La apasionada Angélica

El dramaturgo y poeta alemán, Bertolt Brecht, habla de “hombres imprescindibles”, refiriéndose a aquellas personas que luchan por ideales humanitarios y de bien común, no solo por un día o un año, sino “por toda la vida”. Y está claro que la historia del mundo va dando saltos de calidad, gracias al trabajo y entrega de esta gente, mucha de ella, incluso anónima.

Y Rita Antoinette Rizo, conocida internacionalmente como Madre Angélica, fallecida el domingo último, formó parte de estas personas especiales, que sacrificaron su existencia buscando promover un ideal de amor, solidaridad y paz en un mundo cada vez más deshumanizado y violento.

En el garaje de un monasterio en Alabama (EEUU), donde residía como religiosa, y ya con 58 años de edad, inició la Eternal World Television Network (ETWN), actualmente la mayor empresa de televisión católica. A través de su programación y campañas comunicacionales, la Madre Angélica rescató a mucha gente hundida en la depresión, la soledad o el vacío existencial, según revelan los miles de testimonios publicados en estos días en las redes sociales y medios de los Estados Unidos, tras su deceso, a los 92 años y después de 15 años de lucha contra las secuelas de un derrame cerebral.

“Aquellos que dicen la verdad te aman. Los que te dicen lo que quieres oír se aman a sí mismos”, “El amor no es un sentimiento; es una decisión”, “Incluso el diablo cree que Dios existe”, “Creer tiene que cambiar la forma en que vivimos”, “La santidad es una hermosa lucha”, son algunas de las frases de esta mujer, que, cuando daba consejos, decía la verdad nacida de su experiencia y sin vueltas, pero siempre con un toque de humor y bella sonrisa; estaba siempre alegre, era como su sello personal.

Rescataba experiencias de gente anónima y sencilla, impulsoras de proyectos y programas en defensa de la vida, de apoyo a los enfermos, etc.

La vida de esta mujer, que ingresó en secreto al monasterio, debido a la oposición de su familia y que fabricaba anzuelos de pesca para recaudar fondos para su obra, debería ser una provocación para nuestro tiempo; no solo para cristianos o creyentes.

En este tiempo, urge valorar y reconocer el trabajo y sacrificio de seres humanos a favor de otros. Seguro, esta religiosa habrá tenido sus errores y equivocaciones, pero nada de ello tendría que evitar mirar objetivamente su empeño y tarea de bien.

En la actualidad, cuando los medios de comunicación están abarrotados de productos que promocionan una cultura contra la dignidad humana y el consumismo, vale destacar una figura como la Angélica; una mujer apasionada por difundir ideales de esperanza, y mostrar –según escribió a su madre– el rostro de Aquel que la amó primero, y le mostró un camino de misericordia disponible para todo ser humano.

Por Gustavo A. Olmedo B.

 

La baja motivación en las parejas

Un informe médico proveniente de Barcelona (España) indica que las emociones están ausentes, hoy día, en las relaciones de pareja, especialmente en el plano sexual, donde se nota una acentuada apatía y poco entusiasmo. Además, les llamó la atención a los profesionales que los jóvenes estén consumiendo viagra para alcanzar una mayor potencia sexual.
Siempre se habló del estrés como principal causante de este problema, que si no se llega a solucionar a tiempo, puede llevar a una crisis matrimonial y hasta a divorcios.

Generalmente, son los hombres los que se niegan a pedir ayuda profesional a médicos, psicólogos o sexólogos para resolver el conflicto, cuando que lo ideal es que ambos recurran a los servicios de los especialistas.

No faltan los psicólogos que indiquen la escandalosa exposición del cuerpo de la mujer en la publicidad y los medios como una de las causas de este fenómeno.

Realmente, ese bombardeo incesante y pornográfico de la oferta del cuerpo desnudo de la mujer llega a cansar a la vista y a la mente. Tal vez por eso, la revista “Playboy” ya dejó de publicar fotos de mujeres desnudas, pues ya no es marketing y ya no vende. Como en el Paraguay vivimos atrasados con relación al resto del mundo, los senos y las colas al desnudo todavía venden. El contexto social nuestro sigue exhibiendo mujeres sin ropa, especialmente en el mal llamado modelaje, que no es sino una prostitución encubierta, en la mayoría de los casos, y que algunos espacios televisivos, revistas y diarios fomentan bastante. No hay que negar que el consumismo salvaje que ofrece erotismo barato vende y no está dispuesto a renunciar al rating ni al dinero. La publicidad influye en el comportamiento de las personas, nos guste o no. Y también arrastra a los jóvenes, que es un sector vulnerable. Claro que después las madres y los padres nos quejamos porque nuestra hija adolescente viene con un embarazo indeseado, está en las drogas o “anda por su cabeza”.

