El evangelio del domingo: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el ultimo de todos y el servidor de todos.”  Mc 9, 35

En el domingo pasado, al meditar las palabras de Jesús: “¡Tú no piensas como Dios, sino como los hombres!”, hemos dicho que la lógica de Dios es muy diferente de la lógica del mundo, y podemos hasta decir que muchas veces es exactamente opuesta, como en la frase que elegimos para meditar en este domingo.

Parece ser que naturalmente todos nosotros tenemos una tendencia o un deseo de estar en el primer puesto. Es nuestro egoísmo que, de muchos modos, se manifiesta desde niñitos: queremos ser el centro de las atenciones, queremos ser los primeros en ser atendidos, tenemos celos de los demás…

Y si no bastase esta tendencia natural, vivimos en una cultura que lo promueve y lo refuerza. Desde muy pequeños nos enseñan a competir: quién canta más fuerte; quién corre más veloz; quién es más inteligente; quién es el más bonito… y así por adelante. Y entonces la otra persona que está a mi lado acaba siendo siempre un rival, alguien que me amenaza, alguien a quien yo debo vencer, alguien a quien debo estar por encima para que él no me humille… y así, se pierde la conciencia de que el otro es mi hermano, es mi compañero, es alguien a quien puedo amar, con quien puedo crecer y a quien puedo promover.

Todos nosotros cargamos estas marcas de egoísmo y de competición. A veces hasta intentamos disfrazar, y actuamos disimuladamente. De verdad es muy difícil conseguir superar este modo de ser. Por muchos años y de muchos modos somos formados en los moldes de este mundo y nos resulta muy difícil cambiarlo.

Me molesta un poco cuando escucho una persona que sin pensar mucho, sin examinar a fondo su conciencia, empieza a decir: “ NO, yo no soy así! Yo me desvivo por los demás! Yo sólo hago el bien! Yo siempre estoy pensando en los otros y me olvido de mi!” Pero cuando vamos a mirar de cerca su vida, cuando encontramos las personas que comparten con ella… entonces descubrimos que no pasa de un egoísta disimulado.  Me parece inútil no reconocer nuestros defectos, cuando todos los demás los conocen, y más, de hecho, sufren a causa de ellos.

Nosotros somos hijos de esta sociedad, de esta cultura. Somos hijos del egoísmo y de la competición. Y llevamos esto muy arraigado dentro de nosotros. Negar o decir que no somos así, no nos hace cambiar, sólo nos hace disimular.

El único camino es la conversión auténtica y radical. Es dejarse penetrar por las enseñazas de Cristo. Es descubrir la lógica de Dios y dejarse amoldar por ella. Es descubrir que la gloria de este mundo es efímera y no sirve para nada, pues se termina como fuego en la paja. Es hacer experiencia concreta de lo significa pensar diferente a lo que piensa este mundo, como nos decía Jesús: si alguien te da una bofetada, ofrece la otra mejilla; si alguien te quiere robar la túnica, dale también el manto; si alguien te exige caminar un kilómetro, camine dos; si alguien te hace el mal, págale con el bien; si alguien quiere quitarte la vida, ofrécela tú mismo.     

Ciertamente este es un proceso lento y a veces fatigoso. Nos exige una gran perseverancia. Debemos estar muy atentos en renunciar voluntariamente a la búsqueda del primer puesto, aunque nos cueste mucho y nos sea muy difícil, y colocarnos en el último lugar. Debemos hacernos disponibles a ayudar a todos, hasta a aquellos que creen que nos están venciendo, que se creen mejores que nosotros y que con prepotencia y arrogancia no consiguen entender que no estamos competiendo, sino solamente sirviendo.

Al final, el reconocer quién es el primero o quién es el último, es una cuestión que depende de la lógica de quien lo observa. Lo que para el mundo es el primer puesto, para Dios no sirve para nada, no tiene ningún valor, es el más despreciable. Sin embargo, lo que para el mundo es despreciable o una tontería como el servir y amar a los demás, colocándose por detrás de todos, Dios lo estima como lo más importante, como lo que supera a todos.

