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El evangelio del domingo: La santidad del matrimonio

Jesús declara en esta ocasión la indisolubilidad original del matrimonio, según lo instituyera Dios en el principio de la creación. Para ello, cita expresamente las palabras del Génesis que se leen en la Primera lectura. Pero en el principio de la creación los hizo Dios varón y hembra; por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido no lo separe el hombre.

La dignidad del matrimonio y su estabilidad, por su trascendencia en las familias, en los hijos, en la misma sociedad, es uno de los temas que más importa defender, y ayudar a que muchos lo comprendan.

La salud moral de los pueblos –se ha repetido muchas veces– está ligada al buen estado del matrimonio. Cuando este se corrompe bien podemos afirmar que la sociedad está enferma, quizá gravemente enferma. De aquí la urgencia que todos tenemos de rezar y velar por las familias.

Los mismos escándalos que, desgraciadamente, se producen y se divulgan, pueden ser ocasión para dar buena doctrina y ahogar el mal en abundancia de bien. “Hay dos puntos capitales en la vida de los pueblos: las leyes sobre el matrimonio y las leyes sobre la enseñanza; y ahí, los hijos de Dios tienen que estar firmes, luchar bien y con nobleza, por amor a todas las criaturas”.

Quienes se casan inician juntos una vida nueva que han de andar en compañía de Dios. El Señor mismo los ha llamado para que vayan a Él por este camino, pues el matrimonio es una auténtica vocación sobrenatural.

“Sacramento grande en Cristo y en la Iglesia, dice San Pablo (Ef 5, 32) (…), signo sagrado que santifica, acción de Jesús que invade el alma de los que se casan y les invita a seguirle, transformando toda la vida matrimonial en un andar divino en la tierra”.

En una catequesis, el papa Francisco dijo: “En la familia todo está entrelazado: cuando su alma está herida en algún punto, la infección contagia a todos”.

Y cuando un hombre y una mujer, que se han comprometido a ser “una sola carne” y a formar una familia, piensa obsesivamente en las propias exigencias de libertad y de gratificación, esta distorsión afecta profundamente el corazón y la vida de los hijos. Tantas veces los niños se esconden para llorar solos… Debemos entender bien esto. Marido y mujer son una sola carne. Pero sus criaturas son carne de su carne.

Si pensamos en la dureza con la que Jesús advierte a los adultos sobre no escandalizar a los pequeños podemos comprender mejor también su palabra sobre la grave responsabilidad de custodiar la unión conyugal que da inicio a la familia humana. Cuando el hombre y la mujer se convierten en una sola carne, todas las heridas y todos los abandonos del papá y de la mamá inciden en la carne viva de los hijos.

Es verdad, por otra parte, que hay casos en los que la separación es inevitable. A veces se puede convertir incluso en moralmente necesaria, cuando se trata precisamente para proteger al cónyuge más débil, o a los hijos pequeños, de las heridas más graves causadas por la prepotencia y la violencia, del enfado o del aprovecharse, de la alienación y de la indiferencia.

El papa Francisco, en su alocución a los obispos, se manifestó que “El evangelio de la familia es una buena noticia” y manifestó: “En efecto, la familia no es para la Iglesia principalmente una fuente de preocupación, sino la confirmación de la bendición de Dios a la obra maestra de la creación. Cada día, en todos los ángulos del planeta, la Iglesia tiene razones para alegrarse con el Señor por el don de ese pueblo numeroso de familias que, incluso en las pruebas más duras, mantiene las promesas y conserva la fe.

Pienso que el primer impulso pastoral de este difícil periodo de transición lo que nos pide es avanzar con decisión en la línea de este reconocimiento. El aprecio y la gratitud han de prevalecer sobre el lamento, a pesar de todos los obstáculos que tenemos que enfrentar.

La familia es el lugar fundamental de la alianza de la Iglesia con la creación de Dios, que Dios bendijo el último día con una familia. Sin la familia, tampoco la Iglesia existiría: no podría ser lo que debe ser, es decir, signo e instrumento de la unidad del género humano.

(Del libro Hablar con Dios, y http://es.catholic.net y http://www.news.va)

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Acerca de jotaefeb

arquitecto jubilado, hoy "hurgador" de la filosofía de vida, de las cosas cotidianas y trascendentes.

