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terrenal

El lado oscuro

Por circunstancias de la vida, me tocó ver el estreno mundial de Star Wars VII en una pequeña ciudad de Suecia, Falkenberg. El único cine disponible había puesto el póster anunciando el día y la hora del estreno: 16 de diciembre, 19.00 hs.

Llegado el día, fui dos horas antes y seguía cerrado, la angustia se apoderó de mí, pero un transeúnte me dijo que en una hora abrirían. Cuando volví, todo Falkenberg estaba ahí. La fila de la taquilla era larguísima y serpenteaba dentro de un espacio improvisado, pues a nadie se le ocurriría correr la fila hacia la calle, pues hacia como 2 grados de frío.

Minutos interminables de comerciales dilataban el inicio esperado. Cuando por fin las luces se apagaron y apareció el archifamoso logo de Star Wars, el público se enardeció y aplaudió y vitoreó efusivamente. Aquella gente, con quienes me habré cruzado eventualmente y con otros ni siquiera me habré visto porque en nuestras casas nos refugiábamos del otoño que anuncia un invierno terrible, estábamos reunidos para un ritual que tiene más de un siglo de existencia: ver un filme realizado y proyectado para nuestro entretenimiento y deleite.

Es imposible no ponerse a reflexionar sobre el poder que tiene el show business como uniformador de pensamientos. Con una maquinaria marketinera impresionante, logra una expectación tal en millones de individuos de distintas culturas, y llegado el día las salas se llenan y el acto se repite cada dos horas y por varias semanas.

¿Sobrevive aún algo de la magia del cine dentro de ese aparato devorador que es la industria cultural? Claro que sí. Siempre que se lucró con el arte, el proceso de fetichización empezó también. El mundo del espectáculo es aún más perverso y no oculta sus intereses. El merchandising está a la orden del día. Mientras en las pupilas de millones las espadas láser refulgen, mientras en su imaginación son un poderoso jedi, en su subconsciente la fuerza y el lado oscuro combaten por poseerlo como un consumidor pasivo y vacío de ideas.

Es el eterno dilema que muchos sistemas teóricos tratan de dilucidar para entender el meollo del capitalismo como forma de producción. Consumimos por una necesidad biológica, pero en el camino se nos ofrecen sofisticados productos para satisfacer tal necesidad y cuando los aceptamos el camino de retorno ya no existe. En el caso del cine, nuestros sueños necesitan ser alimentados por esa poderosa creación humana, pero cuando abrimos la mente sin filtro alguno, el lado oscuro ha ganado la batalla. Que la fuerza esté con nosotros.

Por Sergio Cáceres Mercado

 

 

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