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Una bandera primordial

Podemos observar el desarrollo de la implementación de la educación en la vida en sociedad. Lo minucioso puede dar paso a lo de mayor volumen, pero en lo pequeñito radica la grandeza de cualquier ejemplo. Desde el cuidado público que se da a los adultos mayores hasta las prioridades que reciben las futuras mamás, todo es relevante para convivir. En cada etapa de la vida y en cada persona radica la belleza del vivir. Los cimientos del respeto ejercen un papel preponderante en la convivencia entre los hombres. Una sociedad educada está dispuesta a transmitir su formación en los más mínimos detalles de cortesía.

Si se quiere aprender, hay cualidades que ayudan para tal fin. Todo desarrollo necesita de la colaboración de quienes se atreven a vivirlo. El convencimiento interno de las razones del aprendizaje hará posible su practicidad. No puede estar huérfano de sentido aquello que pregona el bienestar. El conocimiento se adquiere para sembrar profundos aportes en la vida de quien lo internaliza. Su exposición ante los demás sirve para contribuir socialmente. La retroalimentación se vivencia a través de la transmisión del saber. Se requiere de otros para lograr el cometido del sentimiento de utilidad. Lo que parece que es para uno en realidad se materializa en los demás. Se aprende para el bien de quienes pueden usufructuar el uso de lo aprendido. La extensión realiza la intención del esfuerzo. El alcance satisface el recorrido superado.

La experiencia formativa de cada uno se une en todo contacto con los otros. ¿Qué cotejamos al ver el trato de las personas que hoy existe en la vía pública?, ¿cuál es nuestra percepción hacia los demás?, ¿nos disponemos a estar atentos por si nos necesitan o pasan absolutamente desapercibidos ante nuestros ojos? Entre la apatía y la empatía hay un mundo de historias individuales que se muestran con un enorme vigor en los momentos menos oportunos o más oportunos. Ampliar o reducir el hábitat de una u otra también forma parte del proceso de educación asumido voluntariamente. Enseñar los valores que conlleva la empatía es habilitar los espacios de la libertad entre los humanos.

La vocación de servicio se forja desde la temprana edad. Las enseñanzas aprendidas no tienen fecha de vencimiento, su vigencia acompaña el andar de quienes valoran lo recibido. Sostener la capacidad de ubicarse junto a quienes lo requieran y no lejos de ellos, es una decisión personal aunque sus efectos generen ecos en lo social. No hay que perder la memoria de los lindos ejemplos vividos cuando éramos niños, cuando crecíamos y soñábamos con ser adultos. Al recordarlos podemos magnificar sus huellas. La educación se transmite con el ejemplo. No hay mejor forma de aprenderla. El testimonio contagia voluntades. ¿Qué ejemplos les estamos enseñando a los niños?, ¿qué lugar ocupa la educación en la sociedad?, ¿cómo la vivimos en nuestros espacios diarios?

La flexibilidad para comprender el valor de lo que se estudia determina el horizonte que se puede descubrir. En el trayecto se abren nuevas oportunidades para los que se involucran plenamente. Acordar que lo que se reconoce genera desafíos y se constituye en paso fundante de cualquier preparación. La disposición a ser flexibles ante el conocimiento que se descubre motiva a seguir alcanzando el acercamiento con el mismo. La apertura de criterios, que pregonan diferentes formas de contemplar el proceso de enseñanza, puede crear ideas antes desconocidas. Se flexibiliza el pensamiento cuando se atreve a indagar más de lo habitual. Si se explora un argumento se pueden producir hallazgos no imaginados.

Una sociedad inmiscuida en el crecimiento de sus integrantes siempre pregona la bandera de la capacitación. El diseño de lo que se quiere necesita del soporte intelectual de sus hacedores. Las sólidas estructuras sociales se elaboran cuando se sabe realmente la relevancia que ocupa la educación. Los hechos que fomentan su inserción son los que concretamente valen. Los discursos basados en buenas intenciones deben apoyarse con sus correspondientes acciones. La formación favorece a todos. Hay que creer en el poder de la misma.

Por Marcelo Alejandro Pedroza

 

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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