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El evangelio del domingo: Ser más generoso

El Evangelio muestra que Jesús estaba sentado en el templo y observaba cómo las personas daban su ofrenda. Algunos ricos daban limosna en abundancia y, de repente, aparece una viuda que depositó solamente dos monedas de cobre, en sí mismas, de poco valor.

Tanto la primera lectura cuanto el Evangelio muestran dos mujeres con varias semejanzas: las dos son viudas, son pobres y son generosas. Presentan una notable talla moral y ambas están fuera del mundo fashion y fingido: prefieren ser grandes a los ojos de Dios. Es más, las dos pasan por una crisis, pues una regaló al profeta el pan que poseía para su alimento y la otra entregó toda la plata que tenía para vivir.

Y esta señora mereció el elogio del Señor, único dueño de todas las barras de oro, de las monedas de plata y diamantes del mundo. La viuda representa a sus verdaderos discípulos, pues le demuestran un amor lleno de confianza, aunque en medio de agudas necesidades personales y de la farsa que impera en casi todo el planeta.

Por otro lado, los escribas, a quienes les gustaba exhibirse con vestiduras de marcas sofisticadas y ser aplaudidos en la farándula, representan a aquellos que son lobos vestidos de ovejas. En realidad, lo que ellos hacían era explotar, ya que devoraban los bienes de la gente pobre con falacias jurídicas y con abusadas prepotencias.

Jesús agrega algo expresivo: fingen hacer largas oraciones. Peor, todavía, pues utilizan la espiritualidad, la religión y la Biblia para engañar, defraudar y enriquecerse deshonestamente. El Señor asegura que serán juzgados con más severidad, ya que para Dios no hay oparei. Ellos no son generosos, pero avaros y manipulan las necesidades ajenas para su ganancia.

El desafío para nosotros es ser generosos en nuestros compromisos, sea en el ámbito que sea, como la familia, la relación de pareja, el trabajo, el estudio y la recreación. La tendencia del corazón humano, con preocupante frecuencia, es aprovecharse de los demás y querer sacar ventajas personales por caminos inmorales.

El ejemplo más grande de desprendimiento es del mismo Jesucristo, que dejó su trono para asumir nuestra condición limitada y enseñarnos el camino del cielo. Sin embargo, la viuda de hoy también es ejemplar.

Tratemos de ser más generosos, lo que toca el aspecto de compartir los bienes materiales, ser diezmador en la propia comunidad, pero también compartir nuestro tiempo, nuestra fe, nuestra esperanza y la alegría de saber que el Señor nunca se deja vencer en generosidad.

Paz y bien.

Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “El evangelio del domingo: Ser más generoso

  1. No se puede dar culto a Dios y causar daño a los pobres

    08 de nov de 2015
    Explicación del Papa en el Angelus de hoy, acerca del evangelio de la viuda pobre
    Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días, con este lindo sol!

    El episodio del Evangelio de este domingo se compone de dos partes: en una se describe cómo no deben ser los seguidores de Cristo; en la otra, se propone un ideal ejemplar de cristiano.

    Comencemos por la primera, qué cosa no tenemos que hacer: en la primera parte, Jesús critica a los escribas, maestros de la ley, tres defectos que se manifiestan en su estilo de vida: soberbia, avidez e hipocresía. A ellos «les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes» (Mc 12,38-39). Pero, bajo apariencias tan solemnes, se esconden falsedad e injusticia. Mientras se pavonean en público, usan su autoridad – así dice Jesús – para «devorar los bienes de las viudas» (cfr v 40), a las que se consideraba, junto con los huérfanos y los extranjeros, como a las personas más indefensas y desamparadas. En fin, los escribas – dice Jesús – «fingen hacer largas oraciones» (v 40).

    También hoy existe el riesgo de asumir estas conductas. Por ejemplo, cuando se separa la oración de la justicia, porque no se puede rendir culto a Dios y causar daño a los pobres. O cuando se dice que se ama a Dios y, sin embargo, se antepone a Él la propia vanagloria, el propio provecho.

