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¿QUÉ SE PUEDE HACER CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO?

1. Usar menos carbón, gas y petróleo

La mayoría de los gases invernadero vienen de las centrales energéticas, de la industria y del transporte. La calefacción de edificos causa un 6 por ciento de las emisiones globales. Quien usa energía eficiente y ahorra carbón, gas y petróleo, está protegiendo activamente el clima del planeta.

2. Producción propia de electricidad limpia

La electricidad ya no tiene que salir de las centales de carbón, petróleo y gas. Ya hay alternativas que hasta son más baratas. La electricidad se puede producir fácilmente, incluso en cantidades mayores a las necesarias. Por ejemplo, con celdas y módulos solares sobre los techos con una tecnología que hace tiempo está en el mercado.

3. Cooperar con las buenas ideas

Cada vez más comunas, empresas y cooperativas invierten en energías renovables y venden electricidad limpia. Este parque solar pertenece a la compañía Saerbeck, un distrito alemán de 7.200 habitantes que produce más electricidad de lo que necesita y es un ejemplo. Aquí, una delegación de EE. UU. la visita.

4. No financiar a empresas que dañen el clima

Cada vez más ciudadanos, fondos de jubilaciones, seguros, universidades y ciudades retiran su dinero de empresas que trabajan con energías fósiles. Münster es la primera ciudad que se unió al “Divestment”, un movimiento al que pertenecen 57 ciudades del mundo. Este movimiento global ganó tanta dinámica porque todos pueden participar.

5.Viajar en bicicleta, ómnibus y tren

Las bicicletas, el ómnibus y los ferrocarriles ahorran mucho C02. En comparación con el automóvil, un viaje en ómnibus es cinco veces más favorable al clima, y un viaje en tren hasta 15 veces más. Las ciudades que disponen de bicisendas y carriles especiales para los buses son las que más contribuyen con la protección del clima.

6. No volar en avión si no es necesario

Volar es tremendamente dañino para el clima. Los hechos demuestran el dilema: para cumplir con los objetivos climáticos, actualmente cada habitante de la Tierra debería producir por año en promedio un máximo de 5,9 toneladas de CO2. Un vuelo de ida y vuelta entre Berlín y Nueva York produce por persona 6,5 toneladas.

7. Comer menos carne

Tambien la agricutlura es un problema. En el cultivo del arroz y en los estómagos de los vacunos y ovinos se genera el gas metano, muy perjudicial para el clima. La ganadería y el consumo de carne, que cada vez aumenta más, son puntos críticos debido a la enorme demanda de soja para alimentar a los animales. Para el cultivo de la soja se desmontan bosques y selvas enteras.

8. Comprar alimentos biológicos

El gas hilarante daña el clima en gran medida. Su porcentaje en las emisiones globales está en un 6 por ciento. Se produce en centrales energéticas y por el uso de motores, pero sobre todo por el empleo de abonos artificiales en la agricultura industrializada. En la agricultura ecológica esos abonos están prohibidos, y eso ayuda a proteger el clima del planeta.

9. Construir y consumir de manera sostenible

En la producción de cemento y hierro se produce mucho CO2. Por el contrario, el cultivo de madera y caña de bambú lo frena. La elección consciente de materiales de construcción contribuye con el clima, y lo mismo vale para el consumo. No es necesario seguir usando vasos plásticos que van a parar por millones a la basura todos los días.

10. Asumir nuestra responsabilidad por el clima

¿Cómo se puede evitar la emisión de gases invernadero para que las futuras generaciones puedan vivir sin catástrofes climáticas? Estos alumnos están fascinados por las energías limpias y la ven como una esperanza para un futuro en un planeta al que todos cuidemos. Cada uno de nosotros puede ayudar a que así sea.

Autor: Gero Rueter (CP/ EL)

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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11 comentarios en “¿QUÉ SE PUEDE HACER CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO?

  1. Ahorrar para crecer

    Si critica a internet por diversas razones, también hay que reconocer sus aspectos positivos, como la gran cantidad de obras útiles disponibles online. Entre ellas se cuenta el libro Ahorrar para crecer, de la FAO (siglas en inglés para la división de las Naciones Unidas destinada a la alimentación y la agricultura). Sin ser ni agricultor ni agrónomo, cualquier persona necesita informarse sobre un problema de actualidad: unos 800 millones de seres humanos pasan hambre y, en total, son 2.000 millones los mal alimentados. Para el año 2050, la población mundial habrá llegado a los 9.600 millones. ¿Qué hacer para evitar la escasez de comida? Esta es la pregunta que se plantea Ahorrar para crecer, que también ofrece su respuesta: una intensificación sostenible de la producción agrícola; vale decir, producir más sin dañar el medioambiente.

