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El voto de la cocinera

El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre del calendario juliano que rige en los países cristianos ortodoxos) los “bolcheviques” (mayoría, en ruso, para definir a la facción dominante del Partido Social Demócrata Ruso), liderados por Vladimir Illich Ulianov, Lenin, tomaron el poder en Rusia, por las armas.

No pudieron, sin embargo, evitar la realización de las ya convocadas elecciones de la Asamblea Constituyente, que se realizaron el 25 de noviembre, escasas semanas después de la toma del poder por los bolcheviques, que habían contribuido a retrasar estas elecciones casi dos meses.

El 14 de octubre de 1917, Lenin había escrito un material decisivo para el curso de todos los regímenes marxistas que se formarían a partir del triunfo de los marxistas rusos: “Pueden los bolcheviques retener el poder estatal?” (http://amzn.to/1STGPSu).

Fue publicado por la revista Prosveshcheniye el día 27 de octubre siguiente y causó enorme impacto en el curso de la Revolución Rusa.

En dicho material Lenin explicaba muy claramente que el proceso que él estaba dirigiendo no sería democrático y se haría sin considerar la voluntad popular.

En el capítulo Noveno afirmó que “No somos utópicos. Sabemos que un trabajador no calificado o una cocinera no pueden inmediatamente asumir el trabajo de la administración del Estado”.

Por tanto, cuando en las elecciones de la Constituyente los bolcheviques perdieron el voto popular y el opositor Partido Socialista Revolucionario obtuvo un claro triunfo con diecisiete millones novecientos mil votos, poco más del cuarenta por ciento del total de votos emitidos, que les daban trescientas ochenta de las setecientas tres bancas en la Asamblea, Lenin no se preocupó demasiado.

Los bolcheviques obtuvieron casi diez millones de votos, poco menos del veinticuatro por ciento del total de votos emitidos, que les daban ciento sesenta y ocho bancas en la Asamblea.

Lenin retrasó la primera reunión de la Asamblea hasta el 18 de enero solamente para permitirle sesionar por las escasas 13 horas que son las que necesitó para urdir una excusa para disolverla, el rechazo por doscientos cuarenta y cuatro votos a ciento cincuenta y tres de los decretos del Segundo Congreso de los Soviets.

A partir de allí, es historia conocida. Rusia sufrió la brutal dictadura de los bolcheviques durante más de setenta años, durante los cuales hablaron “del pueblo” sin respetarlo jamás, pues la única vez que permitieron que el pueblo se exprese, una clara mayoría popular los rechazó.

El pasado 6 de diciembre de 2015 se realizaron en Venezuela las elecciones para la Asamblea Nacional, el Poder Legislativo venezolano, en las que las fuerzas opositoras al régimen bolivariano dirigido por Nicolás Maduro obtuvieron un amplísimo respaldo popular.

El régimen bolivariano se define a sí mismo como exponente de un invento del alemán Heinz Dietrich (http://bit.ly/1NMugbu), la rama del leninismo autodenominada “Socialismo del Siglo XXI”, uno de cuyos manuales de consulta es un libro de Slavoj Žižek (http://bit.ly/1lDnzy2), “Repetir Lenin” (http://amzn.to/1NV2Tri).

El 6 de diciembre los venezolanos brindaron a las fuerzas aglutinadas en la opositora Mesa de la Unidad Democrática un triunfo electoral de dimensiones cataclísmicas con más de siete millones setecientos mil votos, poco más del cincuenta y seis por ciento de los sufragios emitidos, lo que les permite tener ciento doce escaños en la Asamblea Nacional, dos tercios de sus ciento sesenta y siete miembros.

Los bolivarianos obtuvieron cinco millones sesiscientos mil votos, el cuarenta y uno por ciento de los sufragios emitidos, lo que les otorga cincuenta y cinco escaños en la Asamblea Nacional.

No voy a desarrollar aquí las razones por las que Maduro reconoció estos resultados, sino que quiero mostrar que no los respetará porque es fiel alumno de Lenin y como todo leninista desprecia profunda y visceralmente la capacidad del obrero, de la cocinera, para gobernar.

Ya antes de las elecciones, Maduro advirtió claramente, para quien lo quisiera escuchar, que “Si la oposición gana las elecciones, no entregaré la revolución” y que “en el escenario hipotético negado, pasaría a gobernar con el ‘pueblo’ y en ‘unión cívico-militar’” (http://bit.ly/1ILzDrb), frase en la que la palabra “pueblo” tiene el mismo significado vacío y hueco que tenía para Lenin.

Ya después de haber reconocido el triunfo opositor, y tal como hizo Lenin, Maduro empezó a descalificar la capacidad de los electores venezolanos: “Yo los entiendo hermanos  y hermanas pero fue un error, ustedes votaron contra ustedes mismos…Ganaron los malos, se  impusieron con la mentira y los compatriotas que creyeron que esa era una solución, reflexionen y saquen sus conclusiones…” (http://bit.ly/1RKdfjU).

Los exponentes del régimen bolivariano también están ya alineados en el discurso leninista, Aritóbulo Istúriz remarcó que “Las elecciones parlamentarias no fueron ganadas por la oposición venezolana sino por la contrarrevolución, que tiene intenciones muy claras y van dirigidas a atacar al pueblo”, frase donde la palabra “pueblo” excluye notablemente al cincuenta y seis por ciento del electorado (http://bit.ly/1Qax5W5) integrado por obreros y cocineras que, según Lenin, no están preparados para gobernar.

Desde el principio, desde Lenin, hasta hoy, los bolcheviques y sus sucesores han despreciado la capacidad del obrero y de la cocinera y por eso le han secuestrado sus derechos electorales en todos los lugares donde han llegado al poder.

Los que pretenden anestesiarnos diciendo que porque Nicolás Maduro reconoció la derrota electoral del 6 de diciembre en Venezuela hay democracia son o ignorantes de Lenin o cómplices del leninismo hoy, porque la dictadura está tan vigente hoy en el país caribeño como la estaba en Rusia al día siguiente de las elecciones de su Asamblea Constituyente de 1917.

Enrique Vargas Peña

 

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