Comentarios

5 comentarios en “El evangelio del domingo: La santidad del matrimonio

  1. Francisco en el ángelus explica qué es Sínodo y pide oraciones

    Texto completo. Recordó a tantos niños que sufren hambre, guerra o persecución. Invitó a no ser una sociedad-fortaleza, sino una sociedad-familia, capaz de acogerlos

    Por Redacción

    Ciudad del Vaticano, 04 de octubre de 2015 (ZENIT.org)

    El papa Francisco rezó este domingo la oración del ángelus desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, delante de miles de fieles que le esperaban en la Plaza de San Pedro. El Santo padre acababa de abrir el Sínodo sobre la Familia, con una solemne misa en la basílica de San Pedro.
    Así el Papa explica qué es un Sínodo y pide oraciones para ser dóciles al Espíritu Santo en el defender la familia. Y también solicitó a los papás y a los educadores a acoger a los niños, recordando el drama de tantos pequeños que pasan hambre, sufren violencia o tienen que escapar o sufrir las guerras. Invitó asi a no ser una sociedad-fortaleza, sino una sociedad-familia, capaces de acogerlos con reglas adecuadas, pero acogerlos.

    A continuación las palabras del papa Francisco:
    «Queridos hermanos y hermanas, ha concluido hace poco en la basílica de San Pedro la celebración eucarística con la cual hemos dado inicio a la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Los padres sinodales provenientes de todas las partes del mundo y reunidos entorno al sucesor de Pedro, reflexionarán por tres semanas sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en la sociedad, para lograr un atento discernimiento espiritual y pastoral.

    Tendremos la mirada fija en Jesús para individuar, basándonos en sus enseñanzas de verdad y de misericordia, los caminos más oportunos para un empeño adecuado de la Iglesia con las familias y para las familias. De manera que el plan ordinario del Creador para el hombre y la mujer pueda realizarse y obrar en toda su belleza y fortaleza en el mundo de hoy.

    La liturgia de este domingo propone justamente el texto fundamental del Libro del Génesis, sobre la complementariedad y reciprocidad entre el hombre y la mujer. Por ello –dice la biblia– el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su esposa y los dos se vuelven una sola carne, o sea una sola vida, una sola existencia. En tal unidad los cónyuges transmiten la vida a los nuevos seres humanos: se vuelven progenitores. Participan de la potencia creadora del mismo Dios.

    ¡Pero atención!, Dios es amor y se participa a su obra cuando se ama con Él y como Él. Con tal finalidad –dice san Pablo– el amor ha sido puesto en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado. Y ésto es también el amor que es dado a los esposos en el sacramento del matrimonio.

    Es el amor que alimenta su relación a través de alegrías y dolores, momentos serenos y difíciles. Es el amor que suscita el deseo de general hijos, de atenderlos, acogerlos, hacerlos crecer, educarlos. Es el mismo amor que en el Evangelio de hoy, Jesús manifiesta a los niños: “Dejen que los niños vengan a mi, no se lo impidan: a quien es como ellos de hecho pertenece el reino del Cielo”.

    Pidamos hoy al Señor que todos los papás y los educadores del mundo, como también la sociedad entera, sean instrumentos de aquella acogida, de aquel amor con el cual Jesús abraza a los más pequeños. Él mira en sus corazones la ternura y la solicitud de un padre y al mismo tiempo de una madre.

    Pienso a tantos niños hambrientos, abandonados, explotados, obligados a la guerra, rechazados. Es doloroso ver las imágenes de niños infelices, con la mirada perdida, que huyen de la pobreza y los conflictos, que llaman a nuestras puertas y a nuestros corazones implorando ayuda.

    El Señor nos ayude a no ser una sociedad-fortaleza, sino una sociedad-familia, capaces de acogerlos con reglas adecuadas, pero acogerlos, acogerlos siempre, con amor.

    Les invito a apoyar con la oración los trabajos del Sínodo, para que el Espíritu Santo vuelva a los Padres sinodales plenamente dóciles a sus inspiraciones.

    Invocamos la materna intercesión de la Virgen María, uniéndonos espiritualmente a quienes en este momento, en el Santuario de Pompei, recitan la ‘Súplica a la Virgen del Rosario’».

    (El Papa reza la oración del ángelus)

    «Ayer en Santander, en España, fueron proclamados beatos, Pío Heredia y 17 compañeros y compañeras del ‘Orden de los Cistercienses de estricta observancia y de San Bernardo’, asesinados por su fe durante la Guerra Civil Española y la persecución religiosa de los años treinta del siglo pasado. Alabemos al Señor por estos valientes testimonios, y por su intercesión súpliquemos de librar al mundo del flagelo de la guerra.

