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El señorío de la exigencia

El impulso hacedor se encuentra ante un nuevo tiempo. Es el que el calendario presenta y su inicio estimula a vivenciar experiencias que permitan enriquecer la existencia. Es vital querer realizarlas, por lo tanto el aspecto anímico se torna fundante de las mismas. La intención propone la acción. Los propósitos se refugian en la fortaleza interior que los moviliza.

La exigencia conoce el valor del ser humano. Quienes alcanzan sus metas saben que ella se hace presente y que su estadía suele manifestarse sin interrupciones, siempre está. La exigencia necesita del entusiasmo porque encuentra un aliado para poder sostener la tarea que se está llevando a cabo. Estima, exigencia y entusiasmo se consideran mutuamente y se encuentran a menudo en cada acción que el ser humano realiza. ¿Qué protagonismo tienen en el oficio, la profesión o la actividad que cada uno puede realizar? El entusiasmo aviva las emociones audaces, las que se atreven a ir hacia el encuentro con la exigencia; lo que garantiza la satisfacción de haber dado lo que se tiene, lo que se siente, lo que se aprendió y se sabe hacer.

Lo que se quiere necesita de la disponibilidad sincera de aquél que ha generado esa expectativa de vida. Puede doler mucho la creación de deseos que carezcan de la elemental voluntad para afrontar lo que se viene. De ahí la noción de voluntariedad, ella sólo necesita que lo que está en juego se encuentre con una férrea actitud de logro. Además de generar las condiciones externas para que sea viable lo querido.

La existencia entusiasta emociona y estima. Se atesora de principios que cultivan la empatía, entonces puede apreciar lo que los demás expresan a través de sus comportamientos; se anima a socializar, crece entre otros, y se constituye en un ser que ayuda a que el prójimo pueda estar bien. El ambiente de exigencias superadoras se realiza entre todos. El ejemplo es el mayor de los maestros. El respeto cobija los vínculos y la disciplina fortalece las chances del éxito.

¿Hemos aportado lo nuestro?, ¿cuál ha sido el denominador distintivo de nuestras respuestas?, ¿qué lugar ha ocupado la exigencia personal en la vida de cada uno de nosotros? Todo tiempo puede ser oportuno para indagarnos interiormente y también, si es posible, dialogar con otros acerca de lo que se ha vivido o de lo que se está viviendo. La estima personal es determinante para convivir con la exigencia que se haya decidido enarbolar y practicar. Hay una estrecha relación entre la valoración interior y la misión que requiere de paciencia, templanza y fortaleza. ¿Cómo funcionan en nosotros estas virtudes?, ¿qué espacio le dimos en los proyectos finalizados, y le damos en aquellos que aún están vigentes?

La claridad ayuda a la meta. ¿Qué es lo que realmente se anhela lograr? El qué enmarca la obra, es lo que se pretende hacer. Trabajar, estudiar, jugar, cantar, escuchar, leer y muchos verbos más pueden constituirse como motores del emprender hacia el fin ideado.

La decisión del objetivo estipulado también contiene un para qué. ¿Cuáles son las razones que llevan a su consecución? ¿Por qué se plantea dicho eje conductual? Las causas pueden ser analizadas y la validez de cada una debe ampararse en la contundencia de sus raíces, todas focalizadas a engrandecer a los que vivan sus efectos. Es que un objetivo siempre está unido a lo colectivo. La satisfacción individual de su materialización repercute y sirve como estímulo en el entorno donde sucede. Es que para lograrlo, de una u otra forma, hay otros que colaboran para que sea posible su labor.

La definición de un proceso temporal ordena la secuencia de los pasos a dar. En todo camino es bueno dimensionar lo que se ha recorrido y lo que falta por andar. La flexibilidad, para crear las mejores condiciones dentro del trayecto, se transforma en un requisito virtuoso. Es en el devenir cotidiano en donde se aprende a darle valor a la presencia del objetivo perseguido y a comprender que a veces no es como se pensaba y sí es como se está desarrollando.

Testimonios que estimulan la relevancia del esfuerzo son necesarios para generar espacios ciudadanos exigentes que se sostengan del aprecio hacia la labor alcanzada. La estima colectiva conmueve.

Por Marcelo Alejandro Pedroza

 

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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Un comentario en “El señorío de la exigencia

  1. Una cultura del aprecio

    Mucho se habla sobre lo que es el Reconocimiento y lo que logra en las personas, ya sea en las empresas como en las relaciones interpersonales. En el diccionario, se define al reconocimiento como la acción de distinguir a una cosa, una persona o una institución entre las demás por sus características y rasgos. También se presenta como la manera de expresar la gratitud que se experimenta como consecuencia de algún favor o beneficio (Wikipedia). Los sinónimos más utilizados del vocablo son: gratitud, agradecimiento, satisfacción.

