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El evangelio del domingo: Tiempo de abrirse a lo que está por venir.

“Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones en los vicios, borracheras y preocupaciones de la vida, y, de repente, los sorprenda este día.” (Lc. 21, 34)

En este domingo la Iglesia nos invita a empezar el tiempo del Adviento. Tiempo de abrirse a lo que está por venir. Muchas veces pensamos que solamente es un tiempo de preparación para la Navidad, pero es mucho más que eso: es prepararse y abrirse para el Cristo que viene. A veces nosotros nos dejamos engañar por las luces que encontramos en los comercios, en las calles, en las plazas y nos quedamos entretenidos con solamente conmemorar un hecho del pasado: el nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre de Belén.

Llenamos de romanticismo y sentimentalismo esta fiesta, pero no buscamos acoger la real presencia de Dios en nuestras vidas. Por eso, estos primeros domingos del adviento nos hablan de la segunda venida de Cristo.

Es el retorno del juez universal que viene a llevar a la plenitud nuestras vidas. Él viene para saber en qué medida somos realmente cristianos, si estamos concretizando en la vida cotidiana los valores del reino, si estamos venciendo el pecado y todas las demás cosas que nos deshumanizan. El evangelio debe ser transformado en vida, en práctica concreta, en fermento para la sociedad.

El adviento no es un tiempo para sembrar miedo, pero sí es tiempo para tomar conciencia, para alargar más las fronteras del reino de Cristo. Si Cristo retornara hoy ¿cómo encontraría mi vida? El Adviento debe permitirnos mirarnos al espejo de Jesús para saber cuáles son las cosas que deben ser retocadas o rehechas.

Es una llamada a la vigilancia, a estar alerta, sin dejarnos atrapar por las cosas del mundo. Tantas veces tenemos nuestro corazón endurecido, como nos dice el evangelio, por “los vicios, borracheras y preocupaciones” que acabamos perdiendo toda la sensibilidad para las cosas que realmente importan en la vida.

A veces estamos enceguecidos y aún las cosas evidentes nos pasan desapercibidas.

A veces ya nos da igual – participar o no en la misa; ayudar o no a una persona que nos necesita; criticar o no a los demás; lastimar o no a aquellos que nos aman; cometer o no un pecado; perdonar o no a una ofensa; ser violento o no con uno más débil.

El mundo busca con todos los medios confundirnos, para que no sepamos discernir el bien del mal, para que pensemos que todo está bien, que lo importante es aprovechar el momento y, sin darnos cuenta, vamos arruinando todo nuestro entorno, nuestras relaciones, familia, amistad, sociedad… y a nosotros mismos, con la ilusión de que estamos aprovechando la vida.

Querido/a hermano/a adviento es este tiempo de una llamada fuerte de Dios a abrir los ojos, a lavarse con la Palabra de Dios, a reencontrarlo dentro de nosotros mismos y también en los hermanos. De nuevo el Señor nos dice: delante de ti está la vida y está la muerte. Si eliges el camino de la vida, vivirás; si eliges la muerte, morirás.

 

El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

 

 

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: Tiempo de abrirse a lo que está por venir.

  1. domingo 29 Noviembre 2015

    Primero Domingo de Adviento

    Libro de Jeremías 33,14-16.
    Llegarán los días -oráculo del Señor- en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa de Israel y la casa de Judá:
    En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país.
    En aquellos días, estará a salvo Judá y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”.

    Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 3,12-13.4,1-2.
    Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por ustedes.
    Que él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables delante de Dios, nuestro Padre, el Día de la Venida del Señor Jesús con todos sus santos.
    Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el Señor Jesús, que vivan conforme a lo que han aprendido de nosotros sobre la manera de comportarse para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así: hagan mayores progresos todavía.
    Ya conocen las instrucciones que les he dado en nombre del Señor Jesús.

    Evangelio según San Lucas 21,25-28.34-36.
    Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas.
    Los hombres desfallecerán de miedo por lo que sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán.
    Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria.
    Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación”.
    Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes
    como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra.
    Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia
    Sermones sobre el domingo y la las fiestas de los santos, 3er domingo de Adviento

    Las dos venidas del Señor

    «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres» (Flp 4,4). Doble gozo motivado por un doble beneficio: la primera y la segunda venida. Debemos alegrarnos porque el Señor, en su primera venida, nos ha traído riquezas y gloria. Debemos alegrarnos todavía más porque en su segunda venida nos dará «años que se prolongan sin término» (Sl 20,5). Tal como lo dice el libro de los Proverbios: «Largos días en su derecha, y en su izquierda riqueza y gloria» (3,16). La izquierda, es la primera venida con sus gloriosas riquezas: la humildad y la pobreza, la paciencia y la obediencia. La derecha es la segunda venida, con la vida eterna.

