El futuro del trabajo

Se suele decir que en 1775, cuando el ingeniero inglés de origen escocés James Watt, con la ayuda financiera de Bultton, lanzó su invento de la máquina de vapor, se inicia la era industrial en occidente. El trabajo dejó de ser básicamente agricultura y ganadería en el campo, para ir trasladándose poco a poco a las fábricas con la producción industrial. La mayor riqueza ya no estaría en la posesión de tierras, sino en la posesión de fábricas.

En la era posindustrial estamos pasando poco a poco en occidente y oriente a la sociedad del conocimiento, en la que la mayor fuente de riqueza no está en el trabajo y producción industrial, sino en la producción y distribución de conocimientos e información. En esta sociedad del conocimiento, la economía no está en el trabajo para la transformación de la materia, sino en el trabajo inmaterial. Y para este trabajo no hacen falta ni tierras ni fábricas.

Patricia Vendramin, investigadora del futuro del trabajo, recogiendo datos de la Unión Europea, dice que en el año 2010 el número de trabajadores europeos “e-nomads” alcanza al 24%. Los “e-nomads” son “trabajadores que no tienen un claro lugar físico habitual de trabajo y que lo hacen usando intensamente la tecnología IT”.

Para comprender qué clase de trabajo será posible y necesario en el futuro inmediato basta observar algunos hechos que sirven de indicadores y van marcando tendencias. La robótica, por ejemplo, ha desplazado la mano de obra en múltiples procesos productivos; para citar un tópico es suficiente recordar lo que ha supuesto la robótica en la producción de coches o con mecánica mejorada en las cadenas de montaje y envase en la totalidad de los productos envasados. Actualmente, la robótica unida a la informática y a la inteligencia artificial ha logrado en Japón el robot que suple a las empleadas domésticas, haciéndose cargo de los servicios que ellas cubrían. Y la robótica con la informática y la inteligencia artificial han hecho posible que Google (que no era empresa automotriz) lance el coche sin chofer.

Por su parte, la inteligencia artificial está produciendo herramientas increíbles como el GPS tan asequibles como los que podemos instalar en nuestros coches para orientarnos perfectamente en la geografía de nuestros itinerarios. Y más impresionante todavía la nueva producción de inteligencia artificial para ser instalada dentro del cuerpo humano.

Fue primero la mecánica, ahora la informática, la robótica y la inteligencia artificial las que van desplazando a hombres y mujeres de trabajos que estas tecnologías y nuevos recursos hacen con mayor eficacia que los trabajadores tradicionales.

Es evidente que cada día hacen falta menos trabajadores para producir los bienes y servicios que hasta ahora venía produciendo el trabajo humano. El desempleo crece progresivamente en el primer mundo, porque ahora lo que demanda trabajo es la producción científica y tecnológica, es decir, la producción de conocimientos y sus aplicaciones que requieren alto nivel de especialización.

Los analistas del futuro del trabajo lo tienen claro: la brecha y ruptura de la equidad es creciente. Cada vez menos personas sabrán y podrán trabajar y serán capaces de producir lo que las mayorías necesiten.

¿Cómo se podrá participar activamente en la economía del conocimiento? Todos los especialistas del tema coinciden en afirmar que para no quedar afuera en el mundo del trabajo futuro, el primer factor es la innovación y actualización permanentes del sistema educativo en todos sus niveles e indiscutiblemente en el nivel de la educación superior, sobre todo en las universidades, que deben estar definitivamente comprometidas con la producción de conocimientos, mediante la investigación, y en la consecuente formación de todas las profesiones en ese mismo espíritu y las ineludibles exigencias de la sociedad del conocimiento.

Cuando el trabajo material ha entrado en crisis, cuando el trabajo inmaterial se pone en la vanguardia de la producción de riqueza, los paraguayos no podemos seguir de espaldas al proceso acelerado que problematiza el mundo del trabajo. Necesitamos políticas y acciones concretas de urgencia, reforma radical de la educación superior, sobre todo de nuestras universidades, porque tal como estamos y vamos no tenemos posibilidades de enfrentar el futuro que ya está presente.

