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El evangelio del domingo: Los diez se indignaron

Mc 10,35 – 45.- El Evangelio afirma: “Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos”, justamente porque los dos apóstoles pedían lugares de destaque en el Reino de Jesucristo. Con tal pedido, y el Maestro lo aclara perfectamente, ellos no habían entendido la misión de Jesús, ni tampoco la tarea de un seguidor suyo.

El deseo de ser importante dentro de la empresa, de la institución, de la Congregación y del país es algo fuerte en el ser humano. Sin embargo, los criterios de “ser importante” casi siempre son egocéntricos y arbitrarios, es decir, no interesa tanto el servicio a los demás, sino que uno sea figureti y disfrute de muchos privilegios.

La reacción de los otros diez apóstoles refleja el sentimiento de muchas personas delante de esta búsqueda de beneficios personales, a cuesta del esfuerzo de todos: se indignaron.

Seguramente, hay una indignación sana que se debe mostrar delante de los interminables abusos que se dan en la sociedad, venga de donde venga. Parece una película de terror lo que se ve de corrupción impune, de despilfarro de recursos públicos, de explotación del ser humano más vulnerable y de tantas otras situaciones, que escandalizan y deprimen.

Jesús también se indignó con los vendedores del templo y tomó una actitud concreta: con un látigo los expulsó de allí. Hoy enseña que aquellos que gobiernan suelen dominar al pueblo como su dueño, pero entre sus amigos no debe ser así.

Nosotros, cristianos, no podemos estar tan pasivos delante de los atropellos que se hacen en tiempos de campaña política, sino que tendremos que manifestar en las calles una justa indignación, aunque sin violencia y sin vandalismo.

Asimismo, hay situaciones indignantes dentro de las familias, como el adulterio, la pornografía por internet, el descuido con el estudio de los niños y jóvenes, la pereza, etc. y los otros miembros de la familia no pueden callarse eternamente, sino que deben llamar a un diálogo honesto y transformador.

La indignación razonable delante de los desafueros hace crecer a una persona, pues indica que sabe discernir lo que pasa alrededor suyo, sabe reaccionar (sin violencia, ni vandalismo) y tiene valor para unirse a otra gente y luchar contra estos desmanes, sea de orden pública, privada o familiar.

Por otro lado, este domingo celebramos el Día Mundial de las Misiones, y todos debemos ser “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

Aquellos que no se portan como discípulos y misioneros también suscitan una justa indignación.

Paz y Bien

Por Hno. Joemar Hohmann, franciscano capuchino

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

3 comentarios en “El evangelio del domingo: Los diez se indignaron

  1. Servir

    El Evangelio de la Misa nos relata la petición que hicieron Santiago y Juan a Jesús de dos puestos de honor en su Reino. Después, los diez comenzaron a indignarse contra estos dos hermanos. Jesús les dijo entonces: Sabéis que los que figuran como jefes de los pueblos los oprimen, y los poderosos los avasallan. No ha de ser así entre vosotros; por el contrario, quien quiera llegar a ser grande entre vosotros, sea vuestro servidor; y quien entre vosotros quiera ser el primero, sea esclavo de todos.
    Y les da la suprema razón: porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención de muchos.

    Los cristianos, que queremos imitar al Señor, hemos de disponernos para un servicio alegre a Dios y a los demás, sin esperar nada a cambio; servir incluso al que no agradece el servicio que se le presta. En ocasiones, muchos no entenderán esta actitud de disponibilidad alegre.

    Nos bastará saber que Cristo sí la entiende y nos acoge entonces como verdaderos discípulos suyos. El «orgullo» del cristiano será precisamente este: servir como el Maestro lo hizo. Pero solo aprendemos a darnos, a estar disponibles, cuando estamos cerca de Jesús. «Al emprender cada jornada para trabajar junto a Cristo, y atender a tantas almas que le buscan, convéncete de que no hay más que un camino: acudir al Señor.

    —¡Solamente en la oración, y con la oración, aprendemos a servir a los demás!». De ella obtenemos las fuerzas y la humildad que todo servicio requiere.

    En una homilía el papa Francisco dijo: “¿Quién es el más importante? Jesús es simple en su respuesta: “Quien quiera ser el primero –o sea el más importante– que sea el último de todos y el servidor de todos”. Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás.

