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La hipocresía y el indignante silencio de Sudamérica

El deterioro económico, político y social en que se encuentra Venezuela es realmente alarmante. La situación actual es producto de 16 años de gobierno de un régimen populista e irresponsable liderado por Chávez primero y por Maduro después.

Cuando observo lo que ha ocurrido en Venezuela siempre recuerdo las palabras del ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti, quien decía que “el populismo era el hijo no deseado de la abundancia”.

Sin duda alguna, el régimen venezolano no hubiera existido si no existía el boom de los commodities de los últimos años. Cuando Chávez llegó al poder en el año 1999, el precio del petróleo –principal producto de exportación de Venezuela– estaba muy cerca de los 10 dólares el barril y a partir de ahí tuvo un crecimiento vertiginoso hasta llegar a los 147 dólares el barril, en el año 2008.

Con ese gigantesco ingreso de dinero, Chávez se constituyó en el gran líder latinoamericano, financiando a todos los movimientos políticos de izquierda de la región.

Era tan grande el ingreso del petróleo, que le dio libertad para perseguir a todos sus opositores internos, especialmente a los empresarios; esto hizo que muchos de ellos cerraran sus empresas y se fueran al exterior, con lo cual las inversiones desaparecieron y se destruyó el aparato productivo del país.

Pero como el despilfarro era aún más grande y los ingresos del petróleo no alcanzaban para financiarlo, el régimen chavista se vio obligado a contraer deudas en el exterior, aumentando la misma de 32.000 a 249.000 millones de dólares.

En lo económico, con la caída del precio del petróleo, con la escasez de productos básicos para la población, con una inflación del 213% y con un tipo de cambio oficial de 6,30 y un cambio paralelo de 600 bolívares por dólar, la situación se ha vuelto insostenible.

En lo político, como el descontento de la población era cada vez mayor, la represión del régimen se tuvo que volver cada vez más dura. Se han reprimido con violencia y muertes las diferentes manifestaciones, se ha encarcelado a varios líderes opositores y se ha decretado el estado de sitio en los estados fronterizos con Colombia.

En estas condiciones el 6 de diciembre van a realizarse las elecciones legislativas donde existen altas probabilidades de que la oposición gane las mismas. Pero como desde el año 2007 –cuando Chávez perdió una elección– Venezuela no acepta la presencia de observadores internacionales, no habrá ningún control que prevenga un fraude gigantesco.

Pero con una sociedad que en más de un 86% desea un cambio, ni el fraude puede evitar la derrota, lo que le ha llevado a Maduro a afirmar que en caso de perder las elecciones de diciembre, “no va a entregar la revolución” y que “gobernaría con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico-militar”.

El régimen venezolano desde hace tiempo ha dejado de ser democrático y, lo que es peor aún, no respeta los derechos fundamentales de sus ciudadanos, pero TODOS los países latinoamericanos mantienen un silencio vergonzoso ante esta situación.

De todos los silencios, el más lamentable es el del Brasil, por ser el país más grande y el líder de la región. El argumento que esgrime Dilma Rousseff es que “no quieren intervenir en asuntos internos de otro país” y esta afirmación nos ofende a los paraguayos.

Porque tanto ella como Cristina y Maduro intervinieron en forma escandalosa en los asuntos internos del Paraguay, cuando el Congreso paraguayo en un marco absolutamente legal había destituido al presidente Lugo.

Evidentemente, existe una doble moral. Cuando el problema ocurre con países ideológicamente afines, Brasil y Argentina miran al costado.

Esta hipocresía y este silencio son francamente indignantes.

Por Alberto Acosta Garbarino

Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “La hipocresía y el indignante silencio de Sudamérica

  1. Ofensa a la democracia

    La pobreza de la política exterior paraguaya ha quedado una vez más evidenciada en la “posición” –si es que puede hablarse de una- adoptada por la Cancillería frente a Venezuela y sus ofensivos condicionantes para recibir misiones extranjeras de observación de las elecciones de noviembre próximo. Descartando de plano a la OEA, aceptando de mala gana a la Unión Europea y dispuesta a recibir a la delegación de Unasur en medio de fuertes condicionantes, el gobierno venezolano está acabando con la paciencia de por lo menos dos países. Por un lado, el tribunal electoral de Brasil desistió integrar el grupo de observadores por falta de una respuesta convincente sobre las garantías necesarias para una ‘‘observación objetiva, imparcial e íntegra’’ de los comicios parlamentarios de Venezuela. Por el otro, la Corte Electoral del Uruguay, que preside el organismo similar de Unasur, advierte que está en ‘‘riesgo’’ la integración de la misión por las ‘‘demoras’’ y el ‘‘agotamiento’’ de los plazos para la integración de la misma. Argentina, mientras tanto, sumida en un paroxismo electoral, ni siquiera ha considerado el asunto.

    En medio de este panorama, el Canciller paraguayo habla de que es necesario abstenerse de tomar iniciativas respecto a Venezuela invitando a respetar el proceso venezolano y recordando que la misión de Unasur “será observadora de todo el proceso electoral”. El Canciller habla como si viviera en una burbuja, aislado de lo que ocurre a su alrededor y sin ver que esa misión se cae a pedazos y que en todo caso se limitará a “observar” los comicios y nada más. Mientras tanto, cinco encuestadoras anticipan un triunfo de la oposición por un margen de entre 20 y 30 puntos porcentuales. Tan posible parece ser dicho triunfo que el propio Nicolás Maduro, luego de afirmar en marzo pasado que “llueva o truene, lo quiera o no el imperio, van a haber elecciones parlamentarias y sus resultados van a ser respetados”, la semana pasada anticipó que si gana la oposición, no entregará la revolución y que va a gobernar con una junta cívico militar. Todos estos elementos combinados, Brasil y Uruguay decididos a no integrar la misión de observación de Unasur y el propio Maduro preanunciando un autogolpe, dicen a las claras que Venezuela se está quedando aislada y convertida en una dictadura de hecho.

