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Todos necesitamos amar para ser felices

El 14 de febrero pasado festejamos el Día de los Enamorados. Si bien es una fecha creada por la sociedad de consumo para vender regalos, es una ocasión propicia para hablar de un tema que nos interesa a todos y a todas: el amor.

Filósofos, psicólogos, poetas, escritores, guionistas de películas y de telenovelas, todos se refieren al amor como el ingrediente fundamental para la felicidad. Y no se equivocan. Desde que nacemos hasta el final de nuestra existencia necesitamos amar y ser amados. Primero por nuestros padres y más tarde por la pareja y los hijos. Por eso existen distintas clases de amor, pero todos llevan lo mejor de nuestros sentimientos: la tolerancia, la paciencia, el respeto, el perdón, la entrega y la dación. Al respecto, dice el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios Cap. 13 Vers. 1 al 13: “Si tengo todo, pero no tengo amor, nada soy. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece. Y no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera”.

Y termina de esta manera: “Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, pero el mayor de ellos es el amor”.

¡Qué hermoso mensaje! Y pensar que cuando hablamos de amor enseguida imaginamos la pasión, el aspecto romántico o sexual. Es un lado muy importante, pero no es todo el amor, que tiene una parte espiritual. Sin duda, es la esencia, el centro vital, lo que lo sostiene y lo hace permanecer vivo, aun con todas las tormentas, las crisis y los problemas que aparecen siempre, con mayor o menor intensidad. Un amor verdadero y profundo sortea todos los obstáculos y sale a flote. Pero esto no es fácil ni gratuito, exige paciencia y fortaleza. Si tuviésemos el valor de practicar esas virtudes, las relaciones de parejas, de familias, amigos y vecinos, mejorarían increíblemente. Y se produciría menos violencias intrafamiliares, de parejas o sociales. Viviríamos en un mundo mejor y más humano. Pero el egoísmo, la envidia, la codicia, los celos enfermizos, el consumismo, las drogas y el alcohol conspiran contra el amor. Destruye su esencia y lo convierte en algo frívolo y superficial. Sin embargo, como hijos de Dios, que fuimos creados a su imagen y semejanza, necesitamos desarrollar nuestra capacidad de amar como verdaderos cristianos.

Necesitamos dar lo mejor que llevamos en el corazón para vencer este mundo frío y cruel. Solo con ternura y energía sana podemos transitar esta ruta, con paz y felicidad.

Por Blanca Lila Gayoso

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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