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Incertidumbre y desazón en la Argentina

Aún persisten los sonoros ecos del estruendoso impacto de la pobre performance de Scioli en la primera elección, pues nadie suponía que los resultados fueran tan adversos para las posibilidades del candidato del “Frente Para La Victoria”. El propio Macri, líder del PRO, se mostró notoriamente sorprendido por lo ocurrido sin poder desentrañar el misterio del porqué de los resultados obtenidos.

Pero nada está aún definido ni confirmado, debido a que las encuestas que se han realizado hace un par de días no son fiables, por el tremendo margen de error en la última votación, así como lo ha sido en el caso brasileño, donde aparentemente el triunfo de Neves estaba asegurado con los votos que le proporcionaría Marina Silva y otros sectores indecisos del espectro político del país en cuestión, y que al final resultó un tremendo fiasco para la oposición.

Lo que sí se puede destacar, con visos de certeza, es la bajeza y mediocridad, y la falta de propuestas concretas, en sentido ideológico y doctrinario, que está caracterizando a este último tramo del balotaje. Muy atrás han quedado aquellos rutilantes debates colmados de fervor partidario entre Balbín y Perón, entre Balbín y Frondizi, entre Illia y el candidato opositor, entre Ítalo Luder y Alfonsín en los que realmente se debatían los grandes temas de interés nacional e internacional apelando al rigor filosófico y doctrinario, sin poner énfasis en lo visual, en lo emocional y sentimental, como está ocurriendo hoy en la Argentina.

La elección que apunta al 22 de noviembre está colmada de grandes escenarios, saturados de cánticos, globos, pancartas y otros menesteres, y conjuntos musicales modernos de sonidos estridentes para disimular la tremenda orfandad de ideas y propuestas y las falsas promesas imposibles de cumplir en un plazo perentorio y apremiante, como tratan de convencer los protagonistas de esta nueva forma banal y trivial de hacer política, plagada de vaguedades e indefiniciones, sin compromisos con nada ni con nadie y con sofismas, estadísticas y cifras difíciles de interpretar para el vulgo desorientado que se encuentra observando esta insólita puesta en escena en todo el territorio argentino.

El denominador común de esta elección es la simulación, la adulación y la seducción hacia el votante indeciso, con la promesa de un cambio radical de 180° en un país con muchas aristas conflictivas en el plano social, político, financiero y económico. Las palabras lanzadas al viento resuenan en la Argentina con un significado ideológico indefinido, anodino, superficial y mediático.

Macri, tratando de acercarse al peronismo disidente de Sergio Massa, aceptando casi por completo las propuestas del líder del “Frente Renovador”; y Scioli, haciendo lo propio y pidiendo disculpas por un hecho que gira en torno a un robo perpetrado contra la vivienda de Massa en el año 2013. Macri inaugurando un monumento a Juan Domingo Perón, y Scioli por su parte alabando los valores políticos, éticos y morales del expresidente radical Raúl Alfonsín, tratando de ganar los votos de ese sector, configurando esto un desaguisado, un desatino y una necedad rayana en la fantasía más descabellada de Kafka.

Y para terminar, hay que hacer notar la “guerra sucia”, con golpes bajos por doquier como jamás se ha visto en la Argentina, que ha empañado totalmente el curso de este último tramo de la elección presidencial. A lo que hay que agregar la campaña del “fuego amigo” protagonizada por “francotiradores” apostados en el propio “Frente Para La Victoria” como el caso de Aníbal Fernández, del ministro del interior Randazzo, y de Hebe Bonafini que ha declarado que ella le había advertido a Cristina sobre Scioli, “que no era el mejor candidato y que nadie lo quería”, tratando con ello de identificar al responsable de la debacle producida en la reciente elección.

Aníbal Fernández, por su parte, responsabilizó indirectamente a Scioli de ser el culpable de su estruendosa derrota en la provincia de Buenos Aires. Y, para sumarse a este carrusel carnavalesco, salieron a la palestra politólogos, sociólogos, antropólogos y neurólogos que dieron a entender que en el voto del balotaje va primar el esquema mental del reflejo condicionado de Iván Pavlov, es decir, del voto puramente emocional determinado por un automatismo instintivo, inconsciente, enraizado en lo más profundo de la mente, a lo que cabe agregar el “veredicto final y supremo” de los psicoanalistas que han afirmado que estas elecciones están signadas por una paranoia alucinante y un sentimiento de persecución con visos catastróficos. Con este telón de fondo no se puede predecir a ciencia cierta lo que puede pasar el 22 de noviembre.

Existen muchísimos indecisos que pueden cambiar el signo de su voto de un día para el otro, porque en realidad se ha impuesto la consigna: “que yo no voto a quien me gusta, sino que voto a quien le puede ganar al que menos me gusta”, según un destacado investigador del comportamiento humano.

Por Hugo Saguier Guanes

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

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8 comentarios en “Incertidumbre y desazón en la Argentina

  1. Corre por tu vida

    Buenos Aires. “Aquí, cuando un pobre roba va a la cárcel, cuando un rico roba se convierte en ministro”. ¿Quién iba a decirlo? ¿Quién podía imaginarse en febrero de 1988, cuando el joven diputado federal Luiz Inacio Lula da Silva pronunció esa sentencia, todo lo que habría de pasar? Lo que está pasando.

