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El evangelio del domingo: Fiesta. Bautismo del Señor

Con el Bautismo de Jesús quedó preparado el Bautismo cristiano, que fue directamente instituido por Jesucristo con la determinación progresiva de sus elementos, y lo impuso como ley universal el día de su Ascensión: Me fue dado todo poder en el Cielo y en la tierra, dirá el Señor; id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

En el Bautismo recibimos la fe y la gracia. El día en que fuimos bautizados fue el más importante de nuestra vida. De igual modo que «la tierra árida no da fruto si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos como un leño seco, nunca hubiéramos dado frutos de vida sin esta lluvia gratuita de lo alto».

Nos encontrábamos, antes de recibir el Bautismo, con la puerta del Cielo cerrada y sin ninguna posibilidad de dar el más pequeño fruto sobrenatural.

«Gracias al sacramento del Bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo: no se te ocurra –nos exhorta San León Magno– ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo».

El papa Francisco, en el Ángelus celebrado en enero del año pasado, dijo: “Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor, que concluye el tiempo de Navidad. El Evangelio describe lo que sucede a orillas del Jordán. En el momento en que Juan Bautista confiere el Bautismo a Jesús, el cielo se abre. «Apenas salió del agua —dice san Marcos—, vio rasgarse los cielos» . Vuelve a la memoria la dramática súplica del profeta Isaías: «¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!»

Esta invocación fue escuchada en el acontecimiento del Bautismo de Jesús. Y de este modo termina el tiempo de los «cielos cerrados», que indican la separación entre Dios y el hombre, consecuencia del pecado. El pecado nos aleja de Dios e interrumpe el vínculo entre la tierra y el cielo, determinando así nuestra miseria y el fracaso de nuestra vida. Los cielos abiertos indican que Dios ha donado su gracia para que la tierra dé su fruto.

Así, la tierra se convirtió en la morada de Dios entre los hombres y cada uno de nosotros tiene la posibilidad de encontrar al Hijo de Dios, experimentando, de este modo, todo el amor y la infinita misericordia. Lo podemos encontrar realmente presente en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía. Lo podemos reconocer en el rostro de nuestros hermanos, en especial en los pobres, enfermos, presos y refugiados: ellos son carne viva del Cristo que sufre e imagen visible del Dios invisible.

Con el Bautismo de Jesús no solo se rasgan los cielos, sino que Dios habla nuevamente haciendo resonar su voz: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco». La voz del Padre proclama el misterio que se oculta en el Hombre bautizado por el Precursor.

Y luego la venida del Espíritu Santo, en forma de paloma: esto permite al Cristo, el Consagrado del Señor, inaugurar su misión, que es nuestra salvación. El Espíritu Santo: el gran olvidado en nuestras oraciones. Nosotros a menudo rezamos a Jesús; rezamos al Padre, especialmente en el Padrenuestro; pero no muy frecuentemente rezamos al Espíritu Santo, ¿es verdad? Es el olvidado.

Y necesitamos pedir su ayuda, su fortaleza, su inspiración. El Espíritu Santo que animó totalmente la vida y el ministerio de Jesús, es el mismo Espíritu que hoy guía la vida cristiana, la existencia de un hombre y de una mujer que se dicen y quieren ser cristianos.

Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, que todos recibimos en virtud del Bautismo, significa volver a encontrar la valentía apostólica necesaria para superar fáciles comodidades mundanas.

En cambio, un cristiano y una comunidad «sordos» a la voz del Espíritu Santo, que impulsa a llevar el Evangelio a los extremos confines de la tierra y de la sociedad, llegan a ser también un cristiano y una comunidad «mudos» que no hablan y no evangelizan.

Recordad esto: rezar con frecuencia al Espíritu Santo para que nos ayude, nos dé fuerza, nos dé la inspiración y nos haga ir adelante.

Que María, Madre de Dios y de la Iglesia, acompañe el camino de todos nosotros bautizados, nos ayude a crecer en el amor a Dios y en la alegría de servir al Evangelio, para dar así sentido pleno a nuestra vida.

