Auschwitz, 71

Un grupo de gente muy anciana, vestida con un traje a rayas blancas y negras horizontales y una gorra del mismo diseño, más que acercarse a la muerte ya próxima, en realidad vienen de ella y están allí para dar testimonio del horror. Son sobrevivientes de los campos de la muerte creados por los nazis y acudieron vestidos con sus dramáticos uniformes al acto de conmemoración de la liberación del campo de Auschwitz, paradigma del espanto, en el que millones de personas, principalmente judíos pero también gitanos y prisioneros de la Resistencia, murieron víctimas del gas y luego incinerados en sus tétricos hornos.

Son pocos los testigos presenciales que quedan y pronto será una historia que sólo podremos consultar en los libros, centenares de libros, que se escribieron sobre el Holocausto. Muchos fueron escritos por quienes pasaron por esa experiencia y regresaron vivos para poder contarlo. Muchos de esos libros tardaron en aparecer porque los editores se resistían a publicarlos. Luego vinieron las películas que con mayor o menor acierto hicieron referencia al Holocausto, desde la estremecedora “Shoah” de Claude Lanzmann (1985), pasando por “Sin destino” de Lajos Koltai (2005), basada en la novela del mismo nombre de Imre Kertész, hasta la vergonzosa “La vida es bella” del italiano Roberto Benigni (1997).

Hace varios años me tocó presentar un ciclo de cine sobre el Holocausto en el Instituto Cultural Paraguayo-Alemán. Al terminar de hablar, un hombre mayor pidió la palabra y antes de comenzar mostró el antebrazo izquierdo donde tenía tatuado un número: “Usted sabe qué es esto, ¿verdad? Usted sabe que puedo borrarlo, si quiero; pero no voy a hacerlo jamás. Sólo quiero decir que se han hecho miles de películas y se han escritos miles de libros, y se van a seguir haciendo películas y se seguirán escribiendo libros en los próximos cien años. Pero ninguno de ellos, ni todos juntos, se pueden acercar al horror que nos tocó vivir en aquellos campos”.

Entre los actos de homenaje de la liberación del campo de la muerte de Auschwitz se encuentra la reedición de “La Trilogía de Auschwitz” del italiano Primeo Levy cuyos libros son: “Si esto es un hombre”, “La tregua” y “Los hundidos y los salvados”. Pero además, acaba de aparecer en castellano “Así fue Auschwitz”, que reúne en un solo volumen los informes y los testimonios que dio Levy en procesos contra criminales de guerra.

El caso de Primo Levy es llamativo. Nació en Turín, en 1919, siendo la suya una familia judía que vivía en el Piamonte. En 1941 se recibió de químico, actividad que alternaba con su quehacer literario. Cuando la invasión nazi, militó en la Resistencia. Apresado por el ejército invasor, no fue fusilado en el instante, como era de rigor, sino enviado a los campos de concentración por ser judío. Regresó a Italia después de la liberación y escribió “Si esto es un hombre”, que fue rechazado por todas las editoriales a las que remitió. Alegaban los libreros que la gente no quería que le recordaran los años que acababan de pasar, hasta que por fin se publicó. Le siguieron los otros dos libros ya mencionados hasta que en 1987, no pudiendo sobreponerse a los recuerdos de los años pasados en el campo de concentración, se arrojó por el agujero de la escalera del edificio en que vivía. Esta decisión extrema fue sin embargo frecuente entre quienes sobrevivieron, de manera muy especial entre los escritores que se apresuraron a narrar sus experiencias. El español Jorge Semprún, que no era judío pero fue apresado por militar en la Resistencia y enviado al campo de Buchenwald, entendió que la memoria desempeñaba un papel funesto en estos casos y tardó más de veinte años en publicar “La escritura o la vida”, consciente de que tenía que elegir entre la una y la otra. Llegó a ser ministro de Cultura durante el Gobierno de Felipe González y sus libros, el ya mencionado y “El largo viaje”, son de lectura obligatoria para entender lo que le tocó vivir.

La obra de Semprún es “literaria”, tiene un estilo, pero la obra de Levy está desprovista de cualquier elemento que pueda volver la lectura un poco más amena, un poco menos estremecedora. Es un informe minucioso, detallista, objetivo en el que no se renuncia a ningún recurso que nos haga sentir que todo lo que estamos leyendo lo han experimentado las carnes del autor. Este nuevo aniversario puede ser un buen motivo para leerlo y recordar, como lo dice el propio Levy, que el fascismo no se ha ido del todo de Europa.

Por Jesús Ruiz Nestosa

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s