Hoy día, los muchachos se preocupan por tener un físico escultural, que les hace sentirse importantes. Pero no todo está ahí. No hay que confundir el amor con el simple deseo, ni la mera atracción física con el verdadero cariño. Quizás también estos factores intervienen para que las relaciones hoy día sean tan efímeras e intrascendentes. Las chicas también se pasan la mayor parte del tiempo en los gimnasios, se matan no comiendo y recurren a cirugías costosas para tener lolas o colas, narices perfectas o labios sensuales. Pobres niñas ingenuas, alienadas por el consumismo y la moda, que les dicen qué tienen que hacer, a dónde tienen que ir, qué comida ingerir, qué ropa lucir, qué cuerpo mostrar y en qué tienen que gastar. Todo porque, en casa, mamá y papá no tienen la autoridad suficiente de poner reglas y es más cómodo dejarse arrastrar por la corriente que lleva, como en el mar, a una plantita frágil, de aquí para allá, sin dirección fija.

En fin, muchos factores influyen para la pérdida de emoción en las relaciones. Y aunque parezca una paradoja, lo que más incide es la falta de los afectos. Hacer el sexo sin amor es simplemente hacer gimnasia. Y es eso lo que hay que tener en cuenta. Si nos interesa verdaderamente la otra persona, escucharemos con atención todas sus necesidades; y si somos menos egoístas y vanidosos, la cosa mejorará increíblemente. Tal vez la recuperación de las emociones, los afectos, el romanticismo y una vida espiritual plena sean los remedios infalibles para estos problemas.

Por Blanca Lila Gayoso

Los números no éticos

Mirando las cifras de la corrupción de varios países definidos como de orientación popular no podemos dejar de concluir que han superado con creces a los números de los gobiernos contra los cuales levantaron sus contestatarias “banderas éticas”. El daño que han producido en su electorado y en todo el país es enorme y sus efectos serán percibidos con más fuerza en el corto tiempo.

Por un lado desperdiciaron el mejor momento de América Latina en términos de exportación de materias primas. Es muy difícil esperar otro momento igual en los próximos 100 años cuando se combinen de nuevo un crecimiento de más del 10% de una población superior a los dos mil millones de seres humanos que combinadamente hacen la población de India y de China. La velocidad de este último país en términos positivos hizo graficar a alguien muy bien con la expresión de que “era un elefante desplazándose sobre una autopista a 300 kilómetros por hora”. Eso ha concluido y no veo razones para que retorne en mucho tiempo. Ese gigante consumía cobre y otros minerales en volúmenes nunca antes visto, petróleo, alimentos y otros commodities. Solo el hecho de que un 1% de la población de ese país consumiera carne bovina movía el volumen de toda la producción de Australia, que es número uno en el mundo en ese rubro. El cambio de dieta generaba que países como Paraguay vendiera soja con la que alimentan a sus pollos y cerdos para consumo posterior. Eso se ha reducido y vemos que los recursos se malgastaron en revoluciones populistas cuyo nivel de corrupción muestra la manera como la clase política participó de esta piñata que genera tanto rechazo y malestar.

Los números no éticos del crecimiento brasileño nada más son de un volumen jamás antes conocidos en corrupciones mundiales. El país está desmoronado y desmoralizado. En la fiesta de la corrupción ni los números de quienes dejaron la pobreza para colocarse en el dintel de la caída pueden equiparar el daño que la clase dirigente del partido de los trabajadores ha hecho sobre la población. En un plan de fuga hacia delante, Lula quiere no solo manejar los hilos del poder fáctico, sino que además en un rasgo de sinvergüencería crónica afirma que quiere volver a presentarse para las elecciones presidenciales, como si los números no éticos no fueran suficientes para mostrarnos el nivel de desprecio que ha tenido hacia un país cuyos niveles de desigualdad son peores que los países africanos.