    En marzo del 2016, veintiocho años después, la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ofreció a Lula, su mentor y líder político, un ministerio y hasta la jefatura del su gabinete para, amparado en los “fueros” ministeriales, evitar ser investigado judicialmente y, eventualmente, llevado a prisión.

    Dilma, como se sabe, fue destituida por el Congreso en agosto pasado. Lula enfrenta actualmente procesos judiciales por varios casos de corrupción, que son grandes escándalos en Brasil y a los que de una forma u otra él estaría involucrado.

    Ya no basta con ser ministro. Se necesita algo más: Lula ha lanzado su candidatura a la presidencia para las próximas elecciones. Es una forma de pasar de presunto reo investigado por la justicia por corrupción, a perseguido político. Alguien a quien de antemano se le quiere privar de volver a ser presidente. Una nueva especie de “golpe de estado a futuro o por adelantado”. No se trata de si robó o no; se trata de un tema político. De persecución, de proscripción política. Los pobres, en tanto, van a la cárcel.

    Lula se ha jugado la última carta; unos cuantos de sus amigos, colaboradores, correligionarios y mecenas están en la cárcel; los jueces siguen en lo suyo: no arrugan ni se dejan amedrentar por el griterío de la tribuna. Solo una muy mala gestión del actual gobierno en lo económico, con fuertes repercusiones sociales, podría ayudarlo en su intento, un poco. Y quizás, ni así.

    También Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, va por la candidatura presidencial y algunas otros “fueros”, si cabe. Aplica la fórmula, pero con algunas diferencias o añadidos. Por las denuncias que se hacen a través de los medios y los casos que investiga la justicia en los que estarían involucrados los Kirchner, lo de Lula, hablando en plata (y dólares), sería muy modesto. Además, muchos de los amigos, testaferros, allegados y lo que sea de los Kirchner están libres, todavía.

    Quizá sea porque los jueces son más cuidadosos, o se arrugan o les pesa el grito de la tribuna. Un colega me advirtió sobre dos diferencias: no tienen el respaldo de unas FF.AA. fuertes como ocurre en Brasil y no pueden correr el riesgo de “victimizar” a los implicados, antes de tiempo.

    El peronismo –y el kirchnerismo es una forma extrema y degenerada del peronismo– nace y se agiganta cuando son presos sus líderes. Esa es la historia y por eso habría que ser muy cuidadoso, entonces.

    Eso explica en parte algunas cosas que ocurren y frente a las que, sorprendentemente, no pasa nada. Hebe de Bonafini, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo y una de las más firmes defensoras de Cristina Fernández de Kirchner (CFK), continuamente insulta a jueces y a la Corte y en los hechos se burla de la justicia, en donde es investigada por un caso de corrupción. Se ampara, aparentemente, en su pasada lucha contra la dictadura, o en que fue recibida en el Vaticano por el papa Francisco o porque tiene 90 años. Lo cierto es que no tiene freno: mientras por un lado explica que el Papa no viene a Argentina porque no quiere que el presidente Mauricio Macri lo utilice, fustiga a la Central de Trabajadores (CGT) –mayoritariamente peronista– porque posterga un paro contra el gobierno. Y lo hace a su manera: “La CGT –clama– está embarazada y va a tener un hijo que se lo hizo Macri”.

    En acto en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, dijo hace unos días dirigiéndose al mandatario: “Macri estás asesinando al pueblo, no te la des de buenito y (mires a la cámara) con esa cara de pelotudo”.

    Para que nadie tenga dudas, Hebe lo recalcó: “Macri a vos te hablo, hijo de re mil putas”.

    “Estamos en falta, lo sabemos –me dijo un allegado a la Casa Rosada–, pero ella con sus 90 años quiere ser la mártir, quiere transformarse en el centro de la atención y desligarla a Cristina”. “También ésta –indicó– quiere ser una víctima y así evitar pasar por los juzgados a explicar sus riquezas y todas las decisiones que tomó desde el gobierno y hoy son investigadas por los jueces”.

    “Se están burlando de la ley y se sienten por sobre la ley, pero llegara un momento en que ya nadie, salvos sus socios y fanáticos, aceptarán que no se les aplique la ley”, explicó.

    “Y la ley se les va a aplicar y quien tenga que ir a la cárcel, irá a la cárcel y nadie podrá protestar, ni en Buenos Aires ni en Roma”, advirtió.

    Por Danilo Arbilla

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    Publicado por Anónimo | 17 octubre, 2016, 15:24
  2. Cuando desata el paquete

    Con respecto a Argentina hay que ir despacio. Lo tendrá que hacer incluso el flamante presidente electo Mauricio Macri, quien asumirá la primera magistratura el próximo 10 de diciembre.

