La innovación en Latinoamérica

Ahora que la economía de América Latina se ha estancado y muchos pronostican un crecimiento nulo o negativo para este año, hay crecientes temores de que los gobiernos de la región recortarán sus ya reducidos presupuestos para la innovación. ¡Eso es lo peor que podrían hacer!

América Latina ya es una de las regiones del mundo que menos invierte en innovación. Mientras que Israel gasta 4,2 de su PIB en investigación y desarrollo, Corea del Sur, 4,1 por ciento; Japón y Finlandia, 3,5 por ciento, y Alemania, el 3 por ciento, la mayoría de los países latinoamericanos invierten un promedio de 0,5 por ciento, según datos de la Unesco.

Dentro de la región, Brasil invierte el 1,2 por ciento de su PIB en investigación y desarrollo; Argentina, 0,6 por ciento; México, 0,5 por ciento; Chile, 0,4 por ciento; Colombia, 0,2 por ciento, y Perú y Bolivia, 0,16 por ciento, según la Unesco.

No es sorprendente, entonces, que los países latinoamericanos salieron bastante mal parados en un nuevo ranking de innovación dado a conocer la semana pasada.

El Índice de Innovación Global 2015, un estudio conjunto de la Universidad de Cornell, la escuela de negocios Insead y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, muestra que ningún país latinoamericano aparece entre los líderes mundiales en innovación. México y Brasil, que se encuentran entre las 15 economías más grandes del mundo, ni siquiera figuran entre los primeros 50 del ranking.

El ranking de 141 países, encabezado por Suiza, Gran Bretaña y Suecia, sitúa a Chile en el puesto 42, Costa Rica 51, México 57, Colombia 67, Brasil 70, Perú 71, Argentina 72, Guatemala 101, Bolivia 104, Ecuador 119, Nicaragua 130 y Venezuela 132. Brasil, Chile, Argentina, Venezuela y Ecuador han caído varios lugares respecto de los que tenían en el mismo listado hace tres años.

El gran temor es que, con la caída en el crecimiento económico de la región, muchos gobiernos se sientan forzados a escoger entre reducir subsidios sociales y recortar sus presupuestos de innovación, y se decidan por esto último.

Soumitra Dutta, decano de la Escuela de Administración de la Universidad de Cornell y coautor del Índice de Innovación Global 2015, dice que no invertir en innovación tendría consecuencias dramáticas.

“Los países no deberían detener o reducir su inversión en innovación en tiempos de crisis. La innovación es lo único que construye el futuro de los países. Para sostener el futuro hay que seguir alimentando el motor de la innovación”, me dijo Dutta en una entrevista.

Hay evidencias para apoyar esto, agregó. Una nueva investigación incluida en el Índice de Innovación Global 2015 muestra que algunos de los países más exitosos son los que aumentaron su gasto en investigación y desarrollo a pesar de crisis económicas.

China, por ejemplo, aumentó más del doble su inversión en investigación después de la crisis económica mundial de 2008. Entre 2008 y 2014 su inversión en investigaciones creció cerca de un 118 por ciento, mientras que Polonia la elevó en un 66 por ciento y Corea del Sur en un 56 por ciento durante el mismo período, dice el estudio.

¿Pero pueden los gobiernos aumentar el gasto en innovación cuando tienen poco dinero para mantener sus programas sociales?, le pregunté a Dutta.

Eso es un falso dilema, respondió. “Los recursos pueden provenir del sector privado. El reto es darle incentivos a ese sector para que invierta en la innovación”.

Mi opinión: Estoy de acuerdo. Incluso en la China comunista hay una proporción mucho mayor de inversión del sector privado en innovación que en América Latina, donde los gobiernos no les ofrecen a las empresas privadas muchos incentivos fiscales ni un clima de negocios favorable para que las empresas inviertan en investigación y desarrollo.