    ¿Se necesita más tecnología? Sin duda, la tecnología es necesaria, como la investigación científica, para aumentar el rendimiento de los cultivos, pero no aportan toda la solución, como se puede ver considerando la historia. Hacia 1970, el 37% de la población mundial pasaba hambre; el porcentaje se redujo considerablemente gracias a la Revolución Verde, que permitió aumentar casi tres veces la producción de maíz, trigo y arroz (tres productos básicos de la alimentación mundial), y salvar del hambre a mil millones de personas. El padre de la Revolución Verde fue el norteamericano Norman Borlaug (ganador del Nobel en 1970), quien trabajó con la agencia mexicana Cimmyt y la filipina IRRI. La base de esa revolución fue el reemplazo de los sistemas tradicionales de cultivo de la tierra por uno más moderno, que requería el empleo de semillas de alto rendimiento, el uso de fertilizantes y pesticidas químicos, la irrigación y la mecanización.

    Sin embargo, el cambio tuvo sus efectos negativos: la degradación del suelo, la salinización de las áreas irrigadas, la extracción excesiva del agua subterránea, el surgimiento de pestes resistentes a los agroquímicos. Después de haber dado un gran paso adelante, el rendimiento de los cultivos ha disminuido con relación al de las décadas de oro de la Revolución Verde. Para completar, se viene el cambio climático, que no se puede enfrentar con las técnicas de la agricultura intensiva y mecanizada, por el costo que ella tiene para el ambiente y por las limitaciones de los recursos naturales del planeta. Para enfrentar al cambio climático, la FAO propone ahorrar para crecer. Y esto significa volver a ciertas formas de agricultura tradicionales, más productivas de lo que se creía y menos lesivas para el medioambiente. No existe un modelo único de producción mundial; existen (o se deben descubrir) modelos nacionales, aptos para producir en los diversos ecosistemas.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

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    Publicado por Anónimo | 7 diciembre, 2016, 07:13
  2. Taiwán busca unirse a la lucha contra el calentamiento global

    El calentamiento global y el fenómeno de El Niño han contribuido a que se produzcan temperaturas récord y fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo. En julio de este año, las temperaturas medias globales tomadas tanto sobre superficies terrestres como oceánicas fueron las más altas para cualquier mes en 137 años de registros. En junio, la temperatura en Taipéi alcanzó los 38,7 grados centígrados, la más alta en un siglo. Otra anomalía reciente es una marcada disminución en la frecuencia de la lluvia constante. En cambio, hemos sufrido una serie de aguaceros torrenciales que han causado numerosas inundaciones, dañando significativamente infraestructuras, ecosistemas y cultivos. Cada vez resulta más evidente que el cambio climático ya está sucediendo. Si no tomamos medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero ahora, vamos a terminar pagándolo más caro después.

    El crecimiento económico sin límites y el exceso de gases de escape han conducido a un cambio climático que amenaza la supervivencia humana. Los gobiernos de todo el mundo se han percatado de ello, y es por eso que en diciembre de 2015 se aprobó el histórico Acuerdo de París, que condujo a que todas las naciones, de manera conjunta y bajo una causa común, impulsaran acciones globales de mitigación con objetivos a largo plazo. Podría decirse que el cambio climático es el asunto más importante que pone en juego el futuro de la humanidad. Como un miembro de la comunidad internacional, Taiwán no puede comportarse como un mero espectador ante este problema y debe proponer soluciones viables para vivir de acuerdo a su denominación de Formosa, la “isla hermosa”.

    En julio del año pasado, en Taiwán promulgamos la Ley para la Gestión y Reducción de los Gases de Efecto Invernadero, estableciendo nuestros objetivos a largo plazo para reducir nuestras emisiones en al menos un 50 por ciento por debajo de los niveles de 2005 para el año 2050. Taiwán es uno de los pocos países en el mundo que han implementado en forma de ley el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Además, nos hemos dado cuenta de la necesidad de aumentar aún más nuestra eficiencia energética y de promover la conservación de la energía, de transformar nuestra estructura industrial, así como de diversificar nuestras fuentes energéticas recurriendo a las energías renovables, tales como la solar, la eólica y la producción de biogás utilizando residuos de granjas de cerdos, basándonos en el concepto de economía circular. Prevemos que en el año 2025, el 20 por ciento de nuestra energía provendrá de la energía renovable. También hemos establecido una Oficina de Reducción de Energía y Carbono, subordinada al Yuan Ejecutivo, cuya tarea principal es planificar la política nacional de energía y promover la conversión a nuevas formas de energía, así como la reducción de los gases de efecto invernadero. La oficina coordina los esfuerzos entre los diferentes organismos gubernamentales y también establece asociaciones entre los gobiernos central y locales para reducir el carbono y desarrollar una energía limpia.

    En su discurso de toma de posesión pronunciado el pasado mes de mayo, la presidenta Tsai Ing-wen dejó claro que Taiwán no estará ausente de los esfuerzos globales para mitigar el cambio climático, y que su Gobierno revisará periódicamente los objetivos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, de conformidad con el Acuerdo de París. Con esta ambición, promulgamos la Ley para la Gestión y Reducción de los Gases de Efecto Invernadero, con objetivos de regulación periódicos cada cinco años que ayudan a mejorar la capacidad de respuesta ante el cambio climático, y a promover una gestión eficiente en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a través de las agencias gubernamentales. Este enfoque está en consonancia con los objetivos del Acuerdo de París, que anima a todos los países a fortalecer su determinación por reducir las emisiones con el fin de lograr el objetivo a largo plazo para el año 2050.

