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¿Qué serán sin mí?

Días antes de las elecciones, el diario español “El País” le hizo una larga entrevista de casi dos páginas. En ese momento, Evo Morales estaba seguro que la consulta a la que había llamado le diría “sí” de manera contundente, lo que le permitiría gobernar por lo menos hasta el año 2029. Pero la gente le dijo no, ya son muchas reelecciones y es hora de irse a su casa. La pregunta era si estaban conformes o no que se modificara la Constitución de Bolivia para que Morales pudiera optar a un cuarto periodo en 2019 y, siguiendo esta lógica, luego vendría un quinto y así hasta el final de los tiempos.

El periodista argentino Martín Caparrós le dedicó una columna en el diario “El País” en la que dice que Evo Morales fue víctima “de la tentación de sí mismo”. Ejemplificó esta idea agregando: “Ese momento en que mira alrededor, miles de cabecitas allá abajo, y piensa pobres, qué sería de todos ellos si no estuviera yo. O, incluso: qué habría sido de todos ellos si yo no hubiese estado. O, si acaso: qué será de todos ellos cuando yo ya no esté” y remata esta seguidilla de pensamientos con una frase fulminante: “¿Por qué será que solo yo puedo?”

De todo lo que leí, estas pocas frases sintetizan, mejor que nada, la mentalidad de estos gobernantes con aspiraciones a la permanencia indefinida en el poder ante el convencimiento de que son únicos, que nadie más puede hacer lo que ellos hacen, son “predestinados”.

¿Se acuerdan cuando los zalameros –por no decir pelotilleros– rivalizaban entre sí para defender la idea de “Stroessner, el predestinado”? Por lo visto tenemos muchos “predestinados” alrededor. Y también muchos pelotilleros que se mantienen incólumes aunque haya desaparecido el dictador y van corriendo por allí con la intención de violar la Carta Magna para que Horacio Cartes pueda permanecer en la presidencia vaya uno a saber por cuánto tiempo más.

Conocidos los resultados, el equilibrio y la mesura que jalonaban aquella primera entrevista a Morales, desaparecieron ante la imposibilidad de seguir con sus delirios de poder y denunció ser víctima de una “guerra sucia” por parte de la oposición y acusó a las redes sociales de crear un ambiente en su contra, las calificó de “alcantarilla” y que se investigarán los mensajes que se pusieron en circulación semanas antes del referéndum. Sobre todo los que hablaban de sus relaciones con una jovencita, Gabriela Zapata, con quien tuvo un hijo a quien no reconoció, negó más tarde su existencia y ahora se dice que ha fallecido. Pero Gabriela obtuvo un puesto de “lobbista” de empresas chinas que trabajan con el Estado boliviano y, casualmente, obtuvieron contratos de varios millones de dólares. ¡Qué coincidencia!

Los bolivianos que votaron por el “no” tendrían que sentirse preocupados a pesar de la victoria, pues Evo Morales declaró: “Hemos perdido una batalla, pero no la guerra”. No, lo que perdieron fue un referéndum en el que la gente dio su opinión, libremente, y le dijo no. La guerra es lo más opuesto que se pueda pensar a un acto democrático. Además, ¿qué quiso decir? ¿Que frente a los resultados de las urnas asumirá una posición parecida a la del presidente venezolano, Nicolás Maduro, que ha resuelto no reconocer lo que decida la Asamblea Nacional (Congreso), vetará todas las decisiones que no le convengan y el resto gobernará por decretos-leyes?

Los gobiernos populistas que fueron introducidos de la mano de Hugo Chávez y el demencial proyecto llamado “socialismo del siglo XXI” están desapareciendo rápidamente, no por la intervención de los aviones y los misiles del “imperio” sino por el simple hartazgo de los ciudadanos que prefieren el mal a conocer que el mal ya conocido. Los argentinos ya le mandaron a sus casas a la Kirchner; a Dilma Rousseff no le falta mucho; el ecuatoriano Correa ha decidido irse solo antes que lo inviten a salir, y Nicolás Maduro ya no se sostiene ni siquiera con el apoyo de los gorjeos del pajarito de Chávez. Este es el panorama actual.

En la entrevista a la que hago referencia más arriba dijo: “Tenemos líderes jóvenes, con discurso, pero poca experiencia. Hay que buscar quién puede ser un factor de unidad. Ese es el tema”. En otros términos, es una sublimación de lo dicho por Caparrós: “¿Por qué será que solo yo puedo?”.

Por Jesús Ruiz Nestosa

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