    Y esta es la gran paradoja de Jesús. Los discípulos discutían quién ocuparía el lugar más importante, quién sería seleccionado como el privilegiado –¡eran los discípulos, los más cercanos a Jesús, y discutían sobre eso!–, quién estaría exceptuado de la ley común, de la norma general, para destacarse en un afán de superioridad sobre los demás.

    Quién escalaría más pronto para ocupar los cargos que darían ciertas ventajas.

    Y Jesús les trastoca su lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo. Es decir, sirviendo.

    La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo”.

    En la Audiencia General del miércoles 14 de octubre de 2015 en el marco del sínodo sobre la familia el papa Francisco continuó con sus reflexiones sobre la familia y a partir del pasaje bíblico de Mateo en el que Jesús dice: “Ay de quien escandalice a los pequeños”, habló de las promesas que hacemos a los niños: promesas importantes que son decisivas para sus expectativas ante la vida, dijo, para su confianza en los seres humanos, para su capacidad de concebir el nombre de Dios como una bendición.

    Siguió manifestando S.S.: “… Esta promesa de acogida, cuidado, cercanía y atención concreta, se puede resumir en una palabra: Amor. A los niños les prometemos amor”.

    El amor es la promesa que cada hombre y mujer hace a cada hijo, pero ¿cuán leales somos con las promesas que hacemos a los niños haciéndolos venir a nuestro mundo? Señalando que los adultos hablamos de los niños como una promesa de la vida y que nos conmovemos diciendo a los jóvenes que son nuestro futuro, el pontífice se preguntó si somos así de serios respecto a su futuro, y con las palabras de Jesús, recordó que Dios Padre vigila sobre nuestras promesas:

    “Una promesa de amor, en definitiva, que hemos aprendido de nuestros padres antes incluso de ser conscientes y que, con una actitud inerme y confiada, todo niño espera que le sea correspondida íntegramente. Si esto no sucede, se les hiere profundamente. Por eso, Jesús en el Evangelio nos alerta de que Dios y sus ángeles velan sobre esta responsabilidad”…

    (Del libro Hablar con Dios, http://es.catholic.net y http://es.radiovaticana.va)

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    Publicado por jotaefeb | 18 octubre, 2015, 07:04
  2. domingo 18 Octubre 2015
    Vigésimo noveno Domingo del tiempo ordinario

    Libro de Isaías 53,10-11.
    El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.
    A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.

    Carta a los Hebreos 4,14-16.
    Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe.
    Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
    Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.

    Evangelio según San Marcos 10,35-45.
    Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”.
    El les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”.
    Ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”.
    Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?”.
    “Podemos”, le respondieron. Entonces Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo.
    En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”.
    Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
    Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
    Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
    y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.
    Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    Santo Tomás de Aquino (1225-1274), dominico, teólogo, doctor de la Iglesia
    Conferencia sobre el Credo, 6

    «El que quiera ser grande, sea vuestro servidor»

    ¿Qué necesidad había para que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Una gran necesidad que se puede resumir en dos puntos: necesidad de remedio por lo que se refiere a nuestros pecados, necesidad de ejemplo para nuestra conducta… Porque la Pasión de Cristo nos proporciona un modelo válido para nuestra vida… Si buscas un ejemplo de caridad: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13)… Si buscas la paciencia, es sobre la cruz donde se encuentra en grado máximo… Cristo sufrió grandes males en la cruz, y pacientemente, puesto que «cuando lo insultaban, no devolvía el insulto» (1P 2,23), «como un cordero llevado al matadero, no abría la boca» (Is 53,7)… «Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, que renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz» (Hb 12,1-2).

    Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado. Porque un Dios ha querido ser juzgado bajo Poncio Pilato y morir… Si buscas un ejemplo de obediencia, no tienes que hacer más que seguir al que se hizo obediente al Padre «hasta la muerte» (Flp 2,8). «Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos» (Rm 5,19). Si buscas un ejemplo de menosprecio de los bienes de la tierra no debes hacer otra cosa que seguir al que es «Rey de reyes y Señor de los señores», «en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento» (1Tm 6,15; Col 2,3); sobre la cruz estuvo desnudo, convertido en la mofa de todos, cubierto de salivazos, golpeado, coronado de espinas, y finalmente, apagando su sed con hiel y vinagre.

