está leyendo ...
terrenal

Las niñas de las FARC

“El Enfermero”, que es el nombre de batalla de ese salvaje, ha sido capturado en España, atendiendo la circular roja de Interpol. El fiscal Montealegre ha iniciado proceso en su contra por los abortos brutales que practicó en dos años al menos sobre 500 niñas de las FARC.

Se da por descontado que los abortos se han practicado contra la voluntad de las niñas. No tienen razón para atentar contra sus criaturas y tenerlas sería el único consuelo que podrían recibir sus almitas atormentadas.

Pero antes de que fueran sometidas a esa práctica atroz, pasaron algunas cosas. La primera, que lo hecho por ese salvaje obedece a una orden general, a una fórmula disciplinaria establecida desde la cúpula. Esto es, ordenada por Timochenko y por Márquez, y por Catatumbo y por Alape y por Romaña, por esa partida de delincuentes con los que Juan Manuel Santos quiere pactar la paz. Sea lo primero por aclarar.

Lo segundo, que antes de los abortos se produjeron lo que llaman estas bestias los reclutamientos. Que consisten en que nuestros próceres llegan hasta casas campesinas, de donde se roban todo, empezando por las niñas. Margarita María Restrepo, representante en la Cámara por Antioquia, afirma que se las llevan desde los 8 años de edad. Quisiéramos pensar que las reservaran para el suplicio hasta los doce o trece.

Una vez en el campamento, empieza el ritual. La virginidad de las niñas está reservada para el jefe del grupo. Para los Márquez, los Joaquín Gómez y los Losada. Desflorar bebitas es una prueba de poder y de virilidad. Da prestigio entre los guerrilleros y parece que entre nuestros plenipotenciarios también.

El tiempo que la niña pasa en manos del jefe es variable. Hasta que se canse, o se hastíe, o le llegue una más apetecible. En todo caso, del jefe la niña pasa a la tropa. Que se lanza sobre ella, sin ningún miramiento ni medida. Algunas de estas niñas se han quejado de que han sido muchos los que tuvieron que soportar en una sola noche. ¿Cuántos serán muchos?

Como no podía ser de otra manera, la niña queda embarazada. Sin que tenga la menor idea de cuál de los muchos que la violentaron pudiera ser el padre de su hijo. Y empieza una nueva etapa del calvario. Tiene que ocultar lo que le pasa, porque sabe que al fondo de su nueva tragedia está “El enfermero”. No el que viene de España, que es uno solo. No hay grupo de las FARC que no tenga el suyo, que no sabe otra cosa que despedazar criaturas en los vientres de estas jovencitas, casi impúberes. Por eso, por horror, esconden su condición mientras pueden. Hasta que se les nota demasiado. Es el turno de la enfermería, del padecimiento atroz, de la vecindad de la muerte. Cuenta la historia que cuando la gestación andaba por el séptimo o por el octavo mes, la madre gritaba que le dejaran su criatura. Pero los reglamentos, son los reglamentos. Timochenko, ese hombre tan agradable, y Márquez o el Paisa o cualquiera de esos truhanes son implacables. De modo que “El enfermero” le dice al ayudante: tire eso a la basura. “Eso” es un niño. Un ser humano indefenso. Una criatura de Dios.

Lo del reglamento es digno de examen. Alguna niña se opuso con toda la fuerza de su desesperación a que le hicieran semejante barbaridad. “El Paisa” la hizo fusilar, claro que con el niño en las entrañas. Para que aprendan las mujeres que la disciplina es la disciplina.

¿Puede haber algo peor que lo descrito, que lo sabíamos hace tiempo y ahora está probado de mil maneras? Sí. Hay algo peor. Y es el silencio de los que no pueden guardarlo. Porque no tienen derecho a callar. El Nuncio de Su Santidad Francisco comanda el batallón infame de los que no han dicho una sola palabra. Han sido decenas de miles de asesinatos, decenas de miles de violaciones, decenas de miles de secuestros de niñas. ¿Y usted calla, Su Eminencia?

Y calla el cardenal. Y callan los obispos. Y callan los curas. Ni una palabra ha salido de los que representan a Jesús en la tierra para condenar estos crímenes, esta crueldad sin orillas.

La directora de Bienestar Familiar no ha dicho palabra. Cristina Plazas debe tener instrucciones al respecto. Podría hacerle mal ambiente a la paz o al plebiscito. Esas niñas y sus hijos no caen bajo su jurisdicción. La guerra es la guerra y esto es apenas un delito conexo con la guerra.

Y los plenipotenciarios, tampoco. De La Calle, Jaramillo y Naranjo, no nos extraña. A Mora lo desconocemos. Y vamos con el plebiscito. Hay que perdonar a estos tipos. Y olvidar lo que han hecho. Como esto, por ejemplo.

Por Fernando Londoño Hoyos (*)

 

Anuncios

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

La frase

“La calidad nunca es un accidente, siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia”23/03/17
John Ruskin

el clima

Click for Asunción, Paraguay Forecast

admin

Arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes. Desde Asunción/Paraguay. laovejacien@gmail.com

archivos

estadísticas

  • 2,673,554 visitas
Follow laoveja100 on WordPress.com

instagram

Twitter

Peichante-Py en FB

A %d blogueros les gusta esto: