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Hablando de corrupción

Casi todos bajo sospecha. Lo del Partido Popular en España recuerda al relato de Alí Baba y los 40 ladrones. Cada día aparece una nueva “trama” con “populares” involucrados, por decenas. Y no se trata solo del PP; en España pasan el millar los casos de corrupción política e implican a gente de todos los partidos.

En estos momentos pos –y quizás pre– electorales, y de “investiduras” express y contra natura, existe como un acuerdo para que el PP sea el “pagarín de la boda”. Con un gran aporte de material de los “populares”, por cierto.

En Francia se ha abierto una nueva investigación judicial contra el expresidente –y uno de los favoritos para repetir en el Eliseo– Nicolás Sarkozy. En Brasil parece que se cierra el cerco en torno a Lula –una “anguila muy resbalosa” difícil de asir, según dicen los brasileños– y la situación sigue bien difícil para la presidenta Dilma Rousseff.

En todos estos casos hay algo en común: se trata de investigaciones del uso –o mal uso o abuso– de dineros y bienes públicos para la financiación de las campañas electorales y actividades proselitistas de sus fuerzas o partidos políticos.

No se les acusa de “enriquecimiento ilícito”, de tener cuentas en Suiza o en “paraísos financieros”, o propiedades millonarias fuera o dentro de fronteras. Por supuesto que no están libres de eso tampoco, pero lo concreto es que se les investiga y juzga por abuso de poder y uso de recursos públicos para financiar ilegítimamente su acceso o permanencia en el Gobierno. Para continuar con la hegemonía del poder.

Esto es, se les acusa de hacer trampa en las elecciones.

Se les acusa de corrupción; de usar los bienes públicos en función de sus intereses particulares, o los de sus familias, o los de sus socios y amigos o empresas, las que luego “colaboran” y les financian “las campañas”.

Todo está muy claro, pero no todos lo entienden y muchos lo justifican y defienden con el argumento de “no se pusieron un peso en el bolsillo”.

¿Qué no? Veamos.

Sarkozy, durante su presidencia, cobró salarios por 1 millón 300 mil dólares, a los que se deben sumar los extras (dietas, estadías, viáticos, que nunca se sabrá cuánto). Más casa, comida y transporte. Ocupó el Palacio del Eliseo, espacioso y con muy buena ubicación en un París donde la vivienda es cara. Tuvo entre secretaria, asesores, consejeros, choferes, valet, custodios, no menos de una cincuentena de empleados. Automóviles a discreción, casa de campo o de vacaciones y avión y helicópteros para uso exclusivo.

¿Cuánto debería haberse metido en los bolsillos Sarkozy, para darse todos esos lujos?

Iguales cálculos se podrían hacer con lo que gana –y cuesta– un diputado, un senador o un ministro. Muy buenos sueldos, secretarias y secretarios, autos con chofer, lugar de estacionamientos, siempre libres y gratis, café, viajes, recepciones, viáticos, influencia y facultad para premiar (según lo que se necesita o se quiera) y castigar a amigos y enemigos. Más todo el gasto de administración y sin ningún problema con los organismos de seguridad social, fiscal e impositiva.

¿Cuán rica debería ser una persona, para poder financiar un régimen de vida y de trabajo (sin horario ni control, “a piacere” y con largas licencias y vacaciones) de ese tipo? ¿Cuánto se necesita en “mordidas”, “cometas”, “sobornos”, para conseguir el dinero para pagar todo eso?

Se dirá, y con razón, que eso es lo que el pueblo decide, y que les paga por dedicarse full time a administrar sus asuntos. Pero eso solo vale cuando el pueblo lo decide libremente, en pleno ejercicio de sus derechos y sin ningún tipo de limitaciones para poder elegir.

Aquí de lo que se trata es de “trampas”, “fraudes”, “engaños”, “abuso” para acceder a una posición muy privilegiada a la que no pueden llegar ni los muy ricos, y sin los problemas y los riesgos que apareja.

Es mucho, entonces, muy mucho lo que se meten en los bolsillos a costa de la gente, de la que se burlan y a la que engañan y trampean.

Se trata de corrupción mayor.

Imagínese el lector el día que les toque ser investigados a los Ortega, a Correa, Maduro, Evo, Kirchner (aquí parece que la cosa se pone en marcha, de la misma forma que para Lula se ha encaminado), y cuando se sepa lo que le ha costado a los cubanos mantener el nivel de vida y los gastos de Fidel Castro y sus familiares y amigos en estos 57 años en que ha sido el dueño de Cuba.