La búsqueda de apoyo de países con signos políticos similares y la dificultad de culpar a la conspiración del imperio junto con los empresarios demuestra la notable confusión que guía hoy el paso hacia el precipicio de muchos de estos gobernantes. Estamos llegando al final de un ciclo que nos pudo colocar en otra dimensión política y económica, pero que la hemos perdido en la recurrente tontería y bellaquería de la corrupción.

Benjamin Fernandez Bogado

Desempleo y estatismo

Entre las tragedias más grandes que pueden azotar a un pueblo se pueden citar una guerra armada, alguna pandemia o un desastre natural, e inmediatamente, en cuarto puesto estaría el desempleo de la población. A diferencia de una guerra, una pandemia, o un cataclismo natural, cuyas causas pueden ser fortuitas o simplemente inevitables, el desempleo tiene una única causa: el estatismo, que se expande en una sociedad tal cual una pandemia, y con efectos similares y hasta peores a cualquier cataclismo natural.

En filosofía se ha determinado que el individuo tiene tres valores éticos cardinales que guían su vida: la razón, el propósito, y la autoestima. Para que el individuo pueda alcanzar y mantener dichos valores morales debe “actuar“! Estas acciones son las que llamamos “virtudes morales”. Así, el “raciocinio es la virtud de la razón”, la “capacidad productiva es la virtud del propósito”, y el “orgullo es la virtud de la autoestima”.

La capacidad productiva (el trabajo) es el “propósito” central de la vida de un individuo racional. De hecho, “la virtud de la capacidad productiva”, y el valor moral del “propósito” determinan la jerarquía de todos sus otros valores morales.

La razón y la facultad de raciocinio es la fuente y una precondición para realizar cualquier trabajo productivo ,y el “orgullo” es el resultado y la mayor recompensa que todo individuo busca para sí mismo. El talento de un individuo y su “valor como persona” están determinados por su iniciativa y su amor personal por el trabajo. La dignidad del individuo no tiene sustituto, y está determinado por su independencia y su capacidad de “ser alguien” por sí mismo.

El desempleo no es simplemente un número o un índice macroeconómico como tan sencillamente los economistas nos muestran; no es simplemente una “cifra” que mide la prosperidad o el subdesarrollo de un país. “El desempleo es una desgracia” que despoja al individuo de todas sus virtudes y valores morales; una puñalada a la dignidad de los hombres; una barrera insuperable para la realización individual; una verdadera enfermedad que condena a la pobreza material y moral a los individuos, destruyendo a varias generaciones, incluso antes de nacer. El desempleo y sus efectos carcomen día a día el sueño de prosperar de miles de personas arrastrando a toda la sociedad a la decadencia.

El desempleo tiene un gran aliado, el estatismo –el intervencionismo estatal en la economía– que destruye la capacidad productiva de una sociedad, y con ella su orgullo, su dignidad, sus valores y sus virtudes. En la historia ha quedado demostrado que las sociedades con mayor intervencionismo estatal en la economía, tienden también a ser cuna de déspotas y suelo fértil para la burocracia y la corrupción. Hoy podemos observar la Cuba comunista de Castro, con una sociedad de individuos –con excepciones– prácticamente sin orgullo ni dignidad alguna y encaminada ya a una larga y triste vida de servidumbre –de servicio al Estado– a los Castro. Lo mismo se puede observar en la Venezuela de Chávez y Maduro; una sociedad en guerra, entre aquellos que aún luchan por su dignidad y aquellos que ya la han perdido. Hemos visto a nuestros vecinos –la Argentina socialista de Fernández– destruir casi por completo la capacidad productiva de su país una vez llamado “el granero del mundo”, creando una sociedad de holgazanes sin orgullo que vivían de los pocos que producían. Y por qué no mencionar el Brasil de Lula y Rousseff, con un Estado proteccionista, intervencionista y corrupto que ha desfalcado en complicidad con seudoempresarios por más de 8.000 millones de dólares a los brasileños trabajadores que sostienen ese monstruoso leviatán.