    De la primera venida, Isaías habla en estos términos: «¡Despierta, despierta, revístete de poderío, oh brazo del Señor! ¡Despierta como en los días de antaño, en las generaciones pasadas! ¿No eres tú el que partió a Rahab, el que atravesó al Dragón? ¿No eres tú el que secó la Mar, las aguas del gran Océano, el que trocó las honduras del mar en camino para que pasasen los rescatados?» (51, 9-10). El brazo del Señor es Jesucristo, Hijo de Dios por quien y en quien Dios ha hecho todas las cosas… Oh brazo del Señor, oh Hijo de David, despierta; ven a nosotros desde la gloria de tu Padre, tomando nuestra carne. Revístete de la fuerza divina para luchar contra «el príncipe de este mundo» (Jn 12,31) y para «echar fuera al fuerte», tú que eres «más fuerte que él» (Lc 11,21-22). Despierta para rescatar al género humano, tal como en los días antiguos liberaste al pueblo de Israel de la servidumbre de Egipto… Tú secaste el mar Rojo; lo que hiciste, lo harás ahora…, tal como has marcado en el fondo del abismo el camino por donde pasan los rescatados.

    De la segunda venida, habla el Señor en Isaías con estos términos: «Mirad, voy a transformar a Jerusalén» -la Jerusalén celeste formada por ángeles y hombres- «en alegría y su pueblo en gozo. Me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos» (65, 18-19), porque como dice en otra parte: «El Señor enjugará las lágrimas de todos sus rostros» (25,8).

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    Publicado por Anónimo | 29 noviembre, 2015, 10:06
  2. En la espera del Señor

    Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro con Cristo, acompañados por las buenas obras. Esta misma actitud de expectación desea la Iglesia que tengamos sus hijos en todos los momentos de nuestra vida. Considera como una parte esencial de su misión hacer que sigamos mirando al futuro, aunque ya se ha cumplido el segundo milenio de aquella primera Navidad, que la liturgia nos presenta inminente.
    Cuando el Mesías llegó, pocos le esperaban realmente. Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Muchos de aquellos hombres se habían dormido para lo más esencial de sus vidas y de la vida del mundo.

    Estad vigilantes, nos dice el Señor en el Evangelio de la Misa. Despertad, nos repetirá San Pablo. Porque también nosotros podemos olvidarnos de lo más fundamental de nuestra existencia.

    Puesto que el Señor viene a nosotros, hemos de prepararnos. Cuando llegue la Navidad, el Señor debe encontrarnos atentos y con el alma dispuesta; así debe hallarnos también en nuestro encuentro definitivo con Él. Necesitamos enderezar los caminos de nuestra vida, volvernos hacia ese Dios que viene a nosotros. Toda la existencia del hombre es una constante preparación para ver al Señor, que cada vez está más cerca, pero en el Adviento la Iglesia nos ayuda a pedir de una manera especial; Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad: enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.

    Prepararemos este encuentro en el sacramento de la Penitencia. El papa Francisco en una catequesis dijo: “La invitación de Jesús de estar siempre preparados, vigilantes, sabiendo que la vida en este mundo se nos ha dado para prepararnos a la otra vida, con el Padre celeste. Y para esto hay siempre una vía segura: prepararse bien a la muerte, estando cerca de Jesús. ¿Y cómo estamos cerca de Jesús? Con la oración, en los sacramentos y también en la práctica de la caridad.

    Recordemos que Él está presente en los más débiles y necesitados. Él mismo se identificó con ellos, en la famosa parábola del juicio final, cuando dice: ‘Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era extranjero y me acogisteis, desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estaba en la cárcel y vinisteis a verme. Todo lo que hicisteis con estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis’.