Del libro Hablar con Dios y https://w2.vatican.va

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

4 comentarios en “El evangelio del domingo: Fiesta. Bautismo del Señor

  1. Festejar nuestro Bautismo con el compromiso de vivir como cristianos

    10 de ene de 2016
    Palabras del Papa en el ángelus del día de hoy, Bautismo dle Señor.
    Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

    En este domingo después de la Epifanía celebramos el Bautismo de Jesús, y hacemos memoria grata de nuestro Bautismo. En este contexto, esta mañana bauticé a 26 neonatos: ¡recemos por ellos!

    El Evangelio nos presenta a Jesús, en las aguas del río Jordán, al centro de una maravillosa revelación divina. Escribe San Lucas: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. (Lc 3,21-22). De este modo Jesús es consagrado y manifestado por el Padre como Mesías salvador y liberador.

    En este evento – testificado por los cuatro Evangelios – tuvo lugar el pasaje del bautismo de Juan Bautista -basado en el símbolo del agua- al Bautismo de Jesús “en el Espíritu Santo y en el fuego” (Lc 3,16). De hecho, el Espíritu Santo en el Bautismo cristiano es el artífice principal: es el que quema y destruye el pecado original, restituyendo al bautizado la belleza de la gracia divina; es el que nos libera del dominio de las tinieblas, es decir, del pecado y nos traslada al reino de la luz, es decir, del amor, de la verdad y de la paz. Esto es el reino de la luz. ¡Pensemos a qué dignidad nos eleva el Bautismo! “Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos” (1Jn 3,1), y lo somos realmente, exclama el apóstol Juan. Tal estupenda realidad de ser hijos de Dios comporta la responsabilidad de seguir a Jesús, el Siervo obediente, y reproducir en nosotros mismos sus rasgos: mansedumbre, humildad, ternura. Y esto no es fácil, especialmente si en torno a nosotros hay tanta intolerancia, soberbia, dureza. ¡Pero con la fuerza que nos llega del Espíritu Santo es posible!

    El Espíritu Santo, recibido por primera vez el día de nuestro Bautismo, nos abre el corazón a la Verdad, a toda la Verdad. El Espíritu empuja nuestra vida hacia el camino laborioso pero alegre de la caridad y de la solidaridad hacia nuestros hermanos. El Espíritu nos da la ternura del perdón divino y nos invade con la fuerza invencible de la misericordia del Padre. No olvidemos que el Espíritu Santo es una presencia viva y vivificante en quien lo recibe, reza con nosotros y nos llena de alegría espiritual.

    Hoy, fiesta del Bautismo de Jesús, pensemos en el nuestro, en el día de nuestro Bautismo; todos nosotros hemos sido bautizados, agradezcamos por este don. Y les hago una pregunta, ¿quién de ustedes conoce la fecha de su Bautismo? Seguramente no todos, por eso, les invito a ir a buscar la fecha preguntando por ejemplo a sus padres, a sus abuelos, a sus padrinos, o yendo a la parroquia. Es muy importante conocerla porque es una fecha para festejar: es una fecha de nuestro renacimiento como hijos de Dios, por esto, tarea para casa para esta semana: ir a buscar la fecha de mi bautismo. Festejar aquel día significa reafirmar nuestra adhesión a Jesús, con el compromiso de vivir como cristianos, miembros de la Iglesia y de una humanidad nueva, en la cual todos somos hermanos.

    La Virgen María, primera discípula de su Hijo Jesús, nos ayude a vivir con alegría y fervor apostólico nuestro Bautismo, recibiendo cada día el don del Espíritu Santo, que nos hace hijos de Dios.

    Tras la oración, agregó el Papa:

    Queridos hermanos y hermanas,

    Les saludo a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos llegados desde Italia y desde diversos países.

    Saludo en particular a los estudiantes del Instituto Bachiller Diego Sánchez de Talavera La Real, España; al coro de los Alpinos de Martinengo con los familiares; al grupo de adolescentes de San Bernardo en Lodi.

    Como decía, en esta fiesta del Bautismo de Jesús, según la tradición he bautizado a numerosos niños. Ahora querría hacer llegar una especial bendición a todos los niños que han sido bautizados recientemente, también a los jóvenes y adultos que han recibido desde hace poco los Sacramentos del inicio cristiano o que se están preparando. ¡La gracia de Cristo los acompañe siempre!

    A todos les deseo un buen domingo. No olviden de la tarea para casa: buscar la fecha del bautismo y por favor, no se olviden también de rezar por mí.

    ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

    fuente: News Va

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    Publicado por Anónimo | 12 enero, 2016, 10:33
  2. domingo 10 Enero 2016

    Fiesta del Bautismo del Señor

    Libro de Isaías 40,1-5.9-11.
    ¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios!
    Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
    Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!
    ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!
    Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.
    Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: “¡Aquí está su Dios!”.
    Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede.
    Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

    Carta de San Pablo a Tito 2,11-14.3,4-7.
    La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado.
    Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad,
    mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.
    El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
    Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres,
    no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo.
    Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador,
    a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.

    Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22.
    Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías,
    él tomó la palabra y les dijo: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
    Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo
    y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia
    Comentario sobre el evangelio de Juan 5,2

    “Entonces se abrieron los cielos. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús”

    Si se afirma que Cristo recibió el Espíritu Santo, hay que entenderlo en cuanto hombre y porque convenía así a la humanidad. Sin duda, él es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma sustancia antes de la encarnación y antes de todos los tiempos. No obstante, no experimentó ninguna tristeza al oír la voz del Padre: “Tú eres mi hijo, yo te engendrado hoy.”

    Aquel que es Dios, engendrado antes de todos los siglos, es engendrado hoy, como lo dice el Padre. Esto significa que el Padre nos acoge en él como hijos adoptivos, porque toda la humanidad se encuentra asumida en Cristo hombre. En este sentido se puede afirmar que el Padre, aunque su Hijo ya poseía el Espíritu Santo, se lo da de nuevo para que nosotros pudiéramos participar de este Espíritu, gracias al Hijo. Cristo no recibió el Espíritu para su propio provecho, sino para provecho nuestro que estamos incorporados a él. Es por gracia de Cristo que nos vienen todos los bienes.

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    Publicado por Anónimo | 10 enero, 2016, 13:50
  3. “Un día, con el pueblo que venía a bautizarse, se bautizó también Jesús. Y, mientras estaba orando, se abrieron los cielos; el Espíritu Santo bajó sobre él y se manifestó exteriormente con una aparición como de paloma. Y del cielo llegó una voz: “Tú eres mi Hijo, el Amado, tú eres mi Elegido.”” (Lc 3, 21-22)

    Siempre que celebro un bautismo, experimento algo extraordinario en mi propio ser. Todas las oraciones y acciones de esta celebración son muy profundas y Dios actúa realmente de modo maravilloso. Es increíble, pero cada vez que estoy con las manos extendidas, bendiciendo el agua que voy a utilizar para el bautismo, cuando llego a las palabras: “Y ahora, Padre, mira con amor a tu Iglesia y abre para ella la fuente del bautismo…” mi propio cuerpo se agita, como si sintiera que algo sobrenatural está por suceder.
    Esta fuente del bautismo en la que pedimos que Dios obre para que una nueva persona pueda renacer en ella, nos hace recordar las aguas en la creación, cuando el espíritu de Dios aleteaba sobre ellas.
    Nos hace recordar las aguas del diluvio que, por una parte, purificaron la tierra, tan contaminada por la perversión de los hombres, pero por otra parte, sostuvo la arca de Noé.
    Nos hace recordar las aguas del Mar Rojo, que se abrieron para que el pueblo de Dios pasara por medio de ellas, pero que se cerraron arrojando al mar al faraón con sus caballos y caballeros.
    Nos hace recordar el agua que salió de la roca, cuando el pueblo de Dios se moría de sed en el desierto.
    Nos hace recordar las aguas del Jordán, cuando Juan bautizaba e invitaba al cambio de vida.
    Nos hace recordar la samaritana que fue a buscar agua y se encontró con Jesús, el cual le prometió agua viva.
    Nos hace recordar las aguas de la piscina de Siloé, que cuando un ángel la movía, el primero que se tirase era sanado de todas sus enfermedades.
    Nos hace recordar el agua que salió del corazón de Jesús cuando él, ya muerto, es traspasado por un soldado.
    Yo creo que cuando bendecimos el agua para el bautismo, ella se transforma en la misma agua santa que está presente en toda la historia de la salvación. Agua poderosa y fuerte, frágil y delicada, capaz de destruir, romper, arruinar y matar, pero también capaz saciar, limpiar, unir, transportar, mover y revitalizar.
    Todo esto aconteció en nuestro bautismo. Allí en un modo misterioso, nosotros experimentamos la potencia del Espíritu de Dios, manifestado en el agua. Ella destruyó en nosotros el imperio del pecado, rompió las cadenas que nos hacían esclavos de las tinieblas, nos sepultó en la muerte de Cristo. Pero al mismo tiempo, nos hizo inmaculados y santos; nos unió a Cristo para siempre insertándonos en su cuerpo, para recibir de su linfa; nos regeneró como hijos de la gracia; nos transformó en hijos adoptivos de Dios, Señor de todo el universo.
    Por eso, cuando la Iglesia nos invita a celebrar el bautismo de Jesús, nos invita de igual modo a tomar conciencia de lo que somos también nosotros. Ciertamente también para cada uno de nosotros, después que el sacerdote dijo: yo te bautizo en el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, el cielo se abrió y Dios gritó a toda la eternidad: “Tú eres mi Hijo, el Amado, tú eres mi Elegido.”
    ¡Qué privilegio! ¡Qué gracia! Ser amado, ser elegido, ser Hijo del Señor de todas las cosas. Si ya se siente importante y protegido, quien es hijo de un doctor, o de una autoridad, o de uno de los grandes… imagina: quien sabe que es hijo del único omnipotente de todo el universo.
    La gracia de Dios está dada, pero depende de nosotros hacerla fructificar.
    Por eso cuando entres en la iglesia para una celebración, acércate a la pileta de agua bendita y pide a Dios que renueve en ti la gracia de bautismo, santíguate y agradece a Dios que te escogió, a tus padres que te llevaron a la fe y a la Iglesia que como madre te generó en su seno.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