    Meterse en previsiones y pronósticos es ingresar en terreno cenagoso. Si no que lo digan los encuestadores que erraron, y feo, en las elecciones generales del 25 de octubre pasado y volvieron a errar, no tan feo, en la segunda vuelta. Acertaron con el ganador, pero no con los porcentajes: le daban una diferencia de 5 a 10 puntos a Macri y finalmente este le ganó al oficialista Daniel Scioli por una diferencia de 2,8 puntos porcentuales.

    Hay que limitarse a lo que verdaderamente hay y a lo concreto y probado, y ello paso a paso.

    Sí es un hecho que la mayoría de los argentinos votaron contra el kirchnerismo y su jefa Cristina Fernández de Kirchner (CFK). Y así fue el 25 de octubre y el domingo 22 de noviembre.

    Los argentinos querían un cambio. Primero que nada acabar con el autoritarismo, la soberbia, la prepotencia y la corrupción. Y ese, aparentemente, no solo fue uno de los propósitos de los votantes de Macri, sino que lo fue también de una buena parte de los votantes de Scioli, a quien veían como una vía más disimulada pero quizás aún más efectiva para lograr ese fin.

    El hecho es que lo consiguieron y le han dicho fuera a CFK y sus adláteres, al tiempo que le dan la bienvenida a Macri, considerándolo la mejor opción para encarar el cambio y corregir tantas desprolijidades. Para empezar, no son pocos, y no solo por revanchismo, los que esperan que con Macri también ahora haya “verdad y justicia” y los corruptos del régimen saliente sean castigados.

    Macri ha advertido que el cambio no puede detenerse en revanchas o rendiciones de cuentas, pero después aclaró que se refería al estilo de hacer política y que ello no implicaba aceptar la impunidad. Así como todos los de mi gobierno estarán siempre a disposición de la justicia, lo mismo ocurre para el resto, dijo. No habrá impunidad para nadie –ni ahora ni con respecto al pasado– y la justicia actuará con total autonomía y libertad, sentenció.

    Será una batalla dura. CFK, aún si no consiguiera ser la jefa de la oposición peronista, mantendrá su poder en ciertos sectores, los más radicales –La Cámpora, Las madres…–, y jugará a ser víctima y perseguida. Contará, asimismo, con cientos de militantes que le responden, bien colocados en el aparato del Estado, como blindaje propio y para sembrarle el camino de alambres de púa al nuevo mandatario. Deja mucha de su gente en puestos claves, incluso dentro del Poder Judicial, que es el que tendrá la responsabilidad y el deber de investigar.

    Macri, además, como lo anunció en su campaña y lo ratificó en su primera conferencia de prensa, tiene como prioridades combatir el narcotráfico, la inseguridad, la pobreza extrema (entre el 28 y 30% de la población) y atacar la inflación, normalizar el régimen cambiario y conseguir una racionalización tributaria. En el campo económico tiene claro hacia dónde ir, pero, como él mismo admitió, no tiene muy claro aún dónde está parado. Qué es lo que le dejan.

    Nadie conoce las cifras reales ni el nivel de reservas y lo que se debe, lo que hay que pagar de inmediato y lo que se recauda, ni lo que se distribuye como dádiva, como subsidios electoralistas y a “empresarios” amigos. Es muy probable que el equipo de gobierno del nuevo mandatario tenga más datos de cómo funcionan las mafias organizadas que del estado de situación de la Argentina, de la que se deberán hacer cargo en una semana.

    El kirchnerismo, al igual que todos los regímenes bolivarianos del continente, ha actuado con estricto secreto y ha tratado de tener siempre todo bien atado para su manejo desde el gobierno y para sabotear los cambios democráticos que se reclaman y en casos que, como el de ahora en Argentina, le imponen.

    Macri fue preguntado por los periodistas sobre las medidas específicas que tomará en el campo económico, y él se refirió a lo que cree que hay que hacer, pero precisó que ello también dependerá de lo que encuentren, de cuál es la realidad y cuáles los números.

    Por ahora, ni él puede saber lo que va a pasar y lo que hay que hacer. Recién ha comenzado a desatar paquetes. Los paquetes que 12 años de kirchnerismo les dejan a él y a todos los argentinos.

    Por Danilo Arbilla

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    Publicado por Anónimo | 3 diciembre, 2015, 15:17
  3. La Argentina bipolar

    Según el destacado sociólogo y politólogo Manuel Mora y Araujo, la sociedad argentina es bipolar. La analogía sugerida remite, claro está, a un individuo que pasa con facilidad de la euforia a la depresión, del optimismo al pesimismo. De acuerdo con su diagnóstico, la sociedad argentina muestra fuertes cambios en corto tiempo respecto de las valoraciones y las expectativas de gran parte de la población.

    Esa bipolaridad puede ser entendida, dice Mora y Araujo, como una pauta de comportamiento secuencial, en la que un estado de ánimo sigue a otro y exhibe, a la larga, cierta circularidad. En el plano político, esa bipolaridad se manifiesta claramente en la extendida propensión a apoyar un gobierno con entusiasmo para odiarlo profundamente tiempo después.