Ahora nos resta decidir con cuál lógica queremos dirigir nuestra vida, sabiendo que si queremos seguir la lógica del mundo, basta con continuar viviendo como fuimos preparados, dando riendas sueltas a nuestro egoísmo. Pero si queremos vivir según la lógica de Dios, será necesario cambiar todo nuestro esquema mental y extirpar hasta la raíz este modelo de competición que llevamos tan enraizado.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mario, Capuchino

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3 pensamientos en “El evangelio del domingo: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el ultimo de todos y el servidor de todos.”  Mc 9, 35”

  1. El más importante de todos

    Sorprende que, mientras el Maestro les comunicaba los padecimientos y la muerte que había de sufrir, los discípulos discutían a sus espaldas sobre quién sería el mayor. Por eso, al llegar a Cafarnaún, estando ya en casa, Jesús preguntó por la discusión que habían mantenido en el camino. Ellos, quizá avergonzados, callaban.

    Entonces se sentó y, llamando a los Doce, les dijo: Si alguno quiere ser el primero, hágase el último de todos y servidor de todos. Y para hacer más gráfica la enseñanza tomó a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que recibe a uno de estos niños, a Mí me recibe; y quien me recibe, no me recibe a Mí, sino al que me envió.

    El Señor quiere enseñar a los que han de ejercer la autoridad en la Iglesia, en la familia, en la sociedad, que esa facultad es un servicio que se presta. Nos habla a todos de humildad y abnegación para saber acoger en los más débiles a Cristo mismo.

    «En este niño que Jesús abraza están representados todos los niños del mundo, y los hombres necesitados, desvalidos, pobres, enfermos, en los cuales nada destacado hay que admirar».

    El Papa, a propósito del Evangelio dijo: “Las divisiones entre los cristianos, mientras hieren a la Iglesia, hieren a Cristo. Y nosotros divididos hacemos una herida a Cristo. De hecho, la Iglesia es el cuerpo del que Cristo es la cabeza. Sabemos bien cuanto estaba en el corazón de Jesús que sus discípulos permanecieran unidos en su amor. Basta pensar en sus palabras que aparecen en el capítulo diecisiete del Evangelio de Juan, la oración dirigida al Padre: “Padre santo, cuídalos en tu nombre, los que me has dado, para que sean una sola cosa, como nosotros”.

    Esta unidad estaba ya amenazada mientras Jesús estaba aún entre los suyos: en el Evangelio, se recuerda que los apóstoles discutían entre ellos quién era el más importante. El Señor, sin embargo, ha insistido mucho en la unidad en el nombre del Padre, haciéndonos entender que nuestro anuncio y nuestro testimonio serán más creíbles cuanto más seamos capaces de vivir en común y querernos.

    Es lo que sus apóstoles, con la gracia del Espíritu Santo, después comprendieron profundamente y se tomaron en serio, tanto que san Pablo llegará a implorar a la comunidad de Corintio con estas palabras: “Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir”.

    En la Audiencia General, el Papa dijo: “Esta es nuestra reflexión conclusiva sobre el tema del matrimonio y la familia… Estamos en vísperas de acontecimientos hermosos y arduos, que están relacionados con este gran tema: el Encuentro mundial de las familias en Filadelfia y el Sínodo de los obispos, en Roma.

    Ambos tienen resonancia mundial, pero alcance universal de esta comunidad humana fundamental e insustituible que es precisamente la familia. El paso actual de la civilización parece marcado por los efectos a largo plazo de una sociedad administrada por la tecnocracia económica. La subordinación de la ética a la lógica del provecho dispone de medios ingentes y de enorme apoyo mediático.

    En este escenario, una nueva alianza del hombre y de la mujer no solo es necesaria, sino estratégica, para la emancipación de los pueblos de la colonización del dinero. Esta alianza debe volver a orientar la política, la economía y la convivencia civil. Decide la habitabilidad de la tierra.

    De esta alianza, la comunidad conyugal-familiar del hombre y de la mujer es la gramática generativa, podríamos decir, el «lazo de oro». Toma la fe de la sabiduría de la creación de Dios, que no ha confiado a la familia el cuidado de una intimidad que es fin en sí misma, sino el emocionante proyecto de hacer «doméstico» el mundo.

    La familia está al inicio, en la base de esta cultura mundial que nos salva; nos salva de tantos, tantos ataques, de tantas destrucciones, de tantas colonizaciones, como la del dinero o de las ideologías que amenazan tanto al mundo. La familia es la base para defenderse… ¡Que Dios os bendiga, familias de todos los rincones de la tierra! ¡Que Dios os bendiga a todos!

    (Del libro Hablar con Dios y http://es.catholic.net)

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  2. Servicio o poder

    Por Hno. Joemar Hohmann – Franciscano Capuchino

    Cuando entramos en una tienda el vendedor se acerca y pregunta: “¿En qué puedo ayudarle?” Asimismo, las empresas afirman que “servirle es nuestro placer” y los políticos, especialmente en época de elecciones, como esta en que estamos, repiten sin cesar: “Queremos servir al pueblo”.