    No es ninguna sorpresa que Maduro muestre públicamente este desprecio por las instituciones republicanas. En junio de 2012 ya lo hizo en nuestro país, intentando sublevar a los mandos militares contra el Congreso que estaba en camino de enjuiciar al entonces Presidente Fernando Lugo. Es lo mismo que ahora se propone hacer en su país si la oposición gana: golpear a la antigua, acaudillando a la milicia y destrozando el marco institucional, que ya lo viene saboteando desde hace tiempo. Triste para Venezuela, pero lamentable para el Paraguay, incapaz de reaccionar frente a semejante ofensa a la democracia.

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 07:01
  2. ¿Quién apagará la luz?

    Es viejo el chiste y se le atribuye a un humorista brasileño en la época en que las cosas le estaban yendo muy mal a ese país (no, ahora no; antes). En la viñeta se veía a un hombre en el aeropuerto diciendo: “El último en salir que apague la luz”. Es el momento de preguntarse quién apagará la luz en Venezuela, si es que antes no se la cortan por no pagar a tiempo la cuenta, tan mal va la economía del país al borde de la hiperinflación.

    Lo de apagar la luz viene a cuento de que hace unos diez días, el fiscal del caso contra Leopoldo López, el líder opositor condenado a más de trece años de cárcel, desapareció de Caracas con toda su familia. Franklin Nieves dijo que se iba de vacaciones a la isla de Aruba, una antigua colonia holandesa a unos veinticinco kilómetros al norte de la costa venezolana, pero en realidad siguieron viaje a los Estados Unidos donde pidieron asilo político. Los medios informativos locales, la mayoría en manos de gente del gobierno o de grupos financieros que le responden, guardaron silencio. Pero Nieves, el fin de semana anterior colgó de la red un vídeo en el que explica los motivos de su huida y su pedido de asilo.

    Afirma que se vio obligado a tomar esta decisión ya que durante el juicio a Leopoldo López, el gobierno le obligó a presentar pruebas falsas en contra del acusado, en medio de un juicio lleno de irregularidades. “Pronto voy a estar diciendo toda la verdad”, dijo Nieves acerca de todo lo ocurrido “antes, durante y después del juicio”. Ante estas declaraciones, Juan Carlos Gutiérrez, que encabezó el grupo de abogados que defendió a López, dijo: “El fiscal del caso de Leopoldo López evidencia una vez más la ilegalidad de su condena, es el resultado de un fraude procesal. La condena debe ser revocada y tiene que ser inmediatamente liberado”. La madre del condenado dijo: “Que un fiscal haya tenido que huir del país para poder hablar, muestra el estado de nuestra democracia”.

    En el mismo vídeo, el fiscal Nieves advierte que “A partir de este momento van a escuchar descalificaciones e injurias en mi contra” y habló del riesgo que corre que se vayan a plantar “pruebas falsas, no ahora contra Leopoldo López, sino en contra de mi persona”.

    Mientras tanto, la izquierda bolivariana del continente guarda riguroso silencio porque no quiere inmiscuirse en “asuntos internos” de Venezuela. La cosa no es con ellos. Como acertadamente dijo el expresidente uruguayo José (Pepe) Mujica cuando explicó la sanción a Paraguay por “haberse saltado la cláusula democrática que exige el Mercosur: “Primaron las razones políticas sobre las jurídicas”. Lo mismo que ahora, pero solo que al revés.

    Estoy convencido de que toda esta historia “bolivariana” se va a derrumbar cualquier día de estos como se desmoronó en una sola mañana y a causa de un malentendido el famoso Muro de Berlín. Me gustaría, sin embargo, que antes que esto suceda alguien satisfaga mi curiosidad: ¿Qué tenía Chávez, primero, y ahora Maduro, para que vayan atrás de él como los niños (y antes las ratas) atrás del flautista de Hamelin? ¿Habrá por allí unos hermanos Grimm contemporáneos que puedan fabular sobre este caso? El ingreso de Venezuela al Mercosur fue nefasto ya que sólo logró convertir lo que era un interesante proyecto económico de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, en un foco de rivalidades, odios, intrigas, enfrentamientos políticos; en resumen: echaron a perder sus verdaderos objetivos.

    Tanto las presidentes de Brasil como de Argentina, en lugar de buscar afianzar los lazos con sus vecinos (y los vecinos, buenos o malos, siempre son vecinos) se dedicaron a destruir todo aquello que pudiera significar acercamiento y colaboración mutua. Dilma Rousseff está pendiente de que no la saquen “a la paraguaya” a través del “impeachment”, y a Cristina Kirchner no le queda ya tiempo para calafatear el barco en que navega y que se está yendo rápidamente a pique, con una inflación de más del 25% anual y la nacionalización de supermercados como recurso desesperado. Tan democrática es que ha prohibido que se publiquen datos estadísticos sobre la verdadera situación económica del país. Igual que Stroessner cuando prohibía que se publicara la temperatura, como si esto atenuase el calor sofocante del verano. Pero siguen, aferrados al poder en tanto su gente huye desesperada del caos que han sembrado por doquier. ¿Quedará alguien para apagar la luz cuando todos se hayan ido? ¿Incluso ellos?

    Por Jesús Ruiz Nestosa

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    Publicado por jotaefeb | 9 noviembre, 2015, 06:59

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