En la historia ha quedado demostrado también que las sociedades con mayores libertades individuales y económicas son las más prosperas y desarrolladas; y claro!, “las que menor número de individuos desempleados tiene”. Estas sociedades gozan tanto de valores materiales como de altos valores morales. Ejemplos de ellas son Chile, Perú, Singapur (y los tigres del Asia), Estonia, Alemania, EE.UU., Nueva Zelanda, Australia, entre otras.

Paraguay es un país bendito, con recursos naturales, fuentes inagotables de energía limpia y barata; con una población joven y capaz; y sin embargo, con una gran cantidad de ciudadanos pobres, desempleados y condenados a la ilegalidad. Nuestro infortunio se debe principalmente al estatismo reinante en el país. Hoy existen más de 400.000 desempleados, entre ellos cerca de 200.000 jóvenes. Estos ciudadanos requieren de oportunidades, de la posibilidad de acceder a un trabajo productivo que les permita utilizar sus facultades y lograr sus metas de forma digna.

El desempleo no es una cifra, sino un inmenso problema moral dentro de una sociedad de hombres libres.

Por Ing. Nelson Cristaldo (*)

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/desempleo-y-estatismo-1466033.html

 

El Mercosur militar

El Mercosur surgió como un proyecto de integración de democracias latinoamericanas, frente a la integración de hecho de las dictaduras militares anteriores, unidas en la Operación Cóndor. Por contraste, el Mercosur civil y democrático es una opción válida, aun con sus deficiencias.

En el Brasil, Fernando Henrique Cardoso, destacado intelectual y estadista, fue un promotor del Mercosur, apartándose de la diplomacia tradicional, centrada en la relación con Estados Unidos y donde aún pesaban las hipótesis de guerra de la dictadura militar (1964-1981).

Fue ideólogo de la dictadura el general Golbery do Couto e Silva (1911-1987), protagonista del golpe y gobierno militar. Su libro Geopolítica del Brasil (1966) resume sus ideas geopolíticas. (Aquí utilizo la traducción al castellano publicada en Buenos Aires en 1983). Para Couto e Silva, el Brasil debe considerar dos hipótesis de guerra: los conflictos con los demás países sudamericanos y la Tercera Guerra Mundial.

La Tercera Guerra Mundial, si estalla, será el choque entre el bloque occidental, democrático y cristiano y el bloque comunista. Previendo esa posibilidad, el Brasil debe convertirse en aliado de los Estados Unidos. ¿Qué le puede ofrecer el Brasil a los Estados Unidos? El Nordeste. En caso de guerra, las fuerzas comunistas invadirán África (sin enfrentar a la OTAN) y, desde Dakar, enviarán una flota para ocupar el Nordeste brasileño, desde donde avanzarán sobre el Caribe, preparándose para desembarcar en los Estados Unidos.

En la página 110 de Geopolítica aparece el mapa con el avance comunista contra América (también sobre la Antártida); en la página 223, sus planes de conquista en Oriente y sus objetivos: Indochina, Indonesia y la Península Arábiga. Me pregunto: ¿había comunistas suficientes para formar tantos ejércitos?

Sobre los países vecinos, Couto dice que los mismos, porque hablan castellano y envidian el progreso del Brasil, podrían quitarle territorio: una zona de peligro es la del Amazonas, donde podía darse una guerra similar a la del Chaco (p. 76-77). ¿Había selva tropical en el Chaco paraguayo?

Otro frente peligroso es el Virreinato del Río de la Plata, o los países que lo integraron (Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia), donde el Brasil y sus vecinos chocaron más de una vez (p. 79). Nada de alianzas con la Argentina, ni de tolerancia con la formación de bloques hispanoamericanos que pongan en peligro al Brasil, cuya alianza debe ser con los Estados Unidos, “nuestros hermanos del Norte”, para defender el cristianismo y la religión (páginas 77 y 99).

Gran admirador de los bandeirantes, Couto afirma: “Brasil, en la presente hora, solo tiene una elección: agrandarse o perecer” (p. 84).

Si este fue el maestro, ¡lo que habrán sido los alumnos! Me quedo con el Mercosur civil.

Por Guido Rodríguez Alcalá

http://www.ultimahora.com/el-mercosur-militar-n978899.html

 

Sentido común

Vivimos un mundo diferente al que nuestros padres pensaron que íbamos a enfrentar cuando nacimos y la velocidad vertiginosa con la que se suceden los adelantos tecnológicos hizo que las transformaciones culturales no respeten siquiera ese ritmo, porque ahora las grandes transformaciones se suceden año tras año, lo que nos pone en aprietos, ya que corremos en desventaja contra los nativos digitales, a quienes se supone debemos orientar en sus pasos de formación para la vida.

