El “caso argentino”

Aquel día de 2001 se iniciaba una ruta penosa, construida por políticos incompetentes y desbordantes de populismo barato. El “caso argentino” debe ser tenido siempre a mano cuando los políticos paraguayos tienden a perder la brújula e incurrir en actos de irresponsabilidad de gestión con los que frecuentemente ponen en peligro la solidez de la economía y la mismísima estabilidad de la República.

La síntesis conceptual lograda por The Wall Street Journal en su edición de ayer fue tan certera como hiriente. “Una apuesta de casi 15 años sobre los bonos del gobierno de Argentina rindió US$ 2.400 millones, incluyendo más de US$ 100 millones para pagar costos legales, una ganancia en torno a entre 10 y 15 veces la inversión original”. El diario financiero de Nueva York arrancaba de esa manera un análisis sobre el cierre de las negociaciones que Argentina finalmente alcanzó con los “hold outs”, también conocidos como “fondos buitres”. Se trataba, esencialmente, de un remanente de la liquidación del impago de la deuda externa que en 2001 superaba los US$ 110.000 millones. El gobierno argentino había logrado acordar con el 93% de los tenedores de bonos la cancelación de la deuda con una quita considerable, lo cual acercó extremos y permitió cerrar la operación. Pero el 7% restante prefirió mantenerse al margen de esta negociación y pelear el cobro del valor nominal de los títulos de deuda más los intereses punitorios que agregara el juzgado neoyorquino que entendiera en esta causa. El Gobierno de Cristina Kirchner se fue de la Casa Rosada sin ceder a estas pretensiones, dejando a su sucesor el legado tóxico que había expulsado a Argentina del circuito financiero internacional.

El nuevo Gobierno, encabezado por Mauricio Macri que se autodefine políticamente como de centro-derecha, inició su gestión sabiendoque si no removía el quiste representado por los “hold outs” le sería imposible salir al mundo a buscar inversiones y colocar nuevos bonos de deuda.  Pero sólo tocar aquel nódulo purulento implicaría poner en riesgo su capital político. Tuvo que hacerlo y con ello se calzó una mochila cuyopeso le pasará factura con seguridad en el futuro.

Lo que podríamos llamar “el caso argentino” es tan didáctico como aleccionador. Es un laboratorio abierto que muestra los resultados de una toma alocada de deuda, su dilapidación a lo largo de varios gobiernos sucesivos acumulando pasivos virtualmente impagables, para cerrar la cadena de errores con un festival de política de bajísima calidad, como aquella sesión del Congreso argentino que en medio de vivas a la Patria y arranques de equivocado patriotismo, decidió que Argentina no pagaría “una deuda ilegítima”.

Aquel día de 2001 se iniciaba una ruta penosa, construida por políticos incompetentes y desbordantes de populismo barato, cuyos altísimos costos está pagando hoy el pueblo argentino a costa de necesidades básicas insatisfechas y postergación de proyectos urgentes e imprescindibles.

El “caso argentino” debe ser tenido siempre a mano cuando los políticos tienden a perder la brújula e incurrir en actos de irresponsabilidad de gestión con los que frecuentemente ponen en peligro la solidez de la economía y la mismísima estabilidad de la República.

 

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