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New York, New York y los libros

Para muchos, el director de cine paradigmático de Nueva York es Woody Allen. Un episodio de Los Simpsons lo pintaría como tal: la primera vez que la familia va a la Gran Manzana, ve cómo el creador de Manhattan arroja su basura a la calle desde la ventana de un rascacielos, como si la Quinta Avenida fuera su patio trasero. Sin embargo, lo es de cierto Nueva York.

Para una ciudad de múltiples caras, no puede haber solo un o una exegeta de sus magias y de su vida prosaica. Por eso, Martin Scorsese es el cineasta que más profundamente ha buceado con los ojos abiertos en las periferias (urbanas y temáticas) de la ciudad, aun cuando lo ha hecho desde el Hollywood afecto a la postal turística. Penetró sutilmente en su jungla de acentos lingüísticos, en su centro sitiado por hijos de la mafia, por perdedores de la clase obrera lo suficientemente hábiles para conquistar el mismísimo corazón de Wall Street, por inmigrantes pandilleros fundacionales que dieron forma a la ciudad en el siglo XIX, por solitarios taxistas insomnes que vienen de “malas calles” para conjurar la experiencia atroz de la guerra.

La semana que pasó, el canal de cable HBO estrenó un nuevo capítulo del amor camaleónico de Scorsese por su ciudad natal. Un homenaje diferente. El argumento de 50 años (2014) cuenta la historia de una publicación nacida en la ciudad en 1963: The New York Review of Books. Una revista centrada en la crítica de libros, pero también en el análisis cultural y social. Durante casi dos horas, junto a David Tedeshi, Scorsese realiza un tributo coral a esa revista bimestral que sus padres trabajadores traían a la casa luego de sus agotadoras jornadas laborales y con la que el director creció intelectualmente.

Aparecen en el filme Vietnam, el movimiento feminista, la invasión a Iraq, la violencia racial, la protesta de los occupy, pero también la vida y la muerte del poeta Robert Lowell vistas por un emocionado Derek Walcott, los debates públicos entre Norman Mailer y Susan Sontag, la variopinta cantidad de colaboradores como el novelista Michael Chabon, quien nació el mismo año en que la revista fue fundada, y a la que recuerda por ello como parte inherente de su vida. Pero, sobre todo, la película es un homenaje a su editor desde hace medio siglo, Robert B. Silvers, quien demuestra que la naturaleza de su trabajo es “el ejercicio del criterio” de que hablaba José Martí, y que ello consiste especialmente en saber por qué, cuándo y a quién pedir una colaboración. Con 85 años, Silvers sigue dirigiendo la publicación, rodeado de libros que las editoriales envían con la esperanza de que una recensión ocupe un espacio en sus influyentes páginas. El aliento original The New York Review of Books es exactamente ese: un mundo en el que los libros sean —como decía Octavio Paz de Jorge Luis Borges— el arquero, la flecha y el blanco en su disección de la cultura de nuestro tiempo. Un libro como un laberinto que sea una ciudad: Nueva York.

Por Blas Brítez

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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