 por ciento del contenido de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos fue fabricado originalmente en Estados Unidos”, un hecho que Trump se cuida de no mencionar en sus discursos.

    Mi opinión: El website de Twitter de Ampac todavía es rudimentario, y habrá que esperar a junio para ver si la campaña de WPP y Burson-Marsteller, pagada por los contribuyentes mexicanos, será algo más que un gran negocio para las empresas de relaciones públicas.

    Pero era hora de que los mexicanos hagan algo. El aspirante republicano ha estado usando impunemente estadísticas inventadas o engañosas sin que nadie le saliera al paso con hechos y cifras más confiables. Ojalá lo hagan bien, y ayuden a mostrar a Trump como lo que es: un hombre que inventa datos sin la menor vergüenza.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 20 mayo, 2016, 06:21
  2. Trump y sus “amigos” hispanos

    El precandidato republicano Donald Trump desecha con una sonrisa las acusaciones de que es un mentiroso patológico, pero su frecuente afirmación de que los hispanos lo aman podría ser señalada como la madre de todos los disparates.

    Aunque casi todos los políticos exageran o minimizan la verdad según más les convenga, Trump ha sido objeto de duras críticas en días recientes por hacer afirmaciones que no tienen nada que ver con la realidad.

    Un estudio publicado por la influyente revista Político, que revisó los discursos de Trump durante una semana, encontró que el candidato republicano hizo un promedio de una declaración errónea cada cinco minutos.

    “Sus declaraciones son una extraordinaria mezcla de afirmaciones inexactas sobre política doméstica y exterior, y alardes profesionales que rara vez pueden ser confirmados con fuentes primarias”, dijo la revista.

    Por ejemplo, Trump afirma constantemente que Estados Unidos tiene un déficit comercial anual de US$ 500.000 millones con China, y que los inmigrantes indocumentados mexicanos están inundando Estados Unidos. De hecho, las cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos muestran que el déficit comercial estadounidense con China es mucho menor, y que la inmigración de México no solo ha dejado de aumentar, sino que ha disminuido en los últimos seis años.

    PolitiFact, un medio dedicado a comprobar lo dicho por los políticos, concluyó recientemente que el 76 por ciento de las declaraciones de Trump son erróneas o totalmente falsas. La semana pasada, el candidato demócrata Bernie Sanders llamó a Trump “mentiroso patológico”.

    Pero una de las declaraciones más disparatadas de Trump es su afirmación “los hispanos me aman”, a pesar de haber dicho que la mayoría de los inmigrantes mexicanos son gente mala, sus llamados a deportar a 11 millones de inmigrantes indocumentados, y su campaña para construir un muro a lo largo de la frontera con México.

    De hecho, una nueva encuesta de Gallup muestra que solo el 12 por ciento de los hispanos estadounidenses tienen una opinión favorable de Trump, mientras que el 77 por ciento tiene una opinión desfavorable. En comparación, el 59 por ciento de los hispanos tiene una opinión favorable de la candidata demócrata Hillary Clinton.

    Las encuestas de salida en la primaria republicana del martes en Florida, que ganó Trump por amplio margen, muestran que Trump ganó en todo el estado gracias a los votantes anglosajones. Perdió, sin embargo, en el Miami hispano, donde hay un fuerte bloque de votantes hispanos y resultó ganador el senador Marco Rubio.

    Los hispanos representaban solo un 17 por ciento de los votantes en las elecciones primarias republicanas de la Florida. De ese porcentaje a nivel estatal, el 52 por ciento de los votos fue para Rubio, y solo el 27 por ciento para Trump, según las encuestas de salida,

    “Donald Trump es el candidato menos popular de la historia moderna de Estados Unidos entre los votantes latinos”, dice Frank Sharry, director de la Voz de América, una organización pro-inmigración con sede en Washington D.C. Y agregó, “recuerden que estamos hablando de una elección general donde los republicanos necesitarán entre el 42 por ciento y el 47 por ciento del voto latino para ganar”.

    El encuestador demócrata Fernán Amandi, de la firma Bendixen & Amandi, me dijo que “el Partido Republicano sigue teniendo un problema con los hispanos, y ese problema se llama Donald Trump”.