    Quiero dirigir al Señor una oración por las víctimas del alud que ha arrasado a todo un pueblo en Guatemala, así como a los del aluvión en Francia, en la Costa Azul. Estemos cerca de las poblaciones duramente golpeadas también con la solidaridad concreta.

    Agradezco a todos ustedes que han venido y son tan numerosos, desde Roma, Italia y de tantas partes del mundo. Saludo a los fieles de la arquidiócesis de Paderborn en Alemania, y a los de Porto de Portugal, y al grupo del colegio Mekhitarista en Roma.

    En el día de san Francisco de Asís, patrono de Italia, saludo con particular cariño a los peregrinos italianos, en particular a los fieles de Reggio Calabria, Bollate, Mozzanica, Castano Primo, Nule y Parabita. Saludo a los jóvenes de Belvedere di Spinello y a la asociación de los derechos de los peatones de Roma y del Lazio.

    Y a todos les deseo un buen domingo, y por favor no se olviden de rezar por mi. ‘Buon pranzo e arrivederci’».

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    Publicado por Anónimo | 7 octubre, 2015, 17:43
  2. Hoy, los fariseos quieren poner a Jesús nuevamente en un compromiso planteándole la cuestión sobre el divorcio. Más que dar una respuesta definitiva, Jesús pregunta a sus interlocutores por lo que dice la Escritura y, sin criticar la Ley de Moisés, les hace comprender que es legítima, pero temporal: “Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto” (Mc 10,5).
    Jesús recuerda lo que dice el Libro del Génesis: “Al comienzo del mundo, Dios los creó hombre y mujer” (Mc 10,6, cf. Gn 1,27). Jesús habla de una unidad que será la Humanidad. El hombre dejará a sus padres y se unirá a su mujer, siendo uno con ella para formar la Humanidad. Esto supone una realidad nueva: dos seres forman una unidad, no como una “asociación”, sino como procreadores de Humanidad. La conclusión es evidente: “Lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (Mc 10,9).
    Mientras tengamos del matrimonio una imagen de “asociación”, la indisolubilidad resultará incomprensible. Si el matrimonio se reduce a intereses asociativos, se comprende que la disolución aparezca como legítima. Hablar entonces de matrimonio es un abuso de lenguaje, pues no es más que la asociación de dos solteros deseosos de hacer más agradable su existencia. Cuando el Señor habla de matrimonio está diciendo otra cosa. El Concilio Vaticano II nos recuerda: «Este vínculo sagrado, con miras al bien, ya de los cónyuges y su prole, ya de la sociedad, no depende del arbitrio humano. Dios mismo es el autor de un matrimonio que ha dotado de varios bienes y fines, todo lo cual es de una enorme trascendencia para la continuidad del género humano» (Gaudium et spes, n. 48).
    De regreso a casa, los Apóstoles preguntan por las exigencias del matrimonio, y a continuación tiene lugar una escena cariñosa con los niños. Ambas escenas están relacionadas. La segunda enseñanza es como una parábola que explica cómo es posible el matrimonio. El Reino de Dios es para aquellos que se asemejan a un niño y aceptan construir algo nuevo. Lo mismo el matrimonio, si hemos captado bien lo que significa: dejar, unirse y devenir.

    Artículo originalmente publicado por evangeli.net

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    Publicado por Anónimo | 4 octubre, 2015, 08:36
  3. El evangelio del domingo: Tres amores

    Mc 10,2 – 16.- Celebramos hoy la entrada de San Francisco de Asís en el cielo, al recibir a la Hermana Muerte con un corazón agradecido al Señor.

    Nacido hace más de 800 años, el santo continúa a ser inspiración y modelo de vida para franciscanos y no franciscanos, cristianos y no cristianos.

    Hay casi una infinidad de películas, pinturas, esculturas, libros, músicas, iglesias y monumentos dedicados a este hombre medieval, que abandonó una existencia acomodada para transformarse en un humilde hermano menor. Otra multitud de personas se llaman Francisco o Francisca, pues saben que es un privilegio tener un nombre tan significativo.

    En 1979 fue declarado “Patrono de la Ecología” por el papa San Juan Pablo II y un poco más adelante, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) lo nombró como Hombre del Milenio, es decir, uno de los hombres más importantes del segundo milenio de la humanidad, que abarca el período del año 1000 al año 2000. El Hombre del Primer Milenio fue Jesucristo.

    El cardenal Bergoglio al ser elegido papa quiso usar el nombre de “Francisco”.

    ¿Por qué Francisco de Asís sigue tan atrayente? La respuesta exige algo largo y tendido, sin embargo, queremos comentar tres aspectos, usando sus mismos escritos.