En este caótico panorama se comenzaron a correr y disipar una serie de límites, lo que agregó una importante cantidad de condimentos que dan otra perspectiva a los desafíos educativos para dar un acompañamiento social a los hechos que ocurren cotidianamente. Quien asegure que está preparado para soportar estas presiones y que considere tener la clave para superar estos desafíos, o se engaña o directamente miente.

La única realidad indiscutible es que la tarea es difícil y debe iniciarse entre todos para poner manos a la obra en el diseño y la elaboración de soluciones que se adapten a estos nuevos tiempos, de manera a dar salidas adecuadas a esta realidad, comprendiendo la complejidad de los inconvenientes.

Para encontrar una luz al final de un túnel que parece infinito, debiéramos llegar a pequeños grandes acuerdos sobre los que se sustentarán estos procesos. Uno de ellos tiene que ver con valores, que como todos los bienes intangibles, son volátiles en su definición. Aquí es el momento en que el sentido común se transforma en un factor clave que puede servir de brújula para determinar el camino a seguir.

Como ejemplo sugiero una muestra extraída de un área en la que tengo algo de experiencia, el periodismo. En estos tiempos, todo aquel que tiene acceso a internet o a un simple smartphone posee en las manos una herramienta potente con la que puede tener acceso a lo que un trabajador de este oficio tiene a su alcance para desarrollar su tarea. En términos comunes, decimos que cualquiera puede ser periodista. Es cierto, todos tienen la chance de realizar una labor periodística, mas también debemos reconocer que el ejercicio de la profesión requiere de cierto tipo de conocimientos.

Además de la legislación vigente, los antecedentes de casos, la contextualización en general, que son algunos elementos claves en la elaboración de materiales que pretendan ser noticiosos, en cualquier formato del área, debemos agregarle un poco de sentido común a nuestros enfoques. No podemos ignorar elementos claves en la vida de las personas cuando tocamos un tema y lo desarrollamos como una información que deba ser de interés general de la gente. Sobre todo cuando la interacción con el público es tan fluida, lo que eleva más todavía nuestro nivel de exigencia apuntando a la excelencia.

Aplicando esta fórmula de darle un poco de sentido común a nuestra labor evitaremos contar casos en donde no se respeta la intimidad y el dolor de protagonistas de las noticias. No desnudaríamos las peores miserias de quienes ya fueron víctimas de hechos deleznables, con el agravante de revictimizarlos con nuestro proceder imprudente, en donde se carece totalmente de humanidad.

Entonces, el reto es definir en términos sencillos lo que implica el sentido común. Primero, los periodistas tenemos que mirarnos y comprender nuestra infinita dimensión humana, con limitaciones y peculiaridades tan imperfectas. Si tan solo nos pusiéramos en el lugar de las personas a quienes describimos en nuestros textos, o si pensáramos en el otro como un familiar o ser querido, creo que tomaríamos otro tipo de recaudos para nuestro trabajo.

El paradigma mundial cambió definitivamente y el futuro acelera sus pasos raudamente, con cambios que no esperan que estemos preparados para establecerse definitivamente. Mirando esto recuerdo lo que dijeron siempre, que para ser buen periodista uno tiene que ser buena persona. Esta afirmación es interesante, porque se puede aplicar a cualquier rama del conocimiento humano. Por eso es fundamental entender que los acuerdos básicos deben realizarse desde el sentido común para que podamos capear esta tormenta de sobredosis informativa en la que aparentemente todos vivimos al borde del naufragio.