Reducir los ya demasiado pequeños presupuestos de innovación para mantener subsidios sociales no solo es un falso dilema sino que es muy peligroso. Si los países de América Latina quieren prosperar y reducir la pobreza no solo deben evitar reducir sus fondos de innovación. Deberían seguir los pasos de China, Polonia y Corea del Sur, y aumentarlos, aún en tiempos de crisis.

Por Andrés Oppenheimer

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2 pensamientos en “La innovación en Latinoamérica”

  1. Latinoamérica: mucho talento, poca innovación

    En medio de las noticias sobre la violencia en Venezuela, el escándalo de corrupción en Brasil y los disparates que salen del Twitter del presidente Trump en Estados Unidos, hay una noticia muy importante que pasó casi inadvertida en América Latina: un nuevo estudio según el cual la región está fallando miserablemente en materia de innovación.
    El Índice Global de la Innovación 2017, un ranking de 130 países de todo el mundo, dice que las naciones de África, Europa del Este y el Sudeste Asiático están avanzando más rápidamente que las de América Latina en la producción de nuevos bienes y servicios que los ayuden a crecer más y mejor.

    El estudio es un esfuerzo colaborativo de la Facultad de Negocios de la Universidad de Cornell, la escuela de negocios INSEAD y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). El ranking anual se basa en decenas de mediciones, incluidos el número de solicitudes de patentes de nuevas invenciones, los logros educativos y la facilidad de hacer negocios en cada país.

    El ranking no incluye a ningún país latinoamericano entre las 25 naciones más innovadoras del mundo, a pesar de que tres países de la región –Brasil, México y Argentina– figuran entre las 25 mayores economías del mundo.

    Este año, el ranking mundial de innovación está encabezado por Suiza, seguido por Suecia, Holanda, Estados Unidos y Gran Bretaña. Entre las naciones latinoamericanas, Chile ocupó el puesto 46, México el 58, Colombia el 65, Uruguay el 67, Brasil el 69, Perú el 70, Argentina el 76, Ecuador el 92, El Salvador el 103 y Bolivia el 106.

    Lo que es más preocupante aún para la región, el ranking no incluye ningún país latinoamericano entre los 17 países en desarrollo que describe como “estrellas en innovación”.

    “Los rankings de innovación de la región no han mejorado significativamente en relación con otras regiones del mundo en los últimos años, y ningún país de América Latina y el Caribe muestra actualmente un rendimiento superior al de otros países con su mismo nivel de desarrollo”, dice el informe.

    ¿Por qué una región que produce tantos talentos individuales no se destaca más en innovación? América Latina produce alguna de la gente más creativa y exitosa del mundo, incluyendo al futbolista Lionel Messi, el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y el presidente de MIT –a menudo clasificada como la mejor universidad del mundo– Rafael Reiff. Hasta el Vaticano está liderado por un latinoamericano, el papa Francisco.

    Y sin embargo, la producción de patentes de nuevas invenciones de la región es lamentable. Todos los países latinoamericanos y caribeños juntos solicitaron cerca de 1.400 patentes internacionales el año pasado, menos del diez por ciento de las 15.560 solicitadas por Corea del Sur, según datos de la OMPI.

    Muchos economistas dicen que esto se debe a que los países latinoamericanos tienen demasiadas regulaciones gubernamentales y demasiado poco capital de riesgo para financiar ideas de gente talentosa.

    Otros dicen lo contrario: que América Latina necesita más intervención gubernamental para producir más innovación. Estos últimos señalan que mientras naciones altamente innovadoras como Corea del Sur e Israel invierten el 4,2 por ciento de su producto bruto en investigación y desarrollo de nuevos productos, en Latinoamérica el promedio es del 0,5 por ciento.

    Mi opinión: todo lo anterior es cierto. Y también hay explicaciones culturales, como el hecho de que en muchos países latinoamericanos hay poca tolerancia colectiva para el fracaso individual, cuando casi todas las grandes innovaciones son el resultado final de una larga lista de fracasos.

