Tripalium

Comprender el concepto de trabajo es tan interesante como necesario para avanzar socialmente. Contrariamente a la errada idea que se vende de que ser feliz “es no hacer nada”, la desocupación afecta la salud en todos sus órdenes. Desde las ocupaciones diarias (levantarnos, asearnos, organizar el día) hasta los oficios y profesiones superiores, el trabajo nos llama como deber natural. Trabajan todos los animales y las piedras, el agua y el aire. Todos los reinos del mundo han desarrollado medios propios para legitimizar cada segundo de presencia/existencia.


Con el reflotado tema del trabajo callejero informal, trato de entender cómo pensamos el trabajo y si vemos sus tres lados: el empleo fijo, la subocupación y la desocupación.

Retrocediendo en el tiempo, hallaremos el nido de la proliferación de tantos informales, a los que hoy se trata como delincuentes. ¿Hasta dónde son culpables de su situación económica? La razón está dividida entre lo personal y lo social. Llama la atención que la mayoría siga pensando el trabajo en su primera concepción: derivado del latín “tripalium”, que significa “tres palos” y obedecía a un instrumento de tortura parecido a un cepo. El castellano antiguo cambió el término a “trebejare” y luego quedó como lo conocemos. Para millones de compatriotas, el trabajo sigue relacionado al sufrimiento. La indignación de tantos respecto a los informales suena a punición y no a superación de la pobreza. Sin embargo, mantengamos fresco en la memoria que miles de funcionarios públicos se eternizan en sus puestos haciendo lo mínimo y mal; que tenemos gente que se erige en empresaria al estilo salvaje y sin ningún compromiso social, que hay organizaciones internacionales instaladas en nuestro país, manteniendo parásitos por décadas.

Poco debatimos a nivel grupal qué entendemos por trabajo, qué es la economía de mercado, qué es la economía de subsistencia, ¿acaso no es posible que coexistan?

En la sociedad ideal, trabajar sería un cansancio sano y redituable, productividad en todas sus formas, igualdad, desarrollo individual y general. Y paz. Desgraciadamente en nuestras muchas sociedades actuales no lo es. Me decía un artesano que vende en la calle: “Yo no podría vivir sin trabajar ni compitiendo; aquí hay lugar para todos. Lo que venda, será lo que necesito este día”. Hay otras posturas y enfoques, claro, más ambiciosos y aun desbordados de codicia.

La oferta de trabajo duro pero mal pagado hace que los vendedores y otros informales callejeros reciclen fuentes menos tortuosas. Respecto a qué es punible, es muy discutible dentro de nuestra situación socioeconómica. Porque ilegal e ilícito también es aquel particular y/o sector privado que explotan a las personas; que un gobierno, sea cual sea su ideología, no genere, apoye y promocione empresas laborales sostenibles.

Mucho para arar en el tema laboral. Una frase de Kim Campbell, abogada y política canadiense, resume la visión que debe darse al problema: “Para mí el desempleo y la pobreza en el área metropolitana, no es principalmente un problema de estructura o diseño, o estadísticas. Es una situación profundamente humana”.

Por Lourdes Peralta

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