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    Publicado por Anónimo | 10 enero, 2016, 13:49
  4. Vivir su bautismo

    Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

    Lc 3,15-16.21-22.- Con la fiesta del Bautismo del Señor encerramos el tiempo de Navidad y empezamos el “Tiempo durante el año”.

    El Bautismo de Jesús es también una “epifanía”, una manifestación de Cristo, ya que la voz del cielo, la voz del Padre, revelaba: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.

    Recordemos que el bautismo de Juan Bautista era solamente un rito exterior para invitar a un cambio de vida, a dejar de ser egoísta y aprender a compartir más. Tenía su valor en cuanto disponía internamente para recibir el bautismo de Jesucristo.

    Jesús no necesitaba del bautismo de Juan Bautista, pero lo recibió como aceptación e inauguración de su misión de Siervo doliente y también de “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

    De modo sobresaliente, recibe la unción del Espíritu Santo para realizar perfectamente la tarea que el Padre le encomienda y escucha Su aprobación, afirmando que Él es el Hijo amado.

    Prácticamente, todos nosotros hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo cuando éramos niños, lo que significa que recibimos el bautismo cristiano.

    El tiempo fue pasando, muchos hemos recibido el sacramento de la Confirmación, lo que muestra una conformidad personal con el bautismo que nuestros padres nos dieron.

    Y hoy, jóvenes, adultos o adultos mayores, tal vez para muchos el bautismo fue apenas una tradición familiar o un ritual para “ahuyentar” enfermedades o malos espíritus.

    Este año procure tomar conciencia de la maravilla que es ser bautizado, mostrar gratitud a Dios y vivir su Bautismo a full.

    Por él no solamente fuimos perdonados de todos los pecados, sino que hemos sido hechos “una nueva creatura”, un hijo adoptivo de Dios, partícipes de la naturaleza divina y coherederos de los bienes de Jesucristo.

    Como hijos de Dios tenemos que comportarnos de acuerdo a esta dignidad, y cómo lo explica san Pablo a Tito: debemos renunciar a la maldad, a la violencia de palabras o actitudes, a llevar una vida sobria sin caer en un necio consumismo y manifestar una existencia honrada, principalmente en la fidelidad matrimonial y en la honestidad laboral.

    Y tengamos en cuenta de que el bautismo nos incorpora a la Iglesia, nos hace miembros de nuestra comunidad y de nuestra parroquia, de modo que no tendríamos que huir del compromiso, que expresa sentido de pertenencia y de corresponsabilidad.

    Procure conocer la fecha de su bautismo y la festeje con el mismo ánimo de su cumpleaños: con torta y regalos.

    Paz y bien

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    Publicado por Anónimo | 10 enero, 2016, 13:49

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