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El evangelio del domingo. Vacaciones: cargar las pilas

Lc 1,1-4;4,14-21.- Tratando de las jornadas de trabajo y de descanso la Constitución Nacional afirma: “Los descansos y las vacaciones anuales serán remunerados conforme con la ley”. (N° 91)

Tener vacaciones es un derecho de toda persona, pues hay que recuperar las fuerzas desgastadas a lo largo de un año de luchas, victorias y derrotas. Es tiempo para cargar las pilas, pues hay que seguir peleando en el año que recién empieza y es ocasión para cicatrizar algunas heridas de nuestra alma.

Es también un deber de toda persona, pues tenemos que cuidar de la salud para no enfermarnos por cualquier cosa. Asimismo, un cuerpo y un espíritu descansados producen mucho más. Cuando el ser humano se siente pila memete presenta más tolerancia hacia los otros, lo que fortalece las buenas relaciones.

El ciudadano tiene el derecho de encontrar rutas debidamente señalizadas, ríos y lagos sin contaminación, seguridad en las calles y limpieza que evite el dengue.

Sobre los ruidos molestos queda prohibido por ley, en horario nocturno, sobrepasar unos 60 decibelios (Ley N° 1100/97). La población debe estar más consciente y las autoridades no deben ser tan indolentes.

Vacaciones es tiempo precioso para compartir con la familia en clima alegre, dejando de lado las viejas críticas y nerviosismos desubicados.

Da gusto librarse de la tensión de los trabajos y estudios, de las reuniones, del tránsito, del sonido imperativo de los celulares, sin embargo, las labores domésticas debe ser compartidas por todos: cocinar juntos, los varones que laven los cubiertos y limpien la casa, en fin, cosas que manifiestan afecto y aumentan el sentido de pertenencia.

A la par, el Evangelio sostiene: “Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, el sábado entró como de costumbre en la sinagoga… y se levantó para hacer la lectura”.

Esto indica que no tenemos el derecho de dar vacaciones a nuestra fe, pues este tiempo también debe ser para un fortalecimiento espiritual. De modo especial, está la santificación del domingo, que es el día del Señor y día de la Iglesia.

No es justo tener tiempo para mil cosas y afirmar que no se tiene tiempo para ir a la misa, con toda la familia, ya que en este ámbito conocemos mejor el ideal del Señor que, ungido por el Espíritu, es enviado a anunciar la liberación a los cautivos.

Además, en este período no podemos dar vacaciones a las buenas costumbres: no manejar vehículo emborrachado, no trasnochar, no comer en exceso, no dañar las cosas del bien común y no hacer gastos imprudentes.

Felices Vacaciones y Paz y Bien.

Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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3 comentarios en “El evangelio del domingo. Vacaciones: cargar las pilas

  1. domingo 24 Enero 2016

    Tercer domingo del tiempo ordinario

    Libro de Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10.
    El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.
    Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.
    Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda Pedaías, Misael, Malquías, Jasúm, Jasbadaná, Zacarías y Mesulám.
    Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo – porque estaba más alto que todos – y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.
    Esdras bendijo al Señor, el Dios grande y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: “¡Amén! ¡Amén!”. Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.
    Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.
    Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: “Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren”. Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.
    Después añadió: “Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes”.

    Carta I de San Pablo a los Corintios 12,12-30.
    Hermanos:
    Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo.
    Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.
    El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.
    Si el pie dijera: “Como no soy mano, no formo parte del cuerpo”, ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él?
    Y si el oído dijera: “Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo”, ¿acaso dejaría de ser parte de él?
    Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?
    Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido.
    Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
    De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo.
    El ojo no puede decir a la mano: “No te necesito”, ni la cabeza, a los pies: “No tengo necesidad de ustedes”.
    Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios,
    y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto,
    ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera. Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan,
    a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios.
    ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.
    Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.
    En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas.
    ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros?
    ¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas?

    Evangelio según San Lucas 1,1-4.4,14-21.
    Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros,
    tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra.
    Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado,
    a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.
    Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
    Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
    Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
    Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
    El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
    y proclamar un año de gracia del Señor.
    Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
    Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo
    Homilía 32 sobre Lc 2; SC 87, pag. 387

    “Esta palabra de la Escritura…se ha cumplido hoy”

    Cuando leéis: “Enseñaba en las sinagogas y todo el mundo hablaba bien de él.” (Lc 4,15) no penséis que aquella gente era especialmente afortunada porque oía a Cristo, ni que vosotros estáis privados de estas enseñanzas. Si la Escritura es la verdad, Dios no ha hablado sólo en las asambleas de los judíos de entonces, sino que habla hoy todavía en nuestra asamblea. Y no sólo aquí, entre nosotros, sino en otras reuniones y en el mundo entero, Jesús enseña y busca los instrumentos para transmitir su doctrina. Rogad por mí para que me encuentre dispuesto y apto para cantar sus alabanzas.