    Mi opinión: La afirmación de Trump de que “los hispanos me aman” es un buen ejemplo de su hábito de distorsionar los hechos y repetir falsedades con total desfachatez.

    Pero lo más preocupante es que probablemente Trump sepa muy bien que los hispanos no lo quieren, y que haya decidido tratar de ganar sin el voto hispano. Puede que, para ello, trate de atraer a un gran número de votantes blancos que no han votado en el pasado, y que podrían ser convencidos con un mensaje xenófobo.

    Si se convierte en el candidato republicano, Trump tendrá que decidir si desea hacer las paces con los latinos, o concentrar sus energías en atraer a ese electorado de nuevos votantes descontentos, elevando su retórica contra los mexicanos y todos los hispanos. Hay un peligro real de que escoja hacer lo último.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por Anónimo | 23 marzo, 2016, 17:43
  3. Donald Trump: Entre el análisis y la plegaria

    ¿Farolerías de campaña, marketing electoral?. Los tiempos se aceleran en EE.UU. a esta altura del año y este candidato por completo atípico parece haber traspasado la línea del no retorno. ¿Qué debe esperar el mundo en general, y Latinoamérica en particular, si Trump se convierte en presidente?. Quizá los politólogos nos ayuden a desentrañar esta incógnita. Para los creyentes, es seguro que la plegaria sea
    Cada vez que se aproxima un cambio de presidencia en Estados Unidos, las opciones que generalmente se manejan son variables de una misma fórmula: demócratas inclinados al progresismo o republicanos anclados en lo conservador.

    En los años duros de las dictaduras en América Latina -décadas de los ’60 a los ’80 del siglo XX- la cuestión basculaba entre qué ocupantes de la Casa Blanca apoyaban los regímenes totalitarios y cuáles se embanderaban como guardianes de la democracia y los derechos humanos. Pero, desde Richard Nixon a Jimmy Carter o de Ronald Reagan a Bill Clinton, todos eran prospectos de un mismo estilo con algunas variantes operativas.

    Los debates, las proclamas partidarias o las expectativas de gobierno siempre se movieron en matices diversos pero razonablemente predecibles. Y en algo era posible coincidir: sea cual fuere el signo del nuevo mandamás de Washington lo esperable en esta parte del mundo ha sido siempre un Estados Unidos dispuesto a brindar y demandar más de lo mismo, sin mayores sorpresas. Hasta que de pronto, irrumpe en escena Donald Trump, quien, pasando por encima de sus oponentes internos en el Great Old Party (como gustan llamarse los republicanos), proyecta su figura transgresora y provocativa como propuesta diferente a las tradicionales, y hasta aburridas, opciones del mercado electoral norteamericano.

    Su imagen, dicen que construida pixel por pixel por sus asesores de campaña, se basa en una fórmula explosiva: “Hagamos de nuevo grande a EE.UU.”. Semejante eslogan seduce a cualquier norteamericano, del signo que fuere y en cualquier época. Se afirma que Trump proyecta repudiar tratados multilaterales como el NAFTA (firmado con Canadá y México), elevar aranceles de importación hasta un 35% y garantizar empleo a norteamericanos, asegurando a la vez terreno de inversión a capitales estadounidenses que deambulan en pos de rentabilidad, pero sin seguridad jurídica, en otras latitudes. Se ignora que vigencia podría tener, durante su hipotética presidencia, la Alianza del Pacífico. Su campaña xenófoba, mientras tanto, promete cerrar las puertas a la inmigración mexicana al tiempo que dispara contra “las débiles políticas de refugiados” adoptadas por los países europeos. Él, en cambio, asegura: “Si gano, se van” refiriéndose a los inmigrantes sirios en EE.UU. Respecto al muro entre México y EE.UU., Trump es hasta poético: “Será hermoso yalgún día lo llamarán el muro Trump”.

    ¿Farolerías de campaña, marketing electoral?. Los tiempos se aceleran en EE.UU. a esta altura del año y este candidato por completo atípico parece haber traspasado la línea del no retorno. ¿Qué debe esperar el mundo en general, y Latinoamérica en particular, si Trump se convierte en presidente?. Quizá los politólogos nos ayuden a desentrañar esta incógnita. Para los creyentes, es seguro que la plegaria sea el camino más recomendable.

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    Publicado por Anónimo | 17 marzo, 2016, 07:21

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