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Desarrollar la inteligencia

Hasta el siglo XX se sabía muy poco sobre la inteligencia humana. Durante el siglo XX y lo que va del XXI se ha intensificado la investigación sobre la inteligencia y los avances en el conocimiento del cerebro por parte de los neurólogos, han empezado a darnos muchos datos importantes para entender eso que llamamos inteligencia. La producción científica y los estudios consecuentes desde diversas ciencias, como la psicología, la psiquiatría, antropología, sociología, etc. ponen a nuestra disposición abundante literatura especializada y de divulgación sobre la inteligencia.

Esos conocimientos no han bajado todavía al dominio común ciudadano, lo que se evidencia en la ignorancia generalizada de los conceptos fundamentales sobre el tema y en la ausencia de su pedagogía en los diseños curriculares y programas oficiales. Son excepción las instituciones, como el CDI (Centro para el Desarrollo de la Inteligencia), los colegios y escuelas que en nuestro país han incorporado por su cuenta programas orientados al efecto.

En el sistema educativo oficial, el concepto y el desarrollo de la inteligencia se presuponen, por no decir que se ignoran. Sin embargo, cada día en todos los ambientes de la sociedad, desde luego en los académicos, científicos, laborales, artísticos, comunicacionales y políticos, la inteligencia es un valor (cualidad del ser) de mayor cotización.

Tradicionalmente, durante siglos, sobre todo en occidente, asumiendo la definición aristotélica del ser humano como “animal racional”, se venía pensando que la inteligencia humana era “inteligencia racional”. Mediante esta inteligencia el ser humano reflexiona, partiendo de unas premisas para llegar a conclusiones. Cuanto más hábil e inspirada sea la reflexión, mejores serán las conclusiones. Las personas más inteligentes son en este caso las que logran llegar a mejores y bien fundadas conclusiones.

Con este planteamiento se ignoró que los niños, antes de ser racionales, antes de que sus padres y educadores les enseñen a reflexionar y razonar, ya poseen otra fuente de conocimientos, que son las emociones y que mediante la percepción y manejo de sus emociones y de las que son capaces de provocar en la madre y familiares, pueden alcanzar un buen nivel de éxito en sus objetivos y relaciones con los demás. Hoy con las investigaciones y su popularización, Daniel Goleman nos ha demostrado la trascendencia de la “Inteligencia emocional”.

Pero todo ser humano, además de contar con su dimensión racional y afectiva, cuenta con su dimensión y conciencia espiritual. Tenemos también, más o menos desarrollada la “inteligencia espiritual”. La inteligencia espiritual ha sido reconocida en todos los tiempos a través de la historia, el mismo San Pablo le habla de ella a los Colosenses (Col. 1,9). En el siglo XXI ha sido relanzada con autores como Danah Zohar, quien junto a otros investigadores, incluso neurólogos, la promueven con entusiasmo, deplorando que nuestras sociedades sumidas en la posmodernidad y en la hipermodernidad pretendan obviarla.

Howard Gardner, también con extraordinario éxito de acogida mundial, lanzó su teoría de “las múltiples inteligencias”, que logró cifrar e identificar específicamente en ocho: visual, espacial, lógica y matemática, lingüística y musical, intrapersonal e interpersonal y naturalista. Al final se cuestionó si existe o no la inteligencia espiritual, porque ante el hecho histórico de que ha habido personas superdotadas en esta inteligencia, como Jesús de Nazareth, Ghandi, Teresa de Jesús, etc., era razonable explicar ese hecho indiscutible. Pero humildemente reconoció que con su método no podía ni afirmarlo ni negarlo. Richard Davidson se encargará después de demostrar como neurólogo, lo que Howard Gardner no logró.

Finalmente, para no entretener demasiado a los lectores tengo que citar de nuevo a Daniel Goleman, quien nos ha entregado nuevas e importantes conclusiones de sus investigaciones, explicándonos qué es y cómo funciona la “inteligencia social”.

Este brevísimo y acelerado panorama que recoge en síntesis acelerada la cita de diversas formas de inteligencia, nos desafía provocativamente planteándonos la necesidad de cuestionarnos qué estamos haciendo y qué debemos y podemos hacer en la educación familiar, escolar y superior para el desarrollo de las inteligencias.

Si hablamos y aspiramos a una educación integral, será necesario planificar y promover el desarrollo de la inteligencia para todos los ciudadanos, pero sobre todo para nuestros niños, adolescentes y jóvenes, que son el mayor potencial y riqueza del Paraguay.

Por Jesús Montero Tirado

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/desarrollar-la-inteligencia-1416184.html

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Acerca de jotaefeb

Un arquitecto jubilado. Aprendiz de todo, oficial de nada. Un humano más. Acá, allá y acullá. Hurgador de cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

2 comentarios en “Desarrollar la inteligencia

  1. Los aplazos y el pensamiento mágico.

    El renovado debate sobre si un niño puede recibir bajas calificaciones durante su vida escolar, permite analizar interesantes aristas del presente y conocer un poco más acerca de cómo razona esta sociedad contemporánea.