Por Pablo Noe

 

Llega la radio del futuro: bajo demanda, personalizada e invisible

Cada pocos años -al menos una vez en cada década- algún agorero vaticina la muerte de la radio como medio de comunicación. La profecía tuvo incluso forma de canción pop cuando a finales de 1979 The Buggles publicaron su éxito “Video killed the radio star”. Pero desde entonces -y ya han pasado casi 40 años- nadie ha sido capaz de llevar a cabo semejante asesinato. Tal vez porque, en su modestia, la radio es el medio con mayor capacidad de adaptación. La pregunta es cuál será su próxima mutación para sobrevivir en los tiempos de la realidad virtual. Es muy probable que sus señas de identidad se mantengan inalterables: la palabra, la música y los silencios seguirán siendo su base, pero la forma de consumo y la selección de contenidos marcarán la diferencia. Emanuel Vilte, uno de quienes están definiendo esos nuevos senderos por los que discurrirá este medio, considera que “la radio de las próximas generaciones debe ser una especie de Spotify, focalizado en artículos de la web y medios digitales. Y también debe mejorar la experiencia de usuario, casi como Wikipedia, para que se convierta en una comunidad global de locutores y narradores”.

Eso es exactamente Linguoo, una aplicación para escuchar el texto de la web, narrado por personas en lugar de por los habituales y despersonalizados lectores electrónicos. El proyecto, una idea de Vilte para ayudar a su madre (abogada y periodista) a que continuara informándose a través de Internet cuando perdió la visión por culpa de una maculopatía, recibió uno de los premios Innovadores Menores de 35 del MIT el pasado año. Aunque el espíritu inicial de Linguoo fue crear una herramienta para ayudar a los más de 900 millones de personas que sufren algún tipo de discapacidad visual, su mercado es mucho mayor. Porque, a quienes no pueden leer las noticias, se les suma quienes no tienen tiempo de hacerlo o prefieren escuchar las webs mientras realizan otras actividades. Linguoo funciona con un algoritmo que permite personalizar y sugerir contenidos a los usuarios, filtrados por temas, y se alimenta tanto de los principales medios de comunicación del mundo, como de creadores que suben su propio contenido original.

Como otros innovadores, Vilte considera que “la tecnología se va a volver invisible (…). Uno hablará con el ambiente, sin necesidad de estar tocando aparatos o botones en un celular” y cree que a su proyecto le queda un largo recorrido por delante, puesto que “Linguoo entra dentro de ese paradigma”.

Texto: José L. Álvarez Cedena

Llega la radio del futuro: bajo demanda, personalizada e invisible

 

Volver al buen trato

En el tránsito todo el mundo está cabreado y soluciona sus dramas con bocinazos, insultos y demás improperios. En el supermercado la gente siempre está apurada: piensa que el carrito es un coche de Fórmula 1 y hay que adelantarse a todo lo que da el timón para sacar antes el numerito de la carne o para llegar a la caja. En el ascensor se aplica la ley del más fuerte: el grandote te atropella nomás: no importa si el que está intentando entrar o salir ande con muletas. En las redes sociales se lee cada cosa y en la tele se ve cada disparate que ni vale la pena contar.

Con tanto apuro y tanta rabia, es fácil saltar de la molestia por algo trivial a una causa de vida o muerte. Y no es solo cosa de delincuentes o descerebrados, ya que en esta creciente ola de violencia cotidiana, contener la ira se vuelve un desafío para cualquiera, hasta para el mismísimo Buda.

Pero en lugar de ser fatalistas y gruñir en contra de la falta de respeto, cada uno puede iniciar una militancia activa en favor de la convivencia armónica para recuperar un valor del que antes se hablaba tanto: la proverbial cordialidad paraguaya. Pequeños gestos cotidianos pueden aportar mucho a mejorar los ambientes donde nos movemos, desde el mismo hogar hasta la calle y el trabajo.

Aunque además del compromiso de cada quien, el Gobierno tiene que comprender, si a las autoridades les da la cabeza y el corazón, que hay un país que se tiene que refundar. Tenemos que pasar del Estado de paz y progreso sustentado en la represión y la intolerancia, a otro de convivencia armónica y próspera, que respete a los más débiles y también a los más chicos. No es difícil, solo falta (buena) voluntad.

Buena voluntad que comienza con hacer funcionar de verdad los sistemas de protección de niños, mujeres, adultos mayores y otros sectores que, por vulnerables, son los que más sufren atropellos.

Buena voluntad que hace que la Justicia actúe rápido en los casos de agresiones, atropellos y asesinatos, ya que los castigos a abusadores, violadores y asesinos por odio no solo reconfortan a la ciudadanía, sino que sirven de tranca para desistir de presionar por la fuerza a otras personas a hacer algo que no quieren.