    Y en esta línea, se coloca la segunda parte del Evangelio de hoy. La escena se ambienta en el templo de Jerusalén, precisamente en el lugar donde la gente echaba las monedas como ofrenda. Hay muchos ricos que echan tantas monedas y hay una pobre mujer, viuda, que da apenas dos pequeñas monedas. Jesús observa atentamente a esa mujer y llama la atención de los discípulos sobre el fuerte contraste de la escena. Los ricos han dado, con gran ostentación, lo que para ellos era superfluo, mientras que la viuda, con discreción y humildad, ha dado «todo lo que tenía para vivir» (v 44); por ello – dice Jesús – ella ha dado más que todos. Debido a su extrema pobreza, hubiera podido ofrecer una sola moneda para el templo y quedarse con la otra. Pero ella no quiere hacer a medias con Dios: se priva de todo. En su pobreza ha comprendido que, teniendo a Dios, lo tiene todo; se siente amada totalmente por Él y, a su vez, lo ama totalmente. ¡Qué lindo ejemplo esa viejita, lindo ejemplo!

    Jesús, hoy, nos dice también a nosotros que la medida de juicio no es la cantidad, sino la plenitud. Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener mucho dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón. Piensen esta semana en la diferencia que hay entre cantidad y plenitud. No es cosa de billetera, sino de corazón. Hay diferencia entre billetera y corazón… Hay enfermedades cardiacas que hacen que el corazón se baje hasta la billetera… ¡Y eso no va bien! Amar a Dios «con todo el corazón» significa confiar en Él, en su providencia, y servirlo en los hermanos más pobres, sin esperarnos nada a cambio.

    Permítanme que cuente una anécdota, que sucedió en mi diócesis precedente. Estaban en la mesa una mamá con sus tres hijos; el papá estaba en el trabajo; estaban comiendo milanesas… En ese momento llaman a la puerta y uno de los hijos – chicos, 5, 6 años, 7 años, el más grande – viene y dice: «Mamá, hay un mendigo que pide comida». Y la mamá, una buena cristiana, les pregunta: «¿qué hacemos? – Démosle mamá… Bien… Agarra el tenedor y el cuchillo y les quita la mitad de cada milanesa. ¡Ah, no, mamá no! ¡Así no! Agarra de la refrigeradora – ¡No! ¡Preparamos tres sándwiches así! Y los hijos aprendieron que la verdadera caridad se hace no con lo que nos sobra, sino con lo que nos es necesario. Estoy seguro de que esa tarde tuvieron un poco de hambre… ¡pero, así se hace!

    Ante las necesidades del prójimo, estamos llamados a privarnos – como esos niños, de la mitad de la milanesa – de algo indispensable, no sólo de lo superfluo; estamos llamados a dar el tiempo necesario, no sólo el que nos sobra; estamos llamados a dar enseguida sin reservas algún talento nuestro, no después de haberlo utilizado para nuestros objetivos personales o de grupo.

    Pidamos al Señor que nos admita a la escuela de esta pobre viuda, que Jesús, entre el desconcierto de los discípulos, hace subir a la cátedra y presenta como maestra de Evangelio vivo. Por intercesión de María, la mujer pobre que ha dado toda su vida a Dios por nosotros, pidamos el don de un corazón pobre, pero rico de una generosidad alegre y gratuita.

    fuente: Radio Vaticana

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 07:12
  2. Papa Francisco en Ángelus: Se puede tener mucho dinero pero tener vacío el corazón

    VATICANO, 08 Nov. 15 (ACI) .- En el rezo del Ángelus, el Papa Francisco afirmó que la caridad está en dar de lo que es indispensable para uno, no de lo superfluo, por lo que “tú puedes tener mucho dinero, pero estar vacío: no hay plenitud en el corazón”.

    Desde la ventada del estudio pontificio, el Pontífice comentó el Evangelio de este domingo antes de rezar el Ángelus. Señaló que el cristiano debe fiarse de la providencia de Dios y servir a los hermanos más pobres sin esperar nada a cambio. A su vez, advirtió de que una enfermedad es estar apegado a los bienes, lo que hace que el corazón se ‘abaje’ a la cartera.

