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Rabanitos para las fiestas

Coincidiendo con el estreno de un nuevo capítulo de la saga “La Guerra de las Galaxias”, con mucha mayor humildad y de manera casi silenciosa, se estrenó una nueva película de “Charlie Brown”, el legendario personaje de Charles M. Schulz que constituyó una suerte de emblema para más de una generación a través de sus cincuenta años de vida, ya que la primera viñeta se publicó el 2 de octubre de 1950 y la última, el 13 de febrero de 2000. Anteriormente se había hecho otra película de largometraje: “A Charlie Brown Christmas” (“La Navidad de Charlie Brown”) en 1965. Entonces había tomado parte su propio autor mientras que en esta oportunidad es su hijo Craig Schulz y viene en 3D.

Más conocido en nuestras latitudes como “Rabanitos”, en nuestro país se publicaron muy poco sus tiras. En los setenta, quienes seguíamos de cerca sus aventuras, teníamos que hacerlo en las páginas del diario “La Prensa” de Buenos Aires. Las lamentaciones por esta ausencia deben ser nuestras y no para el autor, ya que cuando dejó de aparecer en el año 2000 se calculó que la historieta tenía un número aproximado de 350 millones de lectores, que había aparecido en 2.600 publicaciones en más de veinte países del mundo y se tradujo a 21 idiomas. En esos cincuenta años, Schulz dibujó personalmente, sin ningún tipo de ayudante, 17.897 tiras.

Al cumplirse 65 años de su aparición y quince de su cierre, Charlie Brown, o simplemente Carlitos, sigue teniendo adeptos, sigue despertando el entusiasmo principalmente de los adultos que en aquel entonces éramos adolescentes y de los niños de hoy que descubren que sus padres y sus abuelos también fueron niños. Lo que quizá no terminen de entender es que si han quedado emblemas de aquellos revoltosos años 60 y 70, Charlie Brown ha sido uno de ellos, especialmente su perro Snoopy, junto con los Beatles y la kombi Volkswagen (deber ser azul) que fue el vehículo hippy por excelencia. No queda más, ni siquiera los lemas del Mayo Francés que se diluyeron en la decrepitud de quienes no supieron evolucionar de acuerdo a aquellas ideas que ellos mismos habían lanzado.

La galería de personajes concebida por Schulz es de una riqueza envidiable y que va desde el inseguro Charlie Brown, martirizado por sus depresiones y continuados fracasos, hasta su perro Snoopy, autosuficiente, seguro de sí mismo, convencido de poder llevar adelante con éxito cualquier tipo de aventura: desde escribir una gran novela hasta la de la aviación en la Guerra del 14 en la que derriba el avión del Barón Rojo. En el medio están los “peanuts” (maní, en inglés, y que se utiliza para nombrar a los niños pequeños): Lucy, capaz de poner una consulta de sicoanalista para atender las frustraciones de Carlitos, su hermano Linus que depende afectivamente de su pequeña manta, el pajarito Woodstock y el notable Schroeder, pianista obsesionado con la obra de Beethoven que no deja de interpretar en su piano de juguete, ignorando el amor desbordante que siente por él Lucy y a quien ignora para desesperación de ella. La fama de Snoopy llegó a ser tal que cuando en mayo de 1969 partió la misión del Apolo 10, rumbo a la Luna, el módulo de mando se llamó Charlie Brown y el que debía descender en la Luna, Snoopy.

Sus personajes llamaron la atención no solo de ese público consumidor de tiras cómicas, sino incluso de intelectuales de primer nivel. Así, el escritor y semiólogo italiano Umberto Eco dijo: «El mundo de Carlitos y Snoopy es un microcosmos, una pequeña comedia humana válida tanto para el lector inocente como para el sofisticado».

Charles M. Schulz (1922-2000), al interrumpir la publicación de la viñeta, escribió una breve nota de despedida a sus lectores: “Queridos amigos: He tenido la fortuna de dibujar a Charlie Brown y sus amigos durante casi 50 años. He logrado con ello cumplir mi ambición de la infancia.

Desgraciadamente, no soy capaz de mantener el calendario que exige una tira diaria…”. En realidad, su última tira apareció el 13 de febrero, al día siguiente de su fallecimiento.

Por Jesús Ruiz Nestosa

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/rabanitos-para-las-fiestas-1440967.html

 

 

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