    Mora y Araujo ha estudiado con particular cuidado, durante décadas, la opinión pública argentina, sus tendencias y sus orientaciones, basado en la idea de que la mirada retrospectiva permite observar causas y efectos claros y comprensibles. En nuestro tiempo, la opinión pública está en la base de los procesos políticos y es, a la vez, un reflejo de lo que sucede en la sociedad. No todo en la política depende de la opinión pública, pero esta impone restricciones a los márgenes de acción de los actores políticos, advierte Mora y Araujo. Así, hoy mucha gente valora favorablemente el gobierno de Arturo Frondizi, que asumió la presidencia en 1958, o el de Arturo Illia, en 1963, pero, en su momento, la sociedad los dejó caer con indiferencia o hasta con complacencia. Raúl Alfonsín murió sin haber visto una recuperación de la estima pública por su figura, pero después de su muerte una gran parte de la población rescata aspectos importantes de lo que representó su gobierno (1983-1987). Carlos Menem (1989-1999) fue votado dos veces consecutivas por la mitad del electorado y mantuvo durante años una imagen altamente positiva pero hoy es uno de los políticos menos valorados. Fernando de la Rúa (1999-2001) también fue votado por casi la mitad del electorado, aunque hoy se halla muy devaluado en la opinión pública luego de haber gozado de un gran respaldo. Néstor Kirchner gobernó cuatro años (2003-2007) con aprobación increíblemente alta. Algo similar sucedió con Cristina Fernández de Kirchner en términos de popularidad (2007-2015). No solo las valoraciones políticas sino también las preferencias sociales se modificaron sustancialmente durante las décadas de 1980, 1990 y 2000. Ahora, a mediados de la década de 2010, todo indica que están modificándose de nuevo con la derrota del kirchnerismo y la llegada de Mauricio Macri al poder.

    Desde el retorno de la democracia hasta nuestros días (1983-2015), la sociedad argentina ha mostrado ciertas tendencias, fácilmente detectables: la valoración del sistema democrático fue positiva y estable; la valoración de las principales instituciones del Estado fue negativa y estable; la valoración de los gobiernos fue muy cambiante (oscilando entre entusiasmo/aprobación y fastidio/desaprobación); la valoración de los temas de la agenda política y social sufrió modificaciones sustanciales durante los mandatos presidenciales (en particular en cuestiones relativas a gobernabilidad, inflación, empleo y seguridad); la valoración de los modelos políticos y económicos sufrió fuertes cambios (por ejemplo, liberalismo/antiliberalismo, estatismo/antiestatismo).

    Según Mora y Araujo, ante la falta de una visión estable del país, sostenida desde los liderazgos políticos y sociales, y ante un rumbo errático que mueve a la sociedad argentina casi sin destino, la opinión pública se adapta defensivamente: es volátil, errática, escéptica y desconfiada. Busca, como puede, respuestas a cada situación, con escasa capacidad de aprendizaje, porque los dirigentes en quienes deposita la representación política y sectorial tampoco la tienen. En su apariencia eufórico/depresiva, los distintos sectores que componen la sociedad argentina viven su vida cotidianamente, se expresan creativamente, consumen y producen, luchando contra las continuas trabas que les son impuestas. Y cuando aparece en escena una opción política novedosa, eventualmente la apoyan para pronto descartarla, porque, en definitiva, poco o nada cambia. Desgraciadamente, la Argentina bipolar lleva décadas estancada.

    Por Daniel Mendonca

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    Publicado por Anónimo | 3 diciembre, 2015, 15:01
  4. Cambios en el tablero continental

    No pasaron ni 24 horas desde la confirmación de la victoria del candidato Mauricio Macri en el balotaje en Argentina, cuando ya se hizo evidente que en el corto plazo se producirá una sacudida en el tablero político continental.

    En su primera conferencia de prensa como presidente electo, el alcalde de Buenos Aires anunció que su país pedirá la aplicación de la cláusula democrática del Mercosur al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela.

    Una considerable cantidad de denuncias por persecución a opositores y limitaciones a las libertades públicas fueron ampliamente difundidas en los últimos meses contra el gobierno de Maduro. A estos hechos hay que agregarle recientemente la admisión por parte del propio fiscal que lleva el proceso contra el líder opositor Leopoldo López de que muchas pruebas que supuestamente lo incriminaban en los delitos que se le imputan fueron fraguadas o adulteradas.

    Esto último configuraría un claro caso de manipulación política de la Justicia, ya que López fue condenado nada menos que a 13 años de prisión por instigación pública, daño a la propiedad e incendio intencional, entre otros delitos. Para completar un cuadro de notorio deterioro político, el gobierno de Maduro rechazó a inicios de mes una misión de observación de la OEA para las elecciones legislativas previstas para el 6 de diciembre.

    Esta decisión mereció una fuerte carta de repudio del uruguayo Luis Almagro –secretario general de la OEA–, quien a primera vista tiene más afinidades ideológicas con Maduro que con la oposición venezolana, pero que no tuvo reparos en afirmar que no están garantizadas “la transparencia y la justicia” en el proceso electoral del país caribeño. Según la OEA, la oposición llega a los comicios con posibilidades disminuidas, debido a la detención o inhabilitación de sus referentes y el escaso acceso a los medios de comunicación.