    AMOR A LA EUCARISTÍA: “¡Oh, humildad sublime! ¡Oh, sublimidad humilde, pues el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra salvación se esconde bajo una pequeña forma de pan! Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones. Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero”. (Carta a toda Orden 27).

    AMOR A LA ECOLOGÍA: “Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta” (Cántico de las criaturas).

    AMOR A LOS LEPROSOS: “El Señor me dio de esta manera a mí, hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia: porque, como estaba en pecado, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos. Y el Señor mismo me condujo entre ellos, y practiqué la misericordia con ellos. Y al apartarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después me detuve un poco, y salí del siglo” (Testamento 1-3).

    Con estos “tres amores” estamos capacitados a edificar un mundo mejor, con más solidaridad hacia el hermano y más cuidado hacia la creación.

    Paz y bien.

    Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

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    Publicado por Anónimo | 4 octubre, 2015, 07:53
  4. Vigésimo séptimo Domingo del tiempo ordinario
    Libro de Génesis 2,18-24.
    Después dijo el Señor Dios: “No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada”.
    Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre.
    El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.
    Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío.
    Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
    El hombre exclamó: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre”.
    Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

    Carta a los Hebreos 2,9-11.
    Pero a aquel que fue puesto por poco tiempo debajo de los ángeles, a Jesús, ahora lo vemos coronado de gloria y esplendor, a causa de la muerte que padeció. Así, por la gracia de Dios, él experimentó la muerte en favor de todos.
    Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien existen todas las cosas, a fin de llevar a la gloria a un gran número de hijos, perfeccionara, por medio del sufrimiento, al jefe que los conduciría a la salvación.
    Porque el que santifica y los que son santificados, tienen todos un mismo origen. Por eso, él no se avergüenza de llamarlos hermanos,

    Evangelio según San Marcos 10,2-16.
    Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?”.
    El les respondió: “¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?”.
    Ellos dijeron: “Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella”.
    Entonces Jesús les respondió: “Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes.
    Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.
    Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre,
    y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.
    Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
    Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
    El les dijo: “El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella;
    y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio”.
    Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
    Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos.
    Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
    Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :
    San Juan Pablo II (1920-2005), papa
    Homilia del 12 de Octubre de 1980
    “Ellos ya no son dos; no son mas que uno”

    “Lo que Dios ha unido, el hombre no lo debe separar” Esta expresión “contiene la grandeza esencial del matrimonio y al mismo tiempo la intensidad moral de la familia” Nos deseamos hoy esa magnitud y esa dignidad para los todos los esposos del mundo; deseamos esa intensidad sacramental e integridad moral para todas las familias. ¡Y lo pedimos para el bien del hombre!. Por el bien de cada hombre. El hombre debería llegar a la vida sólo a través de la familia. Y la familia debe ubicarse en las bases mismas de todo esfuerzo a fin de que nuestro mundo humano sea para siempre mas humano. La persona no puede escapar a estas solicitudes: ninguna sociedad, ningun pueblo, ningun sistema; ni el Estado, ni la Iglesia, ni el mismo individuo.

    El amor, que une a un hombre con una mujer como esposos, es al mismo tiempo don y mandato….el amor es don: “el amor procede de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios” (1Jn 4,7)Y al mismo tiempo el amor es un mandamiento, el mas grande amor…”Amarás” (Mt. 22,37-39). Obedecer al mandamiento del amor nos llevará a realizar todas las obligaciones de la familia cristiana. A fin de cuentas, todas se reducen a estas: la fidelidad y la honestidad conyugal, la paternidad responsable y la educación. La “pequeña iglesia”-la Iglesia doméstica-indica que la familia vive en el espíritu del mandamiento del amor: su verdad interior, su esfuerzo cotidiano, su belleza espiritual y su fuerza…Si Dios es el amor El es accesible. Si nosotros destruimos esta estructura inseparable, donde habla el mandamiento de Cristo, entonces el amor del hombre se separará de sus raíces más profundas, perderá sus raíces de plenitud y de verdad, que son esenciales. Imploramos en favor de todas las familias cristianas, de todas las familias del mundo, para que les sea concedido esta plenitud y verdad en el amor, esa que evoca el mandamiento de Cristo.

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    Publicado por Anónimo | 4 octubre, 2015, 07:49
  5. “Así que no son más dos, sino una sola carne. No separe el hombre lo que Dios ha unido.”Mc 10, 8-9.