    Del mismo modo que Dios encontró a los profetas, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel en tiempos en que los hombres estaban privados de las profecías, asimismo Jesús busca instrumentos para transmitir su palabra y “enseñar a los pueblos en sus sinagogas, y todos hablaban bien de él.” Hoy Jesús es glorificado por muchos más que en aquel tiempo en que fue conocido sólo por la gente de su provincia.

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    Publicado por Anónimo | 24 enero, 2016, 14:05
  2. El cumplimiento de las escrituras

    El evangelio de hoy narra la lectura del santo evangelio según San Lucas (1,1-4;4,14-21), que en una de sus partes dice: “En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mi, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor’.
    Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’”.

    El papa Francisco, en una homilía con respecto a este pasaje del evangelio, dijo: “Comúnmente se habla del sacramento de la ‘Confirmación’, palabra que significa ‘unción’. Y, de hecho, a través del aceite llamado ‘sagrado Crisma’, somos conformados, en la potencia del Espíritu, a Jesucristo, el cual es el único y verdadero ‘ungido’, el ‘Mesías’, el Santo de Dios. Hemos escuchado en el Evangelio como Jesús lo lee en Isaías. Es el ungido. Soy enviado y estoy ungido para esta misión.

    El término ‘Confirmación’ nos recuerda que este sacramento aporta un crecimiento de la gracia bautismal: nos une más firmemente a Cristo; lleva a cumplimiento nuestro vínculo con la Iglesia; nos da una especial fuerza del Espíritu Santo para difundir y defender la fe, para confesar el nombre de Cristo y para no avergonzarnos nunca de su cruz. Y por eso es importante ocuparse de que nuestros niños y nuestros jóvenes reciban este sacramento. Todos nosotros nos ocupamos de que sean bautizados y esto es bueno, pero quizás no le damos tanta importancia a que reciban la Confirmación. ¡Se quedan a mitad camino y no reciben el Espíritu Santo! Que es tan importante para la vida cristiana, porque nos da la fuerza para seguir adelante”.

    El papa Francisco, en la audiencia general del pasado miércoles, expresó: “Hemos escuchado el texto bíblico que este año guía la reflexión en la Semana de oración para la unidad de los cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero: esta semana. Tal pasaje de la Primera Carta de san Pedro ha sido elegido por un grupo ecuménico de Letonia, encargado por el Consejo ecuménico de las Iglesias y por el Consejo pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.

    En el centro de la catedral luterana de Riga hay una pila bautismal del siglo XII, el tiempo en que Letonia fue evangelizada por san Meinardo. Esa fuente es un signo elocuente de un solo origen de la fe reconocida por todos los cristianos de Letonia, católicos, luteranos y ortodoxos. Este origen es nuestro Bautismo común.

    El Concilio Vaticano II afirma que ‘el Bautismo, por tanto, constituye un poderoso vínculo sacramental de unidad entre todos los que con él se han regenerado’ (Unitatis redintegratio, 22). También nosotros, en esta Semana de oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones.

    En primer lugar, compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos, liberados del mal… Compartir esta gracia crea un vínculo indisoluble entre nosotros los cristianos, así que, en virtud del Bautismo, podemos considerarnos todos realmente hermanos.

    Somos realmente pueblo santo de Dios, aun si, a causa de nuestros pecados, no somos todavía un pueblo plenamente unido. La misericordia de Dios, que actúa en el Bautismo, es más fuerte que nuestras divisiones. En la medida en que acogemos la gracia de la misericordia, nos volvemos cada vez más plenamente pueblo de Dios, y también llegamos a ser capaces de anunciar a todos sus obras maravillosas, precisamente a partir de un sencillo y fraterno testimonio de unidad.

    Nosotros cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales. Este es un testimonio concreto de unidad entre nosotros cristianos: protestantes, ortodoxos y católicos”.