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    Publicado por jotaefeb | 18 octubre, 2015, 07:03
  3. “Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir. Él les dijo: ¿Qué quieren de mí? Ellos respondieron: Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria. Jesús les dijo: No saben lo que piden.” Mc 10, 35-38
    El evangelio de este domingo nos da muchas posibilidades de reflexionar sobre nuestra vida cristiana, especialmente sobre cómo deben ser las relaciones entre quienes compartimos la misma fe. No debería haber entre nosotros disputas por el poder, por los honores y por otras cositas mundanas, pues para Jesucristo lo más importante es aquel que sirve a los demás. Para él tiene mucho más valor quien lava los pies a los otros, que aquel que prefiere ser servido.
    Como sobre este tema ya reflexionamos otras veces, hoy me gustaría detenerme sobre la oración. Si la oración es un diálogo con Dios. Lo que hacen Santiago y Juan con Jesús es una oración. Y para más, es una oración de súplica, como la mayor parte de las oraciones que también hacemos nosotros. Infelizmente, cuando oramos casi siempre nos quedamos sólo en dos modos de hacerla: o repetimos formulas o entonces hacemos pedidos. Aun son pocos los cristianos que practican la oración de alabanza, la de contemplación, la de abandono o la de escucha y discernimiento de la voluntad de Dios.
    Muchas veces nuestra oración se reduce a exponer a Dios cuáles son nuestras necesidades y deseos, y le decimos lo que debe concedernos. Queremos convencerlo sobre cuál debe ser su actuación, rezamos para que Dios haga nuestra voluntad. En cierto modo, Santiago y Juan hacen esto mismo en este evangelio. Ellos sin saber exactamente en qué consistía el reino de Cristo, querían ocupar los dos primeros puestos, querían ser los privilegiados. El pedido revela que se creían los más importantes entre todos los demás apóstoles de Jesús.
    El maestro, cuando es llamado por los dos discípulos, se interesa por ellos (“¿Qué quieren de mí?”) y escucha atentamente su súplica. Sin embargo, no puede concederles lo que están pidiendo, pues es un absurdo. El pedido de ellos era una demostración de que aun no habían entendido qué cosa era el reino de Dios… Era una súplica mezquina y egoísta. Por eso, Jesús les responde: “No saben lo que piden.”
    La oración debería servir sobre todo para hacernos conocer la voluntad de Dios en nuestras vidas y generar en nuestros corazones la disponibilidad de asumir su proyecto como si fuera el nuestro. Somos nosotros los que debemos convertirnos al proyecto de Dios, y no él a nuestras voluntades y caprichos.
    Estos discípulos deberían más bien preguntarle a Jesús: “¿en tu reino qué es lo debemos hacer? ¿Cómo podemos colaborar?”
    Nuestra oración debe nacer de la fe. Debe nacer de la certeza de que Dios nos ama, que desea nuestra auténtica felicidad, que quiere nuestro bien y está dispuesto a ayudarnos en todos los momentos de nuestras vidas. Él siempre tiene una propuesta para hacernos. Aun cuando nos metemos en problemas, Él está más cercano y disponible a ofrecernos una solución. Seguramente su propuesta no será un arreglo superficial de la situación, por eso, no será tampoco la salida más fácil y cómoda a los ojos humanos. Dios no se contenta con remiendos, Él siempre desea darnos un vestido nuevo, Él siempre aprovecha las oportunidades que le damos para proponernos una efectiva conversión.
    Algunos rezan pensando solamente que Dios es omnipotente, que tiene el poder de hacer todo lo que le da las ganas, y por eso puede hacer sin problemas lo que se le pide, puede como un mago solucionarles sus problemas, para que puedan continuar viviendo cómodamente. A veces se olvidan de que Dios es padre-omnipotente, que no hará nada que sea contrario a su naturaleza, que no nos dará nada que pueda hacernos daño, que no está dispuesto a darnos pequeños beneficios sin preocuparse acerca de si estamos en el camino correcto. Dios siempre está dispuesto a trasformar nuestros problemas concretos en oportunidades para empezar una vida nueva. Con inmenso amor de padre, Él está dispuesto a ayudarnos en todo momento, con la condición de que estemos dispuestos a hacer su voluntad. Sin embargo, cuando le pedimos “disparates”, como estos dos discípulos, aunque insistamos mucho, podemos estar seguros de que no nos atenderá.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino

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    Publicado por jotaefeb | 18 octubre, 2015, 07:03

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“Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad”.25/03/17
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