    El organismo denunció paralelamente el uso de recursos estatales para la campaña electoral por parte del oficialismo. Hasta hace pocas horas, uno de los principales aliados del gobierno de Maduro en la región era la Argentina. El matrimonio Kirchner –que gobernó el país vecino por 12 años– desarrolló una estrecha amistad personal primero con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro e impulsó una convergencia política en Sudamérica que incluyó también a Bolivia y, en menor medida, a Ecuador, Brasil y Uruguay.

    Este eje se ha ido debilitando. La muerte de Hugo Chávez y la crisis económica venezolana derivada de la caída sistemática del precio del petróleo minaron el respaldo que tenía el gobierno. Los escándalos de corrupción empujaron al gobierno de Dilma Rousseff a su nivel más bajo de popularidad y hasta hace poco pendía sobre ella la amenaza de un juicio político, mientras que en Uruguay asumió Tabaré Vázquez, representante del ala más moderada del Frente Amplio.

    En este escenario, el anuncio hecho por el presidente electo de Argentina adquiere una especial relevancia, ya que es un indicador de la dirección que tomarán los vientos en la política continental en el corto plazo.

    Paraguay debe mantenerse atento a estas modificaciones y a los puntos de fricción o tensión que puedan surgir en la región y en América Latina, teniendo siempre como norte la democracia, la libertad, los derechos humanos y la cooperación para la defensa común en el campo político; y la integración comercial y energética en materia económica.

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    Publicado por Anónimo | 28 noviembre, 2015, 16:23
  5. Fin del matonismo

    Un hecho interesante que dejó las elecciones argentinas es el nivel de hartazgo de la sociedad hacia los gobiernos que basaron gran parte de su administración en la retórica de confrontar y dividir al país. Presidentes que forzaban transmisiones de televisión y radio en los que construían su gobierno sobre los ataques inmisericordes a adversarios reales o inventados con los cuales entretenían a su electorado, hoy parece llegar a su fin. Una de las explicaciones del fracaso oficialista está en el hecho de que millones de argentinos están cansados de los matones.

    De los que gritan, insultan, amenazan, dividen y distraen las cuestiones centrales de un buen gobierno. Van de contramano a la historia dominada por los criterios de apertura, ante lo cual son excluyentes y divisivos, la transparencia a la que responden amenazando medios y comunicadores, además de adversarios que les piden cuentas, empoderamiento para el que responden que solo y únicamente sus militantes son los administradores del poder y trabajo en redes que no logran ni entender ni materializarlo. Estamos llegando al punto final del hartazgo del que hemos hablado en esta columna hace una buena cantidad de tiempo.

    Los liderazgos modernos son abiertos, transparentes, delegan y construyen poderes en los ciudadanos y saben trabajar con quienes piensan diferente. El triunfo en la Argentina no es de Macri, es de la sociedad que reaccionó a los años de manejo discrecional y prepotente del poder y que se encarnó en una familia que controló todos los poderes del país por 12 años. El desgaste pueden decir algunos que es absolutamente natural pero tienen factores que lo agravan mucho más. Nunca tuvimos gobiernos tan ricos por la venta de materias primas y jamás desperdiciamos tantas oportunidades por la confrontación y la división como esta última década. ¿Se imaginan ustedes lo que serian nuestros países con gobernantes probos, incluyentes y que entendieran estos tiempos pasados de abundancia? Hoy nuestro nivel de vida hubiera dado un gran salto y no estar sumergidos en la criminalidad de nuestras calles, la destrucción de las instituciones y como mínimo: dos generaciones echadas a perder. Esta es la peor de las herencias de estos gobiernos que se levantaron sobre los cimientos de la confrontación y el matonismo. Y lo peor, muchos de ellos eran absolutamente conscientes. Sabían lo que hacían porque otros sí tenían eso en su naturaleza profesional, como el caso del teniente coronel Hugo Chávez, que cuando ingresó de presidente de Venezuela el barril de petróleo estaba a 8 dólares y en el pico de su administración ¡casi alcanzó 150 dólares! Toda esa renta petrolera desperdiciada en un país ahogado en la inflación, criminalidad y corrupción. Ese es el legado de los matones de los que son absolutamente responsables porque desde sus gobiernos excluyeron y proscribieron a todos sus críticos. No pueden culpar a nadie más que asumir con madurez –si la tienen– el fracaso de un modelo de gestión sostenido en la fuerza, el terror y la provocación permanentes.

    Pobres que ni a Estados Unidos pueden culpar de sus fracasos. La otrora potencia hegemónica tuvo tantos líos internos en este periodo que las cuestiones nuestras pasaron a una posición absolutamente marginal y secundaria. De todo lo que se hizo o se dejó de hacer son responsables estos gobiernos levantados sobre la confrontación permanente. Ahora deberán asumir sus costos. Si hay elecciones limpias y gran participación del electorado, como en el caso argentino, ninguno de los matones sobrevive unos comicios democráticos. Por eso, en su versión más cavernícola, no les queda otra que meter preso de manera injusta a cualquier opositor, que hasta un fiscal venal y corrupto no logra soportar el peso de su conciencia y termina reconociendo tamaña injusticia.