    Solo tenemos una Tierra y solo hay un Taiwán, Por lo tanto, no podemos tomarnos el asunto del cambio climático a la ligera, sino responder de manera proactiva y apoyar las iniciativas internacionales. El cambio climático es un problema mundial que trasciende las fronteras nacionales. Las acciones que tomemos hoy podrían tener un profundo impacto en la vida de las generaciones futuras. El cambio climático requiere soluciones no solo nacionales, sino mundiales. Es por ello que los gobiernos no pueden actuar solos. Me permito sinceramente exhortar a la comunidad internacional a que reconozca y apoye la determinación de Taiwán por obtener una participación significativa en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y por sumarse a la red global para el clima. Estamos dispuestos a compartir nuestras experiencias en materia de protección medioambiental y a contribuir a los esfuerzos internacionales. Junto con las naciones amigas, aunaremos nuestros esfuerzos para proteger a una Tierra sostenible.

    Por Lee Ying-yuan

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    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 11:11
  3. Energías renovables

    Durante la conferencia “Energía para el mañana” realizada en París, representantes de dos de las más grandes compañías petroleras del mundo, Royal Dutch Shell y Total SA cuestionaron a fondo la capacidad de las energías renovables para generar dividendos, en especial la energía solar, según reporta Bloomberg.

    “El crecimiento de la energía renovable ha sido notable, pero la capacidad de la industria de ganar dinero en ese segmento ha estado notablemente ausente’’, fue el comentario del máximo ejecutivo de Shell, Ben van Beurden. “Las 10 mayores compañías de energía solar en conjunto nunca han pagado un centavo en dividendos’’. Tan rotunda afirmación pone incómodos a los inversionistas que aún no hayan decidido poner algunas fichas en el creciente mercado de las energías limpias. “Hoy en día no generamos dinero en la industria solar.

    Esa es la realidad’’ confesó dramáticamente el CEO de Total SA, que controla la compañía SunPower Corp., el segundo mayor fabricante del mundo de paneles solares. ¿Es tan así?, ¿es tan mal negocio invertir en las energías renovables?. Al parecer no y la teatral puesta en escena de los petroleros se parece mucho a una táctica marketinera dirigida a frenar posibles fugas de inversionistas hacia los nuevos desarrollos energéticos medioambientalmente amigables. La Agencia Internacional de Energía reporta que la generación fotovoltaica y eólica superó en 2015 al carbón en su capacidad acumulativa y de acuerdo a cifras suministradas por Bloomberg

    New Energy Finance, las inversiones globales en el sector alcanzaron los US$ 348.000 millones. Otro informe, esta vez de REN21, la red mundial de políticas energéticas sostenibles, “los inversionistas privados reforzaron sus compromisos hacia la energía renovable de manera significativa durante el 2015. En el año se pudo ver un aumento en el número de bancos activos dentro del sector… y grandes compromisos por parte de firmas internacionales en lo que respecta a inversiones en energía renovable y eficiencia energética”. Sostenibilidad y eficiencia son los pilares en que descansa el nuevo enfoque en materia de generación de energía. A esa dirección parece apuntar el reciente estudio del Poder Ejecutivo titulado “Política Energética

    Nacional 2040” en el cual se sostiene, entre otros puntos, que “la energía es un factor de crecimiento económico, desarrollo industrial y de progreso social, lo cual hace indispensable políticas de Estado que estén orientadas a atender las necesidades de energía de la población y de todos los sectores productivos, con criterios de calidad, responsabilidad socio-ambiental y eficiencia”. El hecho de que el economista Jeffrey Sachs, presidente de The Earth Institute de la Universidad de Columbia, haya mostrado interés en la propuesta indica que estamos en el camino correcto para incorporar nuevas variables a la producción de energía limpia y renovable que seguimos desde 1983. Si es o no un buen negocio, el tiempo lo dirá.

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    Publicado por Anónimo | 18 noviembre, 2016, 11:10
  4. De la COP 21 a la COP 22