    El controvertido tema de los “aplazos” puede ser abordado desde una perspectiva eminentemente educativa, con una mirada sesgada hacia lo pedagógico y hasta deteniéndose en aspectos psicológicos de la infancia.

    Tal vez este polémico asunto sirva, al menos, de trampolín para comprender porque la gente analiza su realidad con ese prisma decidiendo de un modo incoherente con las consiguientes consecuencias nefastas.

    Desde un punto de vista normativo se puede decidir casi cualquier cosa. Hace algún tiempo, cuando se eliminaron las notas bajas, los argumentos se centraron en destacar el impacto perjudicial que las mismas producían en la autoestima de los niños y sus irreversibles repercusiones en su futuro.

    Todo tipo de ardides se aplicaron bajo ese esquema. Se reemplazó el régimen vigente por uno con letras, mas acotado en escalas, para que las diferencias entre los puntajes asignados fueran menos perceptibles. El sistema numérico fue duramente criticado por su crueldad y se optó entonces por quitar la chance de que un alumno obtuviera notas de 0 a 3, iniciando la serie de posibilidades recién desde 4 en adelante.

    Más allá de las cuestiones rigurosamente técnicas vinculadas al ámbito de lo educativo, lo que queda en evidencia es que toda la tecnología, la astucia y la picardía parecen estar al servicio de ocultar la verdad con maquillaje.

    Se pueden calificar a los alumnos con letras, con números, impedir ciertas notas, sugerir a los docentes que sean más piadosos, prohibir la repitencia, disponer que se pase de año sin merito alguno y hasta egresar sin esfuerzo.

    Nada de eso convierte a una persona sin conocimientos en alguien preparado para enfrentar la vida, ni tampoco logra que el que no se empeña sienta que vale la pena intentarlo porque intuye que al final todo da lo mismo.

    Los que están realmente convencidos de que es bueno hacer un poco más, estudiar y tratar de alcanzar lo más alto, a veces creen que el sistema no los premia y los coloca en el mismo lugar que a todos los demás. Por lo tanto perciben, con razón, que tiene poco sentido desvelarse para mejorar.

    Los que no quieren estigmatizar a los que fracasan, terminan creyendo que ellos no son los verdaderos responsables de lo que les ocurre, sino que son meras víctimas de extrañas y perversas fuerzas del mal, sin comprender que los únicos que pueden lograr que todo cambie son justamente ellos mismos, porque son los únicos protagonistas de su propio destino.

    Nivelar para abajo parece ser la solución de muchos. A los mejores hay que limarlos, impedirles que crezcan. Sus éxitos están siempre mal vistos porque ponen en situación de debilidad al resto, atemorizándolos.

    Esta visión de la vida en comunidad, donde la igualdad es un valor mal entendido, se aplica a casi todos los asuntos cotidianos. Tal vez por esta misma razón se intimida a los ricos, se ignora a los talentosos y se termina endiosando a los perdedores, convirtiéndolos en victimas en vez de estimularlos a que salgan rápidamente de esa lamentable situación.

    Tapar la realidad no parece ser una excelente idea. Modificar sistemas para que los que no se destacan pasen totalmente desapercibidos genera un daño enorme para todos, incluso para ellos mismos.

    Es evidente que algunos individuos se esmeran y otros no. Es una elección individual absolutamente respetable. Enmascarar los hechos con recursos retorcidos no cambiará esa realidad. Esconder el termómetro jamás logra camuflar la fiebre, ni tampoco alterar mediciones consigue que quien padece una enfermedad sea una persona sana por arte de magia.

    Los indicadores son eso, un parámetro, un dato, algo que permite tomar determinaciones. Cuando alguien sufre un problema de salud, lo primero que intenta es obtener un diagnóstico certero, sin mentirse a sí mismo, buscando la verdad, para desde allí, iniciar un recorrido que le permita definitivamente curarse. Es increíble que esa lógica individual no pueda asumirse de idéntico modo cuando se analizan fenómenos más mundanos.

    La discusión sobre los aplazos es solo un síntoma más de la insensatez imperante. Se insistirá en cuestionar las calificaciones de los alumnos buscando impedir que los de peor desempeño sean visibilizados, para evitarles frustraciones, sin asimilar que la vida es un camino repleto de aciertos y tropiezos, que nada es lineal. Pero sin información concreta todo se hace mucho más difícil. Un número no dice demasiado sobre una persona, pero puede ayudarla a levantarse y superarse.

    Si la inmensa potencia que se ha puesto para disfrazar la realidad se invirtiera en sobreponerse a los inconvenientes, seguramente todo sería más provechoso. No se conseguirá jamás el progreso poniéndole techo a la evolución de los mejores. Por el contrario, eso solo se logra cuando los que tienen un menor rendimiento dan el salto, salen de ese estándar inferior y avanzan hacia el anhelado siguiente escalón.

    La gran tarea pasa por depositar el máximo de energías en lograr que todos puedan desarrollarse. El ingenio debe estar enfocado en cooperar con el porvenir y no en entorpecérselo a algunos para que el resto no se sienta acobardado e impacte negativamente en su propia consideración.

