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Cultura del trabajo

El trabajo es un valor tan extraordinario que las ciencias, las letras y las artes existen gracias al trabajo y se han ocupado de explorarlo, analizarlo y exaltarlo. Parece lógico que se hayan interesado por él los economistas, pero sorprende constatar que lo investiguen además de los sociólogos y psicólogos, los físicos, neurólogos, filósofos, especialistas de ética y valores, teólogos bíblicos y de pastoral social, médicos de empresa, traumatólogos, abogados, historiadores, políticos, pedagogos, artistas plásticos como Velázquez con cuadros espectaculares sobre las Hilanderas o la Fragua de Vulcano, literatos con obras maestras como “El viejo y el mar” de Hemingway, etc. Hasta los místicos se sumergen y trascienden el sentido del trabajo, cuando proponen ser “contemplativos en la acción” como Ignacio de Loyola.

Cada cultura asocia el trabajo con algún otro valor. La cultura judía en el libro del Génesis lo asocia con el esfuerzo, “con el sudor de la frente”, la cultura del cristianismo profundo lo asocia como Cristo con la dignidad humana diciendo que “digno es el obrero de su salario”, y con la creatividad, diciendo metafóricamente que “Dios trabaja”; otras culturas lo asocian con obtención de riqueza, con la realización personal, con responsabilidad familiar y social, y así con otros valores. En todas las culturas el trabajo es un derecho humano y un deber existencial, porque el trabajo es condición de supervivencia. Sin trabajo es inútil aspirar al progreso, al bienestar y la calidad de vida.

La variedad de posibles trabajos y la diversidad frente a su identidad han obligado a filósofos y a responsables de instituciones y organismos internacionales como la OIT, a definir qué es el trabajo.

Es muy significativo que la OIT, cuando habla del trabajo se refiere al “trabajo decente”, lo identifica con el adjetivo “decente”. El Tesauro de la OIT define el trabajo como “el conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos. El empleo es definido como “trabajo efectuado a cambio de pago (salario, sueldo, comisiones, propinas, pagos a destajo o pagos en especie)” sin importar la relación de dependencia (si es empleo dependiente-asalariado, o independiente-autoempleo).

Y trabajo decente es un concepto que busca expresar lo que debería ser, en el mundo globalizado, un buen trabajo o un empleo digno. El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo; no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social, ni aquel que excluye el diálogo social y el tripartismo”.

El trabajo es esencialmente acción transitiva, pasa del trabajador a la persona o elemento de la naturaleza o cosa que es objeto de nuestro trabajo. Los frutos del trabajo no están solamente fuera del trabajador en lo que ha transformado o creado y producido sean bienes, ideas o servicios, están también dentro de él mismo que crece en conocimientos, habilidades, destrezas y experiencias, en constatación de sus fecundidades y de su colaboración con la creación de Dios, contribuyendo al desarrollo de la humanidad y de la naturaleza.

Por el trabajo se alarga la vida, se embellecen los entornos y se crean vínculos de humanidad y humanización.

La Word Values Survey ha investigado la escala de valores sociales en varios países. La selección de países ha respondido a criterios en busca de mayor claridad en las posibles conclusiones al comprar unos y otros. Eligieron países ricos y pobres. Paraguay no estuvo incluido. En dicha investigación, el valor “trabajo” aparece en el segundo lugar de valores más apreciados. En primer lugar apareció la familia y en tercer lugar la amistad. Es interesante observar que en los tres países más ricos del mundo: Alemania, Japón y Estados Unidos, el trabajo está en tercer lugar y les anteceden la familia y la amistad…

¿Dónde ponemos los paraguayos el valor trabajo? Todos podemos opinar.

Por Jesús Montero Tirado

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/cultura-del-trabajo-1424753.html

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