    Por tanto, un camino seguro es recuperar el sentido de la caridad cristiana y de la compartición fraterna, curar las heridas corporales y espirituales de nuestro prójimo. La solidaridad en compartir el dolor e infundir esperanza es premisa y condición para recibir en herencia el Reino preparado para nosotros. Quien practica la misericordia no teme a la muerte. Piensen bien en esto. Quien practica la misericordia no teme a la muerte. ¿Están de acuerdo? ¿Lo decimos juntos para no olvidarlo? Quien practica la misericordia no teme a la muerte. Otra vez. Quien practica la misericordia no teme a la muerte. ¿Y por qué no teme a la muerte? Porque la mira a la cara en las heridas de los hermanos, y la supera con el amor de Jesucristo”.

    “¡Qué venza la paz!”, dijo el papa Francisco con los fieles, en la Audiencia General interreligiosa.

    “Somos todos hermanos, diferentes pero hermanos”, es el pensamiento común que tienen los peregrinos a los que entrevistamos en Roma tras la Audiencia General del Papa dedicada al diálogo interreligioso este 28 de octubre.

    El papa Francisco habla de la gran familia humana en la armonía de la diversidad y en este contexto los peregrinos también recalcan que entre todos tiene que haber una aceptación para que gane la paz y se acaben las guerras por diferentes credos que existen. Así, se celebró el 50° aniversario de la Declaración del Concilio Vaticano II “Nostra ætate” sobre las relaciones de la Iglesia Católica con las religiones no cristianas.

    (Del libro Hablar con Dios, http://www.es.catholic.net y http://es.radiovaticana.va).

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    Publicado por Anónimo | 29 noviembre, 2015, 10:04
  3. Esperar la liberación

    Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

    Lc 21, 25-28.34-36.- En este domingo empezamos el año nuevo de la Iglesia. Litúrgicamente, es el año C y el evangelio de Lucas será el central.

    La etapa inicial de este ciclo es el Adviento, que es un tiempo básicamente mariano, se caracteriza por la preparación para la venida del Señor, que va a cumplir sus promesas. El color morado manifiesta que esperamos algo mejor pero todavía no lo poseemos en plenitud.

    El estilo apocalíptico de una parte del evangelio puede generar temor, pues habla de una convulsión de los astros del cielo. No se debe dar valor a cada detalle de la descripción, pero al sentido general: se acerca la liberación, pues este mundo y su desorden pasará y únicamente Cristo brillará como Señor.

    Las convulsiones que golpean nuestras vidas muchas veces nos dejan mareados, ya que al ir terminando el año podemos notar que proyectos anhelados se quedaron en el tintero. Tal vez no conseguimos el empleo deseado, no logramos encontrar la pareja soñada o no recuperamos completamente la salud.

    Es necesario revisar las medidas de éxito y gloria que manejamos que, fácilmente, son materialistas y egocéntricas. Hay que ahondar en el encanto del ser humano como obra de Dios, que lo ha redimido gratuitamente en Jesucristo.

    Creer que se acerca la liberación genera más ánimo siempre y cuando sepamos tratar a los familiares con respeto y con actitudes de solidaridad. Sin embargo, es importante también no dejarse manipular, además, insistir en el sentido de la mutua responsabilidad dentro del hogar.

    Es hermoso ver al otro ser humano como un compañero en la peregrinación que hacemos por este mundo, que pasa tan fugazmente, como lo anuncia este año que está terminando. Es más, alegrarse porque todas las criaturas son nuestros compañeros de camino y, por ello, al estilo de san Francisco de Asís, cuidemos del agua, de los árboles, del aire puro; en fin, ayudémonos recíprocamente.

    Por otro lado, para lograr una libertad más profunda Jesús insiste en que no nos dejemos aturdir por los excesos de agitación mental, que lleva a un estéril nerviosismo. Asimismo, evitemos la embriaguez, pues observamos horrorizados las consecuencias del abuso del alcohol, tanto en accidentes como en peleas totalmente evitables. El Señor igualmente nos advierte a que no nos dejemos avasallar por las preocupaciones de la vida, sino que seamos laboriosos, pero mesurados.

    Al empezar el Adviento reserve un poco de su tiempo para conversar más con Cristo, para escucharlo y para llegar a la Navidad con un espíritu libre y lleno de esperanza.

    Paz y bien.

    hnojoemar@gmail.com

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    Publicado por Anónimo | 29 noviembre, 2015, 07:47

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