    En sí mismas, estas expresiones son positivas; sin embargo, casi todas tienen otro trasfondo, que no es precisamente la actitud de servicio, pero la obtención de poder y de ganancias.

    Jesucristo, que sabe lo que hay en el corazón del ser humano, viene para educarnos y para hacer con que usemos de modo provechoso las fuerzas psíquicas que tenemos. Poseer algo de ambición es necesario, para que no caigamos en una deprimente mediocridad y no cometamos el pecado de enterrar talentos.

    Notemos en el Evangelio que el Señor anuncia por segunda vez que iría sufrir la pasión y la muerte en cruz; sin embargo, los discípulos no entendían esto y tenían miedo de preguntar. Parece que refleja perfectamente la situación humana: no entendemos casi nada del sentido del sufrimiento y no sabemos hacer las preguntas correctas para la persona correcta.

    Pero ellos por el camino tenían otro tema de conversación: discutían quien sería el más grande. El ser humano padece una tentación irresistible de conseguir el poder, como ya lo expresa el refrán: “Más vale ser cabeza de ratón que cola de león”.

    Esta dramática realidad es bien explicada por el apóstol Santiago, cuando sostiene: “¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan”.

    La disyuntiva es ácida: adoptar una actitud de servicio generoso o empotrarse en la disputa del poder, para obtener privilegios, abusar de los semejantes y de las instituciones.

    El Señor nos da el verdadero camino para lograr la paz interior y edificar una sociedad más justa: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”.

    La actitud de disponibilidad, de tener tiempo y buen humor para la propia familia genera personas con equilibrio emocional. Asimismo, el servicio hacia la sociedad sirve para la construcción del bien común y crea la tierra nueva y los nuevos cielos, desde ahora.

    Procure usted vencer su propio egoísmo y su codicia, de tal modo que su colaboración y su vida deje para sus hijos el mundo un poco mejor, comparando con el que hemos recibido de nuestros padres.

    Paz y bien.

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  3. domingo 20 Septiembre 2015

    Vigésimo quinto Domingo del tiempo ordinario

    Libro de la Sabiduría 2,12.17-20.
    «Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida.
    Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final.
    Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.
    Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia.
    Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.»

    Epístola de Santiago 3,16-18.4,1-3.
    Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad.
    En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera.
    Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.
    ¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros?
    Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden.
    O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.

    Evangelio según San Marcos 9,30-37.
    Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera,
    porque enseñaba y les decía: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará”.
    Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.
    Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: “¿De qué hablaban en el camino?”.
    Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.
    Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos”.
    Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo:
    “El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado”.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

    Leer el comentario del Evangelio por :

    San Basilio (c. 330-379), monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia
    Homilía sobre la humildad.

    “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos”

    Acuérdate tú de este proverbio: “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes”(Pr 3,4). Ten presente la palabra del Señor: “quien se humilla será elevado, y quien se eleva será abajado”(Mt 23, 12)… Si te parece tener una cosa buena, ponlo en tu cuenta, pero sin olvidar tus faltas; no te engríes de que hoy tu haces el bien, no apartes el mal reciente y pasado; si el presente te da motivo de vanagloria, acuérdate del pasado;¡es así que tú percibirás el estúpido absceso! Y si tus ves a tu prójimo pecar, guárdate de no considerar en él esa falta, pero piensa también lo que hace y dónde él hace el bien; y recuerda, tú le descubrirás mejor que a ti, si examinas en conjunto tu vida y no haces el cálculo de cosas fragmentarias. Pues Dios no examina al hombre de un modo fragmentario…Estamos nosotros llamados a recordar todo eso para preservarnos del orgullo, nos abajamos para ser elevados.

    Imitemos al Señor que bajó del cielo hasta el último descenso… Pero después de tal descenso, el hizo brillar su gloria, glorificando con él a aquellos que habían sido despreciados con él. Tales en efecto estaban bien, sus bienaventurados primeros discípulos, ellos que pobres y desnudos, recorrerán el universo, sin palabras de sabiduría, sin escolta fastuosa, solos, errantes y en la pena, vagabundos, sobre la tierra y el mar, golpeados por varas, lapidados, perseguidos, y finalmente expuestos a la muerte. Tales son para nosotros las enseñanzas divinas de nuestro Padre. Imitémosles para llegar, también nosotros, a la gloria eterna, ese don perfecto y verdadero de Cristo.

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