Buena voluntad para educar a los docentes y estudiantes en derechos y obligaciones, no en prejuicios y disparates, como el largor de la pollera o el arito en la nariz.

Y así. Si cada uno hace un poquitito o dos, vamos a vivir en el país más feliz del mundo. Amén.

Por Lupe Galiano

Entropía de los partidos políticos

Los partidos políticos surgen en la democracia para facilitar la participación de los ciudadanos en el ámbito político. Se constituyen en asociación de personas, que se reúnen y trabajan juntos por coincidir en visión de la realidad y con el objetivo de acceder al poder y concretar un proyecto compartido de organización de la sociedad. 

Como miembros de la sociedad política están comprometidos con la política, o sea, con la responsabilidad de trabajar para el bien común desde sus posiciones de poder.

Nuestros partidos políticos pueden ser analizados desde distintas perspectivas y con diversas intenciones. Cada ciudadano puede hacerlo libremente desde su propia identidad y su personal responsabilidad como ciudadano miembro de la sociedad civil o de la sociedad política. Yo lo hago como educador preocupado por el triste espectáculo que nuestros partidos políticos más conocidos ofrecen a la ciudadanía, especialmente a nuestros adolescentes y jóvenes.

Desde las claves fundamentales de la ética en su relación con la política es muy difícil encontrar los valores éticos que caracterizan a la verdadera política. Las mentiras, calumnias, robos y atracos al dinero del pueblo, las infidelidades y deslealtades, los egoísmos, la pasión indómita por el poder para gozar el poder y beneficiarse desde él, las traiciones al pueblo, el encubrimiento la protección y asociación con narcotraficantes destructores de niños, adolescentes y jóvenes, la inequidad sostenida, las injusticias, los delitos y la impunidad en el ámbito político son incontables.

Parece claro que en los escenarios políticos no hay sitio para la ética. Algunos políticos lo dicen sin pestañear: la ética no tiene nada que ver con la política. Monstruosa afirmación que solo tiene viabilidad en los estados tribales de la violenta barbarie.

La Teoría General de Sistemas (TGS) recoge el segundo principio de la termodinámica, que “establece el crecimiento de la entropía, es decir, la máxima probabilidad de los sistemas es su progresiva desorganización…”. Caminan aceleradamente hacia la desintegración, si no hay reparaciones sustantivas, renovación y actualización permanentes.

Nuestros partidos grandes han perdido identidad. A un observador atento viendo quienes y cómo son, qué piensan, qué dicen y qué hacen muchos colorados y azules, entre los que ocupan puestos de responsabilidad en sus respectivos partidos, le va a ser muy difícil decir qué son y qué piensan, qué identifica a los colorados y a los azules.

Oímos decir con frecuencia que el sistema político vigente está agotado. Sin duda, porque en el sistema se está vaciando el agotamiento de los partidos enfermos.

La ciudadanía está convencida de que los partidos no producen política sino campañas electorales; no presentan proyectos de país, no proponen soluciones concretas a los problemas reales; no producen economía, sino que viven abusivamente a costa del bolsillo de los ciudadanos; se reparten los cargos no por ser competentes, sino por estar asociados a un color.

Los ciudadanos de calle piensan que la energía y vocación política de los partidos son tan pobres que necesitan fuertes inyecciones de miles de millones que reciben del Estado, mejor dicho, de los ciudadanos, y que se malversan estérilmente en manos de administradores públicos del Legislativo y Ejecutivo, para sostener a los partidos y a sus inútiles gestores políticos, amparados por un Tribunal Superior de Justicia Electoral denunciado por corrupción.

Si los partidos políticos están en crisis, los grandes y los no grandes, es porque todos los ciudadanos estamos en larga anemia y crisis políticas. Si no tenemos grandes políticos, líderes indiscutibles, confiables, generadores de esperanzas para todos los ciudadanos es porque la educación familiar, la educación escolar, la educación superior, la educación de los municipios, la educación que derrama toda la sociedad hace muchas décadas está en crisis.

En caricatura podríamos decir que los ciudadanos nos clasificamos en dos: los que se arriman y benefician del poder, que no critican a los políticos, y los que no se benefician del poder, que critican con razón el quehacer de nuestros políticos. El problema tiene raíces más profundas, que se hunden en el campo de la cultura. Por razones históricas y por dinámicas de las globalizaciones, inmersos en el pluriculturalismo y en la cultura de la postmodernidad e hipermodernidad, nos hemos olvidado de la cultura política.

