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Socialismo y nacionalismo

No sé qué pudo haber ocurrido ayer en Cataluña, ya que estoy escribiendo el día anterior a las elecciones. Por lo tanto no puedo decir si ganaron o no quienes quieren independizarse de España por una larga serie de razones que ya no viene al caso discutir pues las cosas, en este momento, han tenido una respuesta.

Lo que sí sé es que hoy, después de esas elecciones, sin importar quiénes las hayan ganado, hemos amanecido con un país fracturado: España y Cataluña. Además, una Cataluña también fracturada, en el mejor de los casos, en dos grandes grupos: quienes quieren la independencia y quienes quieren seguir formando parte de España. Entre los primeros, es posible que también se produzcan, si no hoy, en cualquier momento, fracturas internas ya que en el grupo que se ha formado, bajo el lema “Juntos por el sí”, se han aliado diferentes tendencias, desde la izquierda más radicalizada hasta la derecha más ultramontana. Porque en este caso, la derecha no está simbolizada por el Partido Popular (PP), sino por los nacionalistas a ultranza, los fundamentalistas del nacionalismo, como siempre ha sido a lo largo de la historia. Así ha funcionado y así seguirá funcionando.

Dentro de este batiburrillo de ideologías, intereses políticos y, quizá, también intereses económicos, llama la atención que el Partido Socialista Catalán se haya sumado a los independentistas que se disfrazan bajo la denominación de “soberanistas” para no asustar a quienes tienen miedo que un alejamiento de España, termine causándoles daños que pueden ser irreparables, en lugar de ser todos ricos y vivir como en Suecia, tal como les prometen políticos inescrupulosos.

Una de las características de la izquierda ha sido siempre su internacionalismo, su sentido de confraternidad con todos los pueblos, por encima de cualquier frontera; la izquierda se ha caracterizado por su sentido de solidaridad sin distingo de raza, credo, nacionalidad. Para no ir demasiado lejos, ¿saben ustedes cómo se llama el himno de los partidos socialistas, comunistas y anarquistas de todo el mundo? Está considerada esa marcha como la más famosa del movimiento obrero del mundo entero. Se llama: “La Internacional”. La letra original fue escrita en Francia, en 1871 por Eugène Pottier y casi veinte años más tarde, en 1888, Pierre Degeyter le puso música. Pronto fue cantada en el mundo entero. Su letra fue traducida a un sinfín de idiomas y en algunas partes escribieron un texto nuevo. La letra original, traducida del francés, comienza como una invitación al incendio: “¡Arriba, parias de la Tierra! ¡En pie, famélica legión!”. Pero adonde quiero llegar es al estribillo: “Agrupémonos todos, / en la lucha final. / El género humano / es la internacional”.

A la vista de estos datos se puede llegar a la conclusión de que las ideologías se han replegado a sus denominaciones y han quedado vaciadas de significado. Ante el despliegue de banderas que dicen simbolizar la nueva “república catalana”, ante el fervor irracional que una prédica engañosa ha sembrado por todas partes, ante el deslumbramiento de un futuro próspero que los “soberanistas” dicen tener adelante mientras otros le auguran años de problemas económicos y miseria, la izquierda catalana ha decidido renunciar a lo que tendría que constituir parte de sus principios para dejarse arrastrar por la propaganda. No es gratuito que Albert Speer, el arquitecto de Hitler, al diseñar el famoso Campo de Zeppelín, puso tanta cantidad de mástiles y banderas nazis, mientras cuarenta reflectores antiaéreos iluminaban, como columnas de luz, el cielo. Las banderas, por lo visto, tienen la llamativa virtud de despertar, en los ciudadanos, “sus sentimientos más nobles y también los más perversos” como decían Les Luthiers al recordar la tribu de Oblongo.

Habrá que estar atento a lo que pasará en esta región de España, ya que políticos inescrupulosos predicaron, y seguirán predicando, la “necesidad de independizarse”, pero no con base en el amor a Cataluña, sino con base en el odio a España. Y sobre el odio no puede construirse nada.

Es de esperar, entre tanto, que los socialistas catalanes recuperen aunque sea una pequeña parte de la ideología que dicen poseer. De lo contrario terminarán dentro de la más pura línea marxista, pero no la de Karl Marx sino la de los Hermanos Marx que decían: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”.

Por Jesús Ruiz Nestosa

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