    “La medida del juicio no es la cantidad, sino la plenitud. Existe una diferencia entre cantidad y plenitud. “Piensen, en esta semana –invitó a los fieles– en la diferencia que existe entre cantidad y plenitud. No es cuestión de cartera, sino de corazón. Hay diferencia entre la cartera y el corazón… Hay enfermedades cardiacas, que hacen ‘abajar’ el corazón a la cartera… ¡y esto no hace bien!”, exclamó.

    “Amar a Dios ‘con todo el corazón’ significa confiar en Él, en su providencia, y servirlo en los hermanos más pobres sin esperar nada a cambio”.

    A continuación, Francisco contó una anécdota sucedida en la diócesis de Buenos Aires (Argentina) de la que fue Arzobispo: “Estaban en la mesa una madre con tres hijos; el padre estaba en el trabajo; estaban comiendo filetes de carne empanados… en ese momento llaman a la puerta y uno de los hijos –pequeños, 5, 6 años, 7 años el más mayor– viene y dice: ‘mamá, hay un mendigo que pide comida’. Y la madre, una buena cristiana, le pregunta: ‘¿Qué hacemos?’ –‘Vamos a dársela mamá’– ‘Vale’. Tomó un tenedor y un cuchillo y cortó la mitad de cada uno de los filetes. ‘¡Ah no mamá, no! Así no!’. ‘Tómalos del frigorífico’ – ‘¡No, hagamos tres bocadillos así!’. Y los hijos aprendieron que la verdadera caridad se ! da, se hace no de aquello que sobra, sino de aquello que es necesario”.

    “Estoy convencido de que en la tarde tuvieron un poco de hambre… ¡pero así se hace!” dijo a los presentes en la plaza de San Pedro.

    Por eso, “frente a las necesidades de los demás somos llamados a privarnos de alguna cosa indispensable, no solo de lo superfluo; estamos llamados a dar el tiempo necesario, no sólo el que nos viene bien; somos llamados a dar rápidamente y sin reservas cualquiera de nuestros talentos, no después de haberlo utilizado para nuestros propósitos personales o de grupo”.

    Al comentar el Evangelio de este domingo, Francisco explicó que se compone de dos partes: “una en la que se describe cómo no deben ser los seguidores de Cristo” y otra “en la que se propone el ejemplo ideal de cristiano”.

    “En la primera parte Jesús critica a los escribas, maestros de la ley, tres defectos que se manifiestan en su estilo de vida: soberbia, codicia e hipocresía”.

    “Bajo su apariencia solemne se esconden falsedades e injusticias”, explicó el Papa.

    Así, “mientras se pavonean en público, usan su autoridad para ‘devorar las casas de las viudas’ que estaban consideradas, junto a los huérfanos y extranjeros, las personas más indefensas y menos protegidas”.

    El Papa advirtió de que “también hoy existe el riesgo de asumir estas actitudes” por ejemplo “cuando se separa la oración de la justicia, porque no se puede rendir culto a Dios y causar daño a los pobres, o cuando uno dice que ama a Dios pero antepone a Él la propia vanagloria, el propio lucro”.

    Retomando el Evangelio, el Santo Padre explicó que “la escena está ambientada en el templo de Jerusalén, precisamente en el lugar donde la gente lanzaba las monedas como ofrenda”.

    “Hay muchos ricos que tiran muchas monedas, y hay una pobre mujer, viuda, que da apenas dos moneditas. Jesús observa atentamente a esta mujer y reclama la atención de los discípulos sobre el fuerte contraste que hay en la escena”.

    “Los ricos han dado, con gran ostentación, aquello que para ellos era superfluo, mientras la viuda, con discreción y humildad, ha dado ‘todo lo que tenía para vivir’ y por eso –dice Jesús– ella ha dado más que los otros”.

    Francisco señaló que “con motivo de su extrema pobreza, habría podido ofrecer una sola moneda para el templo y quedarse la otra para ella. Pero no ha querido ir a la mitad con Dios: se priva de todo. En su pobreza ha comprendido que, teniendo a Dios, tiene todo; se siente amada totalmente a Él y a su vez le ama totalmente”.

