EL CLAVO ENMOHECIDO

Los verdaderos cambios están cimentados en PROCESOS. No se consiguen por causa de un evento aislado, sino gracias a la concatenación de estrategias sostenidas en el tiempo. Los procesos que valen la pena ser vividos te cuestan lágrimas y te quitan el sueño.

Muchas veces queremos que una actividad haga una transformación profunda en las personas, pero no funciona así. El microondas está hecho para calentar el café con leche y las empanadas, no el carácter. Se necesita paciencia y mucha entereza para soportar los embates inherentes de la innovación y los cambios. Las vacas sagradas tienen el ADN de Bruce Willis, son duras de matar.

Todo proceso está compuesto por eventos, acciones, programas, relaciones y un bagaje de experiencias. Planeemos los cambios a partir de estos elementos, no salteemos ninguno de ellos, quememos etapas y lleguemos con entereza al objetivo. Esta es una carrera de resistencia, no de velocidad.

Ahora bien, hay un componente que no podemos ignorar dentro de la ecuación: el desánimo. A menudo se escuchan más reclamos y quejas, que aliento y felicitaciones; el ojo está en el vaso medio vacío y no en el lleno; abundan las exigencias pero no los espacios de reabastecimiento emocional. Así que cuando el desaliento asome la nariz hay que saber reaccionar. Hace poco un buen amigo me compartía estas palabras del poeta argentino Almafuerte: “No te des por vencido, ni aún vencido, no te sientas esclavo, ni aún esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y acomete feroz, ya mal herido. Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo; no la cobarde estupidez del pavo que amaina su plumaje al primer ruido”.

Ni vida ni el trabajo se solucionan a “tallerazos limpios”. Es un constante persistir, es una fe terca en el mejor sentido de la palabra. Los procesos cuestan, porque apuntan a influir en el largo plazo, en el caracú de las cosas. La tendencia natural es lo rápido, fácil, sin mucho esfuerzo y a la vuelta de la esquina. Pero esa es una trampa. Porque la satisfacción dura poco y la adhesión de la gente es falsa.

Los corruptos, por ejemplo, tienen esta forma de pensar: obtener en un chasquido de dedos lo que a otros les costó conseguir. No quieren sudar, sangrar ni sembrar, sólo quieren arrancar y darse un festín con los frutos ajenos. Pero esto se les viene encima: “El pan robado tiene un sabor dulce, pero se transforma en arena dentro de la boca”, Proverbios 20:17, NTV.

Desde la ADEC trabajamos por promover un empresariado ético y con valores, que crea en los procesos de cambio, que se involucre y entregue sus mejores años e ideas por esta causa. Uno que siembre y coseche buen fruto. No uno que se llene la boca de dulces instantáneos y que termine escupiendo arena.

No nos demos por vencidos ni aun cuando nos sintamos vencidos. Seamos el clavo enmohecido que cree en los grandes cambios. Como diría mi mamá: “Mi hija, todo lo que cuesta vale, y todo lo que vale… cuesta”.

Narumi Akita
Artículo publicado el miércoles 14 de octubre de 2015, en el Diario La Nación.

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