    El viernes 4 de noviembre entró en vigencia el Acuerdo de París. Ese acuerdo debía concretarse después de ser ratificado por un cierto número de países. El número se ha alcanzado, y así termina bien lo decidido en la COP 21, la cumbre sobre el cambio climático celebrada en París a finales del año pasado.
    Los Gobiernos del mundo quedan comprometidos a impedir que la temperatura llegue a subir dos grados por encima de la temperatura del mundo preindustrial.
    El propósito es impedir la catástrofe que provocará el recalentamiento del globo. Se lo debe impedir, pero ¿cómo? Ese es el problema: el acuerdo no dice cómo se deba impedir y queda la posibilidad de que algunos digan que sí y hagan que no. No existe una manera de obligar a los infractores a cumplir.
    Este es el lado malo del asunto, cuyo lado bueno no se puede ignorar: por primera vez, después de veinte años de discusiones y dilaciones, se ha logrado el acuerdo internacional. Por primera vez se ha reconocido, como principio universal, que el cambio climático existe; que lo provoca la acción humana; que se lo puede y se lo debe combatir.
    Recordemos que, en el 2006, Al Gore presentó su documental Una verdad incómoda y fue muy criticado. Académicos financiados por las empresas contaminantes usaron su prestigio para desmentir a Gore; para hacer creer que el cambio climático era una mentira, era necesario hacer nada para evitarlo y se podía seguir usando combustibles fósiles como siempre.
    En el 2009, en la cumbre climática de Copenhague no se llegó a ningún acuerdo. Los activistas que exigían encarar la situación con seriedad fueron torturados discretamente por la policía danesa, que los obligó a pasar una noche de frío arrodillados en la calle. Desde entonces, las pruebas y las investigaciones se han acumulado; la CIA y el Pentágono han manifestado su preocupación por el cambio climático, que no consideran una mentira, sino un hecho real, y causa graves trastornos: sequías, hambrunas, migraciones y revoluciones. (Las rebeliones de la llamada Primavera Árabe, como la larga guerra de Siria tuvieron su origen en la carestía de comida provocada por factores climáticos). En la COP 21, finalmente, los ecologistas no fueron los maltratados, sino los triunfadores; no del todo, pero triunfadores.
    Además de prometer, algo se ha hecho para el cumplimiento de las metas ambiciosas de la COP 21. En este último año, el crecimiento de las energías renovables ha superado al de las convencionales (carbón, gas, petróleo, nuclear), y se estima que seguirá creciendo. En la carrera de las renovables, el primer puesto lo ocupa China, seguida por la Unión Europea y los Estados Unidos. En el mismo año, se instalaron unos 500.000 paneles solares cada día, según informa el excelente sitio web http://www.ecoportal.net. Los precios de la energía solar y eólica han bajado, y seguirán bajando.
    ¿Se puede hacer algo más? Se puede y se debe, dice otro sitio igualmente recomendable, el de la ONG 350.org (https://350.org/es/ ). Esta semana comienzan las sesiones de la COP 22 en Marrakech (Marruecos), y es necesario que la ciudadanía se informe y se haga sentir para presionar a los dirigentes políticos a cumplir su compromiso con la preservación del planeta.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

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    Publicado por Anónimo | 11 noviembre, 2016, 05:04
  5. Antropoceno

    La palabra, que suena rara, viene del griego antropos (ser humano) y cene (reciente). Viene a significar la época del ser humano; época en el sentido geológico, que define los distintos tiempos por los que ha pasado la Tierra (época, periodo, era, eón). Comenzó a usarse en el año 2000, por iniciativa de Paul Crutzen, ganador del Premio Nobel. Según Crutzen, nuestro planeta ha entrado en el Antropoceno, a causa de la acción del hombre, que ha tenido una influencia decisiva en la modificación del suelo, el agua y el aire. Algunos aceptan el nuevo término; otros dicen que aún es demasiado pronto para aceptarlo, porque las épocas geológicas duran millones de años.

    De todos modos, hay consenso en que vivimos en la época del Holoceno, comenzada hace unos 12.000 años, cuando terminó la Edad de Hielo, y el clima se volvió estable, lo suficiente como para permitir la multiplicación de la especie humana. Hace unos 8.000 años comenzó la agricultura; nuestros antepasados dejaron de ser cazadores y recolectores de frutos silvestres. La discusión está en esto: ¿seguimos en el Holoceno o hemos entrado en el Antropoceno? Si entramos en el Antropoceno, ¿desde cuándo? Para Crutzen, desde mediados del siglo pasado, aproximadamente.

    ¿Cuáles serían las características de la nueva época? Muchas. Para comenzar, el aumento de los gases de efecto invernadero: antes de la Revolución Industrial, nuestra atmósfera tenía 280 partes de carbono por millón; ahora tiene más de 400 partes por millón. Esto significa: desde la extinción de los dinosaurios (hace 66 millones de años), nunca se había visto tal concentración de carbono. Otra característica: en unos 100 años, se ha duplicado la cantidad de nitrógeno y de fósforo en la Tierra. Otra característica: la deforestación provocada por la agricultura y por la urbanización, con el consiguiente uso de cemento y aluminio.

    Lo anterior significa cambio climático, pero los científicos están de acuerdo en que el ser humano, así como ha cambiado el planeta, puede manejar el cambio racionalmente, para evitar sus efectos negativos: todo depende de su previsión racional. La ciencia y la tecnología pueden intervenir decisivamente para conservar la Tierra y, con ella, la vida humana.