    Pero tal vez el paso clave para convertir la abundancia de talentos individuales de América Latina en una ola de creatividad productiva sería reconocer que la región tiene un problema de innovación. Al igual de lo que ocurre con los alcohólicos, el primer paso para que los países latinoamericanos logren salir de su actual estancamiento en innovación sería reconocer que tienen un problema.

    El hecho de que las sombrías conclusiones sobre América Latina del Índice Global de Innovación 2017 no hayan causado mayor alarma en región es preocupante. América Latina debería ponerse como meta urgente dejar de ser una región con un exceso de talento y una escasez de innovación.

    Por Andrés Oppenheimer

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  2. De la innovación a la disrupción

    Nuestras empresas interactúan en una sociedad de constante cambio. La flexibilidad que tiene una empresa para adaptarse a la realidad del mercado es clave, pero más importante aún es la posibilidad de prever tendencias y el futuro. Innovar es crear algo y aplicarlo, incluso innovar puede ser modificar algo ya existente para darle un mejor uso o funcionalidad.

    Ninguna empresa está ajena a la innovación. Muchas veces pensamos que esto es un tema limitado, principalmente a las empresas tecnológicas, sin embargo, la innovación debe afectar incluso hasta a la empresa más tradicional.

    Joseph Schumpeter introdujo una definición de innovación referida a casos en los que se puede reconocer como: introducción en el mercado de un nuevo bien o servicio y/o método de producción, creación de una nueva fuente de suministro de materia prima o productos semielaborados, apertura de un nuevo mercado en un país o implantación de una nueva estructura en un mercado.

    ¿Usted cree que su empresa no necesita innovar? Muchas veces la respuesta, o incluso la creencia, de “por qué voy a cambiar si me va bien” nos conducen a que reaccionemos al cambio muy lentamente. Y… tarde o temprano, fracasaremos. Los procesos de mejora continua (por ejemplo, en las empresas certificadas con ISO) nos ayudan a analizar constantemente nuestros procesos y productos, revisar y cuestionar incluso lo que está bien. Esto es vital para proyectar la continuidad del crecimiento y liderazgo empresarial.

    Tenemos casos de innovación disruptiva, por ejemplo, en Facebook y cómo se hizo líder en poco tiempo aportando un servicio novedoso o cómo Skype apostó por el modelo de voz IP cuando las grandes compañías de telecomunicaciones no se ocupaban de esta tecnología.
    Cuando la innovación es drástica y completa estamos ante la Innovación Disruptiva. El concepto fue introducido por Clayton Christensen (profesor en Harvard Business School) en 1997 en el libro “The Innovator’s dilemma”, y se refiere a cómo puede un producto o servicio, que en sus orígenes nace como algo residual o como una simple aplicación sin muchos seguidores o usuarios, convertirse en poco tiempo en el producto o servicio líder del mercado.

    Tenemos casos de innovación disruptiva, por ejemplo, en Facebook y cómo se hizo líder en poco tiempo aportando un servicio novedoso o cómo Skype apostó por el modelo de voz IP cuando las grandes compañías de telecomunicaciones no se ocupaban de esta tecnología, y así pudo, poco a poco, buscar su nicho e ir mejorando y ocupando cuota de mercado hasta convertirse en una compañía líder de comunicaciones. Más casos son las nuevas maneras de distribuir la música vía internet que están volviendo obsoletos los modelos tradicionales de comercialización de música, las tablets, entre otros.

    No debemos ser ajenos a la innovación empresarial, puesto que es clave para nuestro crecimiento y mejor desempeño en nuestro segmento de mercado. No importa cuán tradicional sea nuestro sector, siempre la innovación estará presente y es completamente necesaria.

    Ya lo decía Steve Jobs, considerado por muchos el empresario ícono referente de la creatividad y el cambio constante: “La innovación es lo que distingue a un líder de los demás”. La decisión está en nuestras manos, entonces, ¿eres un seguidor o quieres ser seguido?

    Por Matías Ordeix

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