Scioli y Perón: ¿Un solo corazón?

Perón siempre estuvo presente en el escenario político argentino.

En efecto, Frondizi accedió al poder con los votos peronistas que lo catapultaron en el comienzo de su mandato, para hundirlo luego en el fango de las intrigas palaciegas. Fue destituido y lo sucedió José María Guido, predecesor de Arturo Illia que fue defenestrado también por un golpe militar. Cámpora, Lastiri, Perón y María Estela Martínez de Perón iniciaron una nueva época imponiendo la doctrina Justicialista en sus diferentes espectros, desde la extrema izquierda con Cámpora, pasando por el centro con Lastiri y Perón y la derecha durante la presidencia de la esposa de Perón, donde el poder fue concentrado en las manos de José López Rega.

Carlos Menem luego de la caída del Muro de Berlín instauró una política neoliberal matizada con perfiles desteñidos de justicialismo. Duhalde volvió a dar un giro hacia el centro en tanto los Kirchner impulsaban nuevamente el péndulo hacia la izquierda.

Rucci, Vandor y Tosco también vieron flamear en sus emblemas sindicales el rostro de Juan Domingo Perón, así como lo hizo el malogrado padre Mujica, que fue acribillado a balazos por la fidelidad incondicional al líder justicialista.

Perón fue un maestro inigualable en el arte de la oratoria, siempre dispuesto a exaltar hasta el paroxismo la más instintiva emocionalidad, dentro de una escenografía descollante, vigorosamente matizada con ademanes pictóricos y acompasados, previamente estudiados y planificados en toda su extensión.

Perón fue diferente a todos los lideres argentinos que lo antecedieron y lo supervivieron. Desplegaba una personalidad y una simpatía singular, pletórica de hilaridad e ironía en sus proposiciones y un sentido común comprensible para todos aquellos interlocutores, ya sean de clase media o proletaria, que asistían a sus grandes concentraciones.

En el plano internacional Perón implementó una política de “no alineación” dentro del contexto de la Guerra Fría, desvinculado de los dictados de Washington y de Moscú. Así, el “líder de los descamisados” decía que “los falsos apóstoles del proletariado quieren la libertad solamente para usarla como un arma en la lucha de clases, más que para obtener sus reivindicaciones justas”, “en tanto que el capitalismo se vale de la democracia no para elevar la condición de los trabajadores sino para deprimirlos y explotarlos”.

Pero los caudillos, seres humanos falibles, no están exentos de errores, de faltas y de defectos. A Perón se le achacó el pecado de haber seguido una política zigzagueante entre la extrema izquierda y la extrema derecha, pasando por todas las notas y semitonos del pentagrama doctrinal.

Sea como fuere, el peronismo ha logrado sobrevivir porque tuvo, según algunos analistas, la capacidad de adaptarse a todas las épocas históricas.

Scioli parecería volver nuevamente al centro del espectro ideológico del Justicialismo. En efecto, el candidato a la presidencia por el “Frente para la Victoria” no busca un caudillismo mesiánico sino que más bien apela al consenso y a la moderación, sin posturas extremas que generalmente llevan a la confrontación estéril e infructuosa.

Scioli fue en el pasado un fanático menemista autoproclamándose hoy un candidato sui generis, pero no desligado del todo del kirchnerismo oficialista. Sin embargo, el “candidato peronista” sabe muy bien que la Argentina ya no es aquella de la época neoliberal de la post Guerra Fría ni tampoco es la Argentina de los primeros años del siglo XXI.

El mundo va cambiando aceleradamente hacia un destino aún incierto sin poder atisbarse en el horizonte la claridad del nuevo amanecer. El candidato del Justicialismo posee confianza en sí mismo y se ha involucrado profundamente en su nuevo rol de virtual ganador en las elecciones de octubre.

No obstante, si obtiene la victoria será nuevamente con los votos de peronistas, y entonces podrá confirmar fehacientemente que sabe capear los temporales dentro y fuera de su Partido, donde tiene mucha resistencia justamente por su política de moderación y autonomía.

Sobre toda las cosas, Scioli ha demostrado cómo un brazo “izquierdo” puede suplir perfectamente la ausencia del “derecho” lo que también podría suceder a la inversa, con lo que se ratifica la capacidad de maniobra silenciosa de un eximio piloto de turbulencias acuáticas que logró sobrevivir por un milagro a la fatalidad del destino.

Por Hugo Saguier Guanes

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