    En la sicología se habla del reconocimiento como la manera de expresar la consideración que tiene una persona hacia alguien o incluso algo que tiene un valor por sí mismo, un valor propio. Cuando se establece una reciprocidad o el reconocimiento mutuo, se descubre la existencia del otro, con lo cual me reconozco yo mismo como persona y respeto a los demás logrando así que me respeten y exigir respeto de ser necesario.

    Varios autores postulan que la necesidad de reconocimiento aparece desde el inicio de la vida y se satisface en forma sensorial, con miradas y atenciones. Un bebé que es mirado con ternura y alimentado por su madre, se siente satisfecho. Lo mismo cuando está en brazos y es observado y acariciado. Estas sensaciones lo hacen sentir reconocido y aceptado en la familia. Por el contrario, un niño que no se ha sentido reconocido en su casa buscará serlo en otros ámbitos de su vida.

    Entre los pilares de la autoestima, el reconocimiento es fundamental. Se refiere a reconocer nuestro valor como un ser humano que es querido, amado. Se reconocen nuestras virtudes y nuestras capacidades para avanzar y conseguir cosas.

    En el trabajo, el reconocimiento es aquella retroalimentación positiva que realiza un jefe o una empresa, demostrando que el trabajo ha significado un aporte valioso en el logro de objetivos. Hablamos aquí de la acción de reconocer que va más allá de lo establecido en la transacción que se genera entre la empresa y el empleado, que básicamente sería la remuneración acordada. Es el reconocimiento como una acción emocional otorgada por el trabajo bien hecho.

    En este sentido, en muchas empresas esta tarea se deja en manos de los jefes y supeditada a su voluntad y a su propia habilidad para reconocer. Un líder que entiende el valor del aprecio, porque lo ha experimentado, genera permanentemente instancias de reconocimiento en sus equipos y se beneficia de esto.

    Pero están los líderes que consideran que un buen trabajo es lo que se espera del empleado, y que no hace más que cumplir con su obligación dentro de la relación transaccional: su tiempo y su trabajo a cambio de su salario. En estos equipos, no se estimula la valoración del otro y un ambiente así no favorece a que el empleado entregue lo más valioso de su trabajo: la pasión, la creatividad, el compromiso.

    En los excelentes lugares para trabajar, el reconocimiento se estimula y se fomenta a través de prácticas específicas que favorecen la creación de un clima de aprecio al buen desempeño y al esfuerzo extra, y termina generando resultados extraordinarios. Establecer una práctica o un programa de reconocimiento permite incorporar el aprecio a la cultura de la organización, porque se practica en forma frecuente, se valora y se premia.

    En DHL Paraguay (N°1 – Las Mejores Empresas para Trabajar, 2015 de Great Place to Work ®) tienen “La Semana del Reconocimiento”. Durante esta semana, que se repite dos veces al año, todos los colaboradores tienen la oportunidad de reconocer un logro, una tarea o una actitud de sus compañeros. Se estimula en forma positiva la participación de todos, logrando que cada colaborador entregue y reciba un reconocimiento especial, del jefe, de un compañero de equipo o de cualquier otra persona de la empresa.

    Cada año se proponen mecanismos distintos, como por ejemplo, poner a disposición, tarjetas especiales donde escribir un mensaje a quién se quiere reconocer y ubicar estas tarjetas en lugares preparados para que todos puedan leerlas. Así, el mensaje no solo llega a su destinatario, sino que es compartido por toda la organización, generando un impacto en la identidad pública de las personas.

    Prácticas tan sencillas como ésta, permiten construir y sostener una cultura del aprecio que transforma una empresa buena en una grandiosa, que vive desde la gratitud, la valoración del ser humano y el reconocimiento frecuente a su aporte. En un ambiente de permanente gratitud las personas florecen, se muestran genuinas y están dispuestas a entregar sus dones más valiosos en pos de un propósito compartido.

    El reconocimiento es la emoción del amor expresada en las organizaciones, y el amor es la más poderosa de las emociones humanas. Una organización que se proponga vivir desde el amor será poderosa no solo en el logro de resultados, sino en el impacto positivo en sus colaboradores y en su comunidad. ¿Cuál es la emoción más frecuente en tu empresa?

    Por Carina Gómez Hernández

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    Publicado por jotaefeb | 15 julio, 2016, 15:16

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