    En este sentido es alentadora la noticia de que un grupo de científicos del MIT, la prestigiosa universidad norteamericana, ha dado un paso importante hacia el manejo pacífico de la fusión nuclear. Simplificando, las plantas nucleares existentes se basan en la fisión nuclear, y son problemáticas. La fusión nuclear controlada (una bomba de hidrógeno que explota lentamente), podrá ser una fuente de energía inagotable y limpia. El trabajo del MIT, aunque aún no haya llegado a eso, es un paso importante, y no el único, por suerte.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

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    Publicado por Anónimo | 25 octubre, 2016, 19:13
  6. Vacas y ecología

    Después de haberla visto en Netflix, descubrí que también estaba en Internet (https://www.youtube.com/watch?v=_wwNnCjIfmU). Me refiero al documental Cowspiracy, que ya he mencionado anteriormente. El título es un juego con las palabras inglesas conspiracy (conspiración) y cow (vaca), que sugiere la idea de una conspiración de vacas. ¿Por qué conspiración? Porque, según la película, se oculta el impacto negativo de la ganadería en el cambio climático. El productor es Leonardo Di Caprio, el principal personaje, el activista político Kip Andersen, quien nos relata su experiencia personal.

    Andersen había sido un muchacho deportista, no muy consciente de la ecología, hasta que vio el documental de Al Gore Una verdad incómoda (2006), sobre el cambio climático. El documental, que está en internet (https://vimeo.com/95465911), fue muy criticado por las grandes empresas petroleras, que financiaron una campaña para hacer creer que el cambio climático era una mentira. Está comprobado que no lo es y por eso, en diciembre del año pasado, en la COP 21 reunida en París, se convino en tomar medidas para combatir el cambio climático. El Gobierno paraguayo ha hecho muy bien en ratificar el Acuerdo de París.

    Dice Andersen que, habiendo acuerdo sobre la necesidad de buscar fuentes de energía sostenibles (solar, eólica), para reemplazar a las contaminantes (carbón, petróleo, gas), es muy raro que no exista conciencia de lo que contamina la cría de ganado: más que toda la industria del transporte. Para conservar el planeta, debe disminuirse el consumo de carne o, mejor aún, reemplazarlo por una dieta vegetariana, que puede ser más saludable. Andersen menciona un estudio de las Naciones Unidas del año 2006 titulado La larga sombra del ganado, disponible en Internet (http://www.fao.org/3/a-a0701s.pdf), sobre el impacto ecológico de la ganadería. La agencia de las Naciones Unidas en Asunción, dicho sea de paso, tiene excelente información sobre la agricultura sostenible.

    Si se destina una hectárea de terreno para la cría de una vaca, hay que esperar que la vaca crezca para comerla y, después, comenzar de nuevo. En una hectárea dedicada a la agricultura, se tiene un rendimiento muy superior en proteínas y se utiliza menos agua: se necesitan 2.500 galones de agua para producir 1 libra de carne de vaca en el restaurante (un galón equivale a 3,8 litros; una libra, a 0,453 gramos).

    Existen en el mundo cerca de 7.000 millones de personas y 70.000 millones de vacas y otros animales criados para el consumo; en vez de cultivar maíz, soja, etc., para darles de comer, ¿por qué no dárselo a las personas directamente? Las vacas contaminan mucho más que el hombre con sus deyecciones: en los Estados Unidos producen 7 millones de libras de excrementos por minuto. El 80% de los antibióticos producidos en los Estados Unidos se destina al ganado y esto, indirectamente, afecta la salud de los seres humanos. Por otra parte, la ganadería provoca deforestación: ha destruido el 91% de la selva amazónica. Se come demasiada carne, y no solamente de vaca, sino también de aves y de pescado. La pesca saca del mar entre 90 y 100 millones de toneladas de pescado al año, lo cual puede dejar el mar sin peces para 2048. Y este es un resumen de la información del filme, y de la disponible en el sitio http://www.conspiracy.com.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

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    Publicado por Anónimo | 19 octubre, 2016, 13:51
  7. Un pedido al Papa

    La semana pasada recibí un correo electrónico de la oenegé ecologista 350.org, cuya página web, en varios idiomas, visitan varios amigos. Con el correo de 350.org, accedí al sitio http://gofossilfree.org/pope-divest-the-vatican-es/, donde encontré el pedido de desinvertir el Vaticano. Firmé el pedido y lo reenvié, porque me pareció razonable y porque comparto plenamente la línea ecológica del Papa.

    La Tierra, dijo Francisco en su encíclica Laudato si’, es “nuestra casa común” y conservarla corresponde a todos, creyentes y no creyentes; esta es una cuestión de moralidad básica y trasciende las diferencias religiosas y políticas. El cambio climático, afirma la encíclica, es un hecho científicamente comprobado, como está científicamente comprobado que las acciones humanas han influido en ese cambio y pueden llevarlo a un extremo que cause daños irreparables al planeta y a sus habitantes.

