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El evangelio del domingo: “No caer en tentación”

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió de las orillas del Jordán y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por el diablo.” (Lc 4, 1-2)

Estamos empezando nuevamente nuestro itinerario cuaresmal. Este es un tiempo fuerte que nos invita a mirar hacia nosotros mismos, hacia nuestras vidas, buscando con todo el corazón cambiar las cosas que nos distancian del plan de Dios y reforzar aquellas que nos ayudan a vivir su palabra.
Nadie puede convertirse sin conocerse a sí mismo, sin darse cuenta de su realidad personal, sin reconocer cuáles son sus tentaciones y sus debilidades.
La tentación nos revela que somos libres, pues delante de nosotros existen siempre dos caminos, uno que nos lleva al bien y a la verdad, y otro que conduce al mal y a la mentira.
Es imposible no tener tentaciones en la vida, así como es inútil, pedirle a Dios que nos las quite completamente. Ellas son propias de la condición humana. Hacen parte de nuestro ser libres. Lo máximo que podemos pedir a Dios es que “no nos deje caer en la tentación”, que nos dé la fuerza para hacer bien nuestras elecciones, que nos dé una fuerza de voluntad capaz de decir “no” a la tentación, evitando así, salir del buen camino.
Con nuestro bautismo, empezamos a seguir el camino del bien, pero nuestro enemigo, siempre se presentará al borde de nuestro camino con una nueva propuesta, con una propaganda engañosa, intentando desviarnos. Él siempre se mostrará preocupado con nosotros, supuestamente queriendo nuestro “bien”, y ofreciéndonos facilidades y una felicidad inmediata. Él conoce nuestras debilidades, nuestros puntos frágiles, nuestros deseos y tendencias. Por eso, es muy importante que también cada uno de nosotros conozcamos nuestras propias debilidades. Cada uno debería saber bien claro cuáles son sus fragilidades, para poder darse cuenta de las tentaciones.
Por eso es importante dejarse conducir por el Espíritu a través del desierto, que es el lugar de la soledad. Allí uno tendrá la oportunidad de entrar dentro de sí mismo y reconocer quién es; cuáles son sus capacidades e inconsistencias; cuál es su vocación, y cuál es el sentido de su vida; donde quiere llegar, y qué cosas tiene que evitar, para no alejarse del objetivo.
Jesús se dejó conducir a través del desierto. Allí pudo conocer cuáles eran sus tentaciones. Cuáles eran las cosas a las que él tendría que estar siempre atento, para no desviarse de su misión. Las tres tentaciones de Jesús pueden ser interpretadas de muchos modos y podemos también encontrar en ellas semejanzas con aquellas que experimentamos. Por ejemplo: él sabía de su poder, sabía que podía hacerlo todo fácil: podría hasta transformar piedras en pan; podría hacer con que los clavos no entrasen en su carne; podría hacer morir a sus opositores; pero estas soluciones fáciles arruinarían su misión y si cayera en esta tentación, se desviaría del plan del Padre y sería su falencia. Jesús quería ser el Señor de todos los pueblos y naciones, pero para llegar a esto el camino se mostraba largo y arduo, pues dependía de la adhesión personal de cada uno. El diablo le ofrece un medio ilícito y mucho más fácil para llegar a tener este poder, y Jesús tuvo la fuerza de renunciar. Jesús sabía que el Padre lo amaba y protegía, y fue tentado a aprovecharse y abusar de esta protección, pero hacer esto arruinaría la relación de amor, era una tentación que debería ser siempre evitada.
Independientemente de que nuestras tentaciones fueran semejantes a aquellas de Jesús, lo que tenemos que hacer es identificar precisamente cuáles son las nuestras, para poder resistirlas. Debemos, en primer lugar, conocer a nuestro enemigo, para poder combatirlo. Todos necesitamos del desierto, esto es, de tiempos fuertes de oración, de soledad, de entrar dentro de nosotros mismos. La cuaresma es un tiempo muy oportuno para esto. Por eso la Iglesia sugiere evitar las fiestas, las grandes distracciones, para así darnos la posibilidad de, en el silencio, encontrarnos con nosotros mismo.
La segunda cosa que tenemos que hacer es reforzar nuestra voluntad para que, delante de las tentaciones, tengamos la fuerza de refutarlas. Muchas veces, delante de la tentación, la reconocemos y hasta queremos resistirla, pero con una fuerza de voluntad débil, acabamos cayendo. Es aquí que entran las penitencias: un ayuno, una renuncia, un sacrificio… es algo que yo me impongo libremente, y que exige que mi voluntad sea más fuerte que la tendencia natural de mi cuerpo. Cuando me elijo un pequeño sacrificio y lo consigo llevar a cabo, entonces estoy proclamando en mi persona la victoria del espíritu. Haciendo estas cosas en el cotidiano, voy reforzando mi voluntad, y cuando llega la tentación tengo más fuerza para poder resistirla. Por eso, la cuaresma es también un tiempo muy oportuno para la penitencia.
Dos cosas, nos enseña el evangelio de hoy y que quieren marcar todo el tiempo cuaresmal: debemos ir al desierto para conocer nuestras tentaciones, y debemos también dar sostén a nuestra voluntad, con las prácticas ascéticas en lo cotidiano.
“No caer en tentación” es sin duda, una gracia de Dios, pero como todas las gracias que él nos da, necesita ser conquistada también con nuestro esfuerzo. ¡Buena cuaresma!