Por Jesús Montero Tirado

 

 

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Un comentario en “El futuro del trabajo”

  1. Trabajo humano e inteligencia artificial

    En 1870, entre el 70 y el 80 por ciento de la fuerza de trabajo de Estados Unidos estaba empleada en la agricultura; hacia el año 2008 este número había descendido a menos del 2 (dos) por ciento (J. Kaplan, 2017,120). Por suerte para el equilibrio sociolaboral de los estadounidenses este impresionante descenso se dio en 150 años, a un ritmo lento de cambio de trabajo para la casi totalidad de la población trabajadora.
    La mecanización, automatización, robótica, la inteligencia artificial en general con el desarrollo de la cibernética han desencadenado este desplazamiento laboral.

    El análisis del tema lleva a la conclusión de que la inteligencia artificial con sus diversos modos y productos al servicio de la humanidad (en industria, comercio y servicios, finanzas, medicina, ingenierías, educación, ocio, arte, sociabilidad, información, comunicación, etc.) cambian la naturaleza y modalidades de trabajo y consecuentemente obligan a capacitarse para trabajar en las nuevas coordenadas. Lo que en 1870 era en Estados Unidos masiva población laboral en agricultura es hoy dispersa población distribuida en sectores no primarios, incluyendo la producción de tecnologías, conocimientos y la participación en la sociedad virtual.

    Es evidente que la inteligencia artificial en sus diversas derivaciones actuales y futuras desafía a todo el que quiera trabajar, porque tiene que capacitarse para trabajar en el mundo que existe y va a existir, ya que no sirve prepararse para el mundo que ni existe ni volverá a existir.

    El desafío que plantea el acelerado desarrollo de la inteligencia artificial cae directamente sobre las responsabilidad de las familias, de las instituciones educativas y del sistema educativo total, responsables todos ellos de preparar a niños, adolescentes y jóvenes y de posibilitar la actualización permanente de los adultos, ya profesionales, para la vida real y sus cambios constantes. El problema laboral de los adultos es más grave cuando la mayoría de ellos en nuestro país, ni siquiera tienen los conocimientos y competencias de bachilleres.

    La inteligencia artificial no compite contra los trabajadores sean del nivel profesional que fueren. Surge precisamente como una extensión de la inteligencia humana para contribuir a su mayor desarrollo y potencialidad. La computadora (un ejemplo cercano de inteligencia artificial) extiende entre otras potencialidades del ser humano, nuestra memoria con su disco duro interno y externo e incluso con la “nube”.

    Pero es mucha más la contribución de la inteligencia artificial, porque hasta ahora la inteligencia artificial existe fuera del cuerpo humano, pero ya se están elaborando distintas formas de inteligencia artificial (nanobots) que se podrán insertar en nuestro cuerpo y en el mismo cerebro; lo cual quiere decir, que la inteligencia artificial no solo no compite contra el ser humano, sino que se pone a disposición del ser humano insertada en el interior de nuestro cuerpo. Raymond Kurzweil lo describe en su impactante libro “Cómo se crea una mente” (2012).

    John McCarthy, uno de los “padres fundadores” de la inteligencia artificial la definió en 1955 diciendo que consiste “en hacer que una máquina se comporte de formas que serían llamadas inteligentes si un ser humano hiciese eso”. Después surgieron otras muchas definiciones y algunas críticas a la definición de McCarthy. En cualquier caso coinciden fundamentalmente en reconocerle inteligencia artificial “a las máquinas capaces de conductas humanas, que consideraríamos inteligentes si las efectuaran seres humanos”. Observa tu teléfono celular “inteligente” y cuenta la cantidad extraordinaria de funciones que es capaz de hacer ágilmente, y comprenderás que si tú hicieras todas esas funciones con la misma rapidez y calidad, con razón tus familiares y amigos te dirían que eres inteligente.

    La presencia de la inteligencia artificial con trabajo maquinal en las empresas no afecta igualmente a todos los empleos, a unos les afecta más que a otros. Hay investigaciones muy interesantes sobre el impacto según trabajo, empleo y profesiones, incluido el quehacer de los intelectuales. Tal vez en otra oportunidad vuelva sobre el tema con más tiempo y espacio. Lo que sí podemos sugerir es que la progresiva presencia de las diversas formas de inteligencia artificial, especialmente las próximamente venideras de la nanotecnología, nos presionan para que revisemos las políticas públicas de educación, sobre todo de nivel medio y superior y las políticas sociales de trabajo.

    Por Jesús Montero Tirado

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