Por Jesús Montero Tirado

El desafío enorme de vivir en paz

En pleno siglo XXI nos llegan desde Europa noticias cada vez más preocupantes sobre ataques terroristas y también sobre la enorme crisis humanitaria de los refugiados. La ilusión de un mundo en el que reine la armonía y en el que haya terminado para siempre la violencia brutal, se diluye con cada titular de la prensa, en cada imagen o relato que muestran los canales de televisión.

Por una parte, nos causan pavor los hechos que provoca el terrorismo fundamentalista, que ataca espacios públicos en los que abunda la presencia de civiles, de gente común que acude a su trabajo o estudios; de padres y madres con hijos que van a las escuelas; de jóvenes y ancianos que seguramente profesan diferentes credos, o ninguno.

Nos asusta también que los atacantes se inmolen, en plena juventud, por la supuesta promesa de una “recompensa” en otro mundo, porque el que habitan, en el que la mayoría de ellos han nacido, no los ha sabido incorporar y considerar como miembros integrados a la sociedad.

Por otra parte, vemos cómo esa parte del mundo a la que considerábamos casi perfecta por su respeto a las leyes y a la convivencia de todos los orígenes raciales, se convierte en un campo de batalla en donde a diario se suman los hechos de repudio, intolerancia y hasta los ataques físicos por parte de quienes culpan a los inmigrantes de todos los males.

En el día de Pascuas de Resurrección, el Papa Francisco se ha ocupado de éstos temas, que ya son insoslayables para él en cada ocasión que se le presenta. Saliendo del discurso puramente religioso, desde la Plaza de San Pedro ha enviado un mensaje urgente a toda la humanidad: el odio es el huevo de la serpiente. Es por donde todo comienza.

Sus palabras han retumbado en medio de la incertidumbre en la que se debaten ahora los europeos ante el calvario de los inmigrantes a los que muchos les han cerrado las puertas por temor a que sean ellos los portadores del terror y las diferentes manifestaciones de intolerancia contra todos los que no son originarios de Europa. Ante el mundo, Francisco ha dicho: “Ante las agujeros espirituales y morales de la humanidad, ante al vacío que se crea en el corazón y que provoca odio y muerte, solamente una infinita misericordia puede darnos la salvación”.

Sobre el terrorismo, recordó que éste no tiene fronteras ni más objetivos que llevar el miedo y la muerte adonde sea que vayan. Fustigó a quienes hacen negocios con la violencia, como modernos “Judas” capaces de vender la vida de la gente a cambio de dinero, sin importar que éstos sean niños inocentes.

La dureza del mensaje fue acorde con la situación por la que atraviesa hoy el mundo, donde han regresado los peores rostros de la intolerancia y los conflictos han cambiado de estilo y forma, pero producen más víctimas y totalmente ajenas al origen de los mismos.

Esa misma gente es la que sale a las calles hoy para manifestar su apoyo a las víctimas y a gritar a los que matan que se oponen a convertirse en presas del miedo. Las mismas que siguen saliendo a las calles a caminar, a sentarse en los cafés y a compartir con sus familias, para demostrar que no serán los seres aterrorizados y presas del pánico que pretenden quienes hacen estallar bombas en calles, estaciones de trenes, lugares públicos y espacios culturales.

Pero también hay quienes salen armados con fuertes gritos y violencia a manifestar que todos los que no son “europeos puros”, deben salir de Europa o ser aniquilados, trayendo nuevamente a la memoria aquellos días en los que el discurso de intolerancia abrió las puertas al infierno que causó millones de muertes y tanto dolor de la mano de Hitler y otros delirantes proyectos de “pureza racial” bañada en sangre.

Buscar salidas dentro del respeto a la libertad y las leyes es un gran desafío hoy para la Unión Europea, y todos los países que la integran. Encontrar la paz y la tolerancia luego de tanta violencia, se hace cada vez más difícil, pero es importante para Europa y para todo el mundo, que encuentren el camino que los lleve a ser nuevamente ejemplo de convivencia y respeto y sanar las heridas que causa el terror.