El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: “No caer en tentación”

  1. Las tentaciones de Jesús

    “La Cuaresma conmemora los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, como preparación de esos años de predicación, que culminan en la cruz y en la gloria de la Pascua. Cuarenta días de oración y de penitencia. Al terminar, tuvo lugar la escena que la liturgia de hoy ofrece a nuestra consideración, recogiéndola en el Evangelio de la Misa: las tentaciones de Cristo (Cfr. Mt 4, 1-11)”.
    “Una escena llena de misterio, que el hombre pretende en vano entender –Dios que se somete a la tentación, que deja hacer al Maligno–, pero que puede ser meditada, pidiendo al Señor que nos haga saber la enseñanza que contiene”.

    El demonio promete siempre más de lo que puede dar. La felicidad está muy lejos de sus manos. Toda tentación es siempre un miserable engaño. Y para probarnos, el demonio cuenta con nuestras ambiciones. La peor de ellas es la de desear, a toda costa, la propia excelencia; el buscarnos a nosotros mismos sistemáticamente en las cosas que hacemos o proyectamos. Nuestro propio yo puede ser, en muchas ocasiones, el peor de los ídolos.

    El Señor está siempre a nuestro lado, en cada tentación, y nos dice: Confiad: Yo he vencido al mundo. Y nosotros nos apoyamos en él, porque, si no lo hiciéramos, poco conseguiríamos solos: Todo lo puedo en aquel que me conforta. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

    El papa Francisco en una homilía dijo: “El evangelista describe la prueba afrontada voluntariamente por Jesús, antes de iniciar su misión mesiánica. Es una prueba de la cual el Señor sale victorioso y que lo prepara a anunciar el Evangelio del Reino de Dios. Él, en aquellos cuarenta días de soledad, se enfrentó a Satanás “cuerpo a cuerpo”, desenmascaró sus tentaciones y lo venció. Y en él hemos vencido todos, pero a nosotros nos toca proteger en nuestro cotidiano esta victoria.

    La Iglesia nos hace recordar tal misterio al comienzo de la Cuaresma, porque ello nos da la perspectiva y el sentido de este tiempo, que es tiempo de lucha –en la Cuaresma se debe luchar– un tiempo de lucha espiritual contra el espíritu del mal (cfr. Oración colecta del Miércoles de Ceniza). Y mientras atravesamos el ‘desierto’ cuaresmal, tenemos la mirada dirigida hacia la Pascua, que es la victoria definitiva de Jesús contra el maligno, contra el pecado y contra la muerte. He aquí entonces el significado de este primer domingo de Cuaresma: volver decididamente al camino de Jesús, el camino que conduce a la vida. Mirar a Jesús, qué ha hecho Jesús e ir con él.

    Y este camino de Jesús pasa a través del desierto. El desierto es el lugar en el cual se puede escuchar la voz de Dios y la voz del tentador. En el ruido, en la confusión, esto no se puede hacer; se escuchan sólo las voces superficiales. En cambio, en el desierto, podemos bajar en profundidad, donde se juega verdaderamente nuestro destino, la vida o la muerte”.

    El papa Francisco dijo a los novios: “No tengan miedo a casarse”, y reivindicó el valor del matrimonio para “siempre”, al celebrar por primera vez en plaza San Pedro, del Vaticano, la fiesta de San Valentín, considerado el patrono de los enamorados.

    El Pontífice aseguró que “las reglas” de la convivencia pueden resumirse en las palabras: “¿Puedo?, gracias, perdona” y sugirió a las parejas de 28 países cambiar una parte del Padrenuestro y rezar: “Señor, danos hoy nuestro amor de cada día”.

    “Sabemos que no existe la familia perfecta, ni marido perfecto, ni esposa perfecta, ¡ni hablemos de la suegra perfecta!”, bromeó ante las jóvenes parejas que respondían con aplausos cada una de sus salidas.

    “No terminemos nunca la jornada sin pedir perdón, es habitual pelear entre esposos: ¡qué vuelen platos!”, aseguró, pero insistió en que “el secreto del amor es no terminar nunca el día sin hacer la paz”. El Papa describió al matrimonio como “un trabajo artesanal, de orfebrería, de todos los días” y dijo que “hay que trabajar para que el otro crezca”.

    “El hombre tiene la tarea de hacer más mujer a su esposa y la mujer, más hombre a su esposo”, precisó. Tras destacar la importancia de “la bendición de Dios sobre el amor” de los esposos, alentó a transmitirles a los demás que ese es “el origen y la razón de su alegría”.

    (Del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal, http://es.catholic.net/op/articulos/13030/el-demonio-slo-un-mito.html y http://www.lacapital.com.ar/informacion-gral/No-tengan-miedo-a-casarse-les-dijo-el-Papa-Francisco-a-los-novios-en-San-Valentin).