    “Pidamos al Señor aprender de esta pobre viuda, que Jesús, entre el desconcierto de los discípulos, hace salir en cátedra y presenta como maestra del Evangelio vivo. Por intercesión de María, la mujer pobre que ha dado toda su vida a Dios por nosotros, pidamos el don de un corazón pobre, pero rico de una generosidad alegre y gratuita”, concluyó.

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    Publicado por jotaefeb | 8 noviembre, 2015, 14:46
  3. domingo 08 Noviembre 2015

    Trigésimo segundo Domingo del tiempo ordinario

    Primer Libro de los Reyes 17,10-16.
    El partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: “Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber”.
    Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: “Tráeme también en la mano un pedazo de pan”.
    Pero ella respondió: “¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos”.
    Elías le dijo: “No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después.
    Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo”.
    Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo.
    El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías.

    Carta a los Hebreos 9,24-28.
    Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro.
    Y no entró para ofrecerse así mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya.
    Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio.
    Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio,
    así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan.

    Evangelio según San Marcos 12,38-44.
    Y él les enseñaba: “Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas
    y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes;
    que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad”.
    Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia.
    Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre.
    Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros,
    porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Tomás de Celano (c. 1190-c. 1260), biógrafo de San Francisco y de Santa Clara
    «Vita prima» de San Francisco, § 76

    Darlo todo porque Cristo lo ha dado todo

    Francisco, pobre y padre de los pobres, quería vivir totalmente como un pobre; sufría si encontraba a alguien más pobre que él, y no por vanidad, sino a causa de la tierna compasión que le producían. No quería para él otro vestido que una túnica áspera y corriente, y a menudo ocurría que la compartía con algún menesteroso. Pero él era un pobre muy rico, porque movido por su gran caridad, a socorrer a los pobres como podía, en los tiempos de mayores fríos se iba a las casas de los ricos de este mundo y les pedía le prestaran una capa o un abrigo. Y esos se los llevaban más rápidamente aun que el tiempo que Francisco había usado para pedirlos. «Los acepto, decía entonces Francisco, con la condición de que no esperéis volverlos a ver». Al primer pobre que encontraba, Francisco, con el corazón festivo, le ofrecía lo que acababa de recibir.

    Nada le causaba más pena que ver insultar a un pobre o maldecir a cualquier criatura. Un día, un hermano dejó escapar palabras hirientes contra un pobre que pedía limosna: «¿Acaso no será, le había dicho, que tú, pareciendo pobre eres rico?» Estas palabras le sentaron muy mal a Francisco, el padre de los pobres, y dio una terrible reprimenda al delincuente, después, en presencia del pobre, le ordenó despojarse de sus vestidos, besarle a éste los pies y pedirle perdón. «El que habla mal a un pobre, decía, injuria a Cristo, de quien el pobre es un noble símbolo, puesto que Cristo, por nosotros, en este mundo se hizo pobre» (2Co 8,9).

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    Publicado por jotaefeb | 8 noviembre, 2015, 06:20
  4. El valor de la limosna

    La liturgia de este domingo nos presenta la generosidad de dos mujeres que merecieron ser alabadas por Dios.
    La limosna brota de un corazón misericordioso que quiere llevar un poco de consuelo al que padece necesidad, o contribuir con esos medios económicos al sostenimiento de la Iglesia y de aquellas obras buenas dirigidas al bien de la sociedad. Esta práctica lleva al desprendimiento y prepara el corazón para entender mejor los planes de Dios.

    Esta disposición del alma “lleva a ser muy generosos con Dios y con nuestros hermanos; a moverse, a buscar recursos, a gastarse para ayudar a quienes pasan necesidad. No puede un cristiano conformarse con un trabajo que le permita ganar lo suficiente para vivir él y los suyos: su grandeza de corazón le impulsará a arrimar el hombro para sostener a los demás, por un motivo de caridad, y por un motivo de justicia”.

