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Introducir la emoción

Las próximas elecciones generales en España han adquirido un inusual entusiasmo al haberse quebrado, después de cuarenta años de democracia, el bipartidismo. Frente a los tradicionales Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Partido Popular (PP) han aparecido dos nuevas fuerzas: Ciudadanos y Podemos. Frente a las antiguas dos opciones, hoy son cuatro, y las cuatro con muchas posibilidades de llegar, si no a la Moncloa, por lo menos a su playa de estacionamiento; es decir, bastante cerca.

La prensa busca ofrecer a sus lectores los rasgos más característicos de esos candidatos. Entre los muchos enfoques, el diario “El País”, el de mayor circulación en España, ha hecho una serie bajo el epígrafe de “Las lecturas de los candidatos”. De más está decir que algo similar sería impensable en nuestro medio donde si ponemos un libro en manos de un político, se les cae porque no saben ni siquiera cómo hay que sostenerlo. El único que me consta que no solo lee, sino incluso escribe (o por lo menos lo hizo) es Mario Ferreiro, y espero no estar cometiendo una infidencia. No hablo del tradicional “que sí lee y escribe” como figuraba en la antigua baja que entregaba el Ejército, sino que escribía y muy bien.

Uno de los entrevistados por “El País” fue Albert Rivera (Barcelona, 1979), uno de los más serios candidatos a llegar a la presidencia de Gobierno. Después de hablar de sus preferencias y el tipo de lectura que le entusiasma, responde a la última pregunta que es la que quiero rescatar.

El periodista le pregunta: “Si llega a La Moncloa, ¿cómo fomentaría la lectura?” Y Rivera responde: “En la línea de lo que diría el profesor Marina: a los niños les educa la tribu entera. Es un trabajo de toda la sociedad. Es insuficiente con campañas. Los padres tenemos un papel muy importante con los hijos, con los cuentos, regalando libros, estando ahí. La piratería tiene que ver con el poco valor que le damos a eso. La vida son emociones. Lo que te puede dar un buen libro, película, concierto u obra de teatro seguramente no se paga con dinero. Hay que introducir esa parte de las emociones en la educación”.

Hay dos ideas dignas de ser rescatadas: “al niño lo educa la tribu entera” y “hay que introducir la emoción en la educación”. En el primer caso: es difícil que un niño sienta algún tipo de inclinación hacia la lectura si es que no ve que alguien lea en su casa. Hay excepciones, es verdad, pero son muy raras. Conozco casos de padres que querían que sus hijos leyeran a machamartillo. Un día entré a su casa y no había a la vista ni siquiera la guía telefónica. La hija de Gerald Ford, el presidente de los Estados Unidos que dejó Nixon en herencia en venganza por haber tenido que renunciar, tenía muchos problemas en el colegio. Le pusieron un especialista que analizara el problema. La adolescente era incapaz de concentrarse para leer ni siquiera un párrafo. ¿El posible origen del problema? En su casa solo había un libro, la Biblia sobre la que había jurado su padre. Y nunca más la volvió a mirar.

El segundo punto: recuerdo como si hubiese sido esta misma mañana: un amigo de juventud, que escribía poesía, en una oportunidad me dijo: “Este es un país extraño, un país en el que está mal visto emocionarse. Siempre tenemos que estar escondiendo nuestras emociones a causa de un libro, de una película, de una poesía”. Sin embargo, el político lo propone en su entrevista: recuperar la emoción; la emoción no tendría que ser una sensación vergonzante, sino ennoblecedora, porque es un sentimiento que dignifica, que honra, que enaltece, que nos hace mejores personas. En una reunión de amigos, uno de ellos decía: “La emoción que me produce leer un buen libro no me la puede dar ningún tipo de droga”. Entonces, dejémonos de soñar con campañas milagrosas a través de las cuales convertiremos a nuestros niños semianalfabetos en grandes lectores. Hay caminos más sencillos y más efectivos que se llaman: tribu (o barra, o familia) y emoción.

Por Jesús Ruiz Nestosa

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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Un comentario en “Introducir la emoción

  1. Cinco hábitos para superar el analfabetismo emocional

    Desde hace años, trabajo cada día en el análisis de las emociones que gestionan nuestras vidas. Estoy convencido de que la inteligencia emocional nos aporta el equilibrio perfecto entre razón y corazón. Un estudio de la Universidad Rawalpindi, de Pakistán, señala que existe una relación positiva entre la autoestima y la inteligencia emocional.

    El filósofo estadounidense William James explicaba: “El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden cambiar sus vidas al cambiar sus actitudes mentales”. Sin embargo, como toda gran meta, es complicado llegar a la excelencia.

    -Usa las emociones en tu beneficio: Maneja tu estado de ánimo, con el fin de encajar mejor en una tarea. Por ejemplo, la alegría puede estimular el pensamiento creativo e innovador. Además, como explico en mi libro “El analfabeto emocional”, también debemos detectar y descifrar las emociones a partir del lenguaje no verbal. Así se puede determinar cómo abordar ciertas situación para alcanzar una solución positiva.

    Para superar el analfabetismo emocional, debemos:

    -Ser positivos y transmitirlo: No te involucres en chismes tóxicos que puedan crear conflictos con amigos, familiares y compañeros. Las personas demasiado dramáticas pueden ser un drenaje emocional en nuestras vidas. Sin embargo, también debes estar dispuesto a decir “no”, pues debemos establecer prioridades.

    -Reflexionar: Evita actuar rápido, movido por las emociones instantáneas que provocan las circunstancias. Debemos responsabilizarnos sin culpar a otros por nuestros problemas o malas decisiones.

    -Visualizar alternativas: Gracias a la reflexión, podemos mirar con perspectiva y analizar lo que se ha desviado del camino y cómo lo podemos mejorar.

    -No dejar que el miedo nos limite: Nuestro cerebro está acostumbrado a conocer el paso siguiente. Nos volvemos previsibles. Al salir de la zona de confort, nuestra mente teme no conocer qué va a suceder. Encarar el futuro con una actitud positiva nos ayudará a convertir los obstáculos en oportunidades.

    El experto Daniel Goleman asegura que “al menos un 80% del éxito en la edad adulta proviene de la inteligencia emocional”.

    Cuando dejamos de ser analfabetos emocionales, usamos la mente y el corazón para solucionar con más eficacia los problemas. También somos conscientes de nosotros mismos y de nuestros deseos, nos convertimos en seres empáticos, potenciamos nuestras habilidades sociales y podemos convertirnos en líderes de nuestra vida y en inspiración para los demás.

    Por ISMAEL CALA

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    Publicado por jotaefeb | 17 marzo, 2017, 11:30

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