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    Publicado por Anónimo | 14 febrero, 2016, 07:30
  2. No tentarás al Señor

    Por Hno. Joemar Hohmann, franciscano capuchino

    Con el miércoles de Ceniza empezamos la Cuaresma, cuya idea central es la preparación para la Pascua de Resurrección.

    Normalmente, entendemos la Cuaresma como tiempo de penitencia, lo que es correcto, sin embargo, hemos de vivir esta penitencia en tres sentidos: como mortificación corporal, como conversión del corazón y como frecuencia al sacramento de la Reconciliación.

    Todos necesitamos hacer penitencia para fortalecernos delante de tantas tentaciones que hay en nuestra existencia, pues caer en ellas significa tentar al Señor y hacer poco caso de Su amor y de sus enseñanzas.

    Las tentaciones que Jesucristo experimentó son las mismas del ser humano de todas las épocas, aunque los diferentes tiempos les ponen distintos ropajes. Pero más importante que esto es el modo cómo Jesús luchó contra ellas y las venció: él nos da el ejemplo para vencerlas hoy también.

    Delante de la tentación del placer, expresada en la palabra “pan”, Jesús aclara que el hombre no vive solamente del pan para el estómago, pero necesita también del pan del espíritu, que es la Palabra de Dios.

    Igualmente, el placer relacionado con la sexualidad debe ser iluminado con el Evangelio, de manera que no resbalemos delante de la infidelidad matrimonial, de la fornicación y otras costumbres enfermizas, como la bisexualidad y la pornografía.

    Cuando el demonio le lanza el anzuelo de tener muchas cosas materiales, desde que doble las rodillas y sirva al mal, a la corrupción y al manoseo de la Justicia, el Maestro afirma categóricamente que debemos adorar solamente a Dios y a Él hemos de rendir culto. Un modo de adorar al Señor es participar de la Misa, en estado de gracia, todos los domingos.

    Los bienes materiales son un medio para favorecer la calidad de vida y han de ser compartidos con los otros. Nunca deben ser el objetivo primordial de nuestra existencia. Además, como dice la gente: el ataúd no posee cajón y uno no lleva nada de todo lo que tiene.

    Igualmente, todos nosotros probamos la tentación del poder, porque, aparentemente es ventajoso ser tenido en cuenta, ser obedecido, ser adulado y dar la última palabra en las decisiones profesionales y familiares.

    Ante esta provocación de autosuficiencia y de soberbia, Jesús afirma que el verdadero camino es este: “No tentarás al Señor, tu Dios”, en el sentido de querer robar el lugar de Dios y usar “gua’u” su poder.

    Podemos dominar estas tres tentaciones con el ayuno, la oración y la limosna-solidaridad, para que la entereza del Espíritu nos preserve de las caídas y errores.

    Paz y Bien.

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    Publicado por Anónimo | 14 febrero, 2016, 07:06
  3. domingo 14 Febrero 2016

    Deuteronomio 26,4-10.
    El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar,
    y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios: “Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa.
    Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre.
    Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión,
    y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios.
    El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel.
    Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste”. Tu depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.

    Carta de San Pablo a los Romanos 10,8-13.
    ¿Pero qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir la palabra de la fe que nosotros predicamos.
    Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado.
    Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación.
    Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido.
    Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan.
    Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.

    Evangelio según San Lucas 4,1-13.
    Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto,
    donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre.
    El demonio le dijo entonces: “Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan”.
    Pero Jesús le respondió: “Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan”.
    Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra
    y le dijo: “Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero.
    Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá”.
    Pero Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto”.
    Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: “Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo,
    porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden.
    Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra”.
    Pero Jesús le respondió: “Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios”.
    Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
    Homilía sobre Mateo 13,1; PG 57, 207-209

    Robustecidos por las tentaciones

    “Entonces el Espíritu llevó a Jesús al desierto, para que el diablo lo pusiera a prueba”(Mt 4,1)… Todo lo que Jesús sufrió e hizo estaba destinado a nuestra instrucción. Ha querido ser llevado a este lugar para luchar con el demonio, para que nadie entre los bautizados se turbe si después del bautizo es sometido a grandes tentaciones. Antes bien, tiene que saber soportar la prueba como algo que está dentro de los designios de Dios. Para ello habéis recibido las armas: no para quedaros inactivos sino para combatir.

    Por esto, Dios no impide las tentaciones que os acechan. Primero para enseñaros que habéis adquirido más fortaleza. Luego, para que guardéis la modestia y no os enorgullezcáis de los grandes dones que habéis recibido, ya que las tentaciones tienen el poder de humillaros. A demás, sois tentados para que el espíritu del mal se convenza de que realmente habéis renunciado a sus insinuaciones. También sois tentados para que adquiráis una solidez mayor que el acero. Finalmente, sois tentados para que os convenzáis de los tesoros que os han sido dados. Porque el demonio no os asaltaría si no viera que recibís un honor mayor.

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    Publicado por Anónimo | 14 febrero, 2016, 06:11

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"Escribimos la vida. La escribimos un infinito de veces. A veces, algo nos enmudece. Es la vida escribiéndonos a nosotros."17/01/17
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