    El evangelio de este domingo nos ofrece una linda oportunidad para meditar sobre el matrimonio en estos tiempos de tantas controversias y otras propuestas.
    En verdad desde la creación del mundo Dios ha pensado en una unión estable entre un hombre y una mujer, formando una comunidad de amor y mutua colaboración, coronada por los hijos que, en el calor del hogar, encuentran el mejor ambiente para crecer y desarrollarse.
    En primer lugar el matrimonio exige de los dos una victoria sobre la tendencia más arraigada que tenemos, el egoísmo. Cuando entre un hombre y una mujer empieza a nacer el amor, ellos experimentan en sus vidas una gran fuerza que, si es bien aprovechada, dará la posibilidad de realizar un gran salto de calidad en la vida: la fuerza de salir del centro, donde uno cree que todos deben girar a su alrededor (los padres, los parientes, los amigos …) y dejar entrar en el centro de su vida a otra persona, que asume el “control” de toda su vida y atrae todas sus energías (pensamientos, sueños, deseos, proyectos…).
    Para que esto suceda el matrimonio debe ser preparado con un buen tiempo de noviazgo. Tiempo en el que ellos puedan conocerse y profundizar el amor hasta llegar a una madurez tal que les dé la seguridad de tomar la decisión de constituir una familia para luego pedir de Dios la fuerza del sacramento. Nadie debería llegar al matrimonio sin haber experimentado esta fuerza descentralizadora, este sentimiento que hace explotar el egoísmo. La mujer o el esposo no es una persona que yo encontré para que me satisfaga en todo y así me haga feliz. Al contrario es una persona a quien yo reconozco que lo que más quiero es hacerla feliz.
    De hecho el sacramento del matrimonio es uno de los sacramentos de Misión en la Iglesia, así como el sacramento del Orden Sagrado. Quien lo recibe es porque delante de Dios está dispuesto a cumplir una misión. Con relación a la misión del sacerdote creo que todos tenemos idea. Sin embargo, con relación a la misión de los esposos, parece que se habla poco.
    Quien se esposa es un misionero, tiene una misión. Dios nos ama a todos y de diversas maneras busca hacernos el bien y bendecir nuestras vidas. Pero ordinariamente él no interviene directamente en nuestras vidas. Él siempre usa de mediaciones, sea de otras personas, de ciertas situaciones, de la naturaleza, o a través de los sacramentos. Para manifestar su amor hacia nosotros uno de los modos privilegiados que Dios posee es el amor entre los esposos (así como de una madre o un padre hacia su hijo, o a veces entre amigos). Entonces, cuando Dios suscita en el corazón de un hombre el amor hacia una mujer, y lo mismo en ella hacia ese hombre y ellos se sienten como para recibir el sacramento del matrimonio, ambos asumen con Dios una misión: el marido debe amar tanto a su esposa, hasta el punto de ser para ella la señal más convincente del amor que Dios tiene por ella. Sintiendo el amor del marido, su perdón, su voluntad de dialogar, su ternura, sus caricias, sus elogios… ella debe sentirse segura del amor que Dios le tiene. Por tanto, el marido tiene la misión de convencer a su esposa de cuánto Dios la ama. (Por eso querido marido no debes defraudar a Dios en esta misión, un día él te preguntará, ¿tu esposa ha sentido la grandeza de mi amor por ella a través de ti?)
    Lo mismo debemos decir con relación a la esposa: en el matrimonio Dios ha confiado que ella era, entre todas la mujeres del mundo aquella más indicada para cumplir esta misión: amar a su marido, haciéndolo sentir a través de sus palabras, de sus cariños, de su disponibilidad, de su perdón…cuánto Dios lo ama (También a ti, querida esposa, el Señor un día te preguntará: ¿tu marido se sintió amado por Dios a través de tu presencia en su vida?)
    Creo que en esto está el secreto de la felicidad en el matrimonio: en el deseo de cumplir con esta misión: amar al esposo (o a la esposa) como Dios lo ama, y desear la felicidad del cónyuge más que nada en este mundo. Cuando entre los dos existe una verdadera disputa en amar más y servir mejor, estoy seguro de que nada en este mundo puede separar lo que Dios ha unido y bendecido.
    El amor verdadero tiene en sí el germen de la eternidad. Quien ama de verdad, desea con todo el corazón que sea eterno.
    Que Dios bendiga a todos los matrimonios… y a aquellos que están en dificultad, que les haga re-descubrir la fuerza de la misión que un día les confió.

    El Señor te bendiga y te guarde,
    El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
    El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
    Hno. Mariosvaldo Florentino, Capuchino

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    Publicado por Anónimo | 4 octubre, 2015, 07:49

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