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No discriminaréis

“No discriminaréis” debió ser el undécimo mandamiento de Moisés, sin embargo, en nuestro país no pasa de resumir el propósito de un proyecto de ley que todavía no tiene fortuna. Alguna gente cree ver las garras de Satán ocultas entre sus líneas y se proponen frustrarlo, mantener segregados a los que no se encuadran en la ortodoxia sexual.

El nudo gordiano de la cuestión consiste en la determinación de qué es discriminativo y qué no. Los que pugnan por la ley afirman que la discriminación se produce “cuando se hace distinción, exclusión, restricción o preferencia”. Pero, puesto esto así, sin más, daría por resultado que al menos el 80% de las regulaciones jurídicas, éticas, conductuales, comerciales, etc., quedarían en suspenso, porque en todos estos conjuntos normativos se distingue, se excluye, se restringe o se establecen preferencias.

Desde luego, hay tipos de discriminación obvios, como los que se enumeran en el Art. 88 de nuestra Constitución. También hay otros, igualmente inicuos, que son ampliamente practicados pero pasando casi desapercibidos, como las exclusiones por razón del aspecto físico. Contra estos no valdrá ninguna penalidad legal sino solamente la sanción que la sociedad sea capaz de aplicar, sanción que consistirá precisamente en poner en evidencia, o sea señalando, acusando, apartando de la sociedad a sus ejecutores. Es decir, en cierto modo habrá que discriminar a los discriminadores. ¡Vaya paradoja!

El filósofo estadounidense Edward Allen, hombre dedicado a las cosas morales y religiosas, hace algunos años afirmó que el principio de la declinación moral de la civilización occidental se fijó en el momento en que los turcos introdujeron en Europa la moda de braguetas con botones (siglo XVIII), lo que facilitó la fornicación y las violaciones. Otro personaje, el juez Dean, aseguraba públicamente que la teoría evolucionista de Darwin era el origen de la promiscuidad, las perversiones, los anticonceptivos, el aborto, la pornografía, la contaminación y la proliferación del crimen.

¿Se prohibiría a personas como estas dictar cátedras en institutos educacionales, hoy en día? En ese caso, ¿no se defenderán ellas acusando de estar siendo excluidas por causa de sus ideas? Muchos lectores no querrán creerlo, pero en numerosas escuelas religiosas y templos hay docentes y predicadores que continúan elevando estas pavadas al nivel de proposiciones apodícticas. ¿Se impedirá a gente como esta ejercer la enseñanza por el riesgo de que anden difundiendo su estupidez supina? No. Bajo la ley de no discriminación no se podrá discriminarlos.

El caso específico del matrimonio homosexual –que tanto desvela a algunos moralistas– no es más que una variedad de las múltiples formas en que el relacionamiento humano puede manifestarse. Pudiendo darse varias modalidades de emparejamientos, parece que son solamente los binomios homosexuales a los que se tiene como reprochables. Sin embargo, ahí están los tríos heterosexuales, mirados con sonrisa cómplice (“¿Quién no hizo eso alguna vez?”, como diría el senador Lugo).

Axl Rose, referente principal de la archifamosa banda Guns N’ Roses, siendo indagado sobre su vida matrimonial; declaró que: “Es realmente difícil mantener un matrimonio cuando tu pareja no te deja tener relaciones con otras personas”. Es que al hombre se le estaban imponiendo restricciones y exclusiones contra su voluntad. De Arnold Schwarzenegger se cuenta que, apremiado acerca de su opinión sobre este tema candente, respondió: “Creo que el matrimonio homosexual es algo que debería darse solamente entre un hombre y una mujer”.

Por cierto, esta fórmula propuesta por el musculoso actor y político desafía todas las teorías que se hayan formulado hasta el momento. Habrá que ver si una futura ley contra toda forma de discriminación incorpora o excluye una regla como esta. Me inclino a pensar que en ambos casos, sea que se la acepte o se la rechace, se cometerá discriminación contra algo o alguien.

Como se advierte, esto de admitir el principio de no discriminación es fácil, simple, lógico e irrefutable, pero sólo en su formulación retórica; llevarla a la práctica será otra cosa. La humanidad es demasiado compleja para que todos la entendamos cabalmente. Es como decía el escritor francés Georges Duhamel: “Cristo habló como si el mundo estuviese compuesto sólo de buenos y malos; olvidó a los imbéciles”.

Por Gustavo Laterza Rivarola

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/no-discriminareis-1407350.html

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