    Nadie crece engañándose a sí mismo. Nadie evoluciona falsificando la realidad. Todos tienen habilidades. Por lo tanto, la labor consiste en descubrirlas a tiempo y son los indicadores los que ayudan a detectarlo pronto para poder encauzar la fuerza hacia donde realmente se justifica y de esa forma, conseguir que cada ciudadano pueda finalmente realizarse.

    Alberto Medina Méndez

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    Publicado por jotaefeb | 22 mayo, 2016, 11:32
  2. Otra manera de educar

    En dos décadas las ciencias de la educación se han disparado con notable fecundidad, tan notable que el número de propuestas de nuevos modos de educar que están apareciendo no tiene antecedentes similares en la historia de la humanidad. Las madres y padres de familia y los educadores profesionales de todos los niveles del sistema educativo tienen un desafío más: conocer las novedades y saber elegir y/o hacer compatible lo mejor de su tradicional modo de educar entre tantas propuestas innovadoras.
    Varios factores han coincidido para impulsar esta fecundidad pedagógica. El primer factor es la creciente capacidad de investigación sobre la pedagogía por parte de los especialistas en educación. Las ciencias auxiliares de la educación ofrecen tantos descubrimientos que los pedagogos se encuentran con un extraordinario menú de posibilidades nunca imaginadas. Basta citar, para comprender este dinamismo, los descubrimientos de la neurología, que han generado la neurociencia y han desembocado en la necesidad de desarrollar la neuroeducación.

    Sin duda el factor más influyente, provocativo y desafiante es el despliegue incontenible de las tecnologías de la información y la comunicación. La aparición de las TIC y su progresiva invasión en todos los ambientes y sectores de la vida, sea social, laboral, científica, industrial, artística, lúdica, institucional, familiar, personal pública y privada, presiona día a día sobre los educadores y su misión de capacitar para la vida y ayudar al desarrollo personal.

    Las TIC han abierto las puertas de par en par para que corran las “pedagogías emergentes”. Estas pedagogías son diferentes porque cambian las herramientas y materiales pedagógicos, poco a poco van desplazando la pizarra de tiza o acrílica, el libro de texto y el cuaderno; cambian la metodología, cambian los modos y procesos de comunicación entre educador y educando, cambian los escenarios y la sincronización de los tiempos de relaciones con profesores y compañeros, aportan nueva cultura del aprendizaje (ubicuo, expandido, flexible, autónomo, permanente…) y obligan a los educadores docentes a un nuevo rol con y entre sus alumnos.

    El tercer factor, al que han contribuido también las TIC, que incide en la fecundidad de nuevos modos de educar, es la llamada globalización en sus diversas manifestaciones. Nos hemos convertido en una “aldea global” como intuyó McLuhan. Somos ciudadanos del mundo y aun a distancia física compartimos presencias en un permanente encuentro virtual inter y multicultural. La sociología se ha dilatado ilimitadamente, porque las redes sociales tendidas por internet nos incluyen en el entorno y la sociedad virtual nutriente de la sociedad natural.

    Hasta ahora educábamos para la sociedad natural, en sus enclaves familiar, vecinal, urbana, departamental y nacional. Ahora hay que educar para la macrosociedad mundial, como ciudadanos sin fronteras de la sociedad virtual. Esto supone educar para nuevas, sorpresivas e ilimitadas relaciones. Por eso surge con vigor la “pedagogía sistémica”.

    La teoría de los sistemas que nos regalo Ludwig Bertalanffy en 1945 se ha impuesto por su propio peso. Nada existe aislado, ningún ser humano, aun siendo libre y responsable, se justifica y existe por sí mismo, todos formamos parte de muchos sistemas, más aún nosotros mismos somos un sistema extraordinariamente complejo. Biológicamente el sistema nervioso está vinculado con el sistema sanguíneo, con el sistema digestivo, etc. Desde la teoría de los sistemas se ha hecho evidente que la educación también es en sí misma un sistema, que el alumno es un sistema complejo, y el educador también lo es.

    La pedagogía sistémica respeta todas las pedagogías, pero postula un cambio en la mirada de los educadores al proponerles que vean al niño, al adolescente, al joven y al adulto ubicados en las redes de los sistemas en que están insertos. Educar desde esta perspectiva es trabajar con y para identificar, inspirar y fortalecer las relaciones existenciales del educando, dentro de sí consigo mismo y en sus contextos vitales presentes y futuros.

    Los cambios en educación no tienen marcha atrás, porque la velocidad de los cambios culturales, científicos, tecnológicos y sociales es acelerada y no asumirlos inteligente y prudencialmente es quedarse en la cuneta de la historia. En cualquier caso, algo es ineludible: hay que elegir otra manera de educar, porque el educando, sus sueños y el mundo que les espera son diferentes.

    Por Jesús Montero Tirado

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    Publicado por jotaefeb | 11 mayo, 2016, 10:44

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“La calidad nunca es un accidente, siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia”23/03/17
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