    Esa encíclica se lanzó después de un largo proceso de reflexión en que participaron personas calificadas de grupos muy distintos. Entre ellas Naomi Klein, invitada al Vaticano en julio del año pasado. Siento que aún no nos haya llegado su libro Esto lo cambia todo, que debí leer en versión digital en mi Kindle. También me gustaría verlo en video, como La doctrina del shock, que vi en ambas versiones, complementarias y no excluyentes. Para proseguir, menciono a Klein para recalcar el carácter inclusivo del movimiento ecológico impulsado por Francisco.

    Francisco y Naomi coinciden en que se debe actuar para contener el cambio climático y, entre las cosas que se deben hacer, figura la de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, que aumentan la temperatura del planeta. En la emisión inciden, en gran medida, los gases provocados por la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), y por eso deben buscarse fuentes alternativas de energía (solar, eólica, etc.).
    Por desgracia, hay círculos poderosos empeñados en seguir haciendo las cosas como siempre; entiéndase, a seguir contaminando como siempre con el empleo de combustibles fósiles, que les hacen ganar mucho dinero; dinero a corto plazo, para una minoría, y en detrimento de la mayoría.

    El amor desmedido al dinero es un tremendo obstáculo para salvar al planeta, y ha llevado a una suerte de neocolonialismo, dice Laudato si’. Esto concuerda con La doctrina del shock, severa crítica contra el neoliberalismo.

    Uno de los recursos para conservar la casa común es la desinversión, el retiro de los fondos colocados en empresas contaminantes.
    En palabras del Pontífice: la presión social —incluyendo el boicot de ciertos productos— puede obligar a ciertas empresas a tomar en cuenta su huella ecológica y su modo de producción; lo mismo vale para el movimiento de desinversión.

    Al movimiento se han sumado instituciones académicas, agencias gubernamentales y grupos religiosos cristianos y musulmanes. El retiro de los fondos, hasta el momento, no representa un daño mayor para las empresas de combustibles fósiles, pero lo será si sigue creciendo y, desde ya, es una deslegitimación de las mismas. Crecerá más si el banco del Vaticano retira todas sus acciones de esas empresas, que es lo que se pide en el correo mencionado en las primeras líneas.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

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    Publicado por Anónimo | 17 octubre, 2016, 15:21
  8. La Cumbre del Clima

    “Bienvenidos los que vienen a defender el planeta”, decía un enorme cartel en el aeropuerto Charles de Gaulle de París, la ciudad sede de la Cumbre del Clima, la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático (COP21, por sus siglas técnicas). En quienes llegaban se depositaba la esperanza de un acuerdo que diera respuestas a preguntas decisivas: ¿Hacia dónde va una sociedad que nunca está satisfecha? ¿Cómo evitar un aumento superior a 2º centígrados en la temperatura global? ¿Cómo ayudar a quienes se encuentran desamparados debido a la devastación ambiental producida por el cambio climático? El mundo esperaba de la cumbre un acuerdo imprescindible para transitar hacia una sociedad sin emisiones de gases de carbono. La cumbre fue, en verdad, una convocatoria ética en busca de un proyecto de transformación radical de las relaciones del hombre con el planeta.

    Luego de dos semanas intensas, la cumbre arribó al primer acuerdo universal de la historia de las negociaciones climáticas. Así lo señaló el presidente François Hollande al presentar ante un auditorio fervoroso el texto final del acuerdo, destinado a detener el calentamiento global. Ese acuerdo corona un proceso iniciado en la Cumbre de Río, de 1992. En ella se había establecido que sólo los países desarrollados debían reducir sus gases de efecto invernadero. Más de dos décadas después, esas naciones aparecen como responsables únicamente del 35% de las emisiones mundiales. China e India, categorizados en 1992 como países en desarrollo y, por tanto, sin objetivos de disminución de emisiones, se encuentran ahora entre las cuatro economías más contaminantes del mundo.

    El acuerdo de París fija como objetivo principal que el aumento de la temperatura media del planeta se estabilice muy por debajo de los 2º centígrados con respecto a los niveles preindustriales. Señala también que deben realizarse esfuerzos para no superar los 1,5º centígrados. Determina igualmente que durante la segunda mitad de este siglo se alcance un equilibrio entre las emisiones y la capacidad de absorber esos gases. De ese modo se reducirá la vulnerabilidad actual y futura al cambio climático. Por último, en el acuerdo se asume el compromiso de generar, a partir de 2020, un fondo de 100.000 millones de dólares anuales destinados a los estados con menos recursos. El propósito es que puedan crecer económicamente pero reduciendo las emisiones de dióxido de carbono, adaptándose al cambio climático. El acuerdo de París no es tan bueno como podría haber sido, aunque es mucho mejor de lo que se esperaba. El acuerdo no garantiza salvar el planeta pero su firma alienta la esperanza de que pueda lograrse.