Por Danilo Arbilla

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Acerca de jotaefeb

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Un comentario en “Hablando de corrupción

  1. Páginas ocultas

    En Argentina, tres altos funcionarios de la agencia estatal Telam fueron denunciados a la justicia por la sustracción de documentos, cajas con material desconocido y una trituradora de esa oficina pública. Ello ocurrió durante un fin de semana, en horas de la noche y la madrugada, días previos a la asunción del gobierno de Mauricio Macri. Los jerarcas que “se llevaban” documentos y cajas fueron filmados “en acción”.

    Telam es la agencia estatal de noticias de Argentina. En teoría, la encargada de la versión oficial, fría y neutra. En la práctica, y muy especialmente durante el kirchnerismo, ha sido el órgano de propaganda del gobierno y el partido gobernante y un centro de militantes “pagos”. Un organismo con muchos recursos a su disposición y el manejo y determinación de la publicidad oficial, a través de la cual el kirchnerismo premiaba y seducía a medios y periodistas y castigaba a los rebeldes e independientes.

    ¿Qué había en esas cajas? ¿Cuántos nombres –“premiados”–, cuánta documentación y borradores que después periodistas y medios difundían como noticias propias, cuántas pautas publicitarias, y sus costos y beneficiarios, y cuántas indicaciones para no apartarse del “relato oficial”?

    No lo sabremos nunca.

    Lo que había en esas cajas, sin embargo, ayudaría mucho para conocer la verdadera historia, pero todo desapareció. Debe haber sido destruido rápida y concienzudamente: a tales efectos hasta la trituradora se llevaron.

    Todo ello se enmarca en una política que siguen el “neoprogresismo” de izquierda para recontar la historia, incluyendo en casos nuevos nombres, escudos, banderas, himnos y hasta un nuevo país como pasó en Bolivia para que Morales fuera reelecto. Es el “relato” al que hay que someterse y sobre el que no se puede correr el riesgo de dejar rastros, cuando llega el caso, como ahora en Argentina. Sobre todo, “porque la lucha continúa”.

    Nada es nuevo. Ya lo denunciaron hace 20 años en “El libro negro del comunismo” una media docena de intelectuales, historiadores e investigadores europeos, todos de izquierda. Una obra de más de mil páginas muy escondida en librerías y bibliotecas universitarias “progresistas” e intelectualmente correctas por una razón muy simple: allí se historia sobre los crímenes del comunismo. Se condenan tanto estos como los crímenes del nazismo. Y se comparan.

    Mientras los alemanes fueron juzgados y condenados por unos 25 millones de crímenes, nada ha pasado con los crímenes del comunismo que alcanza, según los autores, a los 100 millones: 20 millones en la Unión Soviética, 65 en la República Popular China, 1 millón en Vietnam, 2 en Corea del Norte, 2 en Camboya, 1 en los regímenes comunistas de Europa oriental, 150.000 en Cuba y otros países de Latinoamérica, 1,7 millones en África, 1,5 en Afganistán, 10.000 muertes provocadas por “[el] movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder” y 38.000 a 85.000 en España (Represión en la zona republicana durante la Guerra Civil Española).

    “Nuestra obra – advierten en 1997 los autores de El Libro Negro del Comunismo– contiene muchas palabras y pocas imágenes. En ella se aborda uno de los puntos sensibles de la ocultación de los crímenes del comunismo: en una sociedad mundial hipermediatizada, en que la imagen –fotografiada o televisada– es lo único que merece credibilidad ante la opinión pública, solamente disponemos de algunas escasas fotografías de los archivos dedicados al Gulag o al Laogay, y ninguna foto de la deskulakización o del hambre durante el Gran Salto adelante. Los vencedores de Nüremberg pudieron fotografiar y filmar con profusión los millares de cadáveres del campo de concentración de Bergen-Belsen y se han encontrado las fotos tomadas por los mismos verdugos, como ese alemán que dispara a bocajarro sobre una mujer que lleva a sus hijos en los brazos. Nada de eso existe en relación con el mundo comunista en que se había organizado el terror en el seno del secreto más estricto”.

    En Buenos Aires, los kirchneristas de Telam fallaron: fueron filmados.

    Por Danilo Arbilla

    http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/paginas-ocultas-1453796.html

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    Publicado por Anónimo | 28 febrero, 2016, 13:53

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