    En una homilía, el papa Francisco dijo: “La fe no necesita aparentar, sino ser. No necesita ser alimentada por cortesías, especialmente si son hipócritas, sino por un corazón capaz de amar de forma genuina. Jesús condena este tipo de seguridad centrada en el cumplimiento de la ley”.

    “Jesús condena esta espiritualidad de cosmética, aparentar lo bueno, lo bello, ¡pero la verdad por dentro es otra cosa! Jesús condena a las personas de buenas maneras, pero de malas costumbres, esas costumbres que no se ven pero se hacen a escondidas. Pero la apariencia es justa: esta gente a la que le gustaba pasearse en las plazas, hacerse ver rezando, maquillarse con un poco de debilidad cuando ayunaban… ¿Por qué el Señor es así? Vean que son dos los adjetivos que usa aquí, pero unidos: avaricia y maldad […]”.

    “Jesús nos aconseja esto: No tocar la trompeta. El segundo consejo que nos da: No dar solamente lo que nos sobra. Y nos habla de esa viejecita que ha dado todo lo que tenía para vivir. Y alaba a esa mujer por haber hecho esto. Y lo hace de una forma un poco escondida, quizá porque se avergonzaba de no poder dar más”.

    El Santo Padre asegura que la familia es un gran gimnasio de entrenamiento para el don y el perdón recíproco, sin el cual ningún amor puede durar mucho, manifestando además en su catequesis del pasado miércoles en la Audiencia General, que: “… la vida no se detiene, ¡en particular, la vida de la familia no se detiene! Vosotras, queridas familias, estáis siempre en camino. Y continuamente escribís ya en las páginas de la vida concreta la belleza del Evangelio de la familia. En un mundo que a veces se hace árido de vida y de amor, vosotros cada día habláis del gran don que son el matrimonio y la familia.

    El Sínodo ha revivido nuestra esperanza también en esto: la capacidad de perdonar y de perdonarse forma parte de la vocación y de la misión de la familia. La práctica del perdón no solo salva las familias de las divisiones, sino que las hace capaces de ayudar a la sociedad a ser menos malvada y menos cruel…

    Os aseguro, queridas familias cristianas, que si sois capaces de caminar cada vez más decididas sobre el camino de las bienaventuranzas, aprendiendo y enseñando a perdonarse recíprocamente, en toda la gran familia de la Iglesia crecerá la capacidad de dar testimonio a la fuerza renovadora del perdón de Dios. Diversamente, haremos predicaciones también muy bonitas, y quizá expulsemos algún demonio, ¡pero al final el Señor no nos reconocerá como sus discípulos!

    Realmente, las familias cristianas pueden hacer mucho por la sociedad de hoy y también por la Iglesia. Por eso deseo que en el Jubileo de la Misericordia las familias redescubran el tesoro del perdón recíproco. Recemos para que las familias sean cada vez más capaces de vivir y de construir caminos concretos de reconciliación, donde nadie se sienta abandonado al peso de sus ofensas.

    Y con esta intención, decimos juntos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. Digámoslo juntos: “Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”.

    (Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, http://es.catholic.net/op/articulos/10436/cat/331/ha-dado-todo-lo-que-tenia-para-vivir.html yhttp://www.zenit.org/es/articles/texto-completo-de-la-catequesis-del-papa-en-la-audiencia-del-miercoles-4-de-noviembre)

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    Publicado por jotaefeb | 8 noviembre, 2015, 05:32
  5. “Jesús les dijo: «Les aseguro que esta viuda pobre ha dado mucho más que todos ellos. Pues todos han echado dinero que les sobraba; ella, en cambio, ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir.»” (Mc 12, 43-44)