    Cuando las ratas comienzan a saltar del barco es que la embarcación comienza a zozobrar y aunque el matón siga gritando en la proa, ya nadie tiene tiempo para escucharlo y menos para seguirlo.

    Benjamin Fernández Bogado

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 07:00
  6. ¿Un nuevo día en Latinoamérica?

    El que sigue es un escenario que parecía poco probable hasta hace algunas semanas, pero que tiene un 50 por ciento de probabilidades de convertirse en realidad tras los terremotos políticos que están sacudiendo a Argentina, Brasil y Venezuela, que podrían marcar el final del ciclo populista en Sudamérica.

    La cadena de sucesos podría darse así:

    El líder opositor argentino Mauricio Macri, impulsado por su extraordinaria votación en la primera vuelta electoral del 25 de octubre, gana la segunda vuelta electoral el 22 de noviembre. Macri atraería una avalancha de inversiones extranjeras y aumentaría la esperanza de que Argentina salga de su actual estancamiento económico.

    Macri, severo crítico de los regímenes populistas autoritarios de la región, ha dicho que si es elegido va a exigir que Venezuela acate las cláusulas democráticas del Mercosur y otros acuerdos regionales. Si gana, cosa bastante probable al momento de escribirse estas líneas, su victoria haría grandes titulares en todas partes, y se convertiría en una importante figura regional.

    (Una versión más atenuada de este escenario sería si gana el candidato oficialista Daniel Scioli, quien es más moderado que la presidenta saliente, Cristina Fernández de Kirchner, y podría tomar cierta distancia de Venezuela).

    Mientras tanto, en Brasil, los fiscales podrían vincular a la debilitada presidenta Dilma Rousseff, cuya popularidad ha caído al 9 por ciento, con el escándalo de corrupción de Petrobras. El Congreso le podría hacer un juicio político, que llevaría a una sucesión constitucional, o a elecciones anticipadas. Brasil se alejaría de Venezuela y sus aliados izquierdistas.

    (Una versión menos dramática de este escenario sería si Rousseff decide convocar un gobierno de unidad nacional para permanecer en el cargo durante el resto de su mandato).

    Estos grandes cambios en el mapa político de Sudamérica tendrían un gran impacto en las elecciones legislativas de Venezuela del 6 diciembre. Privarían al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, del apoyo de los mayores países de la región si decide hacer un fraude electoral.

    Con una contracción económica del 8 por ciento este año, una tasa de inflación del 200 por ciento -la más alta del mundo- y una escasez generalizada de alimentos, los encuestadores independientes coinciden en que es casi seguro que Maduro perderá una elección limpia.

    En las elecciones venezolanas recientes, Brasil y Argentina habían aceptado de inmediato los resultados oficiales, disputados por la oposición venezolana. Tal apoyo podría no darse esta vez.

    Maduro podría hacer un fraude el 6 de diciembre y convocar una cumbre urgente de la Unasur -un grupo que hasta ahora ha respaldado a Venezuela- para validar el resultado oficial. Maduro podría contar todavía con el apoyo de la presidenta saliente de Argentina, quien estará en su cargo hasta el 10 de diciembre.

    Sin embargo, lo más probable sería que los miembros moderados de Unasur, como Chile y Colombia, solicitarían que la reunión de Unasur se hiciera después del 10 de diciembre, cuando la presidenta argentina ya esté fuera de la escena. Sin un apoyo incondicional de Argentina y Brasil -cuyo tribunal electoral ya ha anunciado que no enviará observadores electorales a Venezuela por dudas sobre el proceso electoral de ese país-, el Gobierno de Venezuela se vería en serias dificultades para continuar por la senda autoritaria.

    Si el partido de Maduro perdiera las elecciones y se negara a reconocer un nuevo congreso opositor, podría haber suficiente consenso en la OEA para invocar la Carta Democrática, que aboga por la defensa colectiva de la democracia en la región.

    Diego R. Guelar, secretario de relaciones internacionales del partido de Macri, me dijo que un gobierno de Macri no validaría una elección fraudulenta en Venezuela. Además, buscaría inmediatamente aliarse con Brasil para negociar un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, y con el bloque de la Alianza del Pacífico formado por México, Colombia, Perú y Chile, señaló.

    Mi opinión: Una victoria de Macri podría cambiar el mapa político de América Latina, poniendo fin a 15 años de gobiernos populistas corruptos que han dejado a sus países en la bancarrota. Todavía no me animo a apostar por qué este escenario regional se hará realidad, pero hay una posibilidad de 50-50 de que ocurra.

    Por Andrés Oppenheimer

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 06:58
  7. Una esperanza argentina

    Los resultados de las elecciones del domingo pasado en Argentina desmintieron todos los sondeos de opinión según los cuales el candidato Daniel Scioli, apoyado por la jefa de Estado, Cristina Fernández de Kirchner, ganaría en primera vuelta. Y han abierto la posibilidad de que el país, que fue algo así como el faro de América Latina, salga de la decadencia económica y política en que está hundido desde hace más de medio siglo, y recupere el dinamismo y la creatividad que hicieron de él, en el pasado, un país del Primer Mundo.