    El cambio climático no es una amenaza eventual sino actual. Durante 2014 más de 19 millones de personas perdieron sus hogares por causa de desastres tales como inundaciones, tormentas y sequías. Según cálculos de la Organización de las Naciones Unidas, durante los próximos cincuenta años, entre 250 y 1000 millones de personas podrían verse obligadas a trasladarse a otra región de su país o el extranjero, si el calentamiento global no se detiene. La ciencia nos dice que debemos actuar lo antes posible. El umbral en el cual aún es factible hacer algo para no superar los 2º centígrados de aumento y sus resultados catastróficos está cada vez más cerca. Como destacó Barack Obama, “somos la primera generación que siente las consecuencias del cambio climático y la última que puede hacer algo para detenerlo”.

    Creo que estamos ante la oportunidad de encaminarnos hacia una nueva era en la que el hombre desarrolle su vida sin contaminar. Estamos ante un proyecto nuevo de civilización. “Cuidar a la Madre Tierra es una cuestión moral. No hay un plan B porque no hay un planeta B”, enfatizó Ban Ki-moon, el máximo representante de la Organización de las Naciones Unidas. Sus palabras recuerdan un cartel fijado en el metro de París: “Plus tard ça sera trop tard”. Más tarde será demasiado tarde.

    Por Daniel Mendonca

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    Publicado por Anónimo | 4 enero, 2016, 15:27
  9. Triunfo diplomático

    Sin falso optimismo, puede decirse que las conclusiones de la COP 21 han sido exitosas. El triunfo se debió a varios factores, incluyendo la habilísima diplomacia francesa; la determinación de Estados Unidos y de China; el aumento de la temperatura global de los últimos años y la tremenda contaminación del aire de las ciudades chinas, con amplia cobertura periodística en una era globalizada.

    Después de la COP 21, ya no se puede decir que el cambio climático es un invento de algunos ecologistas despistados, como se dijo y creyó durante años a causa de la campaña de la Exxon, BP, Shell y otras empresas petroleras, que gastaron millones en propaganda tendenciosa. Además, el combate contra el cambio climático ha dejado de ser una mera expresión de deseos: se trata de un compromiso asumido por los Estados signatarios de la convención de la COP 21.

    ¿A qué se han comprometido los Estados? En primer lugar, a impedir que la temperatura global suba más de 1,5 grados sobre niveles preindustriales. En segundo lugar, a llegar a una emisión cero de gases de efecto invernadero entre 2050 y 2100; vale decir, a evitar las emisiones o a neutralizarlas de distintas maneras. En tercer lugar –y este es el compromiso asumido por 187 países de los 195 participantes–, a comenzar a reducir significativamente sus emisiones entre 2020 y 2030. En cuarto lugar, a la creación de un fondo de unos 100.000 millones de dólares anuales para combatir el cambio climático y paliar sus consecuencias.

    Pacta sunt servanda. Que los pactos sean respetados. Este es un principio básico del Derecho Internacional que –porque el ser humano es imperfecto– no siempre se respeta. Aun así, el pacto de la COP 21 es un triunfo para la humanidad, como lo fue la abolición de la esclavitud, o la descolonización operada a partir de la creación de las Naciones Unidas en 1945. En 1945, solo dos países africanos eran plenamente independientes: Liberia y Etiopía (Egipto lo era solo nominalmente). Por cierto, la descolonización llevó tiempo, y en muchos casos se vio reemplazada por la dependencia más o menos encubierta del neocolonialismo. Con todo, es importante que la humanidad tenga conciencia de lo que está bien y de lo que está mal. La COP 21 ha proclamado que está mal dañar el medioambiente, o por irresponsabilidad, o por afán de lucro, o por cualquier otro motivo.

    Por otro lado, no es imposible cumplir materializar el principio de la COP 21 porque existe voluntad política, existen tecnologías alternativas y existen fondos para invertirse en tecnologías alternativas. Un ejemplo es la Alianza Solar Internacional, el acuerdo entre Francia e India, que destinará millones a la energía solar.

    Por Guido Rodríguez Alcalá

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    Publicado por Anónimo | 21 diciembre, 2015, 10:16
  10. Un acuerdo que trae esperanza

    Finalmente, luego de casi dos semanas de intensas negociaciones, las delegaciones de los 195 países alcanzaron un acuerdo en la Cumbre sobre Cambio Climático celebrada en París. Se trata de la mejor noticia del año y probablemente de las últimas décadas para el planeta, considerando sobre todo el fracaso de reuniones anteriores semejantes que no lograron congeniar las distintas posiciones.

    El documento de París será una guía para intentar detener el deterioro del medio ambiente que causa dramáticos cambios en el clima, un proceso que es calificado como “una amenaza urgente y potencialmente irreversible”. Del acuerdo de París es necesario destacar algunos puntos de enorme relevancia.

    En primer lugar, se trata de un documento “vinculante”, vale decir que su aprobación por parte de los países que lo suscriben implica la obligación de adoptar ciertas medidas en tiempo y forma. Si bien no tiene el rango de un Protocolo, el acuerdo alcanzado no se trata de una mera declaración de intenciones, sino que es una herramienta útil que establece plazos y metas –“ambiciosos pero realistas”, al decir del presidente francés, François Hollande– y sella importantes compromisos para todas las naciones de la Tierra.