    De nuevo nos encontramos con un texto que nos habla sobre la diferencia entre la lógica del Reino de Dios y la del mundo. Unas moneditas, para Jesús, valen más que grandes sumas en dinero o en joyas.
    ¿Será que Jesús no sabía calcular? ¿Será que él no entendía que con algunos millones se podría dar de comer a mucha gente, y al contrario, que con algunas moneditas tal vez no se pueda satisfacer ni a una persona? ¿Cómo es posible pensar que donar un ladrillo pueda ser más valioso que donar una casa, un hospital o un orfanato? Sin embargo es así: para Jesús, aquella pobre viuda, dando sus moneditas, donó mucho más que aquellos ricachones que dieron algunos millones. ¿Por qué?
    Creo que podemos intuir que para Dios no son importantes los números absolutos, pero sí los relativos, esto es, aquellos que están relacionados con nuestro ser personal.
    Aquí encontramos una de las verdades más bonitas del evangelio: Dios no se deja impresionar con los números, sino que guarda el corazón. No es porque los ricos pueden hacer mucho más obras de caridad que están en ventaja delante de Dios. Por ejemplo, cuando una persona hace una gran donación, una gran obra de caridad, pero delante de sus bienes, lo que dio no significa nada, esto es, que no tuvo que cambiar nada en su vida, o que al final del mes ni sintió falta (y a veces hasta consigue descuentos en el impuesto de renta), esa persona delante de Dios, tiene menos méritos que una familia sencilla, que se priva de algo para poder servir a alguien necesitado, o que recibe un niñito en casa para que pueda estudiar, y entonces porque son pobres tienen que trabajar un poco más, dividir mejor la comida y hasta privarse de algunas comodidades.
    Madre Teresa de Calcuta sintetizó muy bien este parámetro evangélico en la siguiente frase: “Amar es dar hasta que duela.” Esto significa que la caridad, el amor, tienen valor cuando es verdaderamente sentido por quien lo practica, cuando no es sólo un gesto superficial de dar lo que sobra. Una auténtica caridad tiene que dejar marcas, tiene que ser sentida, tiene que ser exigente, sea para el rico, sea para el pobre. Entonces ¿Cuándo un rico puede hacer una caridad significativa delante de Dios?: cuando él dona algo que signifique una real renuncia, cuando por ejemplo él hace un ayuno y dona el equivalente de su banquete, cuando renuncia a un viaje de vacaciones y dona su valor. Esto se da efectivamente, cuando lo que él dona, manifiesta una efectiva renuncia en su vida, y no es sólo algo que le sobra.
    Esto viene a desnudar una frase tan común que escuchamos: “¡me gustaría tener mucho más para poder dar más!”. Esta frase sólo tiene sentido delante de la lógica del mundo, pues para Dios es una pavada. Para él, el pobre puede hacer tanta caridad cuanto el rico, ya que no es importante el cuanto se dona, sino lo que significa para la persona que lo ha dado. Quien no es capaz de dar del poco que posee, como un gesto de real desprendimiento, aunque tenga mucho más, igual no será capaz de hacerlo. El pobre que no sabe ser generoso en su pobreza, es inútil que diga “¡me gustaría tener mucho más para poder dar más!”, pues cuando tenga mucho tampoco será generoso.
    Es verdad, que a veces en la Iglesia, nosotros los sacerdotes, tan preocupados con el bien que debemos hacer hacia los demás o con la eficiencia de nuestro apostolado, nos quedamos muy contentos y agradecemos mucho, cuando nos llega una grande donación hecha por un millonario, y nos olvidamos de dar valor a la pequeñita ofrenda de un pobre. Sin embargo, Dios que no se deja ilusionar con las grandes cifras, sino que está atento a la medida del corazón, no deja pasar desapercibido ni el menor gesto de verdadera caridad. Él no hace comparaciones entre los que aportan, sino que se interesa particularmente por cada uno.
    Señor Jesús, danos la gracia de ver como tú, que reconociste en la humilde donación de aquella pobre viuda, la mejor donación que recibió el templo en aquel día. Danos también un corazón verdaderamente generoso, que sea capaz de no acomodarse y medirse por los demás, sino que pueda dar todo lo que esté de acuerdo con nuestras posibilidades.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno Mariosvaldo Florentino, capuchino.

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    Publicado por jotaefeb | 8 noviembre, 2015, 05:31

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"Esta vida se va a ir rápido, no pelee con la gente, no critique tanto su cuerpo. No se queje tanto." "No se preocupe en comprar lujos y comodidades p/su casa, ni se mate dejandoles herencia a su flia. Los patrimonios deben ser ganados."22/05/17
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