    La condición es que en la segunda vuelta electoral, el 22 de noviembre, gane Mauricio Macri y el electorado confirme el rechazo frontal que ha recibido en la primera el kirchnerismo, una de las más demagógicas y corruptas ramas de esa entelequia indescifrable llamada peronismo, un sistema de poder parecido al antiguo PRI mexicano, en el que caben todas las variantes del espectro ideológico, de la extrema derecha a la extrema izquierda pasando por todos los matices intermedios.

    La novedad que encarna Macri no son tanto las ideas modernas y realistas de su programa, su clara vocación democrática, ni el sólido equipo de plan de gobierno que ha reunido, sino que por primera vez el electorado argentino tiene ahora la oportunidad de votar por una efectiva alternativa al peronismo, el sistema que ha conducido al empobrecimiento y al populismo más caótico y retardatario al país más culto y con mayores recursos de América Latina.

    No será fácil, desde luego, pero (por primera vez en muchas décadas) sí es posible. La victoria, en las elecciones para la Gobernación provincial de Buenos Aires, tradicional ciudadela peronista, de María Eugenia Vidal, de inequívocas credenciales liberales, es un indicio claro del desencanto de un vasto sector popular con una política que, detrás de la apariencia de medidas de “justicia social”, antiamericanismo y pro chavismo, ha disparado la inflación, reducido drásticamente las inversiones extranjeras, lastimado la credibilidad financiera del país en todos los mercados mundiales y puesto a Argentina a orillas de la recesión.

    El sistema que encarna la señora Kirchner se va a defender con uñas y dientes, como es natural, y ya es un indicio de lo que podría suceder el que, el domingo pasado, el Gobierno permaneciera mudo, sin dar los resultados, más de seis horas después de conocer el escrutinio, luego de haber prometido que lo haría público de inmediato. La posibilidad del fraude está siempre allí y la única manera de conjurarlo es, para la alianza de partidos que apoya a Macri, garantizar la presencia de interventores en todas las mesas electorales que defiendan el voto genuino y –si la hubiera– denuncien su manipulación.

    Dos hechos notables de las elecciones del 25 de octubre son los siguientes: Macri aumentó su caudal electoral en cerca de un millón setecientos mil votos y el número de electores se incrementó de manera espectacular, del 72% de los inscritos en la pasada elección, a algo más del 80% en esta. La conclusión es evidente: un sector importante del electorado, hasta ahora indiferente o resignado ante el status quo, esta vez, renunciando al conformismo, se movilizó y fue a votar, convencido de que su voto podía cambiar las cosas. Y, en efecto, así ha sido. Y lo ha hecho discretamente, sin publicitarlo de antemano, por prudencia o temor ante las posibles represalias del régimen. De ahí la pavorosa metida de pata de las encuestas que anunciaban un triunfo categórico de Scioli, el candidato oficialista, en la primera vuelta. Pero el 22 de noviembre no ocurrirá lo mismo: el poder kirchnerista sabe los riesgos que corre con un triunfo de la oposición y moverá todos los resortes a su alcance, que son muchos –la intimidación, el soborno, las falsas promesas, el fraude– para evitar una derrota. Hay que esperar que el sector más sano y democrático de los peronistas disidentes, que han contribuido de manera decisiva a castigar al kirchnerismo, no se deje encandilar con los llamados a la unidad partidista (que no existe hace mucho tiempo) y no desperdicie esta oportunidad de enmendar un rumbo político que ha regresado a la Argentina a un subdesarrollo tercermundista que no se merece.

    No se lo merece por la variedad y cantidad de recursos de su suelo, uno de los más privilegiados del mundo, y por el alto nivel de integración de su sociedad y lo elevado de su cultura. Cuando yo era niño, mis amigos del barrio de Miraflores, en Lima, soñaban con ir a formarse como profesionales no en Estados Unidos ni Europa, sino en Argentina. Esta tenía entonces todavía un sistema de educación ejemplar, que había erradicado el analfabetismo –uno de los primeros países en lograrlo– y que el mundo entero tenía como modelo. La buena literatura y las películas más populares en mi infancia boliviana y adolescencia peruana venían de editoriales y productores argentinos y las compañías de teatro porteñas recorrían todo el continente poniéndonos al día con las obras de Camus, Sartre, Tennessee Williams, Arthur Miller, Valle Inclán, etcétera.

    Es verdad que ni siquiera los países más cultos están inmunizados contra las ideologías populistas y totalitarias, como demuestran los casos de Alemania e Italia. Pero el fenómeno del peronismo es, al menos para mí, más misterioso todavía que el del pueblo alemán abrazando el nazismo y el italiano el fascismo. No hay duda alguna que la antigua democracia argentina –la de la república oligárquica– era defectuosa, elitista, y que se precisaba reformas que extendieran las oportunidades y el acceso a la riqueza a los sectores obreros y campesinos. Pero el peronismo no llevó a cabo esas reformas, porque su política estatista e intervencionista paralizó el dinamismo de su vida económica e introdujo los privilegios y sinecuras partidistas a la vez que el gigantismo estatal. El empobrecimiento sistemático del país multiplicó la desigualdad y las fracturas sociales. Lo sorprendente es la fidelidad de una enorme masa de argentinos con un sistema que, a todas luces, solo favorecía a una nomenclatura política y a sus aliados del sector económico, una pequeña oligarquía rentista y privilegiada. Los golpes y las dictaduras militares contribuyeron, sin duda, a mantener viva la ilusión peronista.