    El documento no contiene, naturalmente, todas las posturas o criterios expuestos durante el encuentro y ha sido objeto de críticas de inmediato por parte de organizaciones ambientalistas que lo consideran insuficiente, pero no hay ninguna duda de que es un paso adelante en la dirección correcta.

    La meta del acuerdo –que entrará a regir desde el año 2020– es que la temperatura global promedio del planeta no aumente más de 2º con relación a los índices de la era preindustrial, antes del uso masivo de combustibles fósiles y del desarrollo de la ganadería en gran escala, dos de las fuentes principales de gases de efecto invernadero. El documento declara que se harán todos los esfuerzos posibles para que el referido promedio se quede en 1,5º de incremento.

    Otros aspectos del acuerdo de París deben ser resaltados. Por ejemplo, la introducción de la noción de “justicia climática”, que consiste básicamente en diferenciar las responsabilidades de los países desarrollados frente a los demás en la situación actual que vive el planeta. Sin esta distinción es imposible avanzar, porque no se le pueden hacer las mismas exigencias a una nación en vías de desarrollo, que todavía necesitará por un tiempo utilizar combustibles fósiles para llegar a ciertos niveles de crecimiento que le permitan solucionar sus problemas y dramas sociales. Las sociedades plenamente industrializadas son, en este sentido, “emisores históricos” de gases de efecto invernadero.

    Dos puntos más. La disposición de un monto mínimo anual para financiar el combate al cambio climático. Estos fondos no pueden ser inferiores a US$ 100.000 millones por año, orientados especialmente a los países más vulnerables a los efectos tempranos del cambio climático. Y también la obligatoriedad de preservar los bosques, asunto que nos toca de cerca, ya que Paraguay se encuentra entre los países con las tasas más altas de deforestación del mundo. La protección de la masa forestal es la contracara indispensable de la reducción de la emisión de gases.

    El acuerdo de París trae esperanzas en un tema que genera justificada alarma. Las características de la civilización humana del futuro y hasta la propia continuidad de la vida en la Tierra dependen de las medidas que se tomen en los próximos años.

    http://www.lanacion.com.py/2015/12/13/un-acuerdo-que-trae-esperanza/

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    Publicado por Anónimo | 21 diciembre, 2015, 10:12
  11. Póker climático en París

    Regatear, calcular… Quienes asumen compromisos en la cumbre del clima quieren recibir a cambio compensaciones. Tras maratónicas negociaciones, el acuerdo parece al alcance de la mano. Jens Thurau informa desde París.

    Laurent Fabius presentó el miércoles, con dos horas de retraso, los detalles de su nuevo borrador para un acuerdo dirigido a frenar el calentamiento global. El texto tiene ahora solo 29 páginas, en lugar de 43. Tres cuartas partes de los pasajes más controvertidos fueron eliminados. “Pero este no es aún el texto definitivo”, adelantó el anfitrión de la conferencia de París.

    Todavía está por verse cuán ambiciosos serán los objetivos de largo plazo. Y cuál será el monto de los fondos que los países en desarrollo recibirán a partir de 2020 de los Estados industrializados para adaptarse al cambio climático. Igualmente queda por definir en qué intervalos se controlará el cumplimiento de las metas voluntarias de los 195 países asistentes a la cumbre.

    Metas voluntarias

    Esas metas voluntarias habían sido presentadas antes de la conferencia de París y formarán parte del tratado. Los especialistas calculan que con su cumplimiento se podría limitar el calentamiento global a 2,7 grados. Eso es menos de lo que demandan los científicos, pero más de lo alcanzado hasta ahora en múltiples conferencias.

    El nuevo texto fue redactado por colaboradores del ministro de Relaciones Exteriores francés por la noche y compendia propuestas de numerosos grupos. Pero los negociadores siguen afinando detalles, bajo presión, y nadie cree que en encuentro de París termine realmente el viernes por la noche, como está previsto en el plan oficial. Como suele ocurrir, el juego de póker se prolongará, seguramente hasta el sábado.

    La propuesta europea

    Una iniciativa de la UE ha dado más impulso a las conversaciones. Junto con 79 países de África, el Caribe y el Pacífico, los europeos abogan por un acuerdo amplio y ambicioso, que sea vinculante en la mayor parte posible.

    “Debería contener un objetivo de largo plazo claro, concordante con los planteamientos de la ciencia climatológica”, indica la declaración. Uno de los propósitos de esta cooperación, desde el punto de vista de la UE, es lograr el apoyo de algunos de los países más pobres, que hasta ahora han hecho causa común con Estados como India y Arabia Saudita, que se han mostrado reacios a un tratado. Los países en desarrollo que ya sienten con más fuerza el impacto del cambio climático desean sin embargo un acuerdo.

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    Publicado por Anónimo | 17 diciembre, 2015, 10:05

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