    (Frases extractadas de http://es.catholic.net/op/articulos/12321/un-pasado-eternamente-presente.html y http://w2.vatican.va)

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    Publicado por Anónimo | 24 enero, 2016, 14:04
  3. “El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para traer la buena nueva a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad, y dar la vista a los ciegos, para despedir libres a los oprimidos y para proclamar el año de la gracia del Señor.” (Lc 4, 18-19)

    Por muchos años los hechos de la vida de Jesús eran parte de una tradición oral, los apóstoles y las comunidades mantenían vivos los recuerdos sobre la vida y las palabras de Jesús, pero no tenían nada escrito. Cada domingo se reunían y celebraban la victoria de Cristo sobre la muerte, partían el pan y compartían la vida. De acuerdo con las situaciones concretas que sucedían, los apóstoles recordaban los hechos de su vida que podrían iluminarles e indicarles el camino a seguir. Por más de 30 años no existían los evangelios. Despacito, conforme crecían las comunidades y aquellos que habían conocido directamente a Jesús, ya no podían estar en los distintos lugares, entonces se sintió la necesidad de escribir su vida.
    Fue así que san Lucas, que no conoció a Jesús en persona, empezó a investigar junto a los apóstoles, tal vez junto a María, junto a las comunidades, y cada uno aportaba según los recuerdos que tenían, unos le contaban algunos hechos, otros algún milagro, otros un discurso, a tal punto que después él pudo ordenar y entregar a las comunidades el evangelio (que en griego quiere decir: Buena Noticia) de Jesucristo, más o menos hacia el año 70 (casi cuarenta años después de su muerte).
    Después de estas pocas palabras sobre la historia, que nos ayudan a entender mejor el mensaje de los evangelios, les invito a meditar sobre el inicio de la predicación de Jesús.
    Él estaba en su pueblo, donde todos lo conocían, donde vivía toda su familia. Fue en la Sinagoga (templo de oración de los judíos) y proclamó una profecía de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido para traer la buena nueva a los pobres, para anunciar a los cautivos su libertad, y dar la vista a los ciegos, para despedir libres a los oprimidos y para proclamar el año de la gracia del Señor.” Después se sentó y dice a la gente: “Hoy se cumplen estas profecías que acaban de escuchar.”
    Este texto de Isaías es un texto mesiánico, que describía las cosas que haría el Mesías cuando viniera. El texto anunciaba cosas buenas y también cosas malas, gracias para algunos y castigos para otros. Sin embargo, cuando Jesús lo proclama, solamente lee la parte buena, no proclama la desgracia.
    Encontramos así una primera interpretación de Jesús mismo, sobre su misión. La primera frase revela que él tiene autoridad: “El Espíritu del Señor está sobre mí.” Lo que voy a hacer es la voluntad de Dios. Lo que voy a realizar es su proyecto, es el sueño de Dios. No es una invención humana. “Traigo una buena noticia a los pobres” – los pobres aquí son todos los necesitados. Seguramente la “buena noticia” (evangelio) es la misma que Moisés había escuchado en el Sinaí: Dios escucha los clamores; Dios se baja para ayudarlos; Dios quiere cambiar sus vidas. “para anunciar a los cautivos su libertad”: esto es a todos los prisioneros; en primer lugar los prisioneros del pecado (pues los que están en las cárceles, antes de ir allí cometieron sus crimines porque eran esclavos del pecado, y si serán liberados del pecado pueden salir de las cárceles, pues ya no serán un peligro para nadie), pero también es libertad a los esclavos de los vicios, de las drogas, del alcohol, del juego, de la lujuria, de los traumas, de las mascaras, de los ídolos, del dinero, de la infidelidad… y tantas otras cosas que cada uno de nosotros podrían completar. “dar la vista a los ciegos…” Ciegos del cuerpo, ciegos del espíritu. Son tantos los que no son capaces de ver. ¡Hay personas que no son capaces de ver el bien, sólo consiguen ver los defectos… son ciegos! Hay otros que no consiguen ver la acción de Dios en sus vidas. Otros no ven sus pecados. Otros no ven (reconocen) a las personas que les aman. Otros no se ven más que a sí mismos. A todos estos, Jesús viene a sanar…“para despedir libres a los oprimidos”, en la época de Jesús todas las enfermedades eran consideradas “opresión del maligno”. A los enfermos Jesús quiere sanar, a todos los que se sienten oprimidos por cualquier cosa, Jesús quiere dejar libre, pues solamente los que actúan libremente son responsables de sus actos. “y proclamar un año de gracia del Señor.” Este año de gracia no termina nunca. Si tú quieres este puede ser un año de gracia para ti, o mejor, el primero de muchos años de gracia, o un año más de gracia…
    Es muy importante que yo reconozca que esta profecía puede cumplirse hoy, o a partir de hoy, en mi vida. La liturgia cristiana tiene este poder. La Palabra de Dios, proclamada en la celebración, no es sólo recuerdo, es mucho más, es Palabra viva y eficaz. Por eso en este día, Jesús también quiere decir: “Hoy se cumplen estas profecías.”

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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    Publicado por Anónimo | 24 enero, 2016, 14:04

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