    Recuerdo mi sorpresa la primera vez que fui a la Argentina, a mediados de los años sesenta, y descubrí que en Buenos Aires había más teatros que en París, donde vivía. Desde entonces he seguido siempre, con tanta fascinación como pasmo, los avatares de un país que parecía empeñado en desoír todas las voces sensatas que querían reformarlo y que, en su vida política, no cesaba de perseverar en el error. Tal vez por eso he celebrado el domingo 25 los resultados de esa primera vuelta con entusiasmo juvenil. Y, cruzando los dedos, hago votos porque el 22 de noviembre una mayoría inequívoca de electores argentinos muestre la misma lucidez y valentía llevando al poder a quien representa el verdadero cambio en libertad.

    Nueva York, octubre de 2015

    Por Mario Vargas Llosa

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 06:57
  8. El despertar argentino tras 70 años de ceguera peronista

    La diferencia de votos entre Daniel Scioli y Mauricio Macri no fue la que pronosticaron las empresas encuestadoras que le daban al candidato del continuismo una amplia mayoría. ¿A qué se debe ese peculiar fenómeno antiestadístico? Al miedo.

    En la Argentina hay temor y desconfianza. El descarado asesinato del fiscal Alberto Nisman, la noche antes de que fuese a revelar quiénes estuvieron involucrados en el atentado terrorista contra la AMIA (la mutual de entidades judías argentinas) fue el aviso del Gobierno. “Si estás contra nosotros, estás muerto”.

    Las encuestas para las elecciones se hicieron telefónicamente. Cualquiera sabe que si tienen su teléfono también tienen su dirección, de manera que si la pregunta hecha por los encuestadores fue: ¿Por quién va a votar en las próximas elecciones? Por precaución optaron por decir: Scioli.

    Las masas peronistas están apesadumbradas, posiblemente dejarán de recibir contribuciones del Estado. Pero su desesperanza parasitaria no es comparable a la incertidumbre que agobia a los gobernantes.

    Cristina no tiene cómo esconder su multimillonaria fortuna ni país que la cobije. A menos que desee mudarse a Venezuela, Ecuador o Bolivia, lugares que le quedan chicos para lucir sus joyas y vestidos. Lo mismo ocurre con sus adláteres. El futuro de los descarados ladrones es la cárcel. Si es que queda algo de dignidad en la Argentina.

    Y este es el meollo del asunto. La dignidad se perdió hace mucho. No importa de qué partido o tendencia sean los políticos o los ciudadanos comunes. Los argentinos perdieron su decencia en todos los niveles sociales.

    No existe un caso semejante en el planeta. De haber sido el único país latinoamericano que pudo jactarse de ser parte del primer mundo hace cien años, decayó hasta lo más bajo de la escala zoológica. Gracias principalmente al peronismo, pero los iniciadores del proceso fueron los radicales, que son izquierdistas con buenas maneras. Su filosofía colectivista y estatista no difiere en mucho de la peronista.

    Mauricio Macri no es un político versado, le falta recorrido, pero es un buen tipo. Por otra parte, tener recorrido político en la Argentina no es la mejor carta de presentación.

    Scioli, un desconocido, más simpático que los Kirchner, tuvo la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento propicio. Pasó desapercibido en el ambiente político, jugó sus cartas manteniéndose callado, pero inteligentemente ligado a la primera dama. No tiene ningún mérito ni planes nacionales; solo ambición personal.

    El ser presidente de un país es el sueño dorado de cualquier ser humano. Macri también tiene deseos personales, pero más visión, y no es peronista, lo que le agrega muchísimos puntos a favor. Tampoco necesita robar. El dinero no es su motivación, pues tiene suficiente para vivir su vida plena de lujos.

    Si puede haber un cambio en la Argentina, este a primera vista es más generacional que político. La guardia vieja que involucra a toda la escoria gobernante se acaba ahora junto con la tanda Montonera y las cínicas de Plaza de Mayo.

    Los argentinos en su mayoría son de izquierdas y los que son de derechas son nazis. No hay muchos que entiendan de capitalismo, libertad, mesura, democracia, respeto a la ley, a la justicia, al prójimo, y demás ingredientes que hacen a una sociedad seria, moderna y competitiva. La única solución que tiene la Argentina para salir de su letargo e inmoralidad es el capitalismo libertario.

    Si Mauricio Macri obtiene la presidencia, debe cortar los subsidios, rejuvenecer la economía y la mentalidad torcida que contaminó a su país. La última es la más difícil de cambiar. Los argentinos se acostumbraron al omnipotente estado paternalista. El individuo no existe. La característica más visible en los argentinos es que son estereotipados. Conoces a uno y conociste a 40 millones.

    Por José Brechner (*)

    